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HUMBERTO MATURANA, BIÓLOGO DEL AMOR
Tener 77 años como yo es una enfermedad incurable que sobrellevaré muchos más. Nací en Santiago de Chile. Me dedico a explicar lo que nos ocurre desde la biología. Soy doctor en Biología por Harvard.Los humanos somos fruto de la cooperación para la conservación, no de la lucha por la supervivencia: bioevolutivamente somos porque amamos
- Lo que sorprende a mis colegas biólogos de Harvard y de la comunidad científica es que me dedique a la biología del amor...
- Que no se ve al microscopio.
- Se ve. Como biólogo me he preocupado de los seres vivos y he estudiado la evolución y así he comprobado que la nuestra no es una historia de lucha por la supervivencia...
- ¿Ah no?
-... Sino de la conservación y de la solidaridad. El que gana no es el que mata al otro, sino simplemente el que sobrevive: la nuestra es una historia de cooperación para sobrevivir. Y así surge el lenguaje que nos hace humanos, cuando la sexualidad de la hembra humana deja de ser estacional...
- Supongo que se refiere al celo.
- Las demás primates siguen teniendo celo, pero nuestras hembras ya no son periódicas, así dejan de ser objeto disputable para convertirse en centros del placer y de la convivencia en el grupo humano. Y así surge el lenguaje: una coordinación de haceres.
-¿Y el amor?
- Es lo que fundamenta esa cercanía que permite la supervivencia del individuo y de la especie: el placer de estar juntos, amar.
- Yo pensaba que usted venía a dar un curso a Esade, una escuela de negocios...
- Es que la mayor parte de los problemas de una empresa hoy se deben al factor humano. Por mucha tecnología que empleemos: son las personas las que deciden.
- ¿Y qué propone usted?
- Que se tengan en cuenta esos millones de años de evolución que vienen a convertirnos en seres que necesitan tener presencia: ser vistos, ser escuchados. Sin ese placer de ser tenidos en cuenta por el grupo, nuestra vida se convierte en un sinsentido. Nos duele.
- ¿En qué sentido?
- La mayor parte de los dolores de nuestra existencia son culturales. Pregúntese dónde le duele la vida y verá que no es en su cuerpo.
- ¿En el bolsillo?
- Verá que la vida le duele en los espacios donde no es visto, en donde está usted siendo negado, en sus espacios de desamor.
- ¿No me duele la hipoteca?
- Mucho menos que no contar con el respeto de sus compañeros de trabajo o de sus vecinos, de su familia y amigos. Verá que en el fondo lo que nos mueve a los humanos es esa necesidad ancestral de ser reconocidos que arrastramos desde el origen de la especie, porque es la causa de que hoy existamos,
- ¿Que nos reconozcan en qué sentido?
- Que nos valoren, que consideren nuestra aportación al grupo y que nos lo demuestren en su trato con nosotros. Eso es lo que está detrás de todos, incluso detrás de quien se compra grandes coches, aviones a reacción o grandes palacios: queremos que nos quieran por puro mandato biológico.
- ¿Cómo aplica eso a la empresa?
- Si a usted no le reconocen y le aprecian como ser útil, convertirá su trabajo en inútil.
- El único sentido del trabajo es un trabajo con sentido.
- Nadie puede convertirse en mero robot instrumento de los deseos y designios de otro. Tiene usted que participar como persona en lo que hace y tener responsabilidad. ¿Por qué iban los homínidos a cazar?
- Por carne.
- No sólo por carne, sino por el respeto y el reconocimiento del cazador. Podían volver sin una pierna o sin un ojo, pero no sin ese respeto. Porque sólo en el espacio en el que se tiene presencia, se es productivo y se puede convivir con satisfacción. Allí aparece la inteligencia, la creatividad y el placer de hacer lo que se hace. Así dejamos de ser monos.
- ¿Cómo aplica esa biología empresarial?
- Recuerdo al gerente de una empresa farmacéutica chilena cuyos directivos le obligaron a iniciar una investigación para localizar al culpable de un error de etiquetado y despedirlo. Era el empleado o él.
- ¿Qué le recomendó usted?
- Que no hiciera de policía, sino de empresario y que no buscara culpables, sino razones. Si buscaba culpables, todos le mentirían por miedo a ser despedidos y tal vez echaría a un empleado, pero el error seguiría allí. En cambio, si pedía ayuda para descubrir razones, encontraría apoyo y luego las razones..
- ¿Se las dieron?
- Descubrió que el error se había producido a consecuencia de una exigencia de los directivos en el aumento de producción.
- ¿Hubo despidos?
- ¿Para qué si la causa del error había sido subsanada? Los empleados pidieron disculpas con su honestidad reconocida y se reincorporaron al trabajo de una manera distinta, porque habían contado con ellos. Y el efecto es sistémico: si castigas el error, el próximo se tapa con una mentira, pero no se corrige; en cambio si respetas el error, puedes corregirlo y aumentar así la responsabilidad de todos. Pruébelo con niños. Verá.
- ¿Y con los sentimientos funciona?
- Si no reconoces, no te reconocen y sufres y haces sufrir. Una señora perdió a su hijo, que se suicidó en el laberinto de la sanidad mental. Ella se consagró a que no volviera a pasarle a una madre: montó una fundación, una asociación y se puso a escribir un libro...
- Entusiasta y ejemplar.
-... ¿De verdad? Yo la sentía desgraciada y le pregunté por su familia: uno de sus otros tres hijos se drogaba y los otros dos tenían otros graves problemas, pero la señora había instalado su dolor en el lugar de sus hijos.
- Los había dejado de reconocer.
- Le dije que olvidara el libro y la fundación y que mirara a sus hijos: que los reconociera y contara con ellos. El libro está sin escribir, pero ya no les hace ninguna falta.
(Aparecido en Lluís Amiguet, La Vanguardia 07/11/2005)
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