7 días de Rosa María Ferreiro

 

En junio de 1969, Rosa María Ferreiro, se licenció en Pedagogía en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fui profesor suyo en III y en IV. Desde entonces le viene la buena costumbre de escribir un bitácora [Cuaderno de bitácora. Libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación, dice el Diccionario]. Religiosa de los Sagrados Corazones, cuya misión es contemplar, vivir y anunciar el Amor de Dios encarnado en Jesús, expresado en el símbolo de su Corazón. «En María vemos la primera discípula que nos precede y acompaña en el seguimiento de Jesús, totalmente identificada con él», ha navegado mucho en su vida. Durante años saliendo del aeropuerto de Roma. Desde hace uno, como Superiora General de su Instituto.
A veces, porque sí, envía a su viejo profesor alguna página de su bitácora. Que lógicamente saboreo golosamente. El 15 de mayo recibí ésta:

    Don Jorge, how are you?
    Le escribo desde Bandung-Indonesia, una parte del mundo que no se parece en nada a lo que yo he visto hasta ahora. La raza, las costumbres, todo te recuerda y hace sentir constantemente la diferencia. Le nombro algunas cosas: para entrar en las habitaciones, hay que dejar el calzado a la puerta, a lo Moisés. En la mesa no hay cuchillo. Los cubiertos son tenedor y cuchara. Con esas dos herramientas te las arreglas para cortar lo que haga falta. El cuerpo es sagrado y se le atiende sin que eso suponga falta de responsabilidad. Por ejemplo, en la universidad hay una sala para dormir, con literas. Todo el que quiere va a tumbarse y dormir un rato y luego continua lo que estaba haciendo. En comunidad es normal que una se vaya a la cama a las 10 de la mañana si tiene sueño, y nadie lo ve mal. En la capilla, después de un rato sentadas, se ponen a estirar los músculos y darse masajes en las piernas, eso sí, de una manera delicadísima, con movimientos suaves y armoniosos, ¡cosas que para nosotros son inconcebibles! Por supuesto no levantan la voz ni pierden la calma ni la sonrisa, les parezca bien o mal lo que estén viendo u oyendo. En fin, que cada día me convenzo más de lo bueno que es salir y ver otros modos de pensar y actuar. Realmente hay muy pocas cosas por las que valga la pena pelear en esta vida. Casi todo es puro convencionalismo y por lo tanto no se debe convertir en un absoluto.
    La oración aquí es muy importante y se le da tiempo largo. Los ritos son también muy importantes y se realizan con toda ceremonia. Ayer empezamos el Capítulo de Asía en la capilla. Después de un canto y unas lecturas, salimos en procesión hacia la sala capitular, que está al otro lado del patio-jardín. Hay un caminito con baldosas y a los lados hierba y flores. Iniciaban la procesión dos indias que iban danzando por el camino al compás de una música de esas de clin clin en las que se oye cada sonido por separado. Seguía yo, detrás de ellas, con un cirio encendido que me entregaron con toda reverencia y detrás de mí, en dos filas, las capitulares. La danza de las dos indias era preciosa por la armonía de sus movimientos. Hacían todo tipo de piruetas, lo mismo tocaban la rodilla con la frente que levantaban un brazo al cielo, que hacían maravillas con los chales que llevaban. Cada veinte piruetas daban un paso adelante, con lo que la procesión era más lenta que las de Sevilla. Con toda esta introducción voy a lo que viene ahora para que se ría un poco con mis desdichas: En un punto del recorrido en el que me pareció que las dos bienaventuradas indias hicieron más piruetas que nunca, vi un ratón a medio metro de mi pie en la hierba, al borde del caminito. No hay nada en el mundo que me horrorice más. ¡Creí que se me salía el corazón por la boca! Yo allí clavada sin poder desaparecer y las indias danza que te danzarás, en punto muerto, sin avanzar. Creo que nadie más lo vio porque nadie se movió ni nadie ha comentado nada. Fue una tortura tener que estar allí sin poder moverme, con el cirio en alto. Para colmo, en ese trance y supongo que del susto, se me cayó un buen chorro de cera que me abrasó los dedos. El ratón se fue por fin hacia la hierba y yo no veía el momento de que aquella danza terminara y llegáramos, por fin, a la sala. Estas son las aventuras de esta pobre general que no puede con un ratón pero que no ha perdido el sentido del humor en medio de este contratiempo. Ahora están en un trabajo de grupo y me he venido a ver el correo. De paso, descanso un poco del inglés, que me supone un esfuerzo de concentración grande escucharlo atentamente ya que no lo domino ni mucho menos.
    Que siga bien. Ya próxima la Ascensión, habrá que sacar de la memoria los versos de uno de mis poetas preferidos: "Y dejas, Pastor santo...".
    Feliz fiesta y rece por mí, por favor, cuando se acuerde.

Rosa ss.cc.

Le contesté enviándole la poesía de Fray Luis de León para que la tuviera a mano para la fiesta de la Ascensión, y le pedí que escribiera «7 días» para publicarlos como hoja vocacional del mes de agosto.
Los recibí el 31 de mayo como felicitación por mis LV de ordenación sacerdotal. ¡Qué regalo! «Al ritmo que vivo, imposible pensar en escribir expresamente algo ahora. No siempre, ni mucho menos, escribo en mi bitácora, pero, entre lo que tengo, he escogido estas páginas. No están escritas con intención alguna, sino buenamente como me brotaron en su momento. Haga con ellas lo que le parezca, incluso echarlas a la papelera». Peccato!
Repito: «Bastantes hojas vocacionales transcriben "7 días de…". Porque para saber qué es la vocación religiosa, un buen método –quizá el mejor– es ver cómo la viven los religiosos. No sólo para saber, sino para oír la llamada del Señor. ¿No decía Bergson que hay existencias que son una llamada?».

JSV
     

Una cerveza

     Estoy en el aeropuerto de Atlanta, camino de Roma. Tengo por delante 8h. de espera en tránsito. Anoche, de despedida, cené con la profesora que me ha ayudado a estudiar un rato cada día, durante el curso intensivo de inglés que acabo de hacer.
     Mientras nos traían la cena, yo pedí una cerveza y ella una fanta. Al irse el camarero, me dijo, con la mayor naturalidad: Yo soy alcohólica.
      En ese momento hubiera querido desaparecer pero eché mano de la misma naturalidad con la que se había situado ella y le dije que si quería hablar del tema, para mí sería un regalo escucharla. No tenía ninguna necesidad de haberme dicho nada así que interpreté que tal vez quería hablar. Ella sabía que yo era monja.
      ¡Qué vida! Dos veces fue violada: la primera en su infancia, por su abuelo, y la segunda muchos años después en un hotel de lujo.
      Se escapó de casa a los 15 años, con un hombre de más de 30 que bebía y la enseñó a hacer lo mismo. De buena situación económica, viajaron mucho y vivieron en Estados Unidos algunos años.
      De resultas del alcohol y las palizas, tuvo varios abortos, sin lograr nunca tener un hijo, hasta que decidió escapar nuevamente. Volver a su país y a su familia, que gozaba de muy buena reputación, era impensable así que encontró otro compañero que la puso a pasar modelos en una boutique, dado el estupendo físico que ella tenía. También a esta explotación logró ponerle fin. Un día en el que después de dar tumbos por la vida le quedaban 100$ por todo capital, decidió comprar una tienda de campaña y allí se metió a vivir sola, en un descampado, con el cielo arriba y la tierra abajo. Eran los años 70…
      Siguió contándome episodios mientras yo no sabía qué hacer con la cerveza que tenía delante de mí…
      Por suerte, y después de haber intentado quitarse la vida, fue a parar a ‘Alcohólicos anónimos’ y lleva 20 años sobria.
      Lo impresionante del relato es que en un momento dado me dijo: “Dios siempre me ha cuidado y me fue preparando para confiarme la misión que ahora tengo”. La cara que puse al oírle decir que Dios la había cuidado, debió ser un poema porque se echó a reír con todas sus ganas.
      En la actualidad trabaja como intérprete del Estado en los tribunales traduciendo a los inmigrantes que tienen problemas con la Justicia y a los que están en los hospitales.
      Qué testimonio de fe la convicción con la que me decía que su ‘curriculum vitae’ la había preparado para entender y poder ayudar a estas personas… Hoy es una mujer enferma, de resultas del alcohol, pero feliz. Vive sola, con su teléfono móvil conectado las 24h. por si algún emigrante necesita que acuda en su ayuda… Sabe que no puede probar una gota de alcohol y se propone cada mañana hacerlo: “por hoy, nada más que por hoy”.
      Al despedirnos me dio las gracias por la escucha y la acogida.
      Me martilleaban los oídos las palabras de Jesús: “Os precederán en el Reino de los cielos”… y pensaba que, desde luego, a mí me precederá cualquiera…


Te basta mi gracia

     Ando por Chile, metida en el duro invierno de esta parte del mundo. Hace un frío de 0º y no hay calefacción por lo que llevo encima más capas de ropa que una cebolla.
      Este país tiene unos paisajes preciosos. Desde todos los sitios se ve la cordillera de los Andes, que es imponente. El Pacífico tampoco es cualquier cosa…
      Además de las naturales, hay otras bellezas que contemplar cada día.
      Estoy desde el lunes viajando en camiones por caminos de tierra, tragando polvo en compañía de perros, gallinas, cabras y demás vivientes, tratando de entender que Dios viera que todo era bueno...
      Hoy, en la capillita de un pueblín, después de la misa la gente pobrísima sacó lo que llevaba y allí mismo comimos sentados en los bancos. Algunos habían venido de lejos, a pie, a pesar de la lluvia y del frío…
      Nuestra comunidad vive en el pueblo, y desde allí atiende con el cura 41 capillas, es decir, estos pequeños poblados dispersos por el campo y a los que llegan una vez al mes...
      En el pueblo las hermanas llevan tres hogares para niños del campo, que están internos de lunes a viernes para ir a la escuela, y un hogar de niños abandonados. En los últimos 25 años han dado 200 en adopción... Me enseñaban anoche, que estuve en uno de los hogares, a una niña que tiene ahora 2 años y que la encontraron recién nacida, metida en una caja, cerca de nuestra casa. Las experiencias que estoy viviendo son duras por lo que uno ve de miseria humana pero también permiten contemplar la mucha grandeza que hay en quienes echan una mano.
      Para gozar de todo esto, me limita mucho el miedo a los bichos. Esto de ser de ciudad es un atraso a la hora de estar con los más pobres... ¡Toda una meditación! Estoy como Pablo, pidiendo al Señor que se me quite este miedo pero la respuesta es: “Te basta mi gracia”, así que tengo que vivir con este aguijón bastante molesto y humillante…
      Recuerdo que el P. Damián decía, cuando salía a visitar las cabañas de los leprosos moribundos: “Voy a pasar miedo y a dar valor”. Algo así me pasa a mí a veces… sin ánimo de compararme con él.
      Allí donde haya una hermana, es importante llegar para expresarle el agradecimiento de la Congregación por estar haciendo presente, en ese lugar, el Amor del Corazón de nuestro Dios.

 

Samaritanos de hoy

     A las 6 de la mañana de este día, 2 de febrero, aniversario de mi profesión, salgo para Calcuta. Me habita un fuerte sentimiento de resistencia ante el miedo a encontrarme con ratas y, al tiempo, de vergüenza y malestar por tener tan poco espíritu misionero.
      Llegué a Calcuta a las 3’30 de la madrugada. Me esperaban dos hermanas. Tras una hora de carretera, llegamos a casa. Al bajar del coche me dijeron: ¡Cuidado! y es que el suelo estaba lleno de gente durmiendo en la calle por encima de la que tuve que saltar…
      Me acosté y aún no me había dormido cuando de repente empecé a oír por un altavoz, a toda potencia: “Alá, aaaaaaaaaa, aaaaaaaaaaaaa” armoniosa melodía orante que me impresionó hondamente. El imán invoca a Alá al primer rayo de luz. Se iba oyendo después, cada vez más lejos, el rezo de los imanes de las otras mezquitas… Este barrio de la ciudad es enteramente musulmán. Las hermanas con su cercanía, respeto y solidaridad han ido venciendo la resistencia de la gente y se han ganado su confianza.
      En el desayuno saludé a nuestras hermanas indias, que no conocía. Luego salimos a visitar la casa y las obras de la Madre Teresa, lugares en los que colaboran nuestras hermanas.
      Ir por las calles de Calcuta es una experiencia terrible. Aquello es un hervidero de gente que circula en todas direcciones y se lava, come, duerme, juega, vive y muere a pública subasta. Aunque quería decir “esto es un infierno”, algo dentro de mí me decía: “Es terrible pero no es un infierno”.
      Hemos ido a misa a Daya Dan, asilo para niños ciegos, paralíticos cerebrales, deficientes de todo tipo… Ver a los jóvenes voluntarios sentados en el suelo, en torno al altar, cada uno con un niño en brazos, criaturas ciegas, deformes, babeando… a las que eran capaces de abrazar y acariciar ¡era ver la Eucaristía en acción!
      Al terminar la misa y ver a un chico alemán recoger del suelo a un niño deficiente, tomándolo en brazos con toda delicadeza, he tenido la sensación de estar viendo el amor de Dios nuevamente encarnado en nuestro mundo y no he podido contener la emoción durante un largo rato. Humildemente he rezado: “Señor, desde la experiencia de mi limitación, me pongo en tus manos confiando en que Tú me darás tu gracia para vivir cada momento de estos días sabiéndome enviada aquí por ti para ser cauce de tu ternura y de tu misericordia”.
      Por la tarde he visitado la residencia que tienen nuestras hermanas para ayudar a estudiar a hijas de leprosos. La tal residencia consiste en dos pisos: una sala con 20 camas una junto a otra, sin ventanas y con unos respiraderos en la parte alta de la pared por toda ventilación, ¡con las temperaturas de Calcuta! que ocupa todo el segundo piso, y en el primero, un oratorio, una minicocina, un comedor multiusos y una pequeñísima habitación para las dos hermanas que están con ellas.
      He pasado un buen rato con las jóvenes. Habían preparado una oración y luego una fiestecita. Yo les he invitado a un helado. Ser hija de leproso y cristiana, es tener un futuro imposible o muy negro en una sociedad de castas que asigna a estas categorías el último lugar.
      Al volver para casa ya de noche, he visto a lo largo de la acera a un anciano tumbado, sin una pierna y con su muleta al lado, a una mujer con cinco niños pequeños acurrucados a su alrededor, a gente desnutrida, olvidada del mundo… a tantos y tantos que no voy a poder olvidar en mi vida. ¿Cómo ha podido nuestro mundo llegar a esto? ¿Cómo consentimos este horror?
      Mi admiración por la obra de la Madre Teresa y por mis hermanas es ilimitada. Al menos ellas y los voluntarios, samaritanos anónimos en esta ciudad de contrastes, se desviven por llegar a todos los que pueden...

Si no fuera por los largos ratos que paso ante el Santísimo cada mañana, no sería capaz de permanecer aquí ni un minuto, pero con la compañía de este amigo me siento el misionero más feliz del mundo.
                                        Damián de Veuster

 

Peregrinación

     Salimos de Honolulu a las 6'30 de la mañana, hora de la misa de comunidad, domingos incluidos.
      A las 8 ya estábamos volando en una avioneta de 9 plazas.
      En media hora justa llegamos a Molokai, exactamente a la península de Kalaupapa, que es la parte de la isla que se reservó para los leprosos por ser imposible salir de ella.
      Pisé Molokai con la emoción de estar en “un santuario ss.cc.”. Nos esperaba un leproso – R. – con una furgoneta para llevarnos a hacer el recorrido de la isla. Es el Sheriff. ¡Existen!
      Le saludamos estrechándole la mano, cosa que no me costó en absoluto. Las heridas por lo general están cicatrizadas. Él llevaba un par de parches en un brazo y un pie vendado pero las manos estaban bien... ¡dejando a un lado que le faltaba la última falange de todos los dedos!
      Cuando estuve por primera vez hace 3 años nos enseñó la isla el Father Joseph, un belga de la Congregación que lleva allí buena parte de su vida pero que ahora está con cáncer y sale muy poco de la casa. Él pidió al Sheriff que nos acompañara.
      Mientras nos enseñaba la isla, R. nos contó que quedan 36 leprosos, el más joven de 67 años. Recuerdo que hace 3 años había 47...
      La isla está desierta y en estado natural. El gobierno la quiere explotar como parque nacional cuando desaparezcan los leprosos que aún viven aquí por su voluntad. La ley que les recluía en Molokai ya no existe porque las medicinas quitan el contagio pero ellos, por su deformidad, se sienten más a gusto solos en este sitio.
      Describir la belleza de la isla es imposible. Es un paraíso, lleno de árboles de todo tipo, sin más signo de civilización que las tumbas cubiertas de hierba.
      Las casas de los leprosos están todas juntas, y luego ya no se ve nada más que campo con una vegetación exuberante. De vez en cuando algún jabalí o algún ciervo... y la mar océana, que diría Colón, por todos los lados.
      Llegamos a Kalawao, rincón donde vivió el P. Damián y donde construyó el poblado en el que tuvo de 800 a 1000 leprosos casi siempre. Uno se pregunta cómo se las arreglaría para darles de comer cada día...
      Sólo queda la iglesia que él construyó con sus manos –Santa Filomena– y su tumba al lado de la iglesia, que tiene ahora su mano derecha porque el cuerpo se trasladó a Lovaina (Bélgica) en 1939.
      Está a la orilla del mar... donde los barcos tiraban al agua a los leprosos que tenían que arreglárselas para trepar por los acantilados... si no les pillaba antes un tiburón... y si sabían nadar lo suficiente...
      ¿Cómo puede existir tanta crueldad? Yo llego a entender que ante una enfermedad tan horrible y mortal, decidieran confinarlos en un lugar del que es imposible escapar pero que les tiraran al mar, sin acercarlos a la orilla, no me entra en la cabeza.
      El poblado del P. Damián era de madera y por higiene y descuido, desapareció con el tiempo y sólo queda la iglesia. La Congregación siempre la ha cuidado y parece recién hecha.
      Comimos mirando al mar y luego tuvimos un rato libre. Yo me fui a contemplar los acantilados y a pensar en la soledad de Damián. Meterse allí con 33 años para no volver a salir en su vida... sin teléfono, sin cartas, sin radio... Los barcos a veces tardaban meses en llegar porque en invierno el océano se pone bravo y no se puede navegar... sin una sola distracción... sin nadie de su nivel... y con un panorama tan terrible delante. En una carta dice a sus padres: “Denme alguna noticia, por Dios. Hace 3 años que no sé nada de ustedes. ¿Viven los dos o el Señor se los ha llevado?” .
      Comprendo que Gandhi se preguntara de dónde sacó fuerza Damián...
      Él dice en una carta: “Si no fuera por los largos ratos que paso ante el Santísimo cada mañana, no sería capaz de permanecer aquí ni un minuto, pero con la compañía de este amigo me siento el misionero más feliz del mundo”.
      Cuanto más pasa el tiempo, más le admiro y más me conmueve su testimonio. ¡Qué gigante!
      En santa Filomena recé un buen rato. Llevaba el corazón lleno de nombres...
      Después fuimos a la casa del Father Joseph, a estar con él. Nos dijo, con la mayor naturalidad, que él el año que viene ya no estará... y así será porque sólo tiene piel y huesos... Nos puso un video muy bonito de la isla y de la vida de los leprosos.
      A las 4 celebramos la Eucaristía en otra capilla, San Francisco, construida por un hermano francés que estuvo en la isla después del P. Damián. Tocamos la campana y vinieron cuatro leprosos.
      A la salida, uno de ellos, P., nos ofreció llevarnos en su furgoneta a ver rincones especiales de la isla. Aceptamos encantados. El Fr. Joseph se quedó en casa descansando. P. no tenía más dedos que los dos pulgares y con ellos se las arreglaba para sujetar el volante.
      Nos contó mientras conducía, que enfermó a los 15 años, en el año 41, y el bacilo se descubrió en el 46. En esos años perdió los dedos. Eran 10 hermanos pero sólo enfermó él... no sabe cómo... Lo separaron de su familia ¡y a Molokai!
      Nos llevó a ver el cráter del volcán ¡impresionante! Vimos también la acequia y la traída de aguas que construyó Damián.
      En una playita preciosa, sobre una arena blanquísima, había dos focas monje, especie protegida propia de estas islas. ¡Dios se lució especialmente en Hawai!
      Y vuelta para Honolulu a las 6 de la tarde en la misma avioneta.
      Comentábamos todos que no hubiéramos superado ni las primeras noches que Damián durmió a la intemperie, debajo de un árbol –pandanus– hasta que se construyó una choza...
      Vivió en este lugar 16 años, en el más absoluto aislamiento...
      Hay hermanos y hermanas voluntarios para reemplazar al Father Joseph así que el año próximo empezará una comunidad que acompañará a los leprosos y atenderá también el pueblo que hay en la parte alta de la isla. Será una alegría grande para toda la Congregación.


Los maestros

     Estoy de nuevo en Quito y mañana salgo para S. D., zona de misión en el interior del país en la que tenemos tres comunidades en tres poblados diferentes. El viaje de ayer de S. a G. para coger el avión de vuelta a Quito fue una aventura. Las hermanas no tienen coche así que alquilaron un taxi para llevarnos.
     En el parabrisas, debido a una pedrada, había un agujero del que partían todos los radios de la circunferencia. No había cinturón de seguridad. El marcador de velocidad no tenía aguja así que fuimos «a ojo» las dos horas y media que duró el viaje. La puerta del maletero se sujetaba con una cuerda. El taxista, con buen humor, decía que la carretera era de primera porque no se podía meter la segunda. A pesar de todas esas circunstancias iba como una bala, tan contento, mientras yo me encomendaba a toda la corte celestial.
     En G., en cambio, nos metieron en un avión nuevo, que venía medio vacío de las Islas Galápagos y que hizo escala para cogernos a unos 15 que estábamos allí, así que llegamos en media hora a Quito, con toda felicidad en cuanto a confort, pero con sentimientos muy encontrados en el corazón. Pasar, de repente, de la pobreza al lujo del turismo de alto nivel es una experiencia que sacude...
     Hoy he estado en el colegio del centro. El edificio del año 1560, fue construido para universidad por los españoles y es patrimonio nacional. Hay un turno de mañana y otro de tarde. El de mañana es de niñas con recursos económicos y el de tarde de trabajadoras pero en las mismas aulas y con los mismos profesores. No hay ninguna diferencia en cuanto a nivel de enseñanza y medios pedagógicos disponibles.
     Los sábados hay 23 especialidades de capacitación profesional rápida para jóvenes: panadería, costura, peluquería... etc. Una obra social preciosa.
     Hablando con los profesores del colegio, uno me dijo: «Los padres de estos niños están en su país. El colegio se nos ha convertido en un asilo de niños huérfanos y tenemos que hacer de padres…». Yo pensaba que eso y no otra cosa es ser un buen educador, pero en el caso de este país, los maestros tienen que hacer de padres por la fuerza de los hechos. Cuántas veces en la vida la necesidad de los demás nos hace ir más allá de lo que inicialmente nos habíamos planteado…
     Desde Europa vemos una cara de la emigración pero en América Latina se ve la otra y es tanto o más dramática. Los maestros están teniendo una contribución importantísima a este grave problema del país siendo referencia para muchos niños sin padres.


Ayudar a vivir

     Mis hermanas de México me han pedido que vaya unos días antes de empezar la visita y les dé el retiro de este año. He aceptado.
     La disposición que ellas tenían era excelente y el Señor hizo su trabajo. Estoy contenta. Para mí ha sido muy enriquecedor acompañarlas y disponer de un tiempo de oración intensa para mí también. El lugar de lo más pobre: un convento de clarisas sencillas y acogedoras. Cada una teníamos nuestro cuarto con una cama y una cruz de palo. Ni mesa, ni silla, ni percha, ni espejo, ni nada de nada... Los baños fuera y comunes pero nos arreglamos bien. Las condiciones de campo, silencio y un oratorio sólo para nosotras, fueron una buena ayuda. El último día saludamos a las monjas y les di a cada una una estampa del desposorio de san Francisco con la pobreza, que había comprado en mi última visita a Asís. ¡Con qué poco se puede hacer feliz a la gente!
     Ahora estamos ya en la visita. Llevo dos días en N., una comunidad misionera que es un regalo ver de cerca. Son tres hermanas y atienden, con el párroco, veinte capillas que recorren a pie y que distan unas de otras entre 8 y 10 km. Están bien organizadas para llegar a todas al menos una vez al mes.
     Esta tarde les he acompañado a visitar una. Saludé al anciano que se encarga de tocar la campana para reunir a la gente y rezar el rosario cada día a las 5 de la tarde…
     No he podido por menos de pensar en nuestras ciudades, llenas de iglesias sin un alma… ¿Qué nos pasa? ¿Cómo transmitir mi fe y mi convencimiento gozoso de que somos seres «vinculados», «referidos», que existimos y vivimos porque somos nombrados por Alguien que nos amó primero?
     Por la noche hemos tenido una oración en comunidad en la que hemos compartido la vida. Algunas ideas que han salido, valen la pena:
     Nos complicamos la vida cuando en realidad, es muy sencilla.
     Si nos planteamos ‘ser regalo’ para los que viven a nuestro alrededor, alguien saldrá ganando y nosotros habremos encontrado un sentido a la vida... porque Él habló de vasos de agua, de visitas a la gente, de lavar los pies al de al lado… y aseguró que si hacíamos estas cosas seríamos dichosos, porque vivir es ayudar a vivir.
     No se trata de pactar con la mediocridad sino de implicarse en lo que nos es posible hacer. A cada día le basta con lo suyo, nos dijo Jesús. Si enfrentamos el arreglo del mundo, acabaremos cruzándonos de brazos porque no es posible para uno solo o para unos pocos… y es que las medidas humanas se toman con los pies o a palmos. Con eso podemos... Con más no.
     Los 30 años de Jesús en Nazaret no han podido ser insignificantes…


Vacaciones en familia

     Ayer a las 11 llegué a Barajas y de allí seguí a S. en el autobús.
     El viaje muy bueno. La contemplación del paisaje me ayudó a prepararme para el encuentro con la familia. A las 8 estaba en casa. Abrazos, alegría del encuentro... En la cena éramos 16, cifra fácil de conseguir en mi familia por cualquier motivo. Una delicia por la que di gracias a Dios desde el fondo de mi corazón.
     Esta mañana me desperté a las 9 y he ido a misa a la iglesia en la que fui bautizada. Me gusta ir cada año. El evangelio de la compasión del Señor ante la gente que le seguía, como ovejas sin pastor, me ha hecho pensar en la urgencia de evangelizar. En la cena de anoche había salido el tema religioso y me contaron muchas anécdotas del proceso de descristianización tremendo que se está dando en España.
     Puesto que la gente no va a la Iglesia, tal vez la escuela, lugar por el que pasa todo el mundo, haya que cuidarla mucho más ahora que antes y no abandonarla... Esta idea me está dando muchas vueltas en la cabeza últimamente.
     El sol salía y se ocultaba así que en lugar de ir a la playa, después de comer estuvimos viendo en mi ordenador las fotos que yo tengo de la familia... M. se emocionó a la vista de las fotos de papá, mamá y L.
     Como la tarde ha quedado buena, hemos ido a dar un paseo por la orilla del mar. En los ratos de silencio, ante tanta belleza he rezado:

            Señor, dame un corazón grande,
            limpio como el océano inmenso;
            un corazón en el que toda impureza
            se disuelva y transforme en vida nueva.
            Un corazón que refleje tu bondad,
            como tiñe el cielo de azul intenso
            el mar al reflejarse en él…

 

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La obra de la redención no se realiza en el mundo y en el tiempo sin el ministerio de hombres entregados, de hombres que, por su oblación de total caridad humana, realizan el plan de la salvación, de la infinita caridad divina. Esta caridad divina hubiera podido manifestarse por sí sola, salvar directamente. Pero el designio de Dios es distinto; Dios salvará en Cristo a los hombres mediante el servicio de los hombres. El Señor quiso hacer depender la difusión del Evangelio de los obreros del Evangelio.
- PABLO VI