
EL MISTERIO DE LA TRINIDAD- C
Hoy celebramos el misterio de la Santísima Trinidad. Lo que sabemos de Dios es porque el Hijo nos lo ha revelado. El Hijo nos ha revelado a su familia, la Santa Trinidad. Y no sólo eso, sino que, entregándose a la muerte por nosotros, nos ha integrado en su propia Familia, y nos ha enviado a llevar el mensaje de la Trinidad al mundo: "Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mateo 28,16)
Poéticamente, lejos del lenguaje metafísico tan complicado, san Juan de la Cruz hablará del misterio, desde la oscuridad de la noche, diciendo:
"Su origen no lo sé, pues no le tiene
mas sé que todo origen de ella viene
aunque es de noche.
Bien sé que suelo en ella no se halla
y que ninguno puede vadealla
aunque es de noche.
La corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.
Bien sé que tres en una sola agua viva
residen, y una de otra se deriva,
aunque es de noche".
En el misterio de la Trinidad nosotros creemos que:
1. Dios es Creador y Padre. La creación es la obra amorosa de Dios. Contemplándola surge en nosotros la admiración y la acción de gracias ("¡Señor dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!": Salmo 8), y el compromiso ecológico.
El pueblo de Israel a través de su historia, fue descubriendo a un Dios Creador, Liberador del pueblo oprimido, y Padre.
Nosotros creemos en Dios Padre, eterna fuente de amor. En cuanto Amor, Dios es ante todo el Padre de Jesús, que ha comenzado a amar desde siempre y ha entregado a la muerte por nosotros: «No perdonó ni a su propio Hijo» (Rom 8,32).
El Padre es la eterna fuente del amor, de la gratuidad sin fin. Es El quien nos contagia el amor. Y amándonos, nos hace capaces de amar.
La fe en Dios Padre hace brotar en nosotros la confianza, el amor y la paz.
2. Dios es Hijo: el Hijo, que entra en nuestra historia para humanizarla de verdad, para redimirla del pecado. Jesús es el rostro humano de Dios. El nos revela a Dios como Padre. Es uno con el Padre: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”.
El Hijo es Aquel que desde siempre dice sí al Amor.
En la apertura y acogida del amor nos hacemos iconos del Hijo. Donde no se acoge al otro, sobre todo al diferente y al extraño, no se acoge a Dios, no hay fe en el Hijo de Dios.
3. Dios es Espíritu. El Espíritu es la fuerza de Dios, el amor de Dios, el fuego de Dios. El Espíritu es el don que Cristo nos envía desde el Padre, después de su ascensión-exaltación, para que seamos capaces de vivir como hijos y como hermanos.
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (Ev.)
Creemos en el Espíritu Santo que es el "éxtasis" de Dios, es decir, el “salir” de Dios de sí.
El Espíritu no sólo une al Amante y al Amado, sino que también nos une a Dios y a los demás.
El Espíritu nos posibilita establecer pactos de paz; nos hace capaces de trabajar por la unidad y de vivir en comunión.
Cuando nos dejemos alcanzar y transformar por el Espíritu, ya no podremos seguir cerrados en nosotros mismos; sentiremos la necesidad de salir, de andar, de llevar a los demás el don del amor con el que hemos sido amados.
La Trinidad es el centro y el corazón del cristianismo.
La fe en el Dios Uno en tres Personas no es un «añadido» o una complicación del cristianismo, sino su centro y su corazón, porque traduce la certeza de que Dios es Amor, en sí mismo y para nosotros. Esta es la buena nueva que hemos de anunciar al mundo.
Cada vez que hacemos la señal de la cruz, estamos confesando este Dios trinitario Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos comprometemos a vivir la vida en el amor.
El misterio de Dios nos desborda, pero el Dios Trinidad nos ayuda a entender mejor el misterio del hombre. Estamos hechos a imagen de Dios, Uno en tres Personas; por eso buscamos la relación, la comunicación, la amistad.
La Iglesia es la imagen de la Trinidad: un grupo de personas que intentan vivir como hermanos, hijos del mismo Padre, discípulos del Hijo y unidos en el Amor que es el Espíritu Santo.
Celebrar la solemnidad de la Santísima Trinidad es celebrar a Dios que es comunidad, con el compromiso de “hacer comunidad en el mundo”, y “hacer del mundo una comunidad”, empezando por el pequeño mundo de nuestro hogar, de la familia y de la sociedad en que vivimos.
Julio Gracia Velasco
juliogvelasco@yahoo.es
|