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EL CAMINO INICIAL DE UN PLANTEAMIENTO VOCACIONAL: EL PASO DE UNA FE MEDIOCRE A UNA FE MÁS AUTÉNTICA

La fe mediocre :

a) Se evidencia en la manera de relacionarnos con Dios. Todavía vemos a Dios lejano, tenemos temor de él, no podemos decirle ‘Padre’. Podemos creer en él, y aun defender su existencia, pero no podemos decir que somos ‘hijos’ de Dios, y que él es nuestro ‘Padre’.

Un creyente genuino ha recibido el Espíritu Santo, para la filiación, y por medio de él puede decir: «Abba, Padre». Se goza en el hecho de ser un hijo de Dios, y puede reconocer al Espíritu dentro de él, guiándole, consolándole, enseñándole.

b) Desconoce a Jesucristo. El que tiene una fe mediocre habla de Dios, pero no de Jesucristo. Muchos hablan de Dios, en sentido general, pero no de Jesucristo como Dios encarnado. El Señor dijo: «Nadie viene el Padre sino por mí», «Yo soy el camino».

Muchos creen en Dios, oran a Dios, pero no conocen la relación con Jesucristo. Un creyente genuino sabe que por medio de Jesucristo ha conocido a Dios. Valora su muerte en la cruz y su sangre derramada para el perdón de sus pecados, valora su resurrección y su presencia viva en la Iglesia..

c) Se basa sobre todo en la herencia, no en la conversión. La fe mediocre es una herencia cultural, es la religión de los padres, no una experiencia individual.

Ahora bien, la fe genuina no está ajena a los antepasados, a la familia, pero de manera distinta, no excluyendo la necesidad de la experiencia personal, individual. La fe genuina no se hereda biológica ni culturalmente, pero sí se puede dar testimonio de ella por medio del anuncio, de la vida y del ejemplo de los mayores. La fe no fingida de Eunice, Loida y Pablo tuvo mucho que ver en la fe no mediocre de la vocación de Timoteo.

d) Es mental, no espiritual. La fe mediocre es mental. Y si es mental está en el ámbito de la mente, es cambiante, insegura. Sólo lo que tiene una base espiritual tiene firmeza.

e) Es proclive a las disputas doctrinales y a la palabrería. (1 Tim. 1:3-7). La fe mediocre es tan débil que necesita reafirmarse ante sí misma. Y entonces pelea y discute, normalmente acerca de cuestiones externas, de la ley, de los mandamientos, de las doctrinas. Nada de esto es lo esencial en la vida cristiana. Un creyente con una fe verdadera no necesita demostrar nada para creer, porque su fe le ha sido dada de arriba y está más allá de las opiniones humanas. Aunque todos se levanten con argumentos, su fe no se desmorona, porque va teniendo una experiencia profunda de Dios.

f) No produce ningún cambio real en la manera de vivir. La fe mediocre hace promesas, intentos, pero no produce ningún cambio de vida real. Como no hay nuevo nacimiento, se trata del mismo hombre viejo que trata de enmendarse. El creyente genuino, en cambio, puede comprobar en sí mismo una nueva manera de ver la vida, de ver el mundo. Su manera de pensar ha experimentado un vuelco radical.