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LA PALABRA DE DIOS EN LA FORMACIÓN DE LOS SACERDOTES Y LAS PERSONAS CONSAGRADAS III


G                                                        Nuria Calduch-Benages


 

 

3. La Palabra de Dios en la formación de las personas consagradas

Si bien es verdad que Palabra de Dios y vida consagrada no fue un tema recurrente en el Sínodo, estuvo presente en sus documentos de trabajo, en las discusiones de los círculos menores y en varias intervenciones de los padres sinodales, de los auditores y auditoras.
En siete ocasiones el Instrumentum Laboris  se refiere a la vida consagrada y en tres a las comunidades religiosas. Las personas consagradas viven una relación directa con la Escritura que se alimenta cotidianamente de la Eucaristía y muy especialmente del rezo del Oficio Divino y la práctica de la Lectio Divina personal y comunitariamente. Este contacto asiduo con la Escritura ha de ser objeto de confrontación para un discernimiento personal y comunitario en vista de la evangelización. Según el n. 52 del Instrumentum Laboris, el único número totalmente dedicado al servicio de las personas consagradas, “la lectura orante de la Palabra, hecha con jóvenes, es el camino para un renovado crecimiento vocacional y para un fecundo retorno al Evangelio y al espíritu de los fundadores, tanto auspiciado por el Concilio Vaticano II y recientemente propuesto por el Santo Padre Benedicto XVI a las personas de vida consagrada”. Esta insistencia en la Lectio Divina o lectura orante también se vio reflejada en la exhortación post-sinodal, especialmente en el n. 83, enteramente dedicado a la relación entre Palabra de Dios y vida consagrada, como veremos a continuación. Además de la Lectio Divina, dedicaremos un breve espacio a otros elementos importantes en la formación de las personas consagradas, a saber, el rezo de la liturgia de las horas, la piedad mariana y el anuncio e la Palabra en situaciones de frontera.

3.1 Lectio Divina

El mencionado núm. 83 contiene una reflexión  teológica, una recomendación y un agradecimiento. Inspirándose en la Propuesta 24 del Sínodo (2008), la exhortación apostólica post-sinodal Vita consecrata de Juan Pablo II (1996) y su instrucción Caminar desde Cristo: un renovado compromiso de la vida consagrada en el tercer milenio (2002), Benedicto XVI afirma que la vida consagrada “nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida”. Este modo de vivir siguiendo las huellas de Cristo se convierte en “«exégesis» viva de la Palabra de Dios” abierta a diversas expresiones y  modalidades de las que dan testimonio los múltiples carismas que los fundadores y fundadoras han trasmitido. La recomendación del Papa se refiere a la práctica de la Lectio divina, vinculada desde sus inicios a la tradición monástica: “que nunca falte en las comunidades de vida consagrada una formación sólida para la lectura creyente de la Biblia”. Por último, el agradecimiento va dirigido a la vida contemplativa, en manera especial a los monjes y monjas de clausura, que con su opción de vida, basada en la oración, la escucha y la meditación de la Palabra, “indican al mundo de hoy lo más importante, más aún, en definitiva, lo único decisivo: existe una razón última por la que vale la pena vivir, es decir, Dios y su amor inescrutable”.

La amplia difusión en los cinco continentes de la Lectio Divina o lectura orante, inspirada en los Padres de la Iglesia y la tradición monástica (Regla de San Benito, 48) constituye un auténtico signo de esperanza para la Iglesia. Recordemos que el primero que sistematizó la Lectio Divina fue el cartujo de Grenoble, Guigo II llamado el Angélico (†1188) con sus cuatro grados o etapas: lectio, meditatio, oratio y contemplatio. En la actualidad contamos con grandes especialistas como el Card. Carlo M. Martini, Enzo Bianchi, prior de la comunidad de Bose, Carlos Mesters, Elena Bosetti, Giorgio Zevini, Bruno Secondin, Innocenzo Gargano, Dolores Aleixandre, Hilari Raguer, Florenci Costa, Tim Gray, Irene Novell, Kart Schultz, entre muchos otros). Conscientes de la gran difusión actual de la Lectio Divina (cf. por ejemplo, los Seven Steps o “Siete pasos” en África, el compartir la Palabra en las comunidades de base …) y de otros métodos análogos (los ejercicios espirituales en la vida cotidiana, el método de revisión de vida de Acción Católica, el estudio del Evangelio de la comunidad del Prado, o la lectura bíblica de la fraternidad misionera “Verbum Dei”… entre otros), las personas consagradas están llamadas a multiplicar esfuerzos en esta dirección. Una forma muy práctica y provechosa es realizar la lectura orante con los textos litúrgicos que la Iglesia propone para la celebración eucarística dominical y cotidiana. De este modo, se profundiza en la estrecha relación entre Palabra y Eucaristía, entre la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía.

No podemos olvidar, además, que este contacto, personal y comunitario, con la Palabra de Dios puede suscitar en los jóvenes un deseo de consagración total: “Auténticas vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio encuentran terreno propicio en el contacto fiel con la Palabra de Dios” (Verbum Domini, 106).

3.2 Liturgia de las horas  y oración mariana

Benedicto XVI exhorta a los consagrados y consagradas a ser “ejemplares en la celebración de la Liturgia de las Horas, de manera que puedan ser un punto de referencia e inspiración para la vida espiritual y pastoral de toda la Iglesia”. El acento recae, pues, en el beneficio que el rezo de la liturgia de las horas proporciona al pueblo de Dios. Por este motivo, el Papa recomienda que las comunidades religiosas, en la medida de lo posible, “fomenten esta oración con la participación de los fieles” (Verbum Domini, 62).
Más adelante en el n. 88, después de invitar a todos los fieles, sobre todo en el ámbito familiar, a promover las oraciones marianas y especialmente el Santo Rosario, Benedicto XVI se dirige a las comunidades de personas consagradas exhortándolas a que sean fieles a la oración del Angelus Domini, que la tradición invita a recitar tres veces al día: al amanecer, al mediodía y al atardecer. Luego añade: “Esta práctica puede ayudarnos a reforzar un auténtico amor al misterio de la Encarnación”.

3.3 El anuncio de la Palabra en situaciones de frontera

El punto de arranque de la Verbum Domini, 94 es la misión de anunciar  la Palabra de Dios, una misión que comparten todos los discípulos y discípulas de Cristo. A continuación especifica en qué consiste concretamente esta misión para los obispos, los sacerdotes, los diáconos, las personas consagradas y los laicos. Por lo que se refiere a las personas consagradas, el Papa, retomando la instrucción Caminar desde Cristo,  afirma: “La vida consagrada brilla en toda la historia de la Iglesia por su capacidad de asumir explícitamente la tarea del anuncio y la predicación de la Palabra de Dios, tanto en la missio ad gentes como en las más difíciles situaciones, con disponibilidad también para las nuevas condiciones de evangelización, emprendiendo con ánimo y audacia nuevos itinerarios y nuevos desafíos para anunciar eficazmente la Palabra de Dios”.
La lectura de estas palabras me ha hecho recordar la intervención en el Sínodo de Mons. Joseph William Tobin, cssr, sobre la vida consagrada como obediencia radical a la Palabra de Dios, tema que desarrolló en tres momentos: obediencia a la Palabra hecha carne en Jesucristo, obediencia a la Palabra que habla por medio de los signos de los tiempos y los lugares y, en fin, obediencia a la Palabra aprendida a través del sufrimiento. En este último punto, el más conmovedor de su intervención, J.W. Tobin recordó a tantos consagrados y consagradas que viven la obediencia en medio de grande sufrimientos. Recordó a las religiosas que, muy recientemente, han sido víctimas de violencia y de abusos sexuales en India. Recordó a los agentes pastorales que trabajan secretamente en favor de los refugiados en regímenes totalitarios. Recordó a las personas consagradas que, abandonando su lengua, cultura e historia, llevan a cabo la primera evangelización en muchas partes del mundo. Recordó a las personas consagradas ancianas y enfermas que son signos de esperanza en un mundo que invita a la desesperación. Finalmente, recordó a los consagrados y consagradas que acompañan a los que no son importantes ni poderosos así como aquellos que sufren la dolorosa experiencia de ser marginados en su Iglesia local.

La misión de la persona consagrada es, qué duda cabe, una misión profética que la coloca a menudo en situaciones de frontera, donde se ve obligada a luchar contra el miedo, la oposición, las dificultades, el sufrimiento y la injusticia con la fuerza liberadora de la Palabra. La Palabra inspira, sostiene y fortalece a los consagrados y consagradas y al mismo tiempo les da la fuerza, la valentía y la creatividad necesarias para seguir difundiendo la Buena Noticia allí donde son llamados, donde quiera que sea. Apreciamos las palabras de Benedicto XVI que da gracias a Dios: “por estos testimonios espléndidos, a menudo escondidos, de tantos cristianos –sacerdotes, religiosos y laicos– que han prestado y siguen prestando sus manos, sus ojos y su corazón a Cristo, verdadero médico de los cuerpos y las almas!” (Verbum Domini, 106).

4. Conclusión

Quisiera terminar esta reflexión sobre la Palabra de Dios en la formación de los sacerdotes y las personas consagradas a la luz del Sínodo de la Palabra y de exhortación apostólica post-sinodal Verbum Domini con unas palabras de Benedicto XVI en la conclusión de la misma: “deseo exhortar una vez más a todo el Pueblo de Dios, a los Pastores, a las personas consagradas y a los laicos a esforzarse para tener cada vez más familiaridad con la Sagrada Escritura. Nunca hemos de olvidar que el fundamento de toda espiritualidad cristiana auténtica y viva es la Palabra de Dios anunciada, acogida, celebrada y meditada en la Iglesia. Esta relación con la divina Palabra será tanto más intensa cuanto más seamos conscientes de encontrarnos ante la Palabra definitiva de Dios sobre el cosmos y sobre la historia, tanto en la Sagrada Escritura como en la Tradición viva de la Iglesia” (n. 121).

Ciertamente estas palabras nos interpelan a todos. Todos somos, y debemos sentirnos, responsables de la misión de anunciadores y anunciadoras de la Palabra, cada persona desde su estado de vida y desde su ámbito específico de participación en la vida eclesial. Y, qué duda cabe, Verbum Domini interpela de manera especial a los formadores y formadoras en los seminarios y casas religiosas, pues tienen bajo su cuidado el futuro de la Iglesia. Ellos y ellas están llamados a hacer todo lo que esté en sus manos para que la Palabra de Dios ocupe el centro de sus vidas y el de sus jóvenes aspirantes a la vida sacerdotal y consagrada. Estudio, oración, testimonio de vida, anuncio de la Palabra y misión de frontera son los puntales que ningún educador y educadora pueden descuidar en su programa.

 

 

Vale la pena recordar que, sin contar los padres sinodales, entre los que había 11 superiores generales (10 elegidos por la Unión de Superiores Mayores y el P. Alfonso Nicolás, Prepósito General de la Compañía de Jesús, nombrado por el Santo Padre), en el Sínodo han participado 16 religiosos (15 expertos y 1 auditor) y 13 religiosas (3 expertas y 10 auditoras).

El Card. Franc Rodé, cm, Prefecto de la Congregación para los institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, el P. José María Abella Batlle, cmf, Superior General de los Misioneros Claretianos, el P. José Rodríguez Carballo, ofm, Ministro General de la Orden Franciscana de los Frailes Menores y el P. Joseph William Tobin, cssr, Superior General de la Congregación del Santísimo Redentor y actual arzobispo titular de Obba y Secretario de la Congregación para los institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica.

Cf. su discurso en ocasión de la XII Jornada Mundial de la Vida Consagrada (2 de febrero de 2008).

La bibliografía sobre el tema es inmensa. Por eso, me limito a citar la serie «Tu Palabra es Vida» (publicada por la editorial Verbo Divino), compuesta de siete volúmenes preparados por Carlos Mesters y el equipo bíblico de la Conferencia de Religiosos de Brasil y adaptados por el equipo de biblistas de la Casa de la Biblia.

Sacramentum Caritatis, 66 y Verbum Domini, 86.

 

(fuente: revista SEMINARIOS)