LIBRO VOCACIONAL RECOMENDADO
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JUAN MARTÍN VELASCO

MÍSTICA Y HUMANISMO

PPC, Madrid 2007, 251 páginas

 

 

El profesor, ya emérito, Juan Martín Velasco nos tiene acostumbrados a una reflexión rigurosa, certera y equilibrada acerca de los avatares que atraviesa la religión en el mundo contemporáneo y, más en concreto, en el Occidente cristiano. Mística y humanismo se sitúa en la estela de otros títulos del autor (Metamorfosis de lo sagrado y futuro del cristianismo, 1998; El fenómeno místico. Estudio comparado, 22003; La experiencia mística. Estudio interdisciplinar, 2004; La experiencia cristiana de Dios, 52006) en los que el profesor Velasco expresa su firme convicción de que frente a la crisis contemporánea de las instituciones religiosas y la profunda secularización de la cultura, sólo puede sobrevivir una experiencia religiosa personalizada que, a su vez, se revela como una barrera eficaz contra el mayor peligro que se cierne sobre la humanidad contemporánea, su deshumanización. Martín Velasco opta por un camino de personalización de la trascendencia absolutamente contrastado por las grandes tradiciones religiosas de la humanidad y, en concreto, por el cristianismo: el cultivo de la dimensión mística. Un cristianismo que desarrolla su dimensión mística está en condiciones de colaborar con el resto de las espiritualidades valiosas de nuestros días (cf. incluso con aquella que se ha dado en llamar la mística de la posmodernidad) para la construcción de un humanismo digno del hombre.

Los cinco capítulos del libro progresan desde la descripción de los rasgos que determinan la situación de deterioro que experimenta el cristianismo en Occidente; pasando por la descripción del fenómeno místico en sus caracteres objetivos; para acabar presentando la mística como clave para la comprensión y realización del ser humano y su pregunta por el sentido. Aquellos que hayan seguido de cerca los ensayos anteriores del autor que hemos citado, no encontrarán aquí novedades relevantes. Estamos ante una obra surgida a partir de unas conferencias impartidas por el autor en el aula de la fundación catalana Joan Maragall. Quizás una de las características más destacadas de la obra reside en el hecho de que, sin ceder en su rigor científico, conserva un estilo ágil en el desarrollo de las ideas.

El libro puede leerse desde distintas perspectivas. Leído en clave pastoral, es decir, desde la preocupación por la vivencia real de la fe cristiana en nuestra sociedad, creo que una de las ideas clave de esta obra es la siguiente: más allá de la situación circundante de secularización y del deterioro de las mediaciones de la vida cristiana (prácticas cultuales, creencias e instituciones), estamos asistiendo a una verdadera crisis de Dios. A la que sólo es posible responder con la pasión de Dios (Memoria passionis, J.B. Metz), es decir, aprendiendo a vivir la relación con Dios en situaciones de silencio de Dios. Se trata, por tanto, de ir más allá de la reforma institucional o la reformulación doctrinal. Recientemente Olegario González de Cardedal escribía: ¿ Tiene el hombre una pregunta por Dios, más aún, es constitutiva, inexorable e irrenunciablemente una pregunta por Dios? ¿Existe una llamada e invitación de Dios para el hombre en la historia? Sencillamente dicho, ¿hay un hombre que pregunta y Dios le responde, hay un Dios que pregunta y el hombre es capaz de responderle? Estas formulaciones habrían sonado extrañas en una cultura y sociedad para las que Dios era una evidencia pública; hoy, en cambio, son las dos cuestiones primordiales tanto para la filosofía como para la teología (El quehacer de la teología Semanario Vida Nueva 2517 [6 de mayo de 2006] 22). En un momento en que la fe misma de vivir su fe, hoy, más que nunca, ser creyente no consiste tan sólo en asentir a un contenido de fe, implica antes que nada confiar en Dios, amar al Dios de Jesucristo con todo el corazón y sobre todas las cosas. De modo que, o los cristianos redescubrimos la relación personal con Dios a la que estamos llamados desde la propia entraña de nuestra humanidad, o no podremos seguir siendo cristianos (K. Rahner). Más aún,  en un contexto de lo que se ha dado en llamar el retorno no del Dios cristiano sino de los dioses que pretenden disputarle el corazón del hombre (cf. W. Kasper, The Timeliness of Speaking of God, 2008. Lección inaugural de la cátedra John Henry Newmann tenida por el cardenal Kasper el pasado mes de mayo; puede verse en: http://www.catholicherald.co.uk/kasperlecture/index.shtml).

Los místicos cristianos ponen ante nosotros su propia vivencia del silencio interior y exterior de Dios y su lucha por contribuir a agudizar los sentidos de la institución eclesial. Martín Velasco muestra con maestría que la mística no pertenece a un pasado irrepetible ni es propia de élites cultivadas. Pues, tan pronto como un hombre no se contenta con vivir como ser puramente mundano sin caer en la cuenta de quién es en verdad; tan pronto como toma conciencia de si mismo en su soledad frente al resto de las realidades mundanas, en su singulahdad irrepetible, cae en la cuenta de la maravilla de su conocer, del alcance de su deseo y se descubre a sí mismo como un ser constituido por una desproporción interior entre lo que es y lo que aspira a ser, el ideal de ser, lo que debe ser, lo que se siente llamado a ser. Se descubre realizando la maravilla de la existencia, pero realizándola de la forma irremediablemente finita de ser este, ser aquí, ser ahora, ser así (Mística y humanismo. 219).

Por qué no considerar que nos hallamos ante un recurso válido para la acción pastoral de la Iglesia. La mística cristiana, en su sensibilidad existencial y estética, se revela hoy un instrumento privilegiado para contrarrestar todo aquello que parasita nuestra capacidad imaginativa y estética, esa gramática del sentido que todo hombre maneja para vivir, donde reside la capacidad receptiva profunda de la persona, o lo que es lo mismo, la capacidad de razonar más allá del puro concepto. Se trata de sanar una herida infligida al corazón del hombre contemporáneo.

Juan Manuel Cabiedas Tejero

(Aparecido en la revista Seminarios n. 188)