Hawai, Desde mi ventana

 

     Desde la publicación de «7 días de Rosa María Ferreiro» (hoja 440) repetidamente me han preguntado por ella.
     Mi respuesta evasiva siempre era: «Me consta que persevera en la fe, en el amor y en la esperanza».
     Pero los que preguntaban insistían, querían saber más de sus andanzas. (Saber de las andanzas de los misioneros nos hace sentir un poco misioneros. Recuerdo la ilusión con que de niño esperaba la llegada de «El siglo de las misiones» con lo que el Padre Segundo Llorente contaba desde Alaska. Y lo mismo mis compañeros).
     Lo de las virtudes teologales era para no decir explícitamente que confiaba con otros 7 días.
     Pero al empezar la cuaresma…

J.S.V.

 

24 de febrero:

     Don Jorge:
     Me cuesta no responder a su petición. Me encantaría tener facilidad para escribir, pero no la tengo.
     Usted puede hacer uso de lo que voy contando cuando le escribo, si cree que le puede servir para algo, pero no me pida que escriba
ex professo porque así no me sale ni una letra.
     Gracias por su comprensión. Para mí esta carta supone un acto de humildad. Siento mucho fallarle, si contaba con mi colaboración para la próxima hoja. Debería habérselo dicho antes...
     Buena comienzo de cuaresma.
     Rosa ss.cc.



1 de mayo:

     Menos mal que el 1 de mayo llegaba un correo que decía:

     Don Jorge:
     Estoy en el avión, sobrevolando el Pacífico, camino de Hawai… No sé expresar lo que me produce ir por tercera vez a ese paraíso, de una belleza que no se puede comparar a nada de lo mucho que he visto en mi vida, empezando por mi preciosa tierra cántabra.
     Venir aquí, a celebrar los 150 años de la llegada de nuestras Hermanas al archipiélago y en vísperas de la canonización del P. Damián, es un privilegio que me remite todo el tiempo al Señor para decirle “gracias” sin entender por qué a mí precisamente, me ha tocado esta fortuna…
     Le mando algunos apuntes de estos días en EEUU, para que haga con ellos lo que le parezca.
     Rosa ss.cc.



1. La mirada contemplativa

     Ser pintor y director de una casa de espiritualidad en pleno campo y a la orilla del mar, es algo que se puede conjugar perfectamente por lo que estoy viendo estos días.
     La casa de espiritualidad de Fairview es un bonito ejemplo de colaboración pastoral entre Hermanos y Hermanas de la Congregación. Toda ella es una galería de arte donde Thomas va colgando sus cuadros.
     Me llamó la atención uno, de un niño de unos 8 años, sentado en las escaleras a la puerta de una casa. Intuí que era él —por aquello de que los artistas suelen expresarse a sí mismos en todo lo que hacen— y me lo confirmó con emoción. Éste es su relato:
     De niño tuve un problema de corazón y no podía correr en el recreo con los demás niños. Un día estaba sentado llorando y el maestro se me acercó.
     —¿Por qué lloras?
     —Porque no puedo correr.
     Entonces el maestro me dijo:
     —Yo te enseñaré a volar.
     Aquel maestro, sin duda, había descubierto el don de Thomas para la pintura y le desplegó las alas…
     Thomas hoy es sacerdote y religioso, irradia serenidad, felicidad, vida…
     Me contó, con todo su entusiasmo, cómo va a celebrar con los jóvenes la canonización del Padre Damián el día 11 de octubre, y me hizo prometer que no lo diría para que fuera sorpresa. ¡Qué creatividad, Dios mío! Yo creo que va a ser mucho más bonita esta fiesta que la que tendremos en Roma…


2. Los pobres nos evangelizan

     Mary tiene seis hijos. Trabaja en la parroquia con los Hermanos y Hermanas porque a pesar de todo lo que tiene encima encuentra tiempo para ello.
     Hoy ha habido primeras comuniones y uno de sus hijos formaba parte del grupo de niños que ha recibido a Jesús por primera vez.
     Aunque hemos llegado ayer, nos ha invitado a comer a su casa con tal insistencia que hemos tenido que ir, junto con las Hermanas que hemos venido a visitar.
     El que una familia te reciba en su casa como lo ha hecho hoy Mary es un regalo que me ha permitido ver en acción la fe de los sencillos, la naturalidad con la que comparten lo que tienen, la acogida otorgada simplemente por ser 'una Hermana'…
     Estuve mucho tiempo charlando con la abuela, una mujer curtida, con muchos años pero con una luz intensa en los ojos. Saber que yo vivía en Roma, muy cerca del Papa, dio a su cara una expresión que no se me va a olvidar.


3. Aquí están


     Artesia, en Nuevo México, era un pequeño pueblito agrícola hasta que un día se descubrió petróleo en su subsuelo.
     Hoy es una población de unos 13.000 habitantes en torno a la refinería que funciona ininterrumpidamente las 24 horas del año entero.
     Los Hermanos atienden las dos parroquias del pueblo y las Hermanas colaboran con ellos y trabajan también en otros campos como una ONG para protección de niños víctimas de abuso sexual o maltrato.
     Acompañar a la gente de este pueblo supone respirar gasoil el día entero, soportar el ruido de la maquinaria de la refinería y de los constantes trenes mercancías que van y vienen, por no hablar del riesgo de un accidente en las instalaciones.
     En la noche impresiona ver la cantidad de luces de la refinería y la altura y anchura de las llamaradas que salen por las chimeneas iluminando el cielo.
     De buena gana me llevaría a las Hermanas de este lugar nada seguro pero ellas están felices acompañando a la gente mitad “anglo” mitad “hispana”, que tiene que estar aquí porque aquí tiene su medio de vida. Ayer me decía una: “mientras la salud aguante, queremos estar aquí.”
     Una y otra vez me sobrecojo al constatar la fuerza interior que tienen las Hermanas para servir a la misión…
     «Dieu est à l’œuvre», decía nuestro fundador.
     Y yo tengo el privilegio de ser testigo de ello cada día, viendo vivir a mis Hermanos y Hermanas de Congregación.


3 de mayo:

     Le estoy recordando mucho, don Jorge.
     Le mando un par de cosas más. Si valen, bien, y si no, pues se entera de lo que voy viendo por estos mares del Pacífico y listo.
     Del 19 al 23 estaré en Molokai. Una emoción muy grande, justo ahora, en este tiempo de preparación a la canonización.
     Mañana tenemos la celebración de los 150 años de la llegada de las Hermanas a Hawai. Es todo un acontecimiento en la ciudad: alcalde, gobernador, obispo... y esta pobre infeliz teniendo que decir unas palabritas en un inglés impresentable, que he llegado muy tarde al estudio de semejante lengua... ¡En las que se ve una!
     Tendremos la eucaristía en la catedral, con el obispo, único para todo el archipiélago, que conozco porque vino a Roma en febrero, cuando el Papa nos comunicó la fecha de la canonización, y estuvo a cenar una noche a casa. Luego hay un paseo en barco por la costa para ver la puesta de sol. La idea —nos han contado hoy— era haber empezado por el barco y de ahí ir a la catedral, como cuando llegaron las Hermanas, pero no ha sido posible. Los cruceros organizados son a las 6 de la tarde para ver la puesta de sol y no era cuestión de alquilar un barco...
     Le mando también el relato de esta fundación, que encontré en el archivo de Roma. Antes de venir, me metí a buscar a ver si encontraba algo de la fundación y di con un cuaderno, escrito con una caligrafía impecable, que pedí a la secretaria que lo transcribiera para traerlo de regalo.
     ¡Cada vez que leo los relatos de nuestros misioneros y misioneras, me quedo impactada y me pregunto cómo les fue posible dejarlo todo y para siempre...! Era gente de 23, 24 años, con ganas de reír como es normal a esa edad (Ortega decía que la risa es una característica de la juventud). Salieron a los 10 años del hundimiento de un barco que fletó la Congregación, el Marie-Joseph. Perecieron todos los Hermanos y Hermanas que iban en él... suponemos... porque nunca llegó. En esas condiciones, volvieron a la carga y 10 años después vino este grupo. Los Hermanos estaban ya desde unos años antes. El obispo Maigret era de la Congregación, que fue la evangelizadora del archipiélago, junto con los protestantes.
     Damián vino en el tercer envío.
     Así se va ambientando para octubre, que está usted invitado a todos los actos de la canonización, como está mandado. Cuando estén las invitaciones preparadas —más o menos para junio me ha dicho el postulador—, se la mandaré 'oficialmente' pero vaya sabiendo que hay una vigilia el sábado 10 a las 7 de la tarde en Santa Maria sopra Minerva, la canonización en San Pedro, seguida de comida en el hotel Ergife, y la Acción de Gracias en San Juan de Letrán el lunes a las 9 de la mañana.
     Sé que de España vienen bastantes Hermanas pero no he visto la lista. Seguro que conocerá a más de una.
     Y nada más por hoy.
     Que tenga un buen día.
     Rosa ss.cc.



4. Inclusión


     Ayer llegamos a Hawai, “las Islas” como las llamaban nuestros fundadores.
     Esta mañana hemos empezado el mes que vamos a pasar aquí participando en la eucaristía con todo el colegio, 1.100 niñas. El primero de mayo es la fiesta del “lei”, el collar de flores que te ofrecen al llegar al país y siempre que quieren expresarte la calurosa acogida que les caracteriza. No sé cuántos recibí a lo largo del día…
     Aquí la vida empieza muy pronto. A las 7 el colegio funciona normalmente y a esa hora fue ayer la celebración de la eucaristía, como cada primer viernes, y en esta ocasión además para dar comienzo al mes de María.
     La mitad aproximadamente de las niñas son católicas y la otra mitad en mayoría pertenecen a diversas iglesias protestantes o son budistas.
     Las niñas crecen en este medio plural, aprendiendo a dialogar y respetarse, sin problema. El colegio es católico por lo que todo el mundo estaba en la eucaristía, por cierto muy bien preparada y participada.
     Me llamó la atención que en el momento de la comunión, repartida por un numeroso grupo de alumnas mayores debidamente preparadas para ello, todo el mundo se puso en la fila. Pude darme cuenta de que cada alumna era bien conocida porque recibía el Cuerpo de Cristo si era católica, la señal de la cruz en la frente si era protestante o la imposición de la mano sobre la cabeza si era budista.
     Una lección de convivencia, armonía y acogida de las diferencias. La Academy, que así se llama el colegio, es un modelo de inclusión. ¿Por qué nos será tan difícil a los mayores aceptar la diferencia?


5. Ellos verán a Dios

     Anoche estuve hablando con Aileen.
     Me contó que dos veces por semana va a socorrer a un pobre hombre que vive en la playa y no tiene nada de nada y me invitó a acompañarla hoy a llevarle la comida.
     Hemos salido después de comer, con el traje de baño para aprovechar el paseo y nadar un rato. Las playas del Pacífico que conozco son espectaculares.
     Después de saludar al buen hombre, que está en los huesos y no puede apenas andar, nos hemos bañado. En el agua, yo le decía que si era consciente de vivir en un paraíso. Ella me contó, con toda seriedad, que cuando hace ya tres años le pidieron que viniera aquí, pidió a Dios dos cosas: que hubiera en la comunidad alguna guitarra o un piano/órgano, instrumentos que sabe tocar, y que hubiera algún animalito que ella pudiera acariciar. Yo me moría de risa por dentro.
     Al llegar, la comunidad le pidió que se encargara de la música y a diario toca el órgano en la misa y durante el oficio.
     En cuanto al animalito, visitando a una enferma que vive sola muy cerca de la comunidad, el gato que tiene le ha cogido tanto cariño que pasa más tiempo en esta casa que en la de su dueña…
     Así me expresaba Aileen que Dios le había regalado un paraíso para vivir y le había concedido también los dos deseos que le había expresado por lo que estaba feliz aquí.
     Aileen tiene un corazón compasivo siempre dispuesto a ir en auxilio de cualquier necesidad.
     ¡Qué simplicidad, y qué espíritu de servicio más admirables el de esta mujer que no es ninguna ignorante! Además de saber música, habla español, francés, inglés, portugués… y es muy hábil para muchas otras cosas.
     Qué verdad es eso de que cuando el corazón está centrado se puede ser feliz en cualquier parte, por lejos que sea…


4 de mayo:

     Buenas noches, don Jorge, que para usted son ya buenos días.
     Hoy, como le dije, hemos celebrado los 150 años de la llegada de las Hermanas a Hawai. Ha sido una celebración preciosa, con eucaristía en la catedral a las 3 de la tarde con toda la gente amiga y luego un paseo en barco por el mar, de dos horas de duración para cenar, ver la puesta de sol y recordar así la llegada de las Hermanas al puerto.
     En los locales de la catedral habían preparado una exposición muy bonita, de fotos de estos 150 años, y de periódicos con noticias de la Congregación. Después de la misa estuvimos visitando esta exposición y allí se invitó a tomar unas bebidas y sandwichs y cosas de esas a todos los que habían estado en la misa. Luego ya nos fuimos al barco los Hermanos y Hermanas con los más allegados, en total 170. Ha sido muy grato todo. A la puerta de la catedral nos recibieron cuatro caracterizados de indígenas, que estuvieron cantando en hawaiano y haciendo memoria de la llegada de las Hermanas. Ya dentro de la catedral, un grupo de niñas y niños pequeños nos saludaba con la mano a nuestra entrada, recordando que la gente se agolpaba en el puerto y saludaba a las Hermanas cuando llegaron... Todo muy bonito y preciosamente preparado.
     No me libré de decir unas palabritas en inglés, que previamente había ensayado.
     He acabado la tarde con seis leis al cuello porque en cada saludo me iban poniendo uno.
     Desde el barco, al finalizar el día, los he echado al océano, en homenaje a nuestras Hermanas y Hermanos que perecieron navegando a este destino.
     Acabamos de llegar a casa y le comparto un poco de lo mucho vivido este día de acción de gracias a Dios por las maravillosas misioneras de la Congregación.
     Mañana por la mañana visitaremos los tres cementerios en los que están enterradas todas las que aquí han fallecido en estos 150 años. Entre cementerio y cementerio, tenemos una recepción con el gobernador que va a dar las gracias por los servicios prestados por la Congregación ¡y me tendré que vestir de blanco otra vez! porque estas Hermanas mías, en recuerdo del hábito, mantienen la costumbre de vestirse de blanco en las fiestas importantes. El clima también lo facilita... porque hace bastante calor.
     Siga acompañándome con sus oraciones, por favor.
     Buen comienzo de semana.
     Rosa ss.cc.


Fathers . Brothers . Sisters

  
23 de mayo:

     Don Jorge:
     Llego ahora de Molokai. 20 minutos en una avioneta para seis personas.
     He escrito algo que le mando para que vea mis aventuras y por si vale.
     Hice fotos a John, con disimulo... y también al ataúd de Ed, que mis Hermanas se creen la mitad de lo que cuento.
     Es todo de momento.
     Que tenga un buen día. El mío va de caída.
     Rosa ss.cc.


6. Kalaupapa

     A las 7 de la mañana cogimos la avioneta para bajar de la parte alta de Molokai, donde vive la comunidad que estamos visitando estos días, a Kalaupapa, la zona donde vivió Damián con los leprosos, aunque también atendió la parte alta por ser él el único cura de la isla durante mucho tiempo. Apenas seis minutos de vuelo para salvar la altura del imponente acantilado que termina en la pequeña península de Kalaupapa.
     En el mini-aeropuerto nos esperaba el Padre Félix, belga como Damián, que lleva por estas tierras 54 años y anda ya por los 80 y aquí sigue tan contento.
     Por lo visto había fallecido uno de los enfermos —quedan 19— y a las 10 era el funeral corpore insepulto y ésa era la misa que íbamos a tener. Más a propósito, en la vida.
     En espera de la hora de la misa, iniciamos nuestra peregrinación, recorriendo los lugares en los que Damián vivió y llevó a cabo su obra. Las Hermanas de Hawai tienen un itinerario preparado con lecturas de las cartas de Damián y oraciones para seguir paso a paso sus huellas por Kalaupapa. A pesar de ser mi tercer viaje, hoy he aprendido cosas que no sabía…
     Antes de las 10, ya estábamos en Saint Francis, una de las iglesias construidas por Damián (levantó cinco) que llamó Nuestra Señora Salud de los Enfermos, pero años más tarde, al ser reconstruida debido a un incendio que sufrió, se dedicó a San Francisco porque estaban ya en la isla las Hermanas franciscanas que habían venido a ayudar al Padre Damián dos años antes de su muerte. Nosotras no nos dedicábamos a los enfermos pero colaborábamos recibiendo en el internado de Honolulu a los niños que nacían sanos en Molokai y había que separarlos de sus padres para preservarlos de la enfermedad y mandando todo tipo de suministros.
     Poco a poco fue llegando la gente: un hermano del difunto con su mujer, ambos leprosos, un sobrino, enfermos de Kalaupapa y personas de los servicios del Estado que trabajan en el Parque Nacional de Molokai que está superprotegido.
     Los tres familiares en el primer banco de la derecha, nosotras en el de la izquierda y el ataúd en medio. La gente detrás de nosotros en los demás bancos.
     Hacía falta valor para coger los libros de canto que nos ofrecieron amablemente.
     Antes de la misa el difunto, que se llamaba Ed, estaba a la vista. La gente venía por la izquierda, le hacía una caricia o le daba unas palmaditas y a continuación seguía viaje por la derecha y nos daba la mano a nosotras… sin dedos por supuesto.
     Por fin cerraron el ataúd y empezó la misa.
     Al final, John, el hermano de Ed, se levantó para decir unas palabras, emocionado pero con mucha entereza.
     Las recojo porque merecen ser recordadas:

Ed tenía 7 años cuando en 1942 vinieron a Molokai enfermos los dos, formando parte de un grupo de 30 niños que llegaron juntos.
Al acercarse el barco a la costa, vieron muchos papás y mamás esperando la llegada de los niños. Eran hombres y mujeres enfermos que habían tenido que renunciar a sus hijos y enviarlos a Honolulu para que pudieran vivir sanos y esperaban a estos niños para adoptarlos ya que no podían tener consigo a sus propios hijos.
Ed, encantado con la idea, corrió gozoso hacia un matrimonio. John, un poco más mayor, les pidió ser acogido con su hermano para no separarse de él.
Ambos tuvieron una familia desde el primer día.
Por estos padres y madres, dio gracias hoy en la eucaristía. Y volvió a su sitio andando con mucha dificultad.

     Ed ha muerto en Honolulu, donde hubo que llevarlo porque aquí no había medios para atenderlo en su fase final, pero pidió ser traído a Molokai después de su muerte y aquí descansa en paz desde hoy.
     El Padre Damián enterró más o menos unas 2.500 personas a lo largo de los 16 años que estuvo aquí. Detrás de cada una de esas personas, hay una historia a cual más impresionante, que permite palpar la grandeza y también la miseria del ser humano.
     En todos los casos es indescriptible a qué niveles pudo llegar el dolor de todo tipo que esta enfermedad llevaba consigo.
     Yo pensaba hoy en el sufrimiento de los padres de John y de Ed, que perdieron a sus dos hijos al mismo tiempo, en el dolor de esos niños al dejar a sus padres y hermanos, en lo que tiene que suponer sentirse rechazado por la sociedad y producir horror a tu paso…
     Junto a todo eso, hay quien es capaz de ver a un semejante y acogerlo y ayudarlo… devolverle la dignidad y hacerle sentir que es alguien valioso y no únicamente un portador de una terrible enfermedad.
     Damián De Veuster representa esa posibilidad. Su vida entregada día a día en Molokai, sigue inspirando gestos semejantes en favor de los marginados de hoy.
     Gandhi dijo: “Vale la pena preguntarse cuál es el secreto de semejante heroísmo”.
     Y Damián dejó la pregunta contestada:

     
 

Si no fuera por los largos ratos que
paso ante el Santísimo cada mañana,
no sería capaz de permanecer aquí
ni un minuto, pero con la compañía
de este amigo me siento el misionero
más feliz del mundo.

                            Damián de Veuster

 
     


     Siguiendo con el relato, a la salida de la iglesia fuimos al cementerio.
     Cuando el ataúd estuvo ya en la tumba y empezaron a cubrirlo de tierra, John abrió su billetero, sacó algo blanco, del tamaño de una tarjeta de visita y lo echó sobre el ataúd de su hermano. Me hubiera gustado ver qué era… ¿una fotografía?, ¿tal vez unas palabras de adiós…?
     Sin duda, el vínculo entre estos dos hermanos tuvo que ser fortísimo toda su vida.
Y aunque habíamos llevado nuestra comida, fuimos a comer con ellos al comedor del poblado.
     Un día inolvidable.
     Ed tuvo siempre a su hermano junto a él. Creció con unos padres que no eran los suyos, y en su entierro estuvo acompañado por gente que casualmente pasaba por allí pero que se sintió muy honrada de darle escolta en su último viaje, porque historias como la suya, merecen un profundo respeto.

 

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La obra de la redención no se realiza en el mundo y en el tiempo sin el ministerio de hombres entregados, de hombres que, por su oblación de total caridad humana, realizan el plan de la salvación, de la infinita caridad divina. Esta caridad divina hubiera podido manifestarse por sí sola, salvar directamente. Pero el designio de Dios es distinto; Dios salvará en Cristo a los hombres mediante el servicio de los hombres. El Señor quiso hacer depender la difusión del Evangelio de los obreros del Evangelio. - PABLO VI