10 trucos para superar la cuesta de enero o cualquier otra cuesta
Por María Jesús Ribas / EFE
No nos damos ni cuenta y, de pronto, ya está aquí de vuelta el mes de enero, como una página en blanco que nos intimida, después de haber agotado al pie de la letra el conocido guión festivo de diciembre. Se terminan las celebraciones, los banquetes y los regalos. Adiós a los brindis, trasnoches, bailes y algarabía. Ya no se oyen villancicos, petardos, campanadas, ni anuncios de cava y turrones.
Las fiestas navideñas el árbol y los adornos navideños, los disfraces y ropajes de gala han vuelto a sus cajas, Papa Noel y los Reyes Magos han regresado a sus mundos imaginarios, y nosotros retornamos la rutina y la normalidad, es decir al trabajo, a los estudios, a los horarios y a los problemas, conflictos y sombras, que habían ocultado las luces de las Fiestas.
¿Cree que no va a poder superarlo? ¿Teme que lo desborden el estrés, la ansiedad o la tristeza? ¡No sea negativo! La readaptación sólo es cuestión de días y puede ser mucho más rápida y suave si se siguen los consejos de los expertos para superar el síndrome post-navideño y pisar fuerte en el nuevo año, con fuerzas e ilusión.
DECÁLOGO PARA EL REGRESO SIN TRAUMAS
Ante todo, ¡no desespere!
Acepte que su malestar es algo natural, fruto de un readaptación que requiere su tiempo. A la mayoría de la gente le disgusta que termine un período caracterizado por la diversión, las reuniones, un ambiente y a relajación de las obligaciones, y retornar a los deberes cotidianos, pero no hay que angustiarse ni darle mayor importancia, porque todos los años sucede más o menos lo mismo y siempre se sale adelante. Concédase un margen de tiempo para volver a la normalidad.
Detenga el pesimismo
Eluda los pensamientos negativos que le vengan a la mente del tipo 'que horror, de nuevo al trabajo' ó 'todos los días lo mismo, de casa a la oficina, sin tiempo para más'. Son ideas que sólo le hacen sufrir y que debe desechar apenas aparezcan. Es preferible adoptar una actitud positiva ante el cambio e intente reemplazar los 'virus mentales' por ideas constructivas: 'Mi trabajo tiene muchas facetas buenas', 'modificaré lo que me desagrada y podré cambiar mi ámbito laboral' o 'dedicaré una hora a hacer gimnasia, yoga ó aeróbic'.
Trace objetivos realistas
Para no sentir que retorna a la 'rutina pura y dura' introduzca cambios leves que enriquezcan su vida y aumenten su bienestar. Puede ser el momento de iniciar ese curso de idiomas que ha dejado sistemáticamente de lado o dedicarse a esa afición que tanto le gusta pero posterga. También puede ser la hora de redecorar la casa. Pero evite apuntarse a un montón de actividades nuevas que después no pueda llevar adelante. La hiperactividad sólo produce estrés.
Mantenga viva alguna actividad placentera
Mantener un ritmo de actividad como el de las Navidades, no sólo sería agotador sino que terminaría aburriendo: su atractivo radica en su excepcionalidad y en que aportan una pausa alegre a nuestra vida. No obstante, muchas de las actividades más agradables de esos días pueden repetirse en cualquier momento del año: hacer una cena especial, reunirse con amigos y familiares, cambiar la decoración de la casa, compartir las tareas domésticas, salir una noche a bailar, organizar una fiesta, hacer un regalo sorpresa a quienes quiere, mantener una larga conversación telefónica con un viejo conocido, disfrutar de una noche. Quedan muchos fines de semanas, puentes festivos y momentos para disfrutar en familia o un amigo y sintiéndose uno mismo.
Reprograme su cuerpo
Necesita adaptarse, para que sus ritmos biológicos funcionen como antes. ¿La hora a la que se ha acostado durante la Fiestas se ha situado habitualmente mucho más allá de la medianoche? ¿Ha dado a su paladar y estómago todos los caprichos, a todas horas? Su organismo requiere un lapso para adaptarse a la nueva -o si se quiere vieja- situación: intente acostarse más pronto y a la misma hora, regule los horarios de sus comidas y vuelva poco a poco a la dieta habitual. Lo mejor es no esperar hasta último momento para hacer estas adaptaciones, sino en los días previos al final de las Fiestas.
Planifique un golpe timón
Si volver a la normalidad se le hace tan cuesta arriba que le hace sentir muy mal y caer en una mini-depresión, puede que esté insatisfecho con algunas áreas de tu vida, deba modificar algunos aspectos de su realidad laboral, social, afectiva, personal o familiar. Tiene que pensar a donde quiere llegar, con los pies sobre la tierra, y trazar un itinerario a medio plazo para conseguirlo. Esa va a ser su fuerza para afrontar los problemas: saber que puedes llegar a dónde se propongas.
Sea usted mismo
El propósito de 'año nuevo, vida nueva' es atractivo, pero es tan ambicioso que parece imposible. Sin embargo no es tan difícil si se recurre a un recurso infalible, que es una de las mejores inversiones que podemos hacer por nuestra felicidad: la asertividad. Consiste en comunicar de forma clara, sencilla y decidida, nuestros sentimientos, necesidades, deseos e ideas. Convénzase de que todos tenemos los mismos derechos: a opinar, pedir, rechazar, equivocarse, decir NO, expresar lo que se siente. Hable mirando a tu interlocutor a los ojos, de forma franca y directa, con voz firme y constante.
Disuelva el estrés
Volver a compaginar la vida laboral con las tareas cotidianas, conlleva una tensión nerviosa que puede evitarse si se reentra con una nueva actitud ante los problemas y conflictos. Diversos estudios demuestran que las personas con mayor capacidad para resistir el estrés son aquellas que racionalizan los inconvenientes. Los asumen como temporales ('hoy estoy cansado') en vez de como permanentes ('ya no puedo más'). Para ellos, los aprietos son específicos ('me iría bien organizarme mejor') y no generales ('soy un desastre').
Haga una transición paulatina
En vez de apurar la etapa festiva hasta el final y pensar en la reentrada, sólo el día previo a volver al trabajo, marcando un cambio radical entre el estilo de vida festivo y el normal, concédase un tiempo previo de adaptación y organización, cómo colchón para suavizar el impacto. Dos o tres días antes de que concluyan las Fiestas, comience a pensar en lo que hará al volver y a planificar un próximo fin de semana interesante, en vez de esconder la cabeza como el avestruz y creer que los Reyes Magos le regalarán una vida más estimulante.
Atesore los buenos momentos
Guarde imágenes de estos días festivos que le resulten relajantes o divertidas, colecciónelas en su imaginación para utilizarlas en aquellos momentos de su vida cotidiana, en que esta aborde del ataque los nervios o está bajo de ánimo. Serán como un bálsamo y tónico a la vez. También cultive los gestos de afecto y amor, que estrecharán sus vínculos con sus personas queridas; llene su memoria con ellos. Anote todo lo que en las Fiestas le ha provocado el terapéutico ejercicio de las risa y la sonrisa, y aquello que le ha hecho sentir el cosquilleo vivido en lo primeros encuentros con su pareja. Tendrá a mano este bagaje siempre que quiera y sin esfuerzo.
(Tomado de María Jesús Ribas en la agencia EFE)

|