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Poemas para rezar

Viernes Santo

 

"Este cáliz apártalo de mí.

Pero si es necesario"

Y el cáliz de amargura necesaria,

fue llevado a la boca, fue bebido.

La boca, todo el cuerpo,

el alma del más puro

aceptaron el mal sin resistencia.

Y el mal era injusticia, dolor ­un dolor infligido con burla ­

y sangre derramada.

Todo era necesario

para asumir aquella hombría atroz.

Era el Hijo del hombre.

Hijo con sus apuros, sus congojas,

porque el Padre está lejos o invisible, y le deja ser hombre, criatura

de aflicción y de gozo,

de viernes y de sábado

sobre cuestas y cuestas.

¿Por qué le abandonaste si es tu Hijo?

Y los cielos se nublan,

la tierra se conmueve,

hay fragor indignado:

todo ve la injusticia. ¿Necesaria?

También sufren los justos que condenan el mal y rechazan su ayuda.

Pero el Hijo del Hombre sí la quiere.

Él es quien debe allí, sobre la cuesta humana, cargar con todo el peso de su hombría, entre los malos, colaboradores, frente a los justos que al horror se niegan.

Culminación de crisis, a plenitud alzada.

Esta vida suprema exige muerte.

Ha de morir el Hijo.

Tiene que ser el hombre más humano.

También los minutos serenos transcurrieron:

hubo días hermosos con parábolas.

Es viernes hoy con sangre:

sangre que a la verdad ya desemboca.

Y entonces

Gemido clamoroso de final.

Un centurión ya entiende.

Lloran las tres Marías. Hombre sacro.

La Cruz.

Jorge Guillén

 

Sábado de Gloria

Sábado

¡Ya Gloria aquí!

Maravilla hay para ti.

Sí, tu primavera es tuya.

¡Resurrección, aleluya!

Resucitó el Salvador.

Contempla su resplandor.

Aleluya en esa aurora

que el más feliz más explora.

Se rasgan todos los velos.

Más Américas, más cielos.

Ha muerto, por fin, la muerte.

Vida en vida se convierte.

Explosiones de esperanza.

¡A su forma se abalanza!

Por aquí ha pasado Aquel.

¡Viva el Ser al ser más fiel!

Todo a tanta luz se nombra.

¡Cuánto color en la sombra!

Se arremolina impaciente

la verdad. Triunfe el presente.

Alumbrándome fulgura

ya hoy mi suerte futura.

Magnífico el disparate

que en júbilo se desate.

El Señor resucitó.

Impere el Sí, calle el No.

Sí, tu primavera es tuya.

¡Resurrección, aleluya!

Sábado

¡Gloria!

Confía toda el alma en su alegría.

Jorge Guillén