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ORACION VOCACIONAL

Monición de entrada
     A los más generosos Dios los llama a seguirle de cerca, a ser sus amigos íntimos de una manera especial. El hombre puede decir que no: pero si uno se entrega, será otro Cristo.
     Cristo en su vida tuvo muchos discípulos, hombres buenos y generosos que se adhirieron a El y le siguieron. Pero Jesucristo escogió a doce de entre ellos para que estuvieran siempre junto a El. Fueron los apóstoles. Les pidió una generosidad mayor: lo tuvieron que dejar todo, recibieron una llamada especial.
     Dios sigue llamando, escogiendo a alguno de entre los cristianos y les invita a seguirle más de cerca, con mayor entrega y sacrificio. Hoy, en estos momentos de oración, pensemos un poco en esta llamada especial de Dios. ¿A alguno de nosotros no nos llama el Señor para ser sus sacerdotes? Pensemos en el plan que Dios tiene sobre nosotros.

Canto de entrada: «Alegría de vivir».

Saludo del celebrante
     
Que el Señor, que es el Camino, la Verdad y la Vida, nos ilumine para conocer la vocación a la que nos ha llamado y que su gracia descanse sobre vosotros.

Primera lectura: Jr 20,7-11.

Oración

Dirigente: Enséñame, Señor, tus caminos, adiéstrame en tus sendas porque tú eres mi Dios.

Todos: Me has seducido, Señor, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido.

Dirigente: ¡Cuán amables, Señor de los ejércitos!, ¡qué hermosas son tus moradas! Dichosos los que viven en tu casa y te alaban cada día.

Todos: Me has seducido, Señor, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido.

Dirigente: Llegarán los sacerdotes al altar del Señor, su riqueza será sus sacerdocio, el Señor será su herencia.

Todos: Me has seducido, Señor, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido.

Dirigente: Que los que escuchen, Señor, tu voz en su corazón sepan responder generosamente como Jeremías, como el joven Samuel, como tus apóstoles...

Todos: Me has seducido, Señor, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido.

Segunda lectura: Mc 10,17-22.

Monición
     
El Señor no quiere forzarnos, quiere que nos demos a El con plena libertad, por amor. También otro joven recibió la misma llamada que los apóstoles. Pero no quiso seguir a Jesús.

Homilía

Respuesta a la Palabra de Dios
     
Respondamos a la Palabra de Dios que hemos oído, con las mismas palabras con que la Virgen agradeció a Dios su elección para ser su madre. (Canto del Magnificat, de pie).

Oración en común

Celebrante: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La mies es mucha, pero los obreros pocos, rogad al dueño de la mies para que envíe obreros a su mies», escucha las oraciones que te dirigimos.

Todos: Te lo pedimos, Señor.

Dirigente: Que te dignes depositar la semilla de la vocación en el corazón de muchos jóvenes.

Todos: Te lo pedimos, Señor.

Dirigente: Que reconozcan ellos tu llamada y la sigan con generosidad y alegría.

Todos: Te lo pedimos, Señor.

Dirigente: Que asistas con tu gracia, y libres de peligros a los que han respondido a tu llamada y se preparen para ser sacerdotes.

Todos: Te lo pedimos, Señor.

Dirigente: Que te dignes escoger a muchos de nosotros para tu servicio.

Todos: Te lo pedimos, Señor.

Dirigente: Que concedas a tu Iglesia el don de numerosas vocaciones para extender tu Reino, y que tu Reino sea glorificado en toda la tierra.

Todos: Te lo pedimos, Señor.

Dirigente: Que nuestras familias cristianas sean siempre el primer seminario.

Todos: Te lo pedimos, Señor.

Oración final
     
Señor Jesús, que llamaste a los apóstoles para hacerlos pescadores de hombres, trae hacia ti las almas ardientes y generosas de los jóvenes, para hacerlos tus seguidores, tus ministros. Hazlos partícipes de tu sed de redención universal, por lo cual renuevas sacrificio sobre los altares. Tú, Señor, siempre dispuesto a interceder por nosotros, descúbreles los horizontes del mundo entero, donde la silenciosa súplica de tantos hermanos pide la luz de la verdad y. el calor del amor, para que respondiendo a tu llamada prolonguen aquí, en la tierra, tu misión, edifiquen tu Cuerpo Místico, la Iglesia, y sean sal de la tierra y luz del mundo.
     Extiende, Señor, tu llamada a numerosas almas, e infúndeles el ansia de la perfección evangélica, y la entrega al servicio de la Iglesia y de los hermanos necesitados de asistencia y caridad. Amén.

Despedida
     
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os ayude a ser fieles a la vocación que cada uno de vosotros ha recibido.
Todos: Amén.

Canto final: «Envía obreros».