La celebración del Día del Estudiante varía en los distintos países y la elección de la fecha proviene de motivos que oscilan entre el recuerdo de comprometidas acciones políticas estudiantiles, la fecha del nacimiento o muerte de alguna persona con una importante relación con la tarea educativa o la coincidencia con el Día de la Primavera, rodeada de exuberantes festejos de música posmoderna.
En Venezuela fue elegido el día 21 de noviembre, porque en 1957, las organizaciones universitarias provocaron las primeras movilizaciones que concluyeron con la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez.
México presenta en el mes de mayo un amplio abanico: el 17, Día del Estudiante Técnico; el 23, Día del Estudiante Universitario y el 28, Día del Estudiante Secundario. Pero también el 23 de octubre es el Día del Estudiante Autónomo, en recuerdo a que en el año 1933 comenzó el reclamo de la libertad de cátedra y la autonomía universitaria
El 11 de junio día del estudiante de Honduras, se honra en ese país centroamericano, la memoria del educador, músico, poeta, dramaturgo, y sacerdote José Trinidad Reyes, fundador en 1847 de lo que hoy es la Universidad Nacional Autónoma
EN TIEMPOS DE PRIMAVERA
Coincidiendo con el Día de la Primavera, el 21 de septiembre es asueto escolar en Argentina y Uruguay.
En este caso, la conmemoración comenzó cuando la Federación Universitaria, en 1911, impulsó un paseo de confraternidad de jóvenes argentinos, bolivianos, chilenos y paraguayos a la vecina ciudad uruguaya de Colonia.
Setecientos jóvenes viajaron en una cañonera facilitada por el gobierno y en un vapor privado.
Desde el poder político y económico de la época, la celebración se vio con buenos ojos, porque se pensaba que la juventud era garantía de un moderno progreso.
Desde entonces también los secundarios se hicieron eco de la iniciativa y se registra que en 1919, a propuesta del ministro de Educación del presidente Hipólito Yrigoyen, se conmemoraba la fecha.
DESAPARECIDOS Y SOLIDARIOS
Muchos años después, el mes septiembre de 1976 fue especialmente sombrío para los estudiantes de Argentina.
Pocos meses atrás la cúpula militar había derrocado al gobierno constitucional de Isabel Perón y las denuncias por la violación de los derechos humanos comenzaban a romper el silencio e incrementar los reclamos.
Durante la madrugada del día 16 fueron secuestrados varios adolescentes, de entre 14 y 18 años, que había realizado marchas para obtener el boleto estudiantil en la ciudad de La Plata. Su tortura y su muerte fueron relatadas en sus dolorosos detalles por el único superviviente, este episodio es conocido con el nombre de La noche de los lápices.
Recuperada la democracia, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entre otras jurisdicciones, dispuso establecer la fecha del 16 de septiembre, en conmemoración a La noche de los lápices, como Día de los Derechos del Estudiante Secundario, el cual quedará incorporado al calendario escolar de cada ciclo lectivo.
Siguen transcurriendo los años, y el 8 de octubre de 2006, en un trágico accidente en la ruta mueren nueve jóvenes y un docente de la Escuela Ecos de Buenos Aires, que regresaban de realizar tareas de servicios solidarios en una escuela rural de la localidad de Quitilipi, en la Provincia de Chaco.
Por tal motivo el Consejo Federal de Educación incorporó al calendario escolar el 8 de octubre como el Día Nacional del Estudiante Solidario.
Con esta medida las autoridades educativas quisieron reconocer la labor de mutua ayuda que cotidianamente llevan adelante miles de estudiantes argentinos y cumplir con la norma de la Ley de Educación Nacional que le encomienda la tarea de garantizar actividades de voluntariado juvenil y proyectos educativos solidarios para cooperar en el desarrollo comunitario.
¿POSMODERNOS SIN FUTURO?
“Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Faltan el respeto a sus padres y tiranizan a sus maestros”. Esta afirmación que parece referirse a los jóvenes posmodernos, es una afirmación atribuida a Sócrates, hace más de 25 siglos.
Pero describir un grupo humano, sea joven, adulto o anciano, sólo por lo que aparece a simple vista es una generalización que no favorece el diálogo y el encuentro. Los estudiantes del siglo XXI, al igual que los del anterior, tienen valores propios de su edad y de su cultura; como también tienen sus límites, dificultades y errores que provocan en los educadores la necesidad de autoevaluar sus propios límites y equivocaciones.
Jóvenes docentes pueden colaborar en la tarea de la comprensión, en la medida que ellos fueron, hace apenas cuatro o cinco años atrás, tan estudiantes como sus actuales alumnos.
La celebración del Día del Estudiante en los diversos países muestra los ricos motivos que le dieron origen, y es un nuevo desafío para descubrir nuevos valores que brotan del cambio de época.
El compromiso político que marcó la juvenil década de los 70 ha dejado paso a otro tipo de vínculos que, aunque parecen más reducidos en sus proyectos e ilusiones, continúan brindando el entusiasmo y la presencia de los que no quieren renunciar a la sinceridad de los afectos y a la aventura de abrirse más allá de sus grupos de referencia.
Las propuestas de actividades concretas registradas por el Programa Nacional de Educación Solidaria en Argentina aumentan constantemente. En el año 2000 su número era de 2.974 y cerca de 21.000 en 2007.
Similar evolución en los países vecinos fueron informados en el reciente II Encuentro de Escuelas Solidarias del Mercorsur, realizado con la presencia de docentes y estudiantes secundarios de la región.
UN DÍA DEL ESTUDIANTE
SIN POBRES NI EXCLUIDOS
La constante búsqueda de lo auténtico y verdadero en las nuevas generaciones son la garantía de superar el “no te metas”, “todo da igual” o “es mi verdad”. “No hay educación si no hay verdad que transmitir, si todo es más o menos verdad, si cada cual tiene su verdad igualmente respetable y no se puede decidir racionalmente entre tanta diversidad”, sostiene el profesor español Fernando Savater.
Por eso, “podemos afirmar a esta altura sin temor, que la verdad no se la tiene ni se la posee… se la encuentra. La verdad se abre, se devela a quien -a su vez- se abre a ella”, asegura el Cardenal argentino Mario Bergoglio.
Es parte de la opción por los pobres, que asume y propone la Iglesia, buscar estrategias adecuadas para que todos tengan acceso a la educación formal en todos los niveles, de tal manera que las leyes que declaran obligatoria la escuela primaria y secundaria sean de real cumplimiento y así que las grandes mayorías juveniles y populares puedan celebrar sin exclusiones, el Día del Estudiante.