Siete días de un vicario parroquial
 

Bastantes hojas vocacionales transcriben «7 días de…». Porque para saber qué es la vocación sacerdotal, un buen método –quizá el mejor– es ver cómo la viven los sacerdotes.
No sólo para saber, sino para oír la llamada del Señor. ¿No decía Bergson que hay existencias que son una llamada?
«No necesitamos dinero (tendremos que ser más humildes, austeros y realistas en nuestros proyectos); lo que necesitamos es gente; no gente generosa que dé un donativo, sino gente más generosa aún que se dé a sí misma. ¡Cuántos donativos hubiera cambiado por un solo cura que nos hubiera echado una mano a tiempo!», escribía el misionero Carlos Comendador.
7 días de un coadjutor, argentino. Los primeros. No sólo para que no se le queden cosas en el tintero.

JSV
     

     Para compartir quizá no es mucho aunque nuestro Padre hizo en 7 días la creación. Seguramente me quedarán cosas en el tintero. Creo que doy más bien flashes, instantes, miradas. Cierto día descubrí un tipo de poesía japonesa, el haiku. En 17 sílabas decir todo y nada, “eso que está sucediendo en ese instante” lo van a definir. Por ejemplo, uno que a mí me gusta mucho dice: “Este camino/ ya nadie lo recorre/ salvo el crepúsculo”. Estos 7 días quieren ser una especie de haiku, de breve develamiento de algo que me supera porque es la vida en diálogo con un Jesús que se presenta tan cotidiano como insondable. Según la “Pastores dabo vobis” la espiritualidad del sacerdote diocesano es la “caridad pastoral”. La estoy buscando, buscando qué significa. Hago un esbozo de mi búsqueda.

 

Domingo

     Qué día el domingo para una parroquia de barrio. Misteriosamente la gente acude al sonido de las campanas. La misa, el sacrificio “de una vez y para siempre” de Jesús, el hoy eterno que acontece ante la mirada distraída de algunos, ante el fervor religioso de otros, las señoras (que no faltarán nunca), la mirada comprometida de quienes son miembros activos de la comunidad, agentes de pastoral, catequistas, los chicos del coro, etc. Sin clases sociales, sin psicodiagnósticos que descubran posibles desequilibrios en la salud mental. En realidad todos, también el cura, necesitados. Nos encontramos allí, donde Él nos reúne, en su Nombre.
     Y en su nombre hablar. O mejor dicho, dejar que él hable, que su Palabra manifieste su presencia. Alguien dijo que la homilía no es un sermón moral, una “bajada de línea” para retar a las personas, que tenía más que ver con la celebración de la vida, la iluminación de los corazones y el consuelo dado a un pueblo afligido y buscador… pero siempre faltan palabras, siempre me siento pobre comunicador. “Padre, que linda su homilía…” no sé, con solo 5 años de sacerdote, doy con alegría lo que puedo dar.
     Y mucho más misterio: ese pan y ese vino. ¿Qué hago yo detrás del altar elevando, ofreciendo al mismo Señor? No es el discurso del pecador que se siente indigno, eso ya es sabido. Es que uno se para en el borde de un abismo, en la frontera entre la fe y la razón, la gente se arrodilla, venerando lo que mis palabras, dichas en nombre de Cristo, realizan. Mi cáliz es rojo, regalo de ordenación. Lo elegí yo, por el color que recuerda la sangre, por el color del corazón. Cáliz que late y bombea la sangre de Jesús a la Iglesia que es su cuerpo. No, no me voy a acostumbrar, espero, a este desborde incomprensible de misterio.

Lunes

     El lunes es mi día libre. A los curas nos hace falta este día libre, de despeje, de recreación. Como cura diocesano, tengo mi familia dentro de la diócesis así que me voy a visitarlos, un poco de Mamá y Papá. La gente me dice “Padre”, sólo ellos me dicen “hijo”. Tomamos mate y charlamos.
     A veces visito algún amigo, voy a un taller de arte en casa de un artista amigo: juego de luz y de color y también búsqueda espiritual. Tengo dos espacios no eclesiales en los que también despliego mi espiritualidad. Uno es el arte y tengo, creo yo, el pecado de no darle el lugar que se merece. El otro es el “aikido” o camino de armonía con la naturaleza: un arte marcial no violento aunque intenso. Muchos dan un lugar al deporte. Creo que el cuerpo es templo y expresión del espíritu, descuidarlo es descuidar una dimensión importante. Comunicamos con el cuerpo.
     En la liturgia decimos tanto, o desdecimos tanto. Los signos hablan y nos reclaman un cierto cuidado ya que, como sacerdotes, estamos en la danza de lo sagrado. Manifestación de lo Divino en carne y signos humanos. “Esto es mi cuerpo y mi sangre”. Es que el cuerpo es el instrumento del servicio.

Martes

     A la mañana, cada mañana, el Encuentro, como puedo, más o menos dormido, lo cierto es que Él tiene la iniciativa; el Encuentro. Hay veces que su Palabra dice, alumbra y otras, calla y me invita al amor callado. Siempre tengo la duda de si rezo bien, ¿pero qué es ‘rezar bien’? Jesús me mira desde un icono, desde un detalle del rostro de un icono ruso. Y yo lo miro. Nos miramos. No sé si rezo bien. El Padre Claudio, el párroco, me espera para las Laudes, 7:30.
     Esa señora que había ido a ver está muy grave. Me piden que vaya de nuevo, que de nuevo le dé la unción de los enfermos. Voy. Está muriendo, tiene la mirada opaca, le doy la unción y pido interiormente a Dios que la tome. Me queda su imagen todo el día. También me había quedado la imagen de los chiquitos que bauticé el sábado pasado. Ocho bebés, ocho vidas, con la mirada brillante. Así, la vida y la muerte, nos toca bienvenir y despedir.

Miércoles

     Cada día es incierto, no hay un programa fijo. Este muchacho que vino a verme, no sé, no comprendo del todo qué busca. Es algo complicado cuando te piden guiar, acompañar espiritualmente. Nadie lleva a alguien por un camino que no haya recorrido primero. Yo estuve allí. Pero no es fácil, aunque, un momento, es el Espíritu el Maestro interior, busquemos juntos entonces la voz o el susurro del Espíritu.
     Y los dos chicos que se casan el sábado. Qué aventura la que emprenden y qué contentos, qué nerviosos. Qué les puedo decir… se van a abrazar para toda la vida, un abrazo interminable, enamorado. Y se convierten en la misteriosa puerta de la vida, por la cual entra al mundo un nuevo ser. No se van a arrepentir de hacer visible el amor, tan invisible últimamente entre nosotros.
     Por la noche leo a Rabrindanath Tagore, hindú, poeta, me pregunto lo mismo que él: “¿Por qué se sentó a mi puerta con el alba? Cada vez que entro o salgo tengo que pasar a su lado y mis ojos, cada vez, se prenden en sus ojos. No sé si hablarle o no. ¿Por qué se sentó a mi puerta? Qué negra la noche nublada de julio. Qué suave el azul del cielo en otoño. Los días de la primavera, qué inquietos en el viento del sur… las canciones que él canta tienen, cada vez, una melodía. Y se me nublan los ojos, y tengo que dejar mi trabajo… ¿por qué se sentó a mi puerta?”.

Jueves

     Salir apurado a cubrir a un cura amigo en apuros. No puede ejercer el ministerio por problemas de salud. Mientras tanto, su parroquia necesita misas, atención, hay gente que precisa un oído, una palabra, tal vez alguien que ayude a la certeza de un Dios Padre que no abandona. Durante este mes lo reemplazo. Ver otra gente, otros rostros, otra fisonomía comunitaria. Cada comunidad tiene su perfil, su espíritu. “—¿Qué hacemos padre? —Hagamos como hacen siempre, la parroquia no es del cura, es del Pueblo de Dios…”.
     El sacramento de la reconciliación. Escucho, me cuentan, me confían sus cosas. El 11 de febrero fue Ntra. Sra. de Lourdes. En nuestra diócesis está el santuario, es la patrona diocesana. Es un lugar de peregrinación importante, gente y gente. Fui a estar unas horas en el confesionario. ¡Tantas historias!, y tanta misericordia y, por su puesto, tanta santidad. Ser sacerdote para la gente, siendo piedra de toque para la gracia y anhelando tal vez, que esa gracia que “pasa” a través mío, deje algo en su recorrido también en mí.

Viernes

     Se llama Isabel. Tiene esclerosis múltiple. Su cuerpo no condice con sus ojos. Intenta escribir y le salen garabatos temblorosos e insiste. Quiere escribir su nombre, el abecedario, una letra aunque sea. Es un gran esfuerzo el de su brazo. Pero sus ojos, sus ojos no condicen con su cuerpo. La visito. Siempre está su madre. Para ella Isabel tiene forma de cruz. Para Isabel la cruz asoma en su voz que también se volvió temblorosa. Se cruza de brazos, hablamos y sus ojos, en sus ojos se lee todo lo que quiere escribir.
     Luego está Leocadio, Fortunato, Mónica, Jerónima, Antonia, Elena, Santa, Angélica. “Vengan a mí, los afligidos y agobiados…” y hago caso al Evangelio, voy a ellos y mi aflicción y mi agobio encuentran alivio cuando ellos me reciben.

Sábado

     Parece que la parroquia se puebla el sábado. Hay voces, canciones, reuniones, gente. En cáritas llegan los pobres. De aquí, de allá. Reciben dignidad de ser reconocidos como personas. Quizá debería ser otra cosa, una promoción más integral, menos asistencialista. Pero es lo que se puede, con pocos voluntarios pero mucha voluntad. Los proyectos ideales pueden ir en contra de la realidad. No hay que renunciar a aquellos pero sin desatender esto.
     Los niños son un tema en las parroquias. Tanto ruido, tanta vida, siempre preferidos de Jesús. ¿Entienden lo sagrado? Quizá ellos son más sagrados de lo que yo entiendo.
     Y las catequistas (y por su puesto “los” catequistas aunque son los menos) dan su tiempo y energías porque creen, creen y creen. Qué testimonio para nosotros sacerdotes que no sabemos lo que es cargar con una familia y dar tiempo extra para Dios. Es verdad que dimos todo el tiempo de nuestras vidas, es verdad, pero el testimonio de los laicos debería alentarnos a redoblar la intensidad de nuestra entrega.

Domingo de nuevo

    Las campanas suenan todos los días, pero hoy, el domingo, siempre suenan con otra intensidad de llamado, suenan en el corazón. Toda parroquia es un santuario para los peregrinos, para la gente del barrio. Otra vez las caras, rostros conocidos, expectantes y sedientos de misterio que dé sentido a sus vidas. Hay quienes están solo por cumplir el precepto. Y bueno, yo también hago lo que hago un poco por cumplir, pero no con un precepto sino con un Amor. Transformó mi vida, mi existencia comenzó a girar en torno a él y acá estoy, feliz.
     Yo también escribo haikus, me ayudan a aclarar la mente y quedar en lo esencial…

La voz del viento
Me detengo a escuchar
Tu voz en ella

 

Pablo Antonio Ponce

Dibujos: José María de la Torre
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La obra de la redención no se realiza en el mundo y en el tiempo sin el ministerio de hombres entregados, de hombres que, por su oblación de total caridad humana, realizan el plan de la salvación, de la infinita caridad divina. Esta caridad divina hubiera podido manifestarse por sí sola, salvar directamente. Pero el designio de Dios es distinto; Dios salvará en Cristo a los hombres mediante el servicio de los hombres. El Señor quiso hacer depender la difusión del Evangelio de los obreros del Evangelio. - PABLO VI