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I. La misión de los laicos hoy

Josep Miró i Ardevol

 

La sociedad de la desvinculación

El problema central de la sociedad europea es la desvinculación, que surge al considerar la autorrealización individual a través de la satisfacción del deseo como único hiperbien. El resultado es un sujeto que por definición considera bueno ser libre de toda ligadura permanente, de toda creencia, tradición e historia. De toda comunidad laboral, social, nacional e incluso familiar. Por eso no hay amor que es el vínculo por excelencia. Sólo se busca el placer.

La sociedad de la desvinculación es portadora de un marco de referencia específico en el que destacan cuatro componentes:

. la cultura de la trasgresión

. el cientismo y el materialismo práctico

. el utilitarismo

. y el más fundamental de todos estos: el laicismo de la exclusión religiosa.

 

La cultura de la trasgresión significa: No hay límites a los deseos humanos

En palabras de Tessek Kolakoswki, “una de las más peligrosas ilusiones de nuestra civilización es la idea de que no hay límites a los cambios que podamos emprender, que la sociedad es una cosa infinitamente flexible. La cuestión moderna que daría al hombre libertad total de la tradición, lejos de abrir ante sí la perspectiva de la autocreación divina, le sitúa en la oscuridad, donde todas las cosas se contemplan con la misma indiferencia. Ser totalmente libre de la herencia religiosa o de la tradición histórica es situarse en el vacío y por lo tanto desintegrarse”.

El cientismo y el materialismo práctico: la ciencia como sustituto de la moral

El cientismo es la profesión de fe en la ciencia, por lo tanto una contradicción en los términos. Es la herencia del pensamiento ilustrado. El cientismo pretende trasladar a la ciencia, que es un campo del conocimiento que se ciñe a los medios, el cómo y el por qué funciona, al de los fines, estableciendo si el mal es justo, injusto, necesario o superfluo, propios de la religión y la filosofía.

Los estudios con embriones, los hermanos terapéuticos, los hijos a la carta, la elección de sexo, son algunas de estas actuaciones que siempre se pueden razonar para el bien de alguien, pero que siempre parten de utilizar al ser humano como un simple medio. Es una regresión histórica brutal con la que nos tenemos que confrontar. Son manifestaciones del materialismo que nacen de la autorrealización como único hiperbien.

El utilitarismo

La cultura que ha forjado Europa se ha fundamentado en el principio de que el fin no justifica los medios. Ahora se impone justo lo contrario: si el fin es “bueno” el medio no importa o, en todo caso, hace falta considerarlo en escasa medida.

El laicismo de la exclusión religiosa

La sociedad de la desvinculación necesita la ideología del laicismo de la exclusión religiosa, porque la conciencia religiosa es la causa fundamental en la generación de vínculos. Con Dios el vínculo se hace inexorable. Nadie te puede suplir ni engañar en esta relación constructora de la conciencia humana. La religión es el adversario más potente de la ruptura del vínculo porque, contribuye decisivamente a la construcción de la conciencia personal, sin la que la libertad ni el compromiso son posibles. Ésta es la causa por la que la ideología del laicismo de la exclusión religiosa quiere imponer su liquidación como hecho social. La exclusión religiosa tiene una deriva totalitaria. Primero porque pretende que la sociedad sea laica cuando en realidad es plural, y mayoritariamente religiosa. Segundo, porque un estado democrático tiene el deber de reconocer y acoger aquella realidad social y facilitar las condiciones para su libre desarrollo, de acuerdo con la historia, la cultura y las tradiciones de cada país.

Las tres grandes rupturas sociales

La ideología de la desvinculación es la causa de las tres grandes rupturas que padece la sociedad: La injusticia social manifiesta, la antropológica y la política.

a.
La ruptura de la injusticia social manifiesta, que muestra, hace ostentación impúdica de la riqueza del norte, ante los ojos de la TV de la gente del sur.
b.
La ruptura antropológica. Es la voluntad de modificar la naturaleza humana mediante leyes y técnicas biológicas.
c.
La ruptura política. Significa la sustitución de la responsabilidad personal y de las comunidades, empezando por la familia, por la burocracia de la despersonalización que destruye el capital social a cambio de reducir al conjunto de personas reales y concretas que configuran la sociedad, a una serie de individualidades abstractas incorporadas a procesos burocráticos.
La vida y dignidad humana como problema político

El resultado final de la sociedad desvinculada es la desvalorización de la vida humana porque su valor está en función de su utilidad. El proceso se inició con la despenalización del aborto. El embrión ha pasado de la protección más absoluta, a ser simple materia de laboratorio, los hijos a la carta y los hermanos terapéuticos sitúan la vida del que tiene que nacer en función de unas necesidades que no son las de su vida: es concebido y manipulado como un medio al servicio de otros fines. También la vida tiene un valor relativo según el estado físico de la persona; así, un tetraplégico, por ejemplo, justifica todo un razonamiento pretendidamente moral que lleva al homicidio, consentido o no. Si hay situaciones en las que el ser humano es prescindible y las fronteras son cambiantes en función del criterio de utilidad, ¿dónde está el límite?

La trivialización de la vida

Hoy la gente confunde la legalidad con el bien, pero ello no es cierto; y caemos en la burocratización y la trivialización de nuestros actos. Y esta trivialización del sentido de la vida tiene muchas consecuencias. Así, la trivialización del sexo convertido en un deporte de contacto, provoca una colisión brutal con la antropología humana.

El preservativo no solucionará nada por sí mismo mientras el sexo sea presentado como un acto intrascendente del que se excluyen valores fuertes forjados en la libertad personal, como el respeto, la responsabilidad, y las consecuencias, la conciencia de la propia madurez, la fidelidad y la abstinencia.

Con todo ello se ha propiciado la destrucción de la familia

Hoy nadie discute que la familia es un hecho esencial para la sociedad, para la misma solidez del estado del bienestar.

La familia ha demostrado su bondad pero la ideología que impera en el espacio público, mediático, social y político, no la acepta en su composición y funciones reales. La familia es la expresión de una dimensión religiosa y de un vínculo fuerte. Pero ante esta realidad, la desatención del gobierno hacia la familia es exagerada. Pero no se trata sólo de gasto sino de “modelo”, de canon. Una familia sostenible es en primer lugar un matrimonio estable compuesto por un hombre, una mujer y sus hijos, que puede ampliarse a otros ámbitos de relaciones de consanguinidad, dotada de estabilidad, construida sobre un compromiso público, basado en la fidelidad, la asistencia mutua, la donación, la gratuidad y la solidaridad intergeneracional. Tremenda paradoja: la infidelidad a un partido está mal vista, son los “tránsfugas” y se adoptan medidas para evitarlo, pero al tiempo el “transfuguismo matrimonial” es considerado como un signo de “progreso” porque se considera que es un “nuevo perfil de convivencia”. Pero el divorcio es simplemente un matrimonio fallido con lo que esto representa de daño a personas e hijos. Es como fumar sin asumir que el tabaco mata.

La destrucción de los jóvenes

La destrucción empieza en la niñez, con el “mal secreto”, la agresión a los niños. ¿Puede funcionar una sociedad que cría futuros adultos que habrán experimentado en carne propia el abuso sexual y la agresión física? Pese al escándalo de las cifras, no existe ninguna prioridad política para responder a esta tragedia. Pero el problema continúa y se extiende a la adolescencia y juventud. Están todavía por narrar y cuantificar los estadios de violencia que han logrado las noches de ocio de los jóvenes en los fines de semana. Dos datos son relevantes. Para los jóvenes las muertes por accidentes de tráfico y drogadicción son las dos causas principales de defunción. ¿Hay algo más estúpido que esa continúa matanza de jóvenes en nuestras carreteras en una guerra no declarada? La drogadicción ha pasado de ser un fenómeno situado en los márgenes de la sociedad a un hecho que atañe a todos los grupos sociales y de manera especial a los jóvenes. Una sociedad que acepta con tanta laxitud el fenómeno masivo de la droga de fin de semana, sea alcohol o productos de síntesis, entre sus jóvenes generaciones es obviamente una sociedad sin futuro. Jóvenes y adolescentes son educados en antivalores: violencia, daño a sus condicionas físicas y psíquicas, incapacidad para controlar las pulsiones primarias y dependencia de estímulos extremos exteriores.

La escuela instruye, la familia educa. Crisis familiar–crisis escolar

Junto con la familia, la enseñanza es la otra gran institución que con su crisis más claramente expresa los callejones sin salida de la sociedad de la desvinculación. Altas cotas de fracaso escolar, baja preparación de quienes llegan a la universidad, niveles de conocimiento insuficientes en materias básicas, extensión de la violencia y la inseguridad en los institutos, debilitamiento del civismo. Se atribuye todo el problema, en un diagnóstico banal, a la insuficiencia de recursos económicos, pero ésta no es la respuesta.

Antes, las limitaciones escolares eran compensadas porque las familias, y en menor medida el entorno comunitario, ejercían de manera natural, inercial incluso, su función. Nuestra sociedad olvida que la educación es un proceso integral donde el centro escolar es un elemento más. La crisis de la familia se ha transmitido al sistema educativo especialmente en la escuela pública, sin ideario, que parece, en mayor medida, obligada a desempeñar funcionas que no le corresponden. Aquí tenemos uno de los orígenes del problema.

La Respuesta: Ha llegado la hora de construir la alternativa. Tesis básicas

Ya san Pablo escribió: “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, rebate, reprende, reprocha, exhorta con toda paciencia y deseo de instruir” (2 Tm 4,2). “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Cor 9, 16).

–Hemos de actuar porque con sentido solidario, sin sentido de Dios, todos los adelantos se tornan contradicciones y fracasos. En este construir la alternativa hace falta buscar la participación de todo el mundo que coincida con la necesidad y la respuesta, con independencia de sus creencias para vivir y compartir una cultura cristiana, que significa una determinada concepción del mundo y de las cosas, y que bebe de la antropología, la filosofía, el relato y las artes cristianas. El reconocimiento de la ley natural para guiar la sociedad de los hombres sólo necesita de la razón, de la capacidad de ver y juzgar sin estar prisionero de ninguna ideología.

El cristianismo es, con diferencia, la minoría más grande. Ninguna otra opción humana agrupa a tantas personas, tan diferentes. Nos ha sido mandado difundir la Buena Nueva, por eso no hace falta esperar más, porque cada año que pasa de diáspora católica, se pierde grosor y la posibilidad de difundir la Palabra que da sentido a la vida.

–Devolver el sentido de Dios y el encuentro con Jesucristo al espacio público, la vida pública. La religión es decisiva para las personas y por lo tanto para la sociedad, porque aporta cuatro características necesarias e insustituibles, sin las cuales la felicidad como condición personal y la sociedad que necesita de relaciones sostenibles, se convierte en imposible o muy difícil. Estas cualidades de la religión son:

· la forja de la conciencia personal, · la apertura a la trascendencia, · el establecimiento de los límites de la persona, · y, como consecuencia, ser portadora de sentido a la vida.

–Significa reconstruir el sujeto cristiano:

· Reconstruir el sujeto significa asimismo reconstruir y fortalecer el sentido de pertenencia a la Iglesia.

· La unidad de acción de los católicos en aquello que nos une en la Fe y se concreta en el Magisterio.

· La formación para la acción.

· Un mayor o mejor uso de los medios de comunicación.

· Una atención preferente y bien hecha a jóvenes y adolescentes, más escuela religiosa.

· Una Iglesia abierta y evangelizadora.

Un compromiso efectivo con la vida política

Los conflictos surgen de la sociedad. Cuando sucede, la política y sus actores (partidos, líderes, instituciones) actúan –se presupone– para gestionarlo al servicio del bien común.

Este proceder es el que convierte a la política en un arte noble. Nuestro trabajo está enfocado a devolver el sentido a la política dirigida a procurar el bien común. No tengamos miedo de no hacernos a la medida del mundo como dice san Pablo, sino transformémonos para la renovación de vuestra mente, de manera que sepáis discernir qué es la voluntad de Dios: lo que le gusta, lo que es bueno, lo que es perfecto (Rom 12, 2).

Construir la comunidad responsable

Transformar la sociedad de la desvinculación es la única medida viable para poner fin al desorden e injusticia social creciente. La respuesta es construir la comunidad responsable, fundamentada en la libertad obviamente, pero también en la educación y práctica en la responsabilidad; cada persona de sí misma; la familia de sus miembros. Recuperar el sentido de barrio, pueblo, ciudad, empresa, país. Facilitar que las personas se reúnan para resolver sus necesidades y problemas, para impulsar proyectos de mejora y buscar la excelencia, y en este contexto, promover la pedagogía y práctica de la fraternidad entre todos. No se trata de desmantelar el estado del bienestar, sino de construir la sociedad del bienestar de manera que no sea la burocracia despersonalizadora quien supla nuestra responsabilidad. De este modo conseguiremos una sociedad de personas más responsables, más fraternas, y atenciones y servicios a un coste menor.

El marco conceptual y metodológico para aplicar la construcción de la comunidad es la aplicación sistemática del principio de subsidiariedad.

Persona y familia como ejes transversales básicos de toda acción política.

Reintroducir la lógica de la ley natural

Desde el momento en que queremos implicar a sectores más allá de los católicos practicantes, el hombre y su sociedad debe de estar regido por un orden, una ley natural.

Renovación democrática

En este sentido el objetivo más urgente e importante es modificar el actual sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas que impiden a los ciudadanos la relación directa con su diputado y a éste sentirse verdaderamente responsable y representante de quienes lo han elegido. La comunidad responsable sólo se podrá conseguir si el diputado se siente directamente vinculado a quienes lo han elegido, y no como hasta ahora, a la maquinaria del partido que determina que se convierte en un simple funcionario electoral.

Prioridad a la erradicación de la pobreza interior; impulso a la solidaridad efectiva con los países con necesidades

La pobreza tiene que ser considerada como una vulneración de los derechos humanos y desde esta perspectiva debe ser contemplada en la agenda política. Por lo tanto, no puede quedar reducida a una simple cuestión de asistencia social, sino que debe ser el punto de confluencia del conjunto de la acción de gobierno. Tiene que partir de la aplicación taxativa del principio de subsidiariedad.

 

 

(Aparecido en Iglesia Viva 223, 2005)