
Oración de Thomas Merton
Dios y Señor mío, no sé adonde voy.
No vislumbro el camino delante de mí.
Ni siquiera me conozco realmente a mí mismo.
Y el hecho es que pienso que cumplo tu voluntad
pero no significa que realmente lo esté haciendo.
Pero creo que el deseo de agradarte
de hecho hace que te agrade.
Y espero que nunca haré nada aparte de ese deseo.
Y además estoy seguro que si hago eso,
me conducirás por el camino recto
aunque yo lo desconozca por completo.
Me atrevo a decirte que quiero confiar siempre en ti.
Aunque más de una vez pueda parecerme que estoy perdido y en sombra de muerte
no temeré porque tú estás siempre conmigo
y nunca permitirás que me sienta solo en mis luchas.
( traducción de F. Lansac)
Oración-reflexión de Eduardo Marquina
Una fuente escondida
y un caminar con sed
y al final del camino
encontrarla y beber.
No pediría a Dios
en mi vida otro bien.
Y, si Dios no pudiera
mi deseo atender,
le diría a Dios: Nada
te pido que me des.
A la fuente renuncio
y al camino también.
Pero, hasta que me muera,
consérvame la sed.
Oración de P. Doncoeur
Elígenos, Señor, para servirte.
Concédenos que no temamos a nadie sino a ti;
que no sigamos a nadie, sino a ti.
Haznos atrevidos y rectos
y haz más limpios nuestros corazones.
Tómanos, Señor, a tu servicio.
Que nuestra fe sea valiente,
nuestro amor generoso y
nuestra esperanza ilusionada. Amén
Oración “Por el camino de Emaús”
PADRE SANTO:
Tú nos convocaste para ser tu pueblo, en tu Hijo, por la gracia del Espíritu!
Tú nos reuniste de todos los lugares de América Latina y del Caribe, para hacer de nosotras y nosotros mujeres y hombres consagrados - apasionados por el Reino.
Y te hemos contestado, fiados de tu misericordia: "henos aquí !envíanos!"
a todas las encrucijadas, a todos los desiertos, a todas las fronteras;
allí donde está tu pueblo - de todas las razas, lenguas y naciones;
allí donde están tus pobres - nuestros hermanos y hermanas, los excluidos y desechados.
Túhiciste camino con nosotras y nosotros:
nos saciaste en la mesa de la Eucaristía y en la fuente de la contemplación,
nos diste a comer el pan de la Palabra y a beber el agua de la Vida,
nos confirmaste en el compromiso con los pobres y su liberación,
suscitaste en nuestro medio evangelizadores, profetas y mártires.
Y nos fue dado ver - milagro de tu amor - evangelio, profecía y martirio, darse las manos y abrir surcos de vida nueva, en el suelo de nuestros pueblos.
Hoy tú vuelves a convocarnos para vivir este momento de la vida religiosa latinoamericana y caribeña, para emprender caminos nuevos de refundación y ser semillas de nueva humanidad.
Desde todos los rincones de nuestra Patria Grande, acudimos a tu llamada y volvemos a decirte: "henos aquí !envíanos!"
Haznos concientes de la gravedad de esta hora:
- hora de gracia y bendición,
- hora de arrancar y plantar,
- hora de destruir y construir,
hora de morir y resucitar.
Danos un corazón limpio y una mirada transparente; cólmanos de ternura y vigor, de sencillez y coraje; préstanos la voz y la libertad de tus profetas de ayer y de hoy; rocíanos con la sangre de nuestros hermanos y hermanas mártires; enséñanos a comulgar el sacramento del pobre, y a dejarnos provocar por los nuevos signos de los tiempos.
Con María, la mujer agraciada - fiel a ti y a tu pueblo-haznos fieles a esta "hora" y danos saborear, en la paradoja de la fe, la verdad de tu palabra: "He aquí que hago nuevas todas las cosas!" AMÉN!
Maria Carmelita de Freitas, FJ
«ADORA Y CONFIA»
No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo,
acepta los designios de su providencia.
Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado;
a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí
y que llegará hasta ti, aunque jamás le veas.
Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.
Vive feliz. Te lo suplico.
Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica, ni tus fallos morales.
Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro
una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.
Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda: cuanto te reprima e inquiete es falso.
Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida.
y de las promesas de Dios.
Por eso, cuando te sientas apesadumbrado,
triste,
Teilhard de Chardin |