volver al menú
 
¿PUEDES SIMPLEMENTE ESCUCHAR?:

Cuando te pido que me oigas y empiezas a darme consejos, no has hecho lo que yo te pedía.

Cuando te pido que me escuches y comienzas a decirme por qué no debería yo experimentar aquello, ultrajas mis sentimientos.

Cuando te pido que me oigas y sientes que debes hacer algo para solucionar mis problemas, también me fallas, por extraño que esto pueda parecerte.

Escucha, lo único que te pido es que me oigas. No que hables tú ni que hagas alguna otra cosa; únicamente te pido que me escuches.

Los consejos cuestan poco, por un poco de dinero puedo conseguir en un mismo periódico el consultorio sentimental y el horóscopo.

Puedo obrar por mí mismo, tampoco soy incapaz o inútil, quizás algo desanimado y aun indeciso, pero no incapaz.

Cuando haces por mí algo que yo puedo y tengo necesidad de hacer por mí mismo, contribuyes con ello a mis temores y acentúas mi inadecuación.

Pero cuando aceptas como un simple hecho que yo sienta lo que siento (poco importa lo razonable de ello), puedo entonces desistir de convencerte y empezar a comprender lo que hay más allá de esos sentimientos irracionales o inadecuados. Cuando esto es claro, las respuestas se tornan evidentes y entonces ya no tengo necesidad de consejos.

Los sentimientos irracionales se vuelven inteligibles cuando comprendemos lo que hay más allá de ellos.

Quizás a ello se debe el que la Oración dé resultado con frecuencia para algunas personas, pues Dios permanece callado. El o ella no da consejos. No intenta arreglar los asuntos. Simplemente escucha y te deja que resuelvas por tí mismo los problemas.

Así que, si te parece, escucha y entiéndeme.

Y si quieres hablar, espera sólo un instante y yo te escucharé.