
MEDITACIONES VOCACIONALES PARA LOS DOMINGOS DE PASCUA - CICLO A
Hech 10, 34ª. 37-43
Col 3, 1-4
Jn 20, 1-9
1.Comentario Vocacional
Ofrecer un comentario vocacional al primer domingo de pascua no es fácil. Parece que se tratase de desviar la atención del significado profundo de la Pascua a un elemento muy concreto de la vida cristiana como es la vocación. Pero no es así. Partiendo del hecho de que la vocación es una vivencia que tiene todo cristiano, sabemos por experiencia que esa vivencia nace de un encuentro con el Cristo resucitado. En este sentido, las lecturas de hoy nos ofrecen un apoyo en nuestro crecimiento vocacional.
El evangelio de Juan que la liturgia nos ofrece en la eucaristía de la mañana es muy sugerente. Sobre todo porque este relato que abre el día de la resurrección tiene una serie de diferencias con respecto a los sinópticos que nos dan unas pistas insospechadas para nuestra reflexión. En los otros tres evanglios encotramos a María Magdalena y un grupo de mujeres que encuentran el sepulcro vacío. Esto les llena de miedo. Sin embargo reciben la aparición de un ángel que les anuncia la buena noticia de la resurreción del Maestro.
Por el contrario, en el texto joánico no encontramos al principio ni ángeles ni una manifestación abierta del Señor. Podríamos decir que es un relato de la “ausencia” del Resucitado. El sepulcro está vacío. Eso es todo. Y ante este sepulcro vacío se acercan tres personajes María, Pedro y “el otro discípulo”, con tres reacciones distintas. El verbo “ver”, que tanto importacia tiene en el cuarto evangelio, marcará aquí la diferencia entre ellos.
En primer lugar María Magdalena “vio” la losa quitada y echó a correr (vv. 1-2). Ella constata que el sepulcro está abierto, pero no se acerca, ni mira al interior ni entra dentro. Por ello saca conclusiones equivocadas: “se han llevado al Señor” (v.2). Sin embargo, esto no nos debe extrañar. Juan recalca que fue al sepulcro “al amanecer, cuando todavía está osucro”. Los estudiosos señalan que este término que refleja tinieblas u oscuridad, siempre tiene un sentidio fiturativo en el cuarto evangelio. María se ha acercado a la tumba desde la oscuridad de la falta de fe en Jesús. Por eso no ha encontrado nada.
El otro discípulo llega después y “vio” las vendas en el suelo pero no entró. Es Pedro quien entra (verbo que marca la diferencia y nos muestra un paso más en el proceso de fe) y ve la vendas y el sudario. Pedro ha ido más lejos que la mujer, ha entrado y ha encontrado todo en orden, pero ¿qué ha pasado? El orden de las cosas sólo pueden ser un indicio de que el cuerpo no ha sido robado.
Es del otro discípulo de quien se nos dice que “vio y creyó” (v.8). Él ha cubierto todas las etapas del proceso: ha visto, ha entrado y ha creído. El evangelista nos propone a este discípulo como modelo pues ha creído en la resurreción desde los “signos de la ausencia”. No ha necesitado ni de ángles ni de una manifestación explícita del Cristo. Su fe es una fe pura.
Este proceso es el mismo por el que tenemos que pasar en nuestro camino vocacional. Al final hemos de llegar a una fe desnuda de adornos superficiales. Muchas veces nos hemos encontrado o nos encontraremos en esa noche oscura de la que tanto hablan los grandes místicos. Una noche que nos exigirá ir más allá para terminar dando nuestro sí incluso en la ausencia de quien nos ha llamado.
Esta fe en el Cristo resucitado nos lleva a unas consecuencias que nos muestran las otras dos lecturas. En primer lugar hay que considerar que la resurección de Jesús no es un mero acontecimiento histórico. Su resurrección debe convertirse en nosotros en un acontecimiento personal: “habéis resucitado con Cristo” nos dice S.Pedro (v.1). Por ello nuestra vida es otra, con otros intereses, otras motivaciones y otros objetivos. Aspirar a los bienes de arriba donde está Cristo (v.2) es vivir y actuar con una escala de valores que no es la de este mundo.
Pero el encuentro íntimo con el Resucitado (expresado en el “comer y beber con él”) no es sólo un asunto personal, sino que nos convierte en apóstoles y misioneros: “nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio...”. El fragmento del discurso de Pedro en la casa de Cornelio (primer pagano bautizado) que leemos hoy nos ofrece además la posibilidad de fijarnos en el contenido del anuncio, sobre todo la descripción de Jesús que no tiene desperdicio y merece analizar detenidamente.
Miremos y examinemos qué es lo que desea nuestro corazón para saber si de verdad nos hemos dejado resucitar con el Cristo. Miremos y examinemos también las palabras de nuestro testimonio para descubrir la imagen de Jesus que anunciamos a los demás.
2. Ideas clave para la homilia
- Juan nos ofrece un primer relato de la resurreción en el que no hay ni apariciones de ángles ni manifestaciones del Cristo, tal y como ocurre en los sinópticos.
- Hay un proceso de fe que reflejan cada uno de los personajes del evangelio y se expresa en tres acciones: ver, entrar y creer.
- El otro discipulo es el que ve y cree en la resurreción de Jesús a partir de los signos que la anuncian. No tuvo necesidad de apariciones de ángeles.
- La resurrección de Jesús deber ser un acontecimiento personal, de tal modo que también nosotros resucitemos con él.
- Este encuentro con el Resucitado nos llevara a ser testigos y apóstoles de aquel hombre “que pasó haciendo el bien”.
3.Preguntas para le reflexión grupal o personal
-¿He tenido experiencia de la noche oscura de la fe? ¿Cómo la he vivido? ¿Cómo he conseguido mantenerme fiel?
-¿Hay ahora algún elemento en tu vida que indique que te encuentras en la oscuridad?
-¿Dónde, cuándo y cómo buscas al Resucitado?
-¿Qué experiencia tienes de haber resucitado con Cristo? ¿Cómo se refleja en tu vida?
-¿En qué sentido buscas los bienes de arriba?
-¿En qué se puede decir que eres apóstol del Resucitado?
-Cuando hablas de Jesús ¿qué dices de él?
4.Un poco de poesía
Viví jugando a demasiadas cosas,
a vivir, a soñar, a ser un hombre.
Tal vez nazca al morir, aunque me asombre,
como nacen, soñándose, las rosas.
Dame tus manos misericordiosas
para que el corazón se desescombre.
Dime si es cierto que, al pensar tu nombre,
se vuelven las orugas mariposas.
Sé que los cielos estarán abiertos
y aún más abierta encontraré la vida.
Ya no seremos nunca más cautivos.
Ganaremos, perdiendo la partida.
Y, pues hemos vivido estando muertos,
muriendo en la luz despertaremos vivos.
(José Luis Martín Descalzo)
5.Para darle vueltas
“No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho, y así lo que más os despertare amar, eso haced” (Santa Teresa)
Segundo domingo de pascua |
Hech 2, 42-47
1 Pe 1, 3-9
Jn 20, 19-31
1.Comentario Vocacional
En el evangelio de hoy encontramos dos apariciones de Jesús que siguen un esquema muy parecido. Les separa una semana lo cual refleja la intención del evangelista de reflejar las reuniones de la comunidad cristiana en “el día del Señor, el día de la resurrección”.
En la segunda reunión-celebración la figura de Tomás tiene un relieve remarcado con el fin de dejar una catequesis clara a los cristianos futuros. Nosotros ya nos hemos acostumbrado de hablar de la resurrección de Jesús y lo vemos como algo normal. Pero conviene hacer un esfuerzo para ponerse en el lugar de esos pobres seguidores de Jesús. Ellos no estaban predispuestos a la resurrección, algo que si bien aceptaban algunos judíos (los fariseos), se esperaba al final de los tiempos.
Tomás representa el escepticismo y el realismo ante un acontecimiento que escapa al control humano. Tomás representa nuestra propia tentación de tener certezas “palpables” de nuestra fe. Muchos jóvenes tienen miedo de sentirse llamados por Jesús. Ese miedo nace de la misma incertidumbre de Tomás (¿de verdad el Señor me llama? ¿Cómo puedo estar seguro de ello?). Pero en la vocación no hay certezas, sino amor, simplemente.
Según los estudiosos, todo el capítulo 20 de Juan conduce a un fin buscado y previsto. Hay una pedagogía en los textos (sepulcro vacío, aparición a la Magdalena y a los discípulos) para desembocar en una confesión de fe: “¡Señor mío y Dios mío!” (v.28). Se puede ver fácilmente que el título de “Señor” aparece varias veces en boca de la Magdalena (vv.2.13.18) y de los discípulos (v.25). Pero es Tomás, tantas veces presentado como ejemplo de duda y poca fe, quien le reconoce y confiesa como Señor y Dios, añadiendo además un adjetivo posesivo (Señor mío y Dios mío) que la convierte en una confesión completamente personal. Juan, como punto de llegada de la fe pascual, nos presenta a Tomás como modelo de creyente, como aquel que ha sido capaz de desentrañar y descubrir la verdadera identidad de Jesús.
Sin embargo, el evangelista recoge una bienaventuranza de Jesús para los cristianos del futuro (“Dichosos los que crean sin haber visto” v.29). Probablemente en la comunidad de Juan habría ya miembros de una “segunda generación” que no conocieron ni siguieron personalmente a Jesús. Para ellos y para los que vendrán después, él escribe su evangelio para “que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su Nombre” (v.31). Tendríamos que reflexionar para saber si verdaderamente hemos llegado una confesión personal de nuestra fe, si tenemos una experiencia personal de encuentro con Jesús. Sin esa experiencia personal, quien se embarca en la aventura de la vocación, pronto encontrará dificultades.
En la primera aparición Jesús hace un envío de los discípulos. Su misión será la de continuar la misma misión de Jesús y no otra; la misión que le había encomendado el Padre: perdonar los pecados. Bien sabemos que en el cuarto evangelio el pecado se identifica con la renuncia a creer en Jesús y aceptar su obra salvadora. Lo cual no deja de sorprendernos que Jesús envíe a los suyos a perdonar a los que no quieren creer. Sin duda es una lectura complementaria a los textos de envío que se encuentran en los sinópticos. Hay que añadir finalmente que para que los discípulos puedan llevar a cabo su misión necesitan el Espíritu que Jesús les da en un gesto que recuerda una nueva creación.
Aunque la fe es una opción y decisión personal, aunque la vocación también es personal, no podemos prescindir de su dimensión comunitaria como nos refleja la primera lectura. Se nos da una descripción idealizada de la primera comunidad para que nos sirva de ejemplo a lo largo de los siglos. Lucas no nos muestra las normas que la regían, sino que nos habla de la vida que había en ella. Y los rasgos que yo destacaría de esa vida serían: la constancia (perseverancia), la alegría y la unidad. Con estos elementos la manera de vivir la fe en comunidad es en sí testimonio para los otros. La vida de nuestra comunidad es en sí misma misionera. Revisemos si verdaderamente nuestra comunidad da ese testimonio.
2.Ideas clave para la homilía
-Tomás es el hombre que desde un realismo busca la certeza de la resurrección de Jesús.
-Pero Juan nos presenta a Tomás como modelo de creyente. Su confesión de fe nos muestra la identidad de Jesús como Hijo de Dios.
-Jesús resucitado envía la comunidad de los apóstoles a continuar su propia misión que consiste en el perdón de los pecados. Para ello les da su Espíritu.
-La vida de la primera comunidad cristiana se nos presenta también como modelo. Su manera de vivir era en sí misma, un testimonio provocador.
3.Preguntas para la reflexión personal o grupal
-¿Qué dudas e incertidumbres experimento en mi vida de fe y en mi vocación?
-¿En qué cosas soy escépticos o realista?
-¿En qué medida tengo una experiencia personal de fe y de encuentro con el Señor?
-¿Te sientes enviado a continuar la misma tarea de Jesús? ¿Qué tendrías que hacer para sentirte más “misionero”?
-¿Cómo anda tu comunidad en cuento a la constancia, la alegría y la unidad? ¿Qué puedes aportar tu para mejorar la situación?
4.Un poco de poesía
Poema I
Dinos, Señor, dónde resides. Dónde
pones tu pie de paz, dónde tu casa:
si en el mar de los muertos o en la brasa
de la noche… ¿Por qué, Señor, se esconde
tu corazón – adonde rueda, adónde –
después que nos roza y nos abrasa?
¿Por qué ocultas tu labio cuando pasa
bebiendo nuestro amor…? ¿Por qué? Responde.
Yo te quiero en mi mano, dulcemente
amarrado y en vilo por amarnos,
en vilo y entre rejas prisionero.
Suene mi río al son de tu corriente.
Que tus ojos se laven al mirarnos.
Y no vuelvas a huir, ¡oh forastero!
(Vicente García Hernández)
5.Para darle vueltas
“La vocación no es cuestión de evidencia, sino de amor” (Jorge Sans Vila)
Carlos Comendador
(Continuará) |