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DOMINGO XVi DEL TIEMPO ORDINARIO -ciclo A-
LA BUENA SEMILLA Y LA CIZAÑA
Hoy nos habla Jesús del reino de los cielos como de un campo en el que alguien sembró buena semilla y un enemigo, mientras la gente dormía, sembró cizaña.
Esto es lo que ocurre en el mundo: continuamente se está sembrando buena semilla y al mismo tiempo se siembra cizaña. Se entiende que la buena semilla son los valores del reino, el mensaje de Jesús, todo lo bueno, noble y justo. La cizaña, por el contrario es el rechazo a Dios, la mentira, la injusticia y todo lo que es indigno de la persona humana, lo que la ofende en sus derechos o la oprime y esclaviza.
El reino de Dios crece ahí, en este mundo, un campo de siembras contrapuestas, en el que coexisten el trigo y la cizaña.
El peligro que tenemos los que nos creemos “trigo limpio” está en dejarnos llevar por la tentación de querer arrancar, como sea, la cizaña. Muchas veces caemos en la impaciencia, en la intolerancia, hasta en el orgullo farisaico de creernos buenos, y los únicos buenos. Pero a nosotros Jesús nos dice, como entonces a sus discípulos, que no arranquemos la cizaña porque podríamos arrancar también el trigo.
Normalmente tenemos por cizaña a los no creyentes. Pero lo cierto es que no sabemos lo que realmente piensan esos ateos o agnósticos acerca de Dios. Sólo Dios sabe lo que hay en el corazón del hombre. La experiencia nos dice que son muchos los que llevan en el corazón preguntas, dudas, y muchas veces deseos, más o menos explícitos, de encontrarse con el Misterio. Y en muchísimos casos se trata de personas con actitudes y conductas que son un ejemplo para nosotros, los creyentes.
Por otra parte, muchos rechazan un Dios del que se han hecho una falsa imagen por el mal ejemplo que nosotros les hemos presentado.
Recordemos lo que afirmó el Vaticano II: “En esta proliferación del ateismo puede muy bien suceder que una parte no pequeña de la responsabilidad cargue sobre los creyentes en cuanto que, por el descuido en educar su fe o por una exposición deficiente de la doctrina…o también por los defectos de su vida religiosa, moral o social, en vez de revelar el rostro auténtico de Dios y de la religión se ha de decir que más bien lo velan”.
Y dentro de la misma comunidad eclesial no debemos extender fácilmente certificados de buena o mala semilla y menos aún excomulgar a quienes tienen otro modo de entender y vivir la fe cristiana. No olvidemos que también en nosotros hay cizaña, también habita en nuestro interior el increyente; y el enemigo siembra cizaña mientras nosotros estamos “dormidos”.
LA SEMILLA DE MOSTAZA Y LA LEVADURA
Jesús compara también el reino de Dios con la semilla de mostaza.
Nosotros tendemos a buscar a Dios por el camino de lo milagroso, de lo que se impone poderosamente. Pero Jesús nos dice que Dios no actúa así. El mismo Jesús reprochaba a sus oyentes:”Si no veis signos y prodigios no creéis”. No entendían, y tampoco nosotros entendemos, que Dios actúa no desde el poder o el éxito espectacular, sino desde lo oculto y lo pequeño, desde el hombre Jesús de Nazaret que no tiene donde reclinar su cabeza, y es manso y humilde de corazón.
Discípulo de Jesús no es, por lo tanto, el que hace cosas grandes, el que llama la atención por su brillo, fuerza o poder, sino el que desde la vida ordinaria, en lo cotidiano va sembrando paz y amor, las más de las veces sin hacer ruido ni llamar la atención.
Por último, nos dice Jesús que con el reino de Dios ocurre como con la levadura” que una mujer “esconde” en la masa de la harina para que “todo” fermente. La levadura actúa desde dentro, en lo escondido. Así actúa Dios: quiere transformar nuestra vida desde dentro, quiere cambiarnos el corazón.
Los cristianos estamos llamados a ser en el mundo “levadura”, a introducir en la vida humana, los criterios, valores y actitudes de Jesús, para hacer un mundo más humano, según el proyecto y el corazón de Dios.
Hemos de vivir “dentro” del mundo, compartiendo las penas y los gozos, las incertidumbres, dudas y anhelos de los hombres, aportando la luz del evangelio en nuestra vida de cada día.
Julio García Velasco
juliogvelasco@yahoo.es
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