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Tarea y misión de la comunidad educativa pastoral

 


 

El concepto de “comunidad educativa pastoral” es inherente a aquellas instituciones educativas sustentadas por un ideario cristiano. Desarrolla su acción en centros de educación reglada, en instituciones que hacen del tiempo libre plataforma educativa, en estructuras cercanas a la parroquia que ponen el acento en los itinerarios de educación y maduración de la fe, en centros de acogida para menores en situación de riego o exclusión social...

El concepto “comunidad educativa pastoral” está formado por tres palabras que, nacidas de una visión cristiana de la vida, engloban tareas y compromisos. Una definición la hallamos en el Capítulo XXIV de los salesianos[6]:

  1. -          Es comunidad porque está formada por un grupo de personas comprometidas, en clima de familia, a ser signo visible de la “comunidad de los cristianos”
  2. -          Es educativa porque su misión primordial consiste en ayudar a los jóvenes a madurar y crecer en todos los aspectos de su existencia: culturales, profesionales, personales, sociales...
  3. -          Es pastoral porque acompaña a niños y jóvenes hacia el desarrollo de la dimensión religiosa de su persona, facilitándoles en encuentro con Cristo y el compromiso en la construcción del Reino y de la Iglesia.

 

Un primer desarrollo del concepto nos lleva a considerarla como: un grupo de personas que, desde una visión cristiana de la vida, se compromete a ser testigo de la sabiduría, desde la cercanía personal, construyendo convivencia y practicando la misericordia, la justicia y el derecho.

 

Ser testigos de la sabiduría

La tarea de una comunidad educativa no se agota con la mera transmisión de saberes. Apunta a cotas más altas. En una cultura en la que prima la adquisición utilitarista de conocimientos, es tarea primordial ahondar en el saber para facilitar un crecimiento armónico e integral. Para ello:

  1. -          Ayudar a niños, jóvenes y adultos a entender la historia, superando una visión epidérmica de los acontecimientos y desarrollando itinerarios para vivir la vida en profundidad.
  2. -          Facilitar el descubrimiento de los valores emergentes que facilitan el crecimiento con una visión optimista de la vida y de las posibilidades de la persona.
  3. -          Proporcionar una visión crítica de la realidad. Frente al vacío que genera una sociedad centrada en la producción y el consumo, la comunidad educativa propone un estilo de vida alternativo, fundamentado en los valores evangélicos, dotado de densidad y abierto a la trascendencia.

 

Desde la cercanía personal

Una comunidad educativa que hunde sus raíces en el modelo de vida de Jesús, potencia la cercanía personal: atender a cada cual según sus necesidades, personalizar la acogida, individuar la sanación y la salvación...

  1. -          Personalizar el anonimato, acompañar y escuchar.
  2. -          Ofrecer modelos de vida coherentes. Las propuestas educativas precisan tornarse cercanas y comprensibles; encarnarse en personas que los proclamen con su vida.

 

Construyendo convivencia y fraternidad

Los primeros cristianos abandonaron prontamente los rituales del Templo de Jerusalén y se constituyeron en Iglesia o Asamblea. La comunidad es inherente al hecho cristiano. Para hacer realidad esta propuesta en el mundo de la educación:

  1. -          Tejer una red de encuentros que vayan desde la información fluida hasta la acogida incondicional de todos los miembros.
  2. -          Gestionar adecuadamente la fiesta y el gozo de vivir en los momentos de encuentro.
  3. -          Integrar la diversidad. Jesús no sólo sanó las dolencias de los enfermos que le presentaban, sino que los integró en la sociedad proporcionándoles una nueva dignidad. La comunidad educativa que sigue los pasos del Maestro, no sólo atiende la diversidad, sino que la integra.

 

Practicar la misericordia, la justicia y el derecho

Jesús de Nazareth hizo suya alguna de las intuiciones de los profetas: el culto auténtico consiste en practicar la misericordia, la justicia y el derecho. Para ello:

  1. -          Acoger a quienes más sufren con una atención no sólo “asistencial” sino que facilite la inclusión.
  2. -          Educar los sentimientos. Desarrollar actitudes de misericordia, justicia y derecho en una sociedad donde impera la competitividad y el elitismo, requiere itinerarios progresivos para despertar la sensibilidad y favorecer la toma de decisiones en favor de quienes sufren la exclusión.

(Fuente: Juan Bosco Sancho, Misión Joven, n. 400)