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MEDITACIONES VOCACIONALES PARA LOS DOMINGOS 2º Y 3º DE PASCUA - CICLO C

Segundo Domingo de Pascua

 

Hech 5,12-16
Ap 1,9-11ª.12-13.17-19
Jn 20,19-31

 

1. Comentario Vocacional

            Todos los años la liturgia nos presenta “a los ocho días” de la Pascua, el evangelio de la confesión de Tomás. Como ya lo hemos comentado detenidamente en los ciclos A y B, nuestra reflexión partirá ahora de la segunda lectura que podemos considerar como una verdadera lectura vocacional.

            Efectivamente, Juan nos ofrece un relato de una segunda vocación vivida “cuando estaba desterrado en la isla de Patmos”. Allí, el día del Señor (un domingo) cayó en éxtasis. Es importante este detalle porque nos presenta el domingo como día por antonomasia para el encuentro con el Señor. Así ya tenemos un elemento para revisar cómo son nuestros domingos y si realmente facilitan este encuentro que nos haga “caer en éxtasis”.

            Juan nos cuenta que se volvió para ver quién le hablaba. Y este gesto de volverse nos sugiere una conversión-metanoia, un giro en su vida. Porque se convierte, es capaz de ver. Sin embargo lo que ve le hace caer como muerto. Juan necesita una mano que le toque y le quite el temor. Resuena, como tantas veces hemos leído en los relatos de vocación, un “no temas” que le da la paz.  No obstante, necesita que se le repita por segunda vez su misión: “Escribe todo lo que veas”. Este es el encargo, el ministerio que Juan recibe como un profeta.

            El evangelio nos ofrece otro historia de conversión, la de Tomás. Los apóstoles le dicen “hemos visto al Señor”, pero él contesta “si no veo… no lo creo”. Tomás necesita ver y tocar para creer, como cada uno de nosotros que vivimos como peregrinos en un mundo de dudas. Sin embargo y contrariamente a lo que se piensa, Tomás se convierte en un modelo de creyente. Él nos deja esa confesión de fe que es el centro de todo el capítulo 20 de san Juan: “¡Señor mío y Dios mío!”. Y es ese posesivo “mío” el que muestra un encuentro personal profundo con el Resucitado.

            Porque aquí está la clave. Lo que Juan y Tomás ven y tocan es el Señor Resucitado, por eso se convierten en sus testigos. Es un encuentro con una persona y no con una doctrina o una ideología, lo que cambia sus vidas. Por eso Juan, fiel a su misión, escribe “para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre”. Queda de manera clara y manifiesta que la misión de Juan es la de llevar los otros a la fe en Jesús. Una fe que se vive en comunidad como nos muestra la primera lectura.

            Lucas nos ofrece uno de esos sumarios que nos muestra cómo vivía entonces la comunidad de cristianos y cómo debería vivir siempre. Una comunidad que ha visto al Resucitado es una comunidad en la que sus miembros hacen “muchos signos y prodigios” siguiendo la obra de Jesús. Hay que reconocer que Lucas utiliza la misma expresión que usaba en sus resúmenes sobre la actividad de Jesús, lo cual nos muestra la continuidad de la obra de salvación de Jesús en la comunidad.

            Los llamados, los vocacionados, deben ante todo ver, contemplar, el Señor Resucitado para terminar reconociéndole como Señor a la manera de Tomás. Pero el mundo de hoy tiene necesidad de “escritores”, de gente que se sean “evangelio vivos” (Buena Noticia) para un mundo agotado y necesitado de resurrección.
           
2. Ideas para la homilía

-Nos acercamos a Juan que nos narra una experiencia vocacional. Recibe una llamada de Dios a la que responde desde la conversión. Y después una misión: “Escribe lo que veas”.
-Nos acercamos también a Tomás que ha hecho su propio proceso de conversión para terminar confesando “Señor mío y Dios mío”.
-Lo que Juan y Tomás ven y tocan es el Señor Resucitado. La finalidad de lo que escribe es para llevar a los otros a la fe en Jesús y vivir en comunidad
-Esta comunidad que se caracteriza por sus signos y prodigios que son los mismos que los que hacía Jesús.
-Hoy el mundo necesita “escritores” de la Buena Noticia.

3. Preguntas para la reflexión personal o en grupo

-¿Vives el domingo como un día de encuentro con el Señor?
-¿De qué te tienes que girarte para poder ver al Señor?
-¿Qué significa para ti la misión de “escribir todo lo que ves”?
-¿Cómo vives en tu vida la confesión de fe de Tomás?
-¿Crees que tu comunidad realiza los signos y prodigios de Jesús?

4. Un poco de poesía

Escribo
          porque es mi manera de estar viva.
          Porque a veces no entiendo por qué
          si tengo tanto miedo, soy tan feliz.
          Porque escribir el dolor lo calma.
          Y escribir el amor me hace creer en él.
          Porque escucho cada día una canción
          que sólo suena para mí.
          Porque le he dado forma a mi vida,
          y, sin embargo, añoro lugares y personas
          que no conoceré nunca.
          Porque la soledad es más bella en un poema.
          Porque puedo conservar los instantes felices
          si el papel los abraza. Y porque tengo derecho
          a desangrarme como más me duela.
          Porque muchas veces no sé cómo decir,
          y así lo digo de algún modo…

          Escribo porque la vida no es suficiente.
          Y algo tengo que hacer para entender
          qué hago aquí y como puedo
          acercarme, verso a verso, a la luz.


(María Jesús Alvarado, Extraña Estancia)

 

Tercer Domingo de Pascua

 


Hech 5, 27b-35. 40b-41
Ap 5, 11-14
Jn 21, 1-19

1. Comentario vocacional

            Todos tenemos claro que la Iglesia está para evangelizar y que su misión es la razón de su identidad y su existencia, tal y como nos dijo Pablo VI. Lo que ocurre es que las circunstancias históricas y sociales hacen que la evangelización se pueda hacer de una u otra manera. No obstante hay unos principios innegociables que no se pueden olvidar. Esos principios los encontramos en el evangelio de hoy.
            El texto que nos propone la liturgia es un añadido al evangelio de Juan como un “relato de misión”, al ejemplo de lo que es el libro de los Hechos con respecto al evangelio de Lucas. En ambos casos lo importante es la misión de la Iglesia. Una misión que consiste en pescar tal y como dijo Jesús en el momento de la llamada: “os haré pescadores de hombres”. Una misión que concierne a todos los miembros de la Iglesia, de ahí que diga que los apóstoles son siete, para expresar con este número la plenitud o totalidad de “los agentes de pastoral”.
            Es además, una misión que se realiza de noche y en territorio hostil, como son las aguas del lago que aparece con un nombre pagano, Tiberíades. Es por ello una misión que se debate entre el éxito y el fracaso. En su primer intento, aquellos pescadores especialistas fracasaron porque no basta sólo el esfuerzo del hombre. Sin embargo todo cambia cuando “estaba ya amaneciendo”.
            Cuando el Resucitado se hace presente la misión tiene éxito. Por eso se recogen 153 peces, un número que refleja la abundancia de la gracia y la plenitud y la universalidad de los llamados a la Iglesia. Así, aunque son muchos “no se rompió la red”. Todos caben en la comunidad del Resucitado y ninguno se pierde.
            Verdaderamente Jesús Resucitado hace posible la misión, pero también la comunidad. Jesús cuida y alimenta a sus amigos, prepara el desayuno, “se acerca, toma el pan y se lo da”. La referencia a la Eucaristía es más que evidente. Pero no se trata sólo de recibir el don, también los pescadores son invitados a ofrecer del fruto de su trabajo y su esfuerzo. Es Jesús quien se lo pide.
            El encuentro con el Resucitado cambia a los discípulos. Lo vemos en Pedro quien tiene un gran protagonismo en el relato. “Al oír que era el Señor” se produce en él una increíble reacción. Estaba desnudo, es decir, vulnerable y miserable, pero enseguida toma la túnica como gesto de disponibilidad para el servicio y se lanza al agua para “mojarse” y entregar la vida.
            No es el Pedro que por tres veces negó a Jesús. Ahora por tres veces le dirá que le quiere, que le ama, como una reparación de su triple negación. Sin embargo el mérito de este amor no es suyo viene de Jesús como siempre. Jesús no le echa en cara nada, no se queja de nada, no le pide explicaciones. Simplemente ama a Pedro. Y Pedro no tiene otra que devolverle el amor. Y porque ama recibe una misión “apacienta mis ovejas”. Y porque ama es capaz de seguir a Jesús esta vez hasta la muerte.

2. Ideas para la homilía

-El evangelio de hoy nos ofrece unas pistas innegociables para entender la misión de la Iglesia.
-La misión concierne a todos porque todos son llamados a ser “pescadores de hombres”.
-Las condiciones en las que se realiza la misión nos llevan fácilmente al fracaso si sólo confiamos en nuestro esfuerzo personal. Pero todo cambia si el Resucitado guía y acompaña la misión.
-Jesús Resucitado también crea la nueva comunidad en torno a la Eucaristía y nos pide nuestra ofrenda.
-El encuentro con él cambia la vida del apóstol. Por eso donde hubo la negación y el pecado es posible el amor y la gracia.

3. Preguntas para la reflexión personal o en grupo

-¿Qué experiencias de fracaso has tenido en tu trabajo pastoral? ¿Qué has aprendido de esas situaciones?
-Sin embargo, la presencia del Señor hace que algo que parecía no funcionar salga bien. ¿Cuándo has sentido actuando la mano del Señor en tus actividades pastorales?
-¿Cuáles son las dificultades a las que te enfrentas a la hora de llevar a cabo la misión?
-¿En qué sentido la Eucaristía te da las fuerzas para continuar? ¿Qué es lo que llevas y ofreces a la hora de celebrar la Eucaristía?
-¿Qué te dice la respuesta de Pedro “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”?

4. Un poco de poesía

ECHA LAS REDES

Desde que Tú te fuiste no hemos pescado nada.
Llevamos veinte siglos echando inútilmente
las redes de la vida,
y entre sus mallas sólo pescamos el vacío.
Vamos quemando horas y el alma sigue seca.
Nos hemos vuelto estériles
lo mismo que una tierra cubierta de cemento.
¿Estaremos ya muertos? ¿Desde hace cuántos añosno nos hemos reído? ¿Quién recuerda
la última vez que amamos?
Y una tarde Tú vuelves y nos dices:
«Echa la red a tu derecha, atrévete de nuevo a confiar, abre tu alma,
saca del viejo cofre las nuevas ilusiones,
dale cuerda al corazón, levántate y camina».
Y lo hacemos sólo para darte gusto. Y, de repente,
muestras redes rebosan alegría,
nos resucita el gozo
y es tanto el peso de amor que recogemos
que la red se nos rompe cargada
de ciento cincuenta nuevas esperanzas.
¡Ah, Tú, fecundador de almas: llégate a nuestra orilla,
camina sobre el agua de nuestra indiferencia,
devolvenos, Señor, tu alegría!
(J.L.Martín Descalzo)

 

Cuarto Domingo de Pascua

 

Hech 13, 14.43-52
Ap 7, 9.14b-17
Jn 10,27-30

 

1. Comentario vocacional

            Como cada cuarto domingo de Pascua, la liturgia nos presenta a Jesús como Buen Pastor a partir de diferentes textos extraídos del capítulo 10 de san Juan. En el conjunto del evangelio, este tema aparece después del signo de la curación del ciego de nacimiento y la polémica que surge entre los judíos. En medio de esta discusión no conviene perder de vista los versículos previos al evangelio de hoy. Los judíos, que están en vilo, le piden a Jesús que diga abiertamente si es el Mesías. A lo que Jesús responde diciendo: “Os lo he dicho, pero no lo creéis. Mis credenciales son las obras que yo hago en nombre de mi Padre, pero, como no sois ovejas mías, no creéis”.

            Jesús no se presenta directamente como el Mesías pues sabemos la confusión y ambigüedad que este término suscitaba. Jesús utiliza otro título, el de Buen Pastor, que ya el Antiguo Testamento lo aplicaba a Dios como protector de su pueblo. Y Jesús se define como aquel que conoce las ovejas, a las que da la vida eterna y a las que protege.

            Jesús conoce como nadie sus ovejas porque las ama, y porque las ama les da la vida eterna, una vida que sale de sí mismo porque ha vencido la muerte. Por eso nada ni nadie las puede arrebatar de su mano, puesto que son un regalo que viene del Padre. Incluso después de la muerte, las ovejas le seguirán perteneciendo.

            Hoy es un día para sentirse oveja, pero no en el sentido de “ser un borrego”. Se trata de redescubrir a Jesús como el pastor de mi vida y de nuestra Iglesia. Él me conoce, me ama, me da la vida eterna, me protege. Y volver a conjugar todo esto desde el “nosotros” porque una oveja no hace un rebaño si no es al lado de otros hermanos y hermanas.

            Pero no basta con ser oveja, se trata de ser una oveja de Jesús, y de ser una buena oveja. De los judíos se dice que no son ovejas de Jesús.  Él dice que sus ovejas le escuchan y le siguen. La escucha y el seguimiento son las dos actitudes propias del discípulo de Jesús. Como consagrados o personas ya “metidas de lleno” en el camino vocacional también escuchamos la voz de Jesús un día. Por eso le seguimos entonces. Pero eso no basta. Es preciso tener una permanente actitud de escucha que nos hace estar siempre disponibles.

            Sin embargo hemos de ser honestos con nosotros mismos y preguntarnos si de verdad escuchamos actualmente al Pastor o escuchamos otros pastores en este mundo lleno de ruidos o si nos escuchamos a nosotros mismos. Hoy no es fácil reconocer la voz de Jesús, hay muchas voces y es posible equivocarse. Estas voces se hacen mucho más presentes en momentos de desánimo y de crisis. Y si las escucho corro el riesgo de seguirlas. En definitiva, soy infiel.

            Por el contrario, el Apocalipsis reconoce la victoria de aquellos que “vienen de la gran tribulación”.  Ellos recibirán como premio las aguas vivas, ya no tendrán hambre ni sed, y el Cordero será una vez más su pastor. Es nuestra responsabilidad, la de renovar todos los días esta capacidad de escucha para ser fieles.

            Como cristianos seguidores de Jesús que hemos hecho una opción vocacional, estamos llamados a reproducir sus gestos y sus actitudes. Todos, de una cierta manera somos pastores porque siempre tenemos gente a nuestro cargo, bajo nuestra responsabilidad y cuidado en todos los niveles de la vida. Estamos llamados, entonces, a conocerles y amarles profundamente como hace Jesús mismo. Estamos llamados a darles la vida eterna y no cualquier otra vida o cualquier otra cosa como sucedáneo. Si no les damos la vida eterna que viene de Jesús, les traicionamos y traicionamos al propio Jesús. Finalmente, estamos llamados defenderlas de todo peligro. Estas personas las hemos recibido como un regalo de Padre, no nos pertenecen, sino que son del Padre. Y es él mismo quien nos va a ayudar a protegerlas con su fuerza.

2. Ideas para la homilía

-En los versículos previos al evangelio, los judíos preguntan a Jesús si es el Mesías, pero no lo pueden reconocer porque no son sus ovejas.
-Jesús como Buen Pastor conoce sus ovejas, las da la vida eterna y las protege. Es un día para sentirse conocido y protegido por Jesús.
-Las actitudes propias de los discípulos de Jesús, de las buenas ovejas, son la escucha y el seguimiento.  ¿Escucho verdaderamente a Jesús?
-También nosotros debemos revivir los gestos de Jesús hacia aquellas personas que están a nuestro cargo.

3. Preguntas para la reflexión personal y en grupo

-¿Qué significa para tu experiencia de fe que Jesús es el Buen Pastor que te conoce, te da la vida eterna y te protege?
-¿Cómo vives la idea de ser oveja dentro del rebaño de la Iglesia?
-¿Crees que escuchas verdaderamente la voz de Jesús?
-¿Cuáles son las voces que molestan hoy? ¿Qué haces para evitarlas?
-¿Te escuchas demasiado a ti mismo?
-¿Cuáles son las personas que tienes a tu cargo ante quienes estás llamado a reproducir las actitudes de Jesús como Buen Pastor?
-¿Crees que eres un buen pastor? ¿Por qué?

4. Un poco de poesía

 

Hoy queremos darte gracias, Señor,
porque nos conoces y nos amas,
porque somos tuyos y das tu vida por nosotros.

Queremos también conocerte a ti,
seguirte sintiéndote a nuestro lado,
oír cómo nos llamas a cada uno
por nuestro nombre.

Es verdad que muchas veces nos olvidamos de ti,
pero sabemos que tú nos esperas;
es cierto que muchas veces te ignoramos,
pero, de pronto, escuchamos tu voz
y te encontramos junto a nosotros.

Descúbrenos cómo eres, Jesús,
para que nos resulte más fácil conocer
y amar a Dios.

Gracias por ser ese Buen Pastor
que ha dado por nosotros lo mejor que tenía: la vida.
Gracias porque nos conoces y nos amas.

 

(Mª Victoria Molins)

 

 

Preparado por Carlos Comendador Arquero