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También África en mi vocación

 

El papa Benedicto XVI inició su primer viaje a África el día 17 de marzo  de 2009. Su viaje se centró en  Camerún y Angola, que son sólo dos de los 54 países del continente, pero pueden verse como representativos de toda la Iglesia católica en África. La situación eclesial en África es muy diversa:  en Somalia, casi exclusivamente musulmana,  hay sólo un puñado de católicos. En países como Burundi el 63 por ciento de la población es católica y Angola aproximadamente el 44 por ciento. Y la cristiandad africana crece junto a la de Oceanía a un gran ritmo, y también su parte católica. Sólo recientemente se ha  constatado en un estudio que los nigerianos son el pueblo más religioso del mundo. En Nigeria se ven las iglesias llenas. Parece como si la alegría de vivir de los africanos encontrase su lugar en la liturgia. La iglesia en África es joven, no sólo por la edad de sus miembros, sino también por lo que concierne a su historia. Camerún comenzaba a partir de 1845 con misioneros baptistas ingleses. En 1884 Alemania seguía como poder colonial y no sólo con la misión De Basel (evangélica) sino también con los Palotinos alemanes. Hoy esta  iglesia católica tiene 23 diócesis y aproximadamente 680 parroquias. Católicos y protestantes constituyen el 25 por ciento de la población.

En la costa angoleña los portugueses celebraban ya en 1491 la primera misa. Y en 1521 el primer obispo de África es ordenado  ya al sur del Sáhara – el hijo mayor del rey de aquel momento Alfonso. Fue en  1878 cuando baptistas británicos vinieron al norte del país, al principio con cierto temor y con mucha paciencia. La historia de la iglesia en el interior del continente es esencialmente joven. Muchas parroquias celebraban hace poco su aniversario de 50 años. Hoy, construidas y promovidas por los misioneros, las iglesias se desarrollan de forma autóctona. Con pocas excepciones son ya más de 520 diócesis de África las servidas por obispos autóctonos de segunda o tercera generación. El número de  sacerdotes, religiosos e instituciones de laicos son más de diez mil. En los seminarios el número de seminaristas se estima en torno a 6000. Números que pueden despertar envidia en Europa. Pero para su formación se necesitan  instalaciones cualitativamente buenas y mucho dinero. Pero las iglesias en África – a excepción de algunas parroquias que se defienden económicamente bien – son pobres y dependiendo de donativos. Necesitan una autonomía económica más fuerte, como expresan muchos obispos. Junto a la educación y el mantenimiento del personal cada vez hay que cuidar más las instalaciones. Sobre todo en formación y en sanidad. En algunas regiones rurales la Iglesia pone a disposición hasta el 40 por ciento de las camas de hospital. Cada cuatro de cinco afectados de SIDA son atendidos por la Iglesia. De este modo, las iglesias son una piedra angular en la sociedad de todos estos países.

Hoy esta sociedad plantea preguntas que  la iglesia católica – y también el papa en su viaje – tienen  que ir respondiendo. Las guerras anulan con frecuencia los  esfuerzos de desarrollo. Países como la República democrática de Congo, Somalia, Sudán, Chad y algunos que pueden parecer  estar mejor, como Kenia, muestran conflictos no resueltos y guerras civiles que afean el rostro del poder. De Zimbawe cada vez hay más gente que huye a Sudáfrica. En muchas regiones de África hay  personas que son expulsadas cuando sus terrenos son ocupados. El derecho es todavía vulnerable. La iglesia católica con sus opiniones y acciones se enfrenta a ello, dialoga con los gobiernos, como por ejemplo con el de Camerún en lo referente a  una nueva legislación electoral o en  Zambia a la ampliación de la constitución en torno a los  derechos económicos, sociales y culturales.

La discusión en torno al  poder lleva en estados nacionales a clanes y familias a grandes pretensiones de competencias. A menudo hostilidades subliminales aparecen entre etnias  y religiones. De ahí  el segundo sínodo especial de los obispos de África proyectado para octubre bajo el lema „Al servicio de la conciliación, la justicia y la paz“. La conciliación es necesaria: entre pueblos, familias, vecinos y religiones. Esto exige una Iglesia segura de sí misma que no vaya a la par de  complejas iglesias carismáticas y de  grupos, evitando la rivalidad del  Islam que va extendiéndose. Sin embargo la conciliación puede también ser interpretada como el volver  a la creación de Dios tan explotada en la actualidad a pesar de toda su hermosura. Esto ocurre con el petróleo y los  diamantes, por ejemplo en Angola; oro, cobre, bauxita y coltán son explotados sin tener en cuenta el medio ambiente. El bosque lluvioso de África Central va desapareciendo. El cultivo de monocultivos para la exportación destruye la fertilidad de las tierras.

Además la iglesia tiene que ocuparse de la conciliación con las mujeres. El minusvalorar a las chicas jóvenes, el número alto en violaciones, el desprecio de las mujeres es inhumano en la sociedad y en la iglesia.

Los dos países que el papa ha visitado piden aclaraciones sobre el tema de la Justicia. Desde 1984, Paul Biya, un católico, gobierna en Camerún. Su país lucha contra la corrupción.  El  oleoducto de petróleo de Chad a Kribi y los nuevos hallazgos de petróleo en el país han despertado grandes expectativas para la sanidad y las escuelas. Lo mismo puede decirse de los medios de ayuda internacional. La comisión Justitia et Pax es uno de los partidos principales en el acompañamiento de estos pasos que se van dando, a pesar de las muchas dificultades.

En Angola la situación es aún más drástica. El país produce todos los días hasta 2010 más de dos millones de barriles de petróleo. 51 por ciento de la producción, de tres a cinco mil millones de dólares, van a la sociedad estatal de Sonangol . Esta riqueza apenas se nota  en el país. El gobierno niega las  cuentas de producción y de su empleo. Existe un abismo  entre los pocos  que se aprovechan de la exportación de petróleo y de diamantes, y los millones que viven en pobreza. En 2006 la conferencia episcopal angoleña publicó una pastoral valiente sobre todo esto. Pero ella depende también del gobierno: hace años que la iglesia católica lucha por tener su emisora de radio Ecclesia de Luanda también en provincias. Sólo una sociedad reconciliada en Cristo y una doctrina social católica con los ideales de una verdadera justicia traerá la paz a África.

 

FLS