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REFLEXIÓN DEL MES

(marzo 2007)

 

CONSUELA...QUIEN AMA

La palabra consolar viene del latín (cum-solor) y significa ayudar
a alguien a soportar la soledad, la adversidad, el dolor.
También significa: dar consuelo a alguien, ya sea con palabras,
ya con hechos, ya con actitudes (coger la mano, dar una abrazo)
o permanecer en silencio al lado de quien sufre y llora. Hay quien
dice: «Tu venida, tu presencia... me da consuelo».
Cicerón afirma que consuela quien «alivia», «endulza», «atenúa
», «ofrece paz»... ante la magnitud de una desgracia...
Consolar, actualmente, también se usa como «confortar», «mitigar
», «animar»: que es dar ánima, ayuda, vida.
Es tarea y oficio de los seguidores de Cristo, y a su imitación,
consolar al que está solo, al triste, al acongojado, a quien sufre sin
esperanza...
Hemos de ofrecer consuelo... acompañando a quienes lloran y
viven en el desconsuelo y la amargura después de la muerte de
un ser querido.
¿A quién hemos consolado hoy?
¿A quién hemos ofrecido una palabra de consuelo, de ayuda,
de ánimo... que empuje para superarse y seguir adelante...?
Jesús (Mt 5,3) nos dice: «Bienaventurados los que lloran... porque
ellos serán consolados».
Pero... para consolar... hay que amar.
Y consuela... quien ama. Un ejemplo: la madre.


(Tomado de J. M. Alimbau en Full Dominical, enero 2006)