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El curso introductorio (o propedéutico) en el Seminario Pontificio Mayor
de Santiago de Chile
En 1984 O. D. Santagada, entonces secretario del OSLAM (Departamento del CELAM) escribía un artículo (1) en el que reflejaba, sintetizándolas, las experiencias del curso propedéutico o introductorio en el área latinoamericana. Dos años más tarde el CELAM editaba un libro del mismo autor (2) dando a conocer experiencias, realidades y orientaciones. A Guillermo Rodríguez Melgarejo (3) se debe el trabajo de haber reunido los elementos teóricos y prácticos que se han dado hasta el año 1969 en este tema . El mérito de este libro es que va descubriendo desde los primeros documentos donde se formulan tenues pistas hasta donde ya aparece como una realidad. Por otra parte, también es un gran acierto partir de las realizaciones concretas para ir determinando los elementos que debe tener un curso de introducción al Seminario.
Los Seminarios de Chile con anterioridad a estas fechas se habían ya preocupado del tema. En las reuniones semestrales que mantienen los formadores de la OSCHI ya había sido abordada la necesidad y la estructura de este año introductorio (4). En la actualidad se puede decir que todos los Seminarios tienen este curso introductorio o propedéutico en el que ingresa la mayoría de los candidatos al Seminario.
En los apuntes que se dan a continuación se da una visión general y muy rápida de cómo hoy en día se configura el curso propedéutico o introductorio en el Seminario pontificio Mayor de Santiago de Chile.
1. El año 1984, de acuerdo a los insistentes llamados de los documentos de la formación sacerdotal y a una necesidad basada en la experiencia de varios años, se concluyeron los preparativos para comenzar el curso primero del Seminario, curso introductorio. Se le llamó también propedéutico. Se habilitó una casa de ejercicios, situada no demasiado lejos del Seminario Mayor, con capacidad para unos 55 alumnos. En el 1985 ingresaron ya en él 51 jóvenes con los que se había realizado el proceso de selección como en años anteriores. Todos eran mayores de 18 años, un grupo bastante heterogéneo; incluso uno de los seminaristas tenía más de 40 (5). Desde ese año, que providencialmente el Seminario cumplía 400 años de existencia, se ha ido perfeccionando y perfilando más adecuadamente la formación en esta etapa inicial del período introductorio. Durante los siguientes años fueron incorporándose cada año un número de alumnos que oscila entre 25 y 35. El año 1993 entraron en el curso propedéutico 31 seminaristas.
2. Para dirigir esta sección del Seminario se asignaron dos sacerdotes y dos seminaristas de los últimos años de teología. Se encuentran bajo la dirección del Rector y están apoyados por los formadores que hay en el Seminario, para atender a los del segundo y tercero de filosofía y al resto de teología ( en total unos 110 seminaristas). El arzobispo de Santiago visita regularmente a los alumnos del curso introductorio (una vez cada 15 días) teniendo contacto directo con ellos.
Hay un Consejo del Seminario, formado por el Rector, Director Espiritual, Director de Estudios y Prefecto de Filosofía, con el que los formadores del Propedéutico consultan las decisiones más importantes y la marcha de los alumnos. Se reúne cada dos meses. También se da una reunión semestral con los profesores que hacen clase en esta sección.
3. El curso comienza con dos semanas de introducción. Una dedicada a hacer un retiro espiritual, en silencio, pero bastante acompañados; la otra a exponer el sistema de estudio del año propedéutico, donde se dan a conocer, mediante una dinámica apropiada, los objetivos y las tareas de este año.
4. El objetivo fundamental es el de continuar el proceso vocacional, pero ya como seminaristas, es decir, iniciarse en el seguimiento de Jesús en la vida del sacerdote diocesano. No se trata, por lo tanto, de un noviciado; sino de un seminario diocesano. Se trata más en concreto, pues, de un tiempo de discernimiento, hecho ante Dios y ante la Iglesia, realizado personalmente y bien fundado. Se procura discernir la vocación, de si el Señor llama a seguirle en el ministerio sacerdotal y si, por ello, se dan las condiciones que se requieren. Junto con este objetivo general, hay otros más específicos para cada dimensión de la formación.
A mediados de curso, los que están decididos a continuar con la maduración de su vocación y de su pleno ingreso al Seminario, solicitan "la cruz"(6). Con esta ocasión los formadores realizan una evaluación escrita de cada uno de los alumnos y conceden a los que están en esa disposición el "primer paso" hacia el Seminario.
Todavía otra vez más durante este período se hace una nueva evaluación escrita sobre el candidato. Ambas evaluaciones se conversan con el alumno, dejándole que determine si está acertada y añadiendo de su parte lo que cree conveniente.
5. El propedéutico está compuesto de cuatro dimensiones fundamentales: la personal-comunitaria, la espiritual, la intelectual y la pastoral. De ninguna manera quiere darse importancia, en este tiempo, a una más que a otra. Todas deben estar coordinadas. Sin embargo, se hace más hincapié, en este tiempo, en la formación humana-comunitaria y espiritual que en la intelectual y en la pastoral. Pues las primeras dimensiones parecen ser la base y el motor de toda futura formación sacerdotal.
6. El "pilar" personal-comunitario se va formando a través de la convivencia, las conversaciones regulares con los formadores y algunos cursos. Se advierte que este "pilar" es el más delicado e importante para este tiempo, debido a que los muchachos vienen con serias fallas familiares, personales y de cultura. También en que cada uno de ellos es líder en su ambiente y en el Seminario tienen que vivir y relacionarse mucho tiempo y en muchas ocasiones entre ellos. Hay algunas charlas de formación comunitaria (una vez a la semana). Muchos encuentros personales. Dos cursos introductorios de psicología, orientados a la situación en que se encuentran, les ayudan mucho a descubrirse personalmente y a vivir en comunidad. Por otra parte siempre hay posibilidad de requerir ayudas especiales con personas especializadas.
Aspectos importantes de la vida de comunidad es la distribución de trabajos y tareas, algunas importantes. Todos los seminaristas tienen, al menos, una tarde de trabajo en el campo y el colaborar con las tareas de la casa (limpieza, lavado de vajilla, arreglo de la casa etc.). Este período puede también pensarse como un tiempo de integración, no sólo personal (conocimiento e identidad personal), sino comunitaria.
Las dificultades más regulares son las enemistades, las discusiones, el deseo de sobresalir, el evitar los trabajos asignados y faltas en la formación afectiva. En este período cuesta la convivencia comunitaria; pero es una buena escuela para la formación de un futuro presbiterio, donde todos los sacerdotes han de respetarse y aceptarse como hermanos.
Una vez al año se da una jornada especial, de una semana de duración, sobre el tema del "celibato sacerdotal", donde se aclaran dudas y se dan pautas de formación humana y de espiritualidad sobre el tema. Para ello se invita a personas especializadas (psicólogo, moralista, médico, teólogo)
7. El "pilar" espiritual se aborda por diferentes caminos: vida espiritual seria que consta de Misa diaria, normalmente de mañana y algunos días en la tarde, oración de la mañana o de la tarde, retiro mensual o bimensual (más largo), celebraciones de la penitencia, celebraciones de la Iglesia o del Seminario. La liturgia es cuidada. Hay cursos sobre este tema para acompañar el crecimiento de la vida espiritual: Introducciones a la Liturgia, a la Espiritualidad y a la Sagrada Escritura.
El Director Espiritual atiende personalmente a cada seminarista. Se pide que tengan un director espiritual, de entre los que han sido asignados por el Seminario.
Durante este tiempo se da un curso especial dedicado a la oración. Dura una semana o se extiende por varios días. Lo dan especialistas. Se desea favorecer la oración personal, la meditación, el encuentro con Jesucristo en un clima de silencio y tranquilidad.
8. El "pilar" intelectual requiere de mayor tiempo, pero no es el que tiene mayor importancia. Desde luego no se quiere dar a entender que el sacerdocio es una carrera de estudio como las demás, sino una vida, en la que el estudio es importante. Sin embargo, se ha hecho lo posible por dar cursos que tengan una validez académica y puedan ser contados como créditos por la Facultad de Teología de la Universidad Católica a la que el Seminario está afiliada.
Las clases ocupan la mañana de 9,15 a 12,30. Todos los cursos se orientan a dar una "Introducción al Misterio Cristiano". Tienen cursos de: Introducción a la fe, Introducción a la Escritura, Introducción al Magisterio (Vaticano II y Documentos eclesiales), Introducción a la filosofía, música-canto, castellano y método de estudio. Son todos cursos introductorios, faciles. Sin embargo aquí las diferencias entre los seminaristas son más notables. Algunos les pesa mucho el estudio mientras que a otros les es sencillo en demasía.
Un día a la semana tienen alguna actividad formativa en el ámbito de lo artístico-cultural: conferencias, visitas, cine, salida al teatro u ópera, etc. Esta actividad está conducida por los mismos alumnos, para lo cual eligen un "equipo de cultura", que se dedicará a consultar sobre las necesidades y conveniencias para la formación y de contactar con las personas indicadas.
9. El "pilar" pastoral es el que menos se ejercita en este período. De todas formas, el Seminarista tiene durante el primer semestre un trabajo que se suele llamar "encuentro con el dolor". Visitan varios centros: asilo de ancianos, hospitales, hospedería para indigentes y centro de atención de deficientes mentales. La experiencia es calificada de "fuerte", pero muy provechosa. En el segundo semestre realizan, como trabajo pastoral, un estudio de alguna parroquia (y de la Diócesis) y actividades en el Mes de María. Se trata de visita de familias en sus casas y de participación activa en la forma de oración popular que caracteriza nuestro Mes de María. Durante el verano, mes de enero, terminados los estudios y la vida comunitaria, realizan un trabajo de pastoral misionera durante 15-20 días. Junto con los seminaristas de filosofía y teología elaboran un plan misionero para ayudar a algunas parroquias que lo solicitan. Es un tiempo de trabajo pastoral duro, pero muy importante para ejercitar la dimensión misionera y la actividad del servicio pastoral.
10. Los horarios son bastante regulares. Se levantan a las 6,45 y a las 7,15 tienen la celebración de la Misa, que termina a las 8,30. Viene el desayuno, limpieza de las habitaciones y casa. A las 9,15 clases (9,15-10,45 y 11-12,30). hasta las 12,30. A las 13 comida de medio día y descanso. A las 14,30 tienen o bien deporte o trabajo en el campo. A las 16,30 hay oportunidad para tomar un pequeño refrigerio (once). De las 17 a las 19 estudio estricto. A las 19 oración de la tarde. A las 20 cena. Después de la cena tienen un tiempo libre o dedicado a las reuniones de comunidad. Se pide que a las 22,30 hagan silencio.
11. Los alumnos de este curso tienen el domingo para ir a sus casas, los que viven en Santiago o cercanías, o a casa de conocidos, los que viven más lejos. Hay también unas cortas vacaciones (15 días) en el invierno, que termina el primer semestre. El mes de febrero lo pasan en sus casas o en sus diócesis, con pocos quehaceres. Normalmente los seminaristas piden permiso para ir a sus casas por diversos motivos.
12. Los alumnos tienen sus organizaciones propias. La más significativa es la comunidad pequeña. Están organizados en pequeñas comunidades, según sus lugares de habitación (8-10). Cada una de las comunidades elige su jefe, que confirma el superior del seminario. En estas comunidades se hace una especie de reflexión de vida. En ellas se tratan problemas y actitudes personales. De vez en cuando tienen reuniones de oración. Varias veces salen de excursión (dos días) a lugares apropiados para el descanso, el paseo y el encuentro. Además de estas comunidades se da la de curso: hay un delegado de curso, para el estudio. Y existe un representante de los estudiantes. Cada seminarista tiene alguna responsabilidad en la casa (biblioteca, fotocopiadora, aseo, sacristía, etcétera).
13. El centro de la formación está en el seguimiento de Jesús desde una dimensión sacerdotal diocesana. La liturgia de la Misa es el centro de la vida, también durante este período. Se insiste mucho en la comunidad con otros sacerdotes (presbiterio). Su relación con el Obispo es básica y fundamental. Se intenta introducirles en la oración personal y comunitaria. Se favorece y promueve la devoción a María. Y uno de los aspectos más importantes es el de la sinceridad, apertura, transparencia con sus formadores y con el director espiritual. La confianza entre formadores y formandos es grande. Sin embargo, a veces, no se vencen fácilmente todos los temores a la autoridad. Se trata también de orientarles en una relación clara y respetuosa frente a las muchachas. No se olvida la relación de los seminaristas con los pobres o con las personas más sencillas. Se insiste en la austeridad. Se trata también de enfocar la situación política y social con realidad y veracidad, teniendo acceso a buenas informaciones, cuando es necesario, y de enfocarla desde el centro del Evangelio, de acuerdo con la voz de la Iglesia. Cada vez se ve más necesario educar para compartir la responsabilidad pastoral con los laicos.
NOTAS:
1. Cf. O.D. Santagada, El año propedéutica y la formación antes del ingreso al seminario, en Seminarium 24(1984)599-614.
2. Cf. O.D. Santagada, El curso introductorio. el año de propedéutica al Seminario Mayor, Celam, Bogotá 1986.
3. Cf. G. Rodriguez Melgarejo, Elementos de un curso introductorio para la formación sacerdotal, Celam, Bogotá 1989.
4. Cf. Organización de Seminario de Chile, Jornadas de formadores de Seminario de Chile 1981-1986, Seminario Pontificio Mayor, Santiago 1986.
5. Posteriormente se ha realizado una nueva experiencia con los alumnos que ingresan con más de 30 años y tienen una carrera profesional que han ejercido. Estos alumnos, entre 2 y 3 cada año, médicos, ingenieros, ejecutivos reciben una introducción especial y realizan otro ritmo de estudios.
6. Este "paso" consiste en lo siguiente. Una vez que los que han entrado al curso introductorio tiene deseos de seguir con su formación solicitan la cruz. Los formadores estudian su proceso y situación. Si lo ven oportuno se la conceden. Puede ser que algun alumno decida retrasar la petición o el seminario crea que no debe todavía concedérsela. Pero en todo caso no significa el abandono del Seminario. Si es un momento de discernimiento serio. En una celebración interna y sencilla el rector les hace entrega de una pequeña cruz que llevarán constantemente prendida en la solapa y que manifiesta su compromiso de seguir la formación en el Seminario. El Seminario, a su vez, se compromete, al concederla, con ayudar al seminarista en su vocación. Unido a este sentido más "jurídico" y externo, se da la mistica y espiritualidad de seguir a Jesús crucificado, a llevar la cruz con él.
Maximino Arias Reyero
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