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El sacerdote y las nuevas tecnologías de la comunicación I

 

Lucio Ruiz, jefe del Departamento de Internet del Vaticano

 

  

1-    Introducción 

Si quisiéramos delinear uno de los ejes en torno al cual gira nuestra sociedad contemporánea, podríamos decir que uno entre ellos es el "cambio".  Vemos cómo la sociedad, las instituciones, las empresas, las personas cambian...

Nos sorprendemos, a veces hasta con miedo, de la velocidad de los cambios en curso, de la potencia de este "sistema nervioso" a escala planetaria y nos preguntamos a dónde se llegará, cuándo y hacia cuál configuración social se está yendo con rapidez vertiginosa[1].

Pero es necesario aprender a reconocer este cambio permanente, para poder "cambiar con el cambio" - adaptando los distintos aspectos de la vida, en su complejo articulado de realidades sociales, culturales, económicas, políticas - manteniendo los aspectos fundamentales de la verdad y del bien, que son inmutables en su esencia. 

Es aquí que aparecen los grandes conflictos porque, de una parte "todo cambia", y de la otra la verdad de Dios, y por lo tanto del bien, del amor y de la verdad del hombre mismo[2], permanecen siempre las mismas. Así, el cambio cuestiona fuertemente la verdad[3] y la capacidad del hombre de conocerla, y nos pone tantas veces en duda en los puntos esenciales de nuestra vida cristiana, exigiéndonos "re-aprender" el Mensaje de Jesús, que es valido para todos los tiempos y todos los hombres, pero que necesita ser presentado de manera que pueda ser acogido por el hombre de hoy.

Pero el "cambio" no es en sí una realidad negativa; también en el cambio profundo hay aprendizaje. De hecho, la organización/institución/sociedad/persona no se limita a hacer algo nuevo; sino que crea la capacidad para hacer las cosas en una forma distinta. Sostener cualquier proceso de cambio profundo requiere una modificación fundamental de nuestra manera de pensar. Tenemos que entender la naturaleza de los procesos de crecimiento y cómo canalizarlos. Pero también necesitamos comprender las fuerzas y los desafíos que impiden el progreso y así desarrollar estrategias viables para entendernos con dichos retos. Necesitamos apreciar "la danza del cambio", la inevitable interacción entre los procesos de crecimiento y los procesos limitantes que lo detienen. Necesitamos un objetivo juicio crítico para un discernimiento adecuado de los elementos y los procesos positivos y negativos, que se presentan en vistas a un actuar apropiado.

Frente a los cambios se pueden adoptar dos actitudes: ignorarlos o involucrase en ellos[4]. La primera es una neofobia y la segunda es una respuesta creadora. La neofobia es la resistencia al cambio, el miedo a lo nuevo, la refractariedad a las innovaciones, la paralización, es ver el entorno cambiante como una amenaza[5].

La respuesta creativa es la actitud de aprender, de innovar. Es la "destrucción creadora"[6]. Es el camino hacia la transformación[7]. Es convertirse en un agente del cambio y considerar el cambio como una oportunidad[8]. A la hora de la verdad: Los cambios están aquí ya, independientemente de nuestros deseos y de nuestra voluntad.

No es de extrañar que la realidad de la sociedad se encuentre en una situación de movimiento profundo porque, con la Globalización y la introducción de las Tecnologías de Comunicación en todos los aspectos de la cultura contemporánea, se modifican no sólo aspectos simplemente "operativos", sino que se introducen - y cada vez más - variaciones en los aspectos antropológicos y fenomenológicos de la vida del hombre, como son: las nociones de espacio, de tiempo y aspectos cognitivos y relacionales de la persona humana[9]. En definitiva, una revolución total, que indica un cambio de era[10].

Por tanto, muchos llaman a este fenómeno nueva revolución copernicana, en el que cada hombre y todos los hombres, lo quieran o no, están implicados e integrados en el circuito comunicacional[11].

La correcta hermenéutica de los nuevos signos de los tiempos, en esta "Era Digital", es la que puede proyectar una sociedad/institución hacia el futuro, y hacia nuevos horizontes, o directamente acabarla si no comprendió las nuevas coordenadas y se adaptó al cambio. 

En el primer Congreso Continental americano sobre Iglesia e Informática, celebrado en Monterrey, México, en el marzo del 2003[12] los Obispos presentes en el congreso se preguntaban: "¿cómo incide la tecnología en la cultura contemporánea?, ¿qué debe hacer la Iglesia en esta nueva cultura?" Ciertamente, verificaban que el cambio cultural, esencialmente "comunicacional", no es algo accidental, que toca el hombre solo de modo tangencial. La cultura contemporánea es una cultura señalada por la tecnología, en particular aquella de las comunicaciones y la telemática[13]. Las mutaciones, que resultan del desarrollo tecnológico[14], actúan sobre la persona, sobre todas las personas, sobre las instituciones, sobre los dinamismos de diálogo, sobre la configuración de las familias y las comunidades, sobre la forma de la educación, cambiando el modo de pensar, de sentir, de ver y de interaccionar con la realidad, con los otros y con Dios[15]. El cambio espacio-temporal se presenta como una nueva revolución copernicana. Entonces el problema consiste en el descubrir hasta que punto, en cierto sentido, el hombre y su comunidad han cambiado y, por tanto, cada una de las disciplinas que quieren tratar estos argumentos - comprendida la teología - deben tener una adaequatio a la nueva realidad del hombre para permitirle continuar a transmitir (tradere) la verdad del hombre y el Mensaje del Evangelio[16].

Aunque sea muy importante y necesario, es evidente que no basta un análisis del empleo que la Iglesia hace de los medios y no es tampoco suficiente una hermenéutica de los medios de comunicación y sus lenguajes. Incluso el estudio de la pastoral de los medios de comunicación y sus operadores por sí solo no basta. Los Obispos reunidos en Monterrey se interrogaron si no había llegado el momento de ir del fenómeno al fundamento, buscando las raíces de todas las actividades en el ámbito de la comunicación en el manantial teológico.

La Iglesia no puede dejar de interrogarse sobre la nueva cultura en manera profunda porque la creciente importancia de los medios de comunicación en el mundo tiene una fuerte incidencia sobre la cultura, a todos los niveles. Ésto es de gran interés para la Iglesia porque toca, de modo profundo, su misma naturaleza y misión, que es también aquella de comunicar[17]. Además, la creciente importancia de la comunicación también lleva a una creciente preocupación pastoral sobre la evangelización, la inculturación y la misma comunicación dentro de la Iglesia[18].

2- La Iglesia y  la "era digital"

 "El problema no está en el hecho que la Iglesia comunica. Comunicar para la Iglesia no es un optional, es su misión misma. Más bien, desde el punto de vista teológico, la Iglesia nace y vive gracias a Dios que se ha comunicado en Cristo. Ha sido querida por Cristo como sacramento de comunión de los hombres con Dios y entre ellos. Su misión esencial es, pues, comunicar el anuncio" [19].

a)    Los cambios culturales y la "inculturación" de la fe

"Cuando los Padres del Concilio (nos decía Juan Pablo II en el Mensaje para la XXIV Jornada Mundial de las comunicaciones Sociales, del 1990) estaban dirigiendo su mirada hacia el futuro e intentaban discernir el contexto en el que la Iglesia estaría llamada a llevar a cabo su misión, pudieron ver claramente que el progreso y la tecnología ya estaban ‘transformando la faz de la tierra' e incluso que ya se estaba llegando a la conquista del espacio (cf. Gaudium et spes, 5). Reconocieron, especialmente, que los desarrollos en la tecnología de las comunicaciones, con toda probabilidad, iban a provocar reacciones en cadena de consecuencias imprevisibles"[20].

De ello se deriva una consecuente y necesaria "inculturación", con la precisión de encontrarnos con una "nueva cultura", que no tiene fronteras, ni razas y que "no tiene espacio" y "no tiene tiempo". Porque "La misión de la Iglesia no consiste en impedir la transformación de la cultura, sino más bien asegurar la transmisión de la fe en Cristo, en el corazón mismo de unas culturas en pleno proceso de cambio[21].

El paso cultural, la inculturación necesaria, está caracterizada no sólo por la utilización en diversos espacios y niveles de los medios de comunicación, sino por un pensamiento y una actividad intrínsecamente marcados por la comunicación, que incorpora los medios telemáticos.

Si miramos las nuevas generaciones podemos verificar que para ellas,  los "media" se esconden, son transparentes, se diluyen en su realidad mediática[22], pero han dejado su impronta en la lógica, no sólo de su utilización sino en la estructura del pensamiento y en la dinámica comunicacional misma. Por ello, cuando un joven usa un medio telemático no está frente a un mero instrumento, como podríamos entenderlo y usarlo nosotros, que pertenecemos a otras generaciones, para los cuales la computadora e Internet son elementos útiles para redactar mejor nuestros documentos y enviarlos a todas partes; tampoco se les presenta un problema metafísico, moral y existencial, como a nosotros, que nos planteamos miles preguntas, tales como: "¿son buenos, son malos?", o "¿debemos tener nuestros propios medios o usar los ya existentes?".

Para las nuevas generaciones la telemática, que hace realidad la era comunicacional, la era digital, existe y se usa, como para nosotros existe y se usa el tren, el auto o el avión y, con un ejemplo más claro para nuestra comprensión, la luz eléctrica. ¿Quién se pregunta si existe o no, si es buena o no? Nadie... simplemente existe y se usa. ¿Esto quiere decir que no hay problemas culturales, existenciales, morales? No, ¡y vaya si los hay!, basta pensar en toda la problemática de la contaminación ambiental para comprender la magnitud de los problemas relacionados con la electricidad, que deben ser comprendidos, analizados, estudiados a fin de aplicar medidas de solución. Pero no por esto, a priori, la luz eléctrica es condenada o despreciada; a nadie se le ocurriría prescindir de todo lo que funciona con electricidad a causa de los problemas con ella relacionados, sino que, partiendo de la realidad de su existencia y teniendo en cuenta sus bondades, hace falta conocer el fenómeno y regularlo desde su propia realidad intrínseca.

Todos quedamos asombrados de los fenómenos como You-TubeWikipediaGoogle, pero esto no es sólo un fenómeno de "medios", ni tampoco una realidad de "contenidos", como estábamos acostumbrados a analizar hasta este momento. Medios y contenidos se funden en una realidad única, y así es vivida y utilizada por las nuevas generaciones. Para ellas no hay un planteamiento dualístico, ni hay un claro limite entre una cosa y la otra, sino que el contenido ya viene elaborado con la lógica y el lenguaje del medio que se usa. Esto plantea un desafío que no puede solamente ser analizado en sus aspectos negativos, sino que debe ser visto y aprovechado en sus aspectos positivos, completando sus carencias y corrigiendo sus errores.

Los medios son el "ambiente" en el cual el hombre de hoy se mueve, y en el cual el hombre del mañana se moverá de una manera mucho más profunda. Los medios son la ventana a través de la cual se mira el mundo y proporcionan la hermenéutica con la cual "interpreta" su ser y su vivir. Basta pensar en los jóvenes de hoy para los cuales, por ejemplo, la realidad de la amistad, que implica compartir tiempo, ideas, sentimientos, intereses, se amplía, sin conflictos internos, a toda la "realidad virtual". Ellos por medio de los canales de comunicación hacen de todo el mundo la propia realidad donde se mueven, de la cual toman los valores y en la cual también dejan su propia impronta.

Por ello, el Pontificio Consejo para la Cultura afirma: "los medios de comunicación social desempeñan en la cultura actual un papel fundamental. La imagen, la palabra, los gestos, la presencia son elementos que no se pueden descuidar en un proceso de evangelización que se inserta en la cultura de las comunidades y de los pueblos, aun cuando se haya de estar atento a no privilegiar la imagen en detrimento de la realidad y del contenido objetivo de la fe. Los enormes cambios que los medios de comunicación social operan en la vida de las personas, reclaman un compromiso pastoral adaptado..."[23]

b)    Una "nueva cultura" a Evangelizar

Se debe partir de un presupuesto que es más que es evidente: la cultura actual está intrínsecamente marcada por los medios de comunicación social, que, superando un primer nivel de una "era tecnológica", llegan hoy a estructurar, desde la raíz, una era comunicacional, es decir, que la tecnología no se presenta como un mero instrumento para ayudarnos a realizar las cosas, la tecnología se ha incorporado y ha desarrollado una nueva manera de vivir y de relacionarnos.  

Es fuerte, al respecto, la afirmación que hace Juan Pablo II en la Redemptoris Missio: "El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola -como suele decirse- en una "aldea global". Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia, que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales. Las nuevas generaciones, sobre todo, crecen en un mundo condicionado por estos medios. [...] Nuestro trabajo en ellos, sin embargo, no tiene solamente el objetivo de multiplicar el anuncio del Evangelio. Se trata de un hecho más profundo, porque la evangelización misma de la cultura moderna depende en gran parte de su influjo. No basta, pues, usarlos para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta "nueva cultura" creada por la comunicación moderna. Es un problema complejo, ya que esta cultura nace, aun antes que de los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas técnicas, nuevos comportamientos psicológicos"[24].  

Por su parte, y siempre con una mirada crítica sobre como la sociedad mediática actual crea nuevos espacios, Kevin Kelly (editor de la revista Wired magazine) afirmó: "En pasado fue muy fácil ignorar la tecnología porque no penetró en los espacios de nuestra vida a los que siempre estamos realmente obligados: nuestra red de amistades, el escribir, el pintar, el cultivar el arte y la cultura, las relaciones, la identidad, las asociaciones cívicas, la naturaleza del trabajo, la adquisición de bienestar, el poder. Pero hoy la constante aplicación de la tecnología en la red de las comunicaciones y los transportes tiene completamente sumergidas estas áreas sociales. Nuestro espacio social ha sido invadido por el telégrafo, el fonógrafo, el teléfono, la fotografía, la televisión, el avión y el automóvil; luego el ordenador, Internet, y ahora la red. Ya la tecnología es no exterior, ajena, periférica; hoy está al centro de nuestra vida"[25]. 

Este cambio tecnológico y, sobre todo, comunicativo indica un verdadero vuelco en muchas áreas de la vida humana: sociales, económicas, científicas, culturales, que ha producido un cambio esencial en los goznes mismos de la sociedad, en particular en los relacionales[26].  

Esto comporta a nivel social una consiguiente nueva marginación, nuevas capas sociales, se habla de "info-pobres" y "info-ricos", nuevas configuraciones y "mapas" de las relaciones: el digital divide o brecha digital[27].  

La configuración social debe pensarse "en clave relacional": "Los medios de comunicación ya no son una pantalla que se mira, una radio que se escucha. Son una atmósfera, un entorno en el que uno se ha hundido, que nos envuelve y nos penetra de cada lado. Nosotros estamos en este mundo de sonidos, de imágenes, de colores, de impulsos y de vibraciones como el hombre primitivo estaba sumergido en la selva, como un pez en el agua. Es nuestro entorno, los medios de comunicación son un nuevo modo de estar vivos" afirmaba el Cardenal Martini[28].

Este nuevo modo de ser supone un fuerte desafío de carácter antropológico y, con él, las consecuentes comparaciones con las realidades tradicionales de la familia, de la Iglesia, de la escuela, de la comunidad, de la amistad, del empeño socio-político. Todas las realidades inmediatamente relacionadas con las anteriores (reales), se vuelven también indirectas (virtuales), es decir, espacios relacionales, escenarios comunicativos, entornos vitales; en otras claves, podría decirse entonces que la comunicación, en cuanto relación, determina aspectos nuevos del desarrollo de nuestro ser y de nuestra manera de existir, se suma a la realidad real la realidad virtual, no como una realidad extraña a nuestra vida.  

Una reflexión sobre la cultura nos lleva a pensar sobre la necesaria mutación provocada por los medios de comunicación[29]: "La sociedad, pues, se presenta cada vez más ‘a subsistencia informativa'"[30].

La proliferación pues de códigos electrónicos y la visión global nos pone delante de un nuevo tipo de hombre. En efecto, el lenguaje de la palabra queda muy corto frente a los nuevos lenguajes y códigos "multimediales", que implican todos los sentidos y son "universalmente" comprensibles.  

La Iglesia se encuentra frente a un nuevo desafío, que no puede ser ignorado, porque hoy estamos inmersos no sólo en los tradicionales medios de comunicación - radio, televisión, Internet - sino en una nueva generación de medios que incorporan los medios tradicionales, los entrelazan y potencian su acción, tanto en su alcance a todo tipo de personas - incluso aquellas que hasta ahora estaban fuera del ámbito de su influencia -, como en su capacidad para involucrar lo más profundo del hombre, generando así una globalización cultural. Por esto la sociedad necesita aprender a interpretar y "vivir" la era de la comunicación.

c)    El sacerdote y el sacerdocio en la era digital

Cuanto hemos analizado hasta aquí, como nos dice el Papa en el mensaje de este año para las Jornadas de la comunicaciones Sociales: "pone en primer plano la reflexión sobre un ámbito pastoral vasto y delicado como es el de la comunicación y el mundo digital, ofreciendo al sacerdote nuevas posibilidades de realizar su particular servicio a la Palabra y de la Palabra".

Pero en primer termino, estas posibilidades se presentan como un "desafío", en segundo termino, como una "misión".

Para comprender que las tecnologías de la comunicación son una "posibilidad" en el ministerio, hace falta reconocer que, verdaderamente, "el mundo digital, ofreciendo medios que permiten una capacidad de expresión casi ilimitada, abre importantes perspectivas" y por tanto "la responsabilidad del anuncio no solamente aumenta, sino que se hace más acuciante y reclama un compromiso más intenso y eficaz", afirma el Papa.

El mundo ha cambiado y, sobre todo las nuevas generaciones, han cambiado de manera muy profunda la lógica del pensamiento y la manera de relacionarse. Decía el Papa en el mensaje para las jornadas de Comunicación del año pasado: "las nuevas tecnologías digitales están provocando hondas transformaciones en los modelos de comunicación y en las relaciones humanas". Por lo tanto es importante darse cuenta que estar presentes en la era digital, en la cultura digital, en el mundo digital, no significa simplemente tener una web, usar una computadora, sino comprender la lógica de la comunicación de las personas de esta nueva cultura, y con esa lógica y en esa cultura. "Los jóvenes especialmente se han dado cuenta del enorme potencial de los nuevos medios para facilitar la conexión, la comunicación y la comprensión entre las personas y las comunidades, y los utilizan para estar en contacto con sus amigos, para encontrar nuevas amistades, para crear comunidades y redes, para buscar información y noticias, para compartir sus ideas y opiniones" continuaba Benedicto XVI.

Por esto las "posibilidades" de las nuevas tecnologías de comunicación nos abren el horizonte de la "misión" "En los primeros tiempos de la Iglesia,(dice el Santo Padre) los Apóstoles y sus discípulos llevaron la Buena Noticia de Jesús al mundo grecorromano. Así como entonces la evangelización, para dar fruto, tuvo necesidad de una atenta comprensión de la cultura y de las costumbres de aquellos pueblos paganos, con el fin de tocar su mente y su corazón, así también ahora". Es decir, como a los Apóstoles, a los sacerdotes se nos presenta un "nuevo mundo a Evangelizar" y por lo tanto, nosotros, como ellos, tenemos "necesidad de una atenta comprensión de la cultura y de las costumbres ... con el fin de tocar su mente y su corazón". Por lo tanto no estamos hablando simplemente de aprender a manejar "una maquina de afeitar nueva, un ventilador nuevo" un algo que nos ayuda a hacer mejor lo que hacíamos sin necesidad de un esfuerzo de nuestra parte, especialmente un esfuerzo de lograr una nueva síntesis cultural...estos no son "medios para hacer más sencilla la actividad que hacíamos", son medios que "hacen distinto aquello que hacíamos". Hoy, los "amigos de todos los días" no sólo son los que nos encontramos físicamente, sino también aquellos que encontramos virtualmente (independientemente de donde se encuentren).

El Papa en estos mensajes nos habla de "generación digital", de "mundo digital", "tiempo digital", "continente digital"! Por lo tanto, si hay un nuevo mundo, una nueva generación, un nuevo tiempo, un nuevo continente... hay una nueva Evangelización! Y esto nos llama a ser conscientes que para un "nuevo mundo" hay que mandar misioneros, por lo tanto "misioneros de la era, de la cultura, del mundo, de la generación, del tiempo digital".

Esto implica, como lo fue siempre para todos los misioneros, aprender nuevas lenguas, nuevas costumbres, insertarse en nuevas culturas, tener que traducir el Evangelio para que fuese aprendido y vivido!

Por esto estas "posibilidades nuevas" de las que nos habla el Papa, son antes un desafío, porque si todo esto no viene entendido profundamente, y sólo damos un "barniz cultural" no podremos evangelizar el "nuevo mundo", y el Evangelio quedará fuera de él... De hecho, si no comprendemos que las nuevas tecnologías tienen sus propios lenguajes y sus propias metodologías, sus propias dinámicas y su propia lógica, nos encontramos con una simple transposición de contenidos de un medio al otro; por lo cual, sin usar el lenguaje propio el contenido no será comprendido y se perderá. La radio tiene recursos auditivos, la televisión agrega el mundo de la imagen, del color y el movimiento, Internet los agrupa a todos y les da interacción, inmediatez, universalidad, y les suprime su vinculación espacio-temporal. Pensar que "estar en Internet" es simplemente colocar la homilía del domingo, así como fue predicada, en una página de internet, a menos que sea un archivo de homilías, es no entender lo que es un nuevo lenguaje, y es ser limitadamente un verdaderamente "misionero" de un nuevo mundo. Con palabras del Papa: "A este respecto, el sacerdote se encuentra como al inicio de una «nueva historia»".

Y este desafío debe ser asumido de manera orgánica y sistemática, no como un hobby personal, al cual se deben dedicar los que tengan condiciones para ello, sino que debe convocarnos a todos y sistemáticamente, dentro de la formación permanente del sacerdote y, mas aún, dentro la preparación del seminarista al ministerio sacerdotal.

Además, no se debe tratar simplemente de una formación tecnico-práctica, que llevaría a "usar mejor la afeitadora", sino que se trata, en primer lugar, de penetrar el misterio teológico de cuanto comprende la Comunicación, que no toma su definición de las ciencias de la comunicación sino de la ciencia de Dios, uno y trino, que es comunión y se comunica al hombre! Así, con un camino teológico sólido debe pasarse a la ciencia antropológica, para comprender cuanto significa para el hombre comunicarse, pues, es en la relación donde el hombre, no sólo puede vivir y aprender, sino que se plenifica como tal, en la comunicación con Dios y con los semejantes. Con estas bases sólidas no hay peligro de sumergirse en el mundo de lo que es la comunicación humana y sus ciencias específicas. "El sacerdote... ha de unir el uso oportuno y competente de tales medios -adquirido también en el período de formación- con una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad sacerdotal, alimentada por su constante diálogo con el Señor." , nos dice el Santo Padre.

Es un verdadero desafío para nosotros los sacerdotes este cambio cultural, pero no nos podemos echar atrás, porque siendo la comunicación la esencia del cambio cultural y siendo también la comunicación la esencia de la Iglesia, que nace de un acto comunicativo de Dios y tiene como Misión comunicar la Vida y la Gracia divina, el sacerdote se ve llamado esencialmente a entrar de lleno en esta dinámica de la nueva cultura, la generación digital. Por eso el Papa pide "a los presbíteros la capacidad de participar en el mundo digital en constante fidelidad al mensaje del Evangelio, para ejercer su papel de animadores de comunidades que se expresan cada vez más a través de las muchas «voces» surgidas en el mundo digital".

Ciertamente no faltan los riesgos presentes en la red! Por eso, mas que nunca, urge la formación de la persona integralmente, y de manera especial la formación clara y específica del uso consciente y responsable de su libertad, porque no son los firewalls y los filtros los que deben hacer la historia del hombre (aunque puedan ayudar), sino la decisión y elección de la libertad llevada adelante a lo largo de la vida con sacrificio, perseverancia y amor!

Por esto el Papa nos dice "en el contacto con el mundo digital, el presbítero debe trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la «red».", porque es necesario no sólo usar y estar presentes, sino enseñar a vivir en clave cristiana los nuevos procesos comunicativos y relacionales introducidos en el mundo por las tecnologías digitales.

Muchas veces sentimos preguntar "porqué los curas tienen que ocuparse de estas cosas" (pregunta que, sobre todo, se hacía en los inicios de la expanción de internet y el desarrollo masivo de las tecnologías de la comunicación). El Papa en el mensaje de este año da una respuesta tanto precisa como desafiante: "¿Quién mejor que un hombre de Dios puede desarrollar y poner en práctica, a través de la propia competencia en el campo de los nuevos medios digitales, una pastoral que haga vivo y actual a Dios en la realidad de hoy? ¿Quién mejor que él para presentar la sabiduría religiosa del pasado como una riqueza a la que recurrir para vivir dignamente el hoy y construir adecuadamente el futuro? Quien trabaja como consagrado en los medios, tiene la tarea de allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales. Le corresponde ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo «digital» los signos necesarios para reconocer al Señor; darles la oportunidad de educarse para la espera y la esperanza, y de acercarse a la Palabra de Dios que salva y favorece el desarrollo humano integral."

(continúa)