Desde Mishikishi Mission, 2

 

 

La vida sigue. Siguen otros siete días desde Mishikishi Mission. Estaría bien, leer antes, repasar los días anteriores: hojas 425 y 426.

     

Día 1

     Ha muerto el Papa. Es la noticia con la que me despierto hoy domingo. Escuchamos la radio mientras desayunamos para recoger detalles. Y se pone a llover con fuerza como no lo había hecho hasta ahora. Es como si la misma naturaleza quisiera estar de luto llorando apenadamente.
     No obstante, y a pesar de la lluvia, tenemos que salir para celebrar el bautismo en dos comunidades. Pero no hay nada que temer. Están cerca de la carretera principal, por lo que no hay posibilidad de atascarse con el coche. Con tranquilidad y un poco de prudencia nos dirigimos a celebrar la vida nueva que estrenan los nuevos cristianos.
     Me sorprendo al ver que la gente sabía de la muerte del Papa. Es una muestra más de nuestro mundo globalizado. Muchos tienen su radio y probablemente escucharon la noticia en la emisora diocesana, que funciona con gran profesionalidad y calidad.
     Sin embargo en la oración de los fieles, cuando todos tienen tiempo y libertad para hacer espontáneamente su oración, nadie, absolutamente nadie, en ninguna de las dos comunidades, pidió por el difunto Papa. Me sorprendió, pues por la mañana escuché que en todo el mundo se oraba y se celebraba la Eucaristía por esta intención. Pero aquí nadie rezó por él.
     Puede que sea por la novedad de la situación, pues tanto para mí como para la mayoría de los presentes el único Papa que prácticamente hemos conocido ha sido Juan Pablo II. Ahora que ha muerto el Papa ¿qué pasa? Quizá había mucho de incertidumbre, de novedad e ignorancia en esos silencios; pero quizás, no me resisto a pensarlo, es que el Papa de Roma está tan lejos para nuestra gente que no se han conmovido profundamente con su muerte. Puede ser ¿por qué no? Suena un poco atrevido, pero puede ser.
     Y yo no veo esa distancia como negativa, sino como la posibilidad y oportunidad de la iglesia local africana para crecer por sí misma sin demasiadas directrices que provienen de otra cultura.

Día 2

     Hemos empezado la segunda visita para controlar el proyecto comunitario que iniciamos en noviembre. Algunos miembros del comité coordinador se hacen presentes para supervisar el campo de cultivo y el libro que registra quiénes vienen a trabajar, así como para hacer algunas preguntas a los líderes de la comunidad.
     Este proyecto comunitario surgió como respuesta a la falta de iniciativa y creatividad de algunos. Los sacerdotes estábamos cansados de que siempre nos estuvieran pidiendo ayuda económica, tanto a nivel personal como comunitario.
     Con este proyecto se ha involucrado a las comunidades que han querido para que cultiven judías. Las ganancias se repartirán dando pequeños porcentajes para el sostenimiento del propio proyecto y la parroquia, quedando el grueso para la propia comunidad. Ellos decidirán en qué y cómo van a invertir su dinero.
     Lo que me sorprende y provoca mi admiración son las cosechas que algunas comunidades han empezado ya a recoger. Con las primeras judías en los sacos, ellos hablan con ilusión de su progreso, su trabajo y cooperación. Ven con sus propios ojos que avanzan y caminan, que lo van haciendo ellos mismos.
     Realmente pienso que otro mundo es posible, y esto no es utopía porque aquí ya han empezado a crearlo.

Día 3

     No sé qué haríamos sin los líderes de la misión que saben inglés. Todos los catequistas y la mayor parte de los miembros de los consejos parroquiales, así como de los responsables de la oración de cada comunidad lo pueden hablar y entender. Es un alivio.
     Cuando tenemos reunión con los responsables de la comunidad ellos están allí. En cualquier otra reunión, cursillo o seminario, nunca fallan. La comunidad habla en su lengua: el bemba. Y después suelen preguntar: “¿ha entendido, padre?”, a lo que hay que responder muchas veces y de manera humilde con un “no”. La mayoría de las ocasiones uno se entera de qué va el asunto, sobre todo si hablan mezclando palabras en inglés. Pero otras veces hay que afinar sobre el tema en discusión o simplemente no se ha entendido nada. Entonces alguno de ellos se ofrece a traducir.
     Desgraciadamente nos hemos llenado de tanto trabajo que no nos sobra tiempo para estudiar la lengua con seriedad y dignidad. Estudiar su lengua se suponía que era una prioridad y ha pasado a ser lo último. Lo que se suponía que era fundamental para un comprometido trabajo pastoral, se olvida, para ponerse a trabajar pastoralmente sin eso que se suponía tan fundamental.
     Es una contradicción existencial que nos lleva a exigir como condición para que alguien asuma un cargo de responsabilidad, la habilidad de conocer el inglés, una lengua que no es la suya, sino la impuesta por la colonización.
     ¿Qué se puede esperar de una pastoral así? Mediocridad y muchos malentendidos, además de un importante déficit teológico. Cristo, el Hijo de Dios, se encarnó asumiendo la condición y debilidad del hombre. Si no encontramos tiempo ni ganas para aprender bien la lengua de nuestra gente no nos encarnamos.

Día 4

      Leo a Paulo Freire. A penas tuve oportunidad de estudiarlo cuando estaba en la Universidad. Ahora siento necesidad de hacerlo y desde el contexto en el que me encuentro lo hago con profundo interés.
     Pero no es fácil. Hay que hacer una interpretación. África no es Latinoamérica y el contexto es diferente. Si tengo que decir la verdad veo un abismo entre uno y otro, aunque el propio Freire dirigió alguna experiencia en el continente negro. No puedo negar que me encuentro perdido en su “pedagogía del oprimido”.
     Sinceramente no encuentro al “opresor”. ¿Quién es? Es claro que nuestra gente es pobre, pero ¿quién les oprime? En Zambia no hay régimen dictatorial, no tenemos un latifundista avaricioso, no hay un capataz que les esclavice. ¿Quién, entonces, le pone rostro al opresor? Sin embargo, nadie puede negar que nuestra gente está oprimida.
     Nuestro “enemigo” (digámoslo así) es ahora más difícilmente identificable. Aunque sabemos que existe. ¿Dónde podemos luchar contra la deuda externa, la corrupción, las multinacionales? ¿Qué hacemos con el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional y sus políticas “de ayudas” esclavizantes?
     Es el neoliberalismo económico sin rostro quien oprime a nuestra gente ¿Cómo se puede liberar el africano de esto, si lo que él quiere es participar de esa carrera liberal de tener más y presumir ante los demás?
     No podemos negar que los signos de los tiempos nos piden hoy mucha audacia a los misioneros.

Día 5

     Se cumplen veinte meses de mi llegada a la misión. Es una fecha redonda que cobra sentido ahora que estoy casi haciendo las maletas para regresar de vacaciones a España por primera vez. Y también es una pequeña oportunidad para mirar hacia atrás y ver lo bueno y lo malo de esta etapa. ¡Es increíble comprobar lo rápido que pasa el tiempo y la cantidad de vivencias acumuladas!
     Si soy sincero conmigo mismo, puedo descubrir que no he aterrizado del todo. Durante casi estos dos años se me va mucho la mente pensando en familia y amigos, en vivencias y trabajos que han formado parte de lo que he sido y he hecho. No quiero decir que si, de vez en cuando, se le va a uno “el santo al cielo” sea malo, pero indica dónde tiene uno el corazón. Te quita pasión y energía para hacer lo que tienes entre manos, para desvivirte en el presente.
     Bíblicamente hablando diría que tengo puesta la mano en el arado zambiano, pero miro mucho hacia atrás sin atreverme a cerrar determinados capítulos.
     Alguien me dijo hace años que la vida es un continuo ejercicio de aprender a despedirse. Yo intentaré ser más aplicado el próximo curso.

Día 6

     Durante diez días antes de la Pascua tuvo lugar una misión juvenil en la parroquia más pobre que tenemos: Musofu. Un nutrido grupo de veintidós jóvenes guiados y coordinados por Juanfran han recorrido y pateado la zona para conocer sus gentes, sus problemas e ilusiones.
     En la comida hemos vuelto a hablar sobre ello recordando el esfuerzo, el trabajo, las carencias materiales y las dificultades de comunicación.
     Hay cansancio pero satisfacción por el trabajo bien hecho.
     Juanfran cuenta lo enriquecedor que ha sido comer durante días con ellos, dormir en el suelo, beber a veces agua sucia, sufrir los mosquitos y caminar juntos.
     A pesar de las limitaciones que tiene el no conocer su lengua, que supone una grandísima dificultad, se ha sentido más unido y cercano con la gente.
     Y volvemos al tema que tantas veces hemos discutido: en la misión hemos creado estructuras, a las que no negamos su condición de ser un avance y un progreso, pero no sabemos qué hacer con ellas.
     Y en esa tensión y contradicción caminamos cada día.

Día 7

     Para nuestra desgracia este año no ha llovido.
     Sufro porque después de iniciar con ilusión ese proyecto comunitario de cultivo de judías, la cosecha no será buena por falta de agua.
     Protesto porque hemos puesto todo nuestro esfuerzo, hemos organizado cursillos, muchas comunidades se han involucrado y el comité ha trabajado ejemplarmente.
     Pero no ha llovido.
     Y esto me cuestiona. La falta de agua me pregunta si no hemos hecho un proyecto confiando demasiado y sólo en nuestras fuerzas, energías e ideas. ¿Dónde cabe Dios en todo ello? ¿Cuál ha sido su papel? ¿Dónde nuestra confianza en Él?
     No ha llovido. Y no creo que haya sido un castigo de Dios por nuestro olvido. Pero me recuerda que hay algo que nunca podremos controlar y que va más allá de nuestro trabajo. Vivir esto es vivir en clave de trascendencia.
     Y una sequía con toda su desgracia, puede convertirse en experiencia de fe.

 

Carlos Comendador Arquero
Saint Luke Mishikishi Mission Parish
P.O.Box 250.073
NDOLA / ZAMBIA

Dibujos: José María de la Torre
428
¿Por qué estoy aquí en la Misión? Sólo Él lo sabe. Pero siempre me acuerdo de aquella frase tan especial para mí: «La vocación es como un itinerario con señales de pista. Cada señal lleva a la señal siguiente, sin saber el término definitivo. Más que un conocimiento del futuro es una correspondencia amorosa». Recuerdo que cuando estaba en el Seminario Menor de Toledo me sentía atraído por los misioneros. Con razonamiento infantil pensaba que eso de ir a tierras lejanas debía de ser algo muy difícil, complicado y heroico. Ahora veo mi itinerario y veo las pistas que me han traído aquí, unas pistas puestas por Dios, como si fuera un juego de rastreo de esos que hacía en los campamentos. No creo que haya sido difícil.- Carlos Comendador