9 días desde Lubumbashi
 
   
Carlos Comendador Arquero

22 septiembre

     Ha sido hoy, al final de la primera Eucaristía que he presidido en el seminario después de mi regreso de vacaciones. Aunque no soy dado a venir cargado como los Reyes Magos, les traía a los chicos un regalo muy personal. Sentía la obligación moral de hacerlo. Quizás como regalo alguno esperaba algo más llamativo y “valioso”. Yo sólo les traje una postal con la imagen del rostro del Cristo de Xabier. Se la di con una breve explicación para que pudiesen profundizar en lo que ven; por eso de que “lo esencial sólo se ve con el corazón”. Porque para mí sí que es algo valioso, más de lo que yo mismo me pudiera imaginar. Les he dicho dónde se encuentra la imagen y la relación que tiene con el gran misionero San Francisco Javier. Contar esto ha sido más o menos fácil.
     Sin embargo, también he querido compartirles el sentido de ese rostro que me acompañó durante los Ejercicios Espirituales que hice en Loyola, lo que ese Cristo significa para mí. Y esto es algo más difícil de decir. Porque es más personal. Compartir con ellos ese rostro es querer compartir una experiencia más profunda y fundante, con unas palabras y un vocabulario que te falta. Es sentir el ridículo de no llegar a decir lo que se quiere decir, por lo que finalmente parece que es mejor callarse. Es desear que ellos tengan un día, también a su manera, un encuentro personal con ese Jesús que desde la cruz sonríe con esa sonrisa que muestra su compasión y su amor sin límites.
     Para esto ¿bastará una simple postal, una simple imagen? ¿Es posible que a fuerza de contemplarla lleguen ellos a reproducir los mismos sentimientos de ese Jesús compasivo? A mí me gustaría que lo descubrieran. ¿Cuándo, cómo? Cuando Dios quiera y como Él quiera. Él tiene su pedagogía y si la postal funcionó conmigo ¿por qué no con otros?


   

27 septiembre

     El día que regresé de vacaciones fui por la tarde a la capilla para la celebración de la Eucaristía. Al entrar me di cuenta que en mi sitio había ciertos libros. Entendí en seguida que alguien se había instalado allí desde el comienzo de curso sin percatarse de que estaba ocupando mi lugar, un lugar en el que estoy instalado desde hace cuatro años. A pesar de que me molestó un poco, no le di mucha importancia y me senté en el otro extremo del banco. Allí coloqué mis libros. Hasta el día de hoy.
     El que ocupó mi sitio es un joven operario congoleño, que una vez finalizada la teología, está haciendo la etapa de pastoral en el seminario. Llegó antes de que el curso comenzase.
     No sé por qué, hoy caigo en la cuenta del sentido profundo de esta anécdota. Quizás es que no supe leer los signos de los tiempos. Lo que descubro ahora es que no tengo derecho a considerar como “mío” aquel sitio del banco, que mi enfado momentáneo no se justifica. Me pregunto, si este intercambio no es una manera de expresar visiblemente el relevo, tanto del clero nativo como el de la gente más joven. ¿Es ésta una invitación a disminuirse para que el otro crezca, a dejar mi lugar al que viene detrás?
     No lo sé; pero lo que intuyo esta noche es que quizás era yo quien estaba ocupando un sitio que le corresponde a él y que le estaba reservado a él, como africano, como congoleño.


30 septembre

     El fuego quema y purifica. Recuerdo el ritual que hacía en la misión de Mishikishi una vez al mes, más o menos. Solía ser un domingo por la  tarde, después de haberse reposado de las misas celebradas en las comunidades del interior. Era la ocasión para hacer algo de limpieza en la habitación y poner un poco de orden. Terminaba quemando detrás de la casa los papeles acumulados e inservibles. Si me quedaba mirando al fuego un poco de tiempo, me iba con olor a humo. ¡Qué curioso! Ese olor a humo me hacía recordar los fuegos de campamento, tan llenos de canciones, danza, juegos y teatrillos. Me parecían recuerdos de otra vida.
     Hoy he quemado muchos papeles. Me lo pidió Jesús. Antes de que me fuera de vacaciones, me hizo su albacea porque ya no anda bien de salud. Más tarde él también tenía que partir de vacaciones y se imaginaba lo peor: que el médico le impidiera volver a Lubumbashi. Y eso fue lo que pasó.
     Después de recoger ayer las pertenencias que dejó en su casa, hoy me he dispuesto a quemar los papeles siguiendo sus instrucciones. Me he quedado mirando la hoguera y poco me importa si hoy huelo a humo. ¡El fuego quema tan fácilmente tantos años de vida consagrada a África! Es una manera de quemar las naves porque ya no hay vuelta atrás, ya no hay regreso posible. Como un marino en tierra, mi amigo se queda dolorido aceptando ese sacrificio. Creo que el fuego le purifica. Yo me asombro de este misterio y aprendo.


2 noviembre

      Estoy animando una tanda de ejercicios a los postulantes del monasterio benedictino de Kiswishi. Paseando un rato esta tarde llego sin darme cuenta al cementerio, precisamente hoy, día de los fieles difuntos. Decido pasear un poco.
      A un lado veo que están enterrados los benedictinos; en frente las benedictinas. Hay también una zona reservada a los sacerdotes diocesanos y otra para los religiosos de las congregaciones que no tienen cementerio propio.
      Tiene sentido que este cementerio esté aquí en el monasterio de Notre Dame de Sources. Si bien es cierto que no es el primer sitio donde se instalaron los monjes, tiene sentido porque los benedictinos es la congregación-madre que nos ha traído el Evangelio y la fe en Jesús hace un siglo.
      Entre las cincuenta o sesenta tumbas busco las pocas personas que he conocido. Las encuentro y surgen algunos recuerdos. Rezo un Padrenuestro por todos ellos y doy gracias a Dios por lo que han contribuido a la evangelización de esta provincia del Congo.
      De regreso me pregunto si mis huesos no terminarán aquí.


5 noviembre

      Tarde de fiesta en Lubumbashi, aunque pasada por agua con las primeras lluvias de este año. No obstante si consideramos la lluvia como una bendición de Dios, lo de hoy ha sido una ración doble de bendiciones. ¿Es que hay motivo para quejarse?
      En la Catedral nos reunimos en una Eucaristía de acción de gracias por la canonización de Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora de las Siervas de San José. El acto resulta mucho más emotivo por la presencia del hombre que recibió el milagro de su curación. El pobre hombre sufrió en sus carnes las complicaciones burocráticas de las embajadas europeas y no pudo conseguir el visado para estar presente en la ceremonia que tuvo lugar en Roma. Para esto no hubo milagro. Pero sí lo hubo para seguir con vida cuando lo daban por muerto en el hospital. Y esto es precisamente lo que impresiona: que África, el continente humillado y olvidado, haya recibido la visita del Señor de una manera tan palpable; que el Congo, país de guerras, pillajes y violencia, haya sentido la caricia de la ternura de Dios.
      Esta Eucaristía la vivimos como un acto de fe: el Señor está presente, lo sentimos. Él no se ha olvidado de África aunque algunos lo piensen. Por eso tenemos también esperanza, porque las Siervas, con su sencillez y sus talleres de Nazareth dan esperanza y sentido a tantas chicas congoleñas que sólo tendrían ante sí un futuro negro. En sus quehaceres cotidianos las Siervas siguen viviendo y haciendo la Eucaristía.


14 noviembre

      Desde hace un año, por exigencias del guión y falta de personal, me han hecho director espiritual de dos casas. Ya lo era del Seminario Menor y desde entonces, también de la casa de formación Don Manuel, el Aspirantado de los Operarios.
      En definitiva es una manera de estar en todas partes y de no estar en ninguna, que crea demasiados quebraderos de cabeza y algunas tensiones, que esperamos no se prolongue más allá del presente curso. Sólo hace falta que venga un sacerdote más a cubrir el hueco. Siempre la misma historia: sólo hace falta uno más, uno, sólo uno.
      Rezar en la capilla junto a los jóvenes aspirantes es rezar de otra manera. Acompañar (aunque sea provisionalmente y durante un tramo) a estos chicos hacia el sacerdocio y la vinculación a la Hermandad en esta tierra africana me sitúa en otra onda. Me hace sentirme más cercano de Don Manuel, nuestro fundador, más operario, si se quiere, y me hace amar más a nuestra Hermandad que con su carisma vocacional justifica su presencia en África. Es una oración llena de esperanza, porque aunque humanamente decimos que la Hermandad “tiene futuro” aquí, esto no es otra cosa que gracia y bendición de Dios y servicio a la Iglesia.
      Los dos días que paso aquí cada semana son para mí un vivir para transmitir un tesoro que yo no he terminado de descubrir, de valorar y de amar. El ver gente que serán un día el relevo me hace tomar conciencia de que yo ya no soy tan joven y que me tengo que situar en otra etapa de la vida.
      Sólo se puede rezar en el Aspirantado o en cualquier otro seminario, desde esta esperanza.


1 diciembre

      Me han invitado a la fiesta en honor a la Beata Anuarite en una escuela que lleva su nombre, una pequeña escuela sólo para chicas de una cierta clase social.
      La Eucaristía la he vivido con cierta intensidad. El contexto político-social en el que nos encontramos ahora me invita a ello. Después de los tristes acontecimientos de las elecciones presidenciales de hace tres días, a uno no le queda otra que confiar en el Señor y sólo en Él. Esta es la única manera coherente de celebrar el adviento este año. Decir “que venga tu Reino” o “Ven, Señor Jesús” es tener la firme esperanza de que este Reino va a construirse aquí tarde o temprano, que Jesús va a visitar a este pueblo que tanto ha sufrido y sigue sufriendo.
      La Eucaristía de hoy es una acción de gracias por el regalo de Anuarite a la Iglesia congoleña. Ella fue una mujer joven entregada al Señor y víctima de abusos sexuales por un militar. En ella se recapitulan tantas mujeres violadas, explotadas, mutiladas, humilladas, abandonadas… en este país. Anuarite, mártir como tantas congoleñas martirizadas. Doy gracias a Dios porque en Anuarite ha acogido a todas esas Anuarites anónimas y olvidadas.
      Pensando y rezando todo esto miro y contemplo las alumnas que tengo delante. ¿Qué será de sus vidas? ¡Ya son bastantes las Anuarites en el Congo! Por eso le pido a ella que proteja a su pueblo y a sus hermanas pequeñas con la paz. Que este proceso electoral nos lleve a una fraternidad real. Ella, que sabe mejor que nadie por lo que ha pasado su pueblo, no puede quedarse sorda.


4 enero

      Esta vez nos hemos organizado como Dios manda: las mujeres traen para comer y los hombres para beber. Todos compartimos y así, todos contentos. Además lo hemos avisado con tiempo; no como el año pasado que la fecha nos pilló a contrapié porque nuestros corazones estaban huérfanos. Hemos traído también los regalos que no pueden faltar para hacer “el amigo invisible”.
      El encuentro de misioneros españoles de Lubumbashi se celebra el 4 de enero desde tiempos inmemorables. Y con el paso de los años también ha ido cambiando el perfil del participante. Ya no son sólo los misioneros (ya sean laicos, religiosos o sacerdotes), sino también otros españoles que trabajan en empresas u ONGs en la zona. No sólo españoles, sino también hispanos (que también son muchos) y algún que otro africano que sabe hablar español (normalmente alguna religiosa que lo ha aprendido en la comunidad). Cada vez menos jóvenes y cada vez con el pelo más blanco.
      En el ambiente los sentimientos son compartidos: alegría por el reencuentro de aquellos a los que vemos de tarde en tarde y por el conocimiento de nuevas caras; pero también melancolía por los ausentes (aunque presentes en el corazón), aquellos que por razones de salud y edad han vuelto a España.
      Las hermanas que nos acogen han preparado una paella que tenía una pinta irresistible. Después de bendecir la mesa había casi tortas para servirse un poco porque las raíces no se olvidan. Creo que al final, todos hemos podido probar un poco. La prueba es que la paellera ha quedado como una patena, sin un solo grano.


17 enero

      Otro día de fiesta en el calendario congoleño: aniversario de la muerte de Lumumba, héroe de la independencia del Congo en 1960 y asesinado algunos meses más tarde.
      En el programa de animación del clero de Lubumbashi puesto en marcha este curso, hoy toca partido: los curas de Lubumbashi contra los de Likasi y los de las misiones del interior. El ambiente en el Seminario Menor está que hierve. Se han comprado para la ocasión equipaciones (pirateadas): unos vamos vestidos del Real Madrid, los otros de la selección de Argentina.
      Nos ponemos de acuerdo en cambiar el reglamento: viendo determinadas barrigas clericales y considerando el bajo estado de forma general, se decide hacer todos los cambios que se quieran. Así cada 10 minutos si uno estaba agotado entraba un suplente. A pesar de todo la victoria de Lubumbashi ha sido aplastante: 8 – 1.
      Los de Likasi dicen que el partido de vuelta no será un chiste, que se van a preparar a conciencia. Pues eso, todos los curas a hacer deporte: mens sana in corpore sano.


Díptico hagiográfico

      La República Democrática del Congo (antes conocida como el Congo belga) tiene dos pulmones espirituales que la hacen respirar aire puro: un chico y una chica. Los dos murieron jóvenes, para más precisión, mártires. Y gracias a ellos creemos y esperamos.
      El chico se llama Isidoro Bakanja y no sabe exactamente cuándo nació. Fue entre 1880 y 1890 en plena colonización de África. Siendo de familia pagana, se hizo catecúmeno en la misión que tenían los trapistas en Bolokwa Nsimba. El 6 de mayo de 1906 recibe el bautismo y también un escapulario de la Virgen del Carmen que le acompañará hasta la vida eterna.
      Trabajó primero como ayudante de albañil, luego como criado, más tarde lo hizo como peón en la plantación del Sr. Van Cauter, un hombre de armas tomar, que no quería ver a un cristiano ni en pintura. Como Isidoro seguía siendo piadoso, le molestaba verle rezar el rosario y que llevara el escapulario. Pero el colmo llegó cuando inició su apostolado como catequista para convertir al cristianismo a otros obreros. Tal fue la cólera del patrón que lo molió a latigazos con el “chicote” (látigo de piel de elefante con clavos incrustados). El pobre Isidoro quedó hecho una llaga. Llenos de compasión algunos compañeros lo ayudaron a escapar.
      Pero no terminó nunca de curarse. Su estado se agravaba cada día más, pero no su ánimo, siempre con su escapulario y su rosario. Entregó su alma a Dios el 15 de agosto de 1909, perdonando a su verdugo y rodeado de los cristianos de su parroquia que ya le veneraban. Supongo que, siendo el día de la Virgen, con el escapulario al cuello (un escapulario sucio y lleno de sangre) San Pedro le dejaría pasar sin hacerle preguntas indiscretas.
      La chica nació en una tribu donde los nombres seducen. Ella tenía dos. Se llamaba Anuarite (el que se ríe de la guerra) y Nengapeta (la riqueza engaña). Nació en 1941 y a los 16 años entró en la congregación diocesana Jamaa Takatifu (Santa Familia) porque fue muy cabezona. Las religiosas que pasaron por el poblado promoviendo vocaciones no la aceptaron por ser aún muy joven. Pero sin que ellas se dieran cuenta, se subió al camión de la misión. Al descubrirla, ya estaban lo bastante lejos como para decirle que se volviera a su casa. Se quedaron con ella.
      Hizo la profesión a los 18 años, recibiendo dos nombres más: Marie Clementine. No era muy inteligente y tenía un carácter fuerte y difícil. La pidieron que se dedicara a la enseñanza de las niñas de la misión. Ella tuvo gran predilección por las chicas en dificultad. Su divisa era “Servir y hacer feliz”. Suena bien, pero supongo que ponerlo en práctica no debió serle fácil.
      El 29 de noviembre de 1964 unos soldados simba se llevaron en un camión a las 34 religiosas de su convento de Bafwabaka. Al anochecer, después de varios kilómetros se pararon en un cuartel establecido provisionalmente en una casa. Allí el coronel se fijó en Anuarite y le mandó a un soldado que se la trajese para pasar la noche. Aunque el soldado lo intentó varias veces, ella se opuso una y otra vez para proteger su castidad consagrada al Señor (no olvidemos que era cabezona). El coronel, harto de tanta negativa mandó que la mataran. Y fue violentamente. Así Anuarite (la que se ríe de la guerra) encontró en la violencia, la paz y el gozo del Señor.
      Dos jóvenes, dos mártires. No es casual. Jóvenes, porque el Congo es una tierra rica en juventud, una juventud que encuentra en ellos dos unos modelos, unos santos “de los nuestros”, creíbles, accesibles. Mártires, Bakanja víctima de la colonización y la esclavitud, Anuarite, de la guerra fratricida y la violencia sexual. Los dos son un díptico que resume la historia de sufrimiento del Congo. Pero siendo mártires nos recuerdan que la victoria y la esperanza les pertenecen, nos pertenece.

      Dos fechas para anotar: 12 de agosto (beato Isidoro Bakanja) y 1 de diciembre (beata Anuarite Nengapeta).

Carlos Comendador

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La obra de la redención no se realiza en el mundo y en el tiempo sin el ministerio de hombres entregados, de hombres que, por su oblación de total caridad humana, realizan el plan de la salvación, de la infinita caridad divina. Esta caridad divina hubiera podido manifestarse por sí sola, salvar directamente. Pero el designio de Dios es distinto; Dios salvará en Cristo a los hombres mediante el servicio de los hombres. El Señor quiso hacer depender la difusión del Evangelio de los obreros del Evangelio. - PABLO VI