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MENSAJES A LOS JÓVENES REUNIDOS POR LA COMUNIDAD DE TAIZÉ (2008)


 

El papa Benedicto XVI

Queridos jóvenes:

El encuentro convocado por la comunidad de Taizé que este año os reúne en Bruselas es una ocasión para interrogarse: ¿de qué fuente vivimos? Vosotros buscáis la fuente de la esperanza para vosotros mismos y para el mundo abriéndoos a Cristo por medio de la oración y de la escucha de su Palabra, compartiendo vuestras aspiraciones con jóvenes de toda Europa y de otros continentes, haciendo la experiencia de la Iglesia como un lugar de comunión y amistad para todos.

El papa se siente cercano de vosotros en vuestra peregrinación de confianza a través de la tierra, lanzada hace tantos años por el querido hermano Roger. Confía en que vosotros descubriréis como comunicar la esperanza a vuestro alrededor, a través de vuestra vida comprometida en un mundo en el cual hay demasiada pobreza, demasiada injusticia y demasiados conflictos. Dios necesita de vuestra fe, de vuestra creatividad, de vuestro espíritu de iniciativa. Para responder a su llamada, Él os da la presencia de su Espíritu. Es, él quien renovará vuestras fuerzas cuando llegue la fatiga o la lasitud. Sostenidos por el Espíritu Santo, no tengáis miedo de dar cuenta de la esperanza que él pone en vosotros. No tengáis miedo en dejar ensanchar vuestros corazones.

Confiándoos a la intercesión de la Virgen María, Madre de los creyentes, Su Santidad Benedicto XVI os acuerda de todo corazón una afectuosa bendición apostólica, como así también a los hermanos de Taizé, a todas las personas que han organizado esta peregrinación, a los pastores y a los fieles que os acogen, y a vuestras familias.

 

Ban Ki-Moon, Secretario General de Naciones Unidas

Os envío mis saludos calurosos a todos los participantes del 31er encuentro anual de la Comunidad de Taizé. La presencia de millares de jóvenes, cada año, es una prueba manifiesta que el mensaje de paz, que está en el corazón de vuestra comunidad, encuentra un gran eco.

Vosotros os reunís en un momento crucial para la comunidad humana. Estamos confrontados con una crisis financiera mundial, con la urgencia del desarrollo, con una inseguridad alimenticia y con una aceleración del cambio climático.

Estas preguntas están inextricablemente unidas; las soluciones para cada una pueden y deben ser las soluciones para todas. Los Estados son también más interdependientes que nunca y no pueden proteger sus intereses o hacer progresar el bienestar de su pueblo fuera de una colaboración con otros.

Esta es nuestra nueva realidad mundial. Los encuentros anuales de la Comunidad de Taizé son una ocasión maravillosa para reflexionar. Vuestras voces serán determinantes para empujar a los dirigentes del mundo entero a actuar urgentemente y con, ante todo, la preocupación del bien común.

Vuestra peregrinación también puede contribuir a favorecer la armonía y la comprensión entre las culturas. En una época en que las ideologías extremistas progresan y donde la intolerancia muestra una persistencia deprimente, la necesidad de un diálogo entre las religiones, las culturas y las civilizaciones nunca fue tan grande.

Al final de vuestro encuentro, espero que volváis a casa fortificados gracias a los intercambios, y preparados para asumir responsabilidades de la primera línea en vuestras propias comunidades.

Gracias, una vez más, por vuestro compromiso con las Naciones Unidas, y sobre todo por vuestras contribuciones para la edificación de un mundo más pacífico y próspero.

 

El Presidente de la comisión europea, José Manuel Barroso

Querría comenzar por enviaros mis votos más calurosos, a vosotros los millares de jóvenes venidos de toda Europa y otros continentes para participar en un nuevo encuentro europeo organizado por la Comunidad de Taizé.

Estoy muy agradecido al hermano Alois por su invitación de unirme a vosotros en Bruselas. Desgraciadamente, compromisos urgentes me impiden estar presente pero quiero expresarles la profunda estima de la Comisión europea para con esta importante iniciativa. Es por eso que insistí en recibir al hermano Alois en mi oficina de la sede de la Comisión europea con el fin de transmitirle personalmente este mensaje de simpatía y de estímulo.

Este nuevo paso, comenzado con la Comunidad de Taizé hace más de 30 años, es también una manera concreta de celebrar los valores de reconciliación y de paz a través del diálogo. El hecho que este encuentro se efectúe en Bruselas toma una importancia particular a finales de este año europeo de diálogo intercultural, vividos en el contexto de una Europa ensanchada, « unidos en la diversidad » y abierta al mundo.

Los millares de jóvenes de diferentes nacionalidades, culturas y religiones que se reunieron para el encuentro europeo son viva expresión de esta cultura de diálogo en el respeto de la diversidad, que es la marca de Europa.

Es pues doblemente gratificante para mí – como Presidente de la Comisión europea como en el plano personal – ver a tantos jóvenes con tanto entusiasmo por un mundo mejor y una unión más estrecha entre los pueblos. Veo este entusiasmo y este espíritu de abertura como un signo de confianza en el futuro y en la capacidad de las nuevas generaciones para construir un mundo como que queremos legarlo a las generaciones futuras.

Para que podamos elaborar con éxito un nuevo orden mundial proponiendo – y no imponiendo – nuestros principios, en este momento de normas y valores fundamentales, los valores europeos son particularmente importantes. Y los europeos, sobre todo las jóvenes generaciones, deben apropiarse el proyecto europeo y darse cuenta que esto constituye un paso hacia adelante sin precedentes en la historia de la humanidad.

Para la mayoría de los jóvenes europeos, vivir en paz, democracia y libertad forma parte del orden natural de las cosas. Sin embargo, esto no siempre fue así y no debemos, por lo tanto, darlo por supuesto con respecto al futuro. Preservar la libertad y la democracia donde existen, luchando por ellas allí donde no existen, es nuestro objetivo común.

Es el turno ahora de las generaciones más jóvenes de luchar por Europa, por la defensa de nuestros valores y nuestro estilo de vida, puesto que es en Europa que vuestro futuro se jugará. Luchando por Europa vosotros podéis abordar los desafíos mundiales que sólo una Europa unida es capaz de tratar, como el cambio de clima, la seguridad energética o el desarrollo sustentable.