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Los jóvenes necesitan evangelización en los ambientes universitarios
Omar Árcega E.

¿Cuáles son los principales retos para llevar la Palabra de Cristo a los jóvenes?


Los retos son: 1) saberse ubicar dentro de la mentalidad del joven, no querer evangelizar con métodos anacrónicos y 2) Tener la intención de evangelizar. Hay que tener mucho cuidado pues podemos caer en dos extremos: no hablo de Cristo, para no espantar a los muchachos, pero el otro extremo es que me los hago tan amigos que después no les hablo de Cristo. Es importante tener el deseo de evangelizar y una profunda experiencia de oración; sin oración, ¿qué puedes dar a los demás? La evangelización nace del encuentro con Jesús en la Eucaristía, en la oración personal y del amar a los jóvenes. Otro elemento importante es amarles.


¿Qué virtudes humanas debe reunir el evangelizador de la universidad?


La primera virtud es el diálogo. Las universidades se han caracterizado por ser centros de intercambios de ideas, hay que tener capacidad de salir de sí mismo y buscarle la cara al otro. La segunda es el respeto por la persona, independientemente de lo que piense y diga. La tercera es la paciencia: no querer cambiar a una persona de la noche a la mañana. La cuarta se podría resumir en la frase «ser sencillos como las palomas pero astutos como las serpientes» para saber aprovechar un momento importante, una coyuntura. El evangelizador debe tener el «ojo apostólico»; en otras palabras, la prudencia. Otra virtud es la paternidad espiritual, hacer suyos a los que Dios le confía, hacer suyos sus sufrimientos, tomar en serio a las personas.


¿Es verdad que la juventud actual no tiene valores o su jerarquía de valores ha sufrido cambios con respecto a las generaciones anteriores?


Yo creo que los jóvenes tienen valores. El más elemental es ellos mismos, es decir, el valor de la existencia; san Juan Bosco decía: «Basta que seas joven para amarte», o sea, hay que descubrir que los jóvenes son un potencial y necesitan guías, maestros, personas que les sepan orientar. Yo no diría que los jóvenes carecen de valores, sino les hacen falta maestros auténticos; a un joven se lo puede ganar la droga o una persona que es ejemplo de vida, la cual lo educa, lo orienta. Ciertamente está muy dañada la institución familiar; esto afecta a la formación de valores en los jóvenes, pero son sensibles al bien, a la verdad, a la justicia, al amor, a la evangelización. Se dan cuenta cuando uno los quiere, cuando se les toma en serio.

EL OBSERVADOR 539-10