LA VOCACIÓN EN LA METÁFORA DE LA SED
Hay veces en que la sed (de vida) es cotidiana. Una apetencia normal, que intento atender de la mejor forma y con los mejores deseos.
Pero otras veces es atroz. Y no encuentro respuesta ni nada que la colme. Entonces me siento peregrino en el desierto. Me pesan los silencios, y anhelo amor. Me vencen las heridas, y quiero humanidad. Me asusta la soledad, y espero encuentro. Me agobia el vacío, y ambiciono sentido. Me atrapa el vértigo de la actividad incesante, y añoro un poco de paz.
Me abruma el mundo, y ansío hogar. Me duele mi sequedad. Me asalta Tu distancia, y llamo: “¡Dios!”.
(Ante estas situaciones, siempre es bueno hacernos algunas preguntas que nos ayuden a movilizar nuestras vidas y a evitar la demora sin fecha de mi respuesta)
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¿Cuáles son en verdad mis anhelos más profundos?
¿Qué quiero en la vida? ¿quiero algo?
¿Qué me genera más deseo, inquietud, sueño?
¿Qué me impide tomar en serio una opción comprometida?
(Entresacado de los jesuitas de Castilla-León[ PJV]) |
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