SOBRE SU NOMBRE Y NACIMIENTO
HASTA EL DÍA DE HOY NO ESTÁN
LAS HISTORIAS DE ACUERDO: FUE
DESCONOCIDO Y VULGAR.

CUANTOS LE HABLABAN, LE OLVIDABAN
EN SEGUIDA, PARA QUEDAR
SIN DARSE CUENTA OTRO POCO
MÁS ALEGRES, MÁS EN PAZ.

 QUIÉN NOS LE PINTA ENCERRADO
EN MÍSTICA SOLEDAD;
QUIÉN DICE QUE HABITÓ EN EL RUIDO,
DEJÓ FAMILIA Y GANÓ EL PAN.

SÓLO NOS CONSTA QUE SOLÍA,
AL SALIR DE SU PORTAL,
MIRAR EL COLOR DEL CIELO
Y, TROPEZANDO, SUSPIRAR.

 QUE LE GUSTABA ANDAR DESPACIO,
IR SILBANDO A VER PASAR
LA GENTE, Y TENÍA ALGUNAS
DULCES MANÍAS QUE CULTIVAR.

SIN PENSARLO MUCHO, REZABA
CON COSTUMBRE DE OLVIDO YA,
CONFIABA Y SE DISTRAÍA
EN LA VIDA Y SU ZUMBAR.

MURIÓ, Y DESPERTÓ ASOMBRADO
AL ENCONTRARSE SANTO ALLÁ:
RIEGA MILAGROS PEQUEÑOS
QUE A NADIE DAN NADA QUE HABLAR.

 

JOSUÉ (s. XIII a. C.). El Hexateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué. El único de los seis libros con nombre propio y todo el libro con su nombre. Aunque el verdadero protagonista de este libro no es tanto Josué, cuanto la Tierra prometida, su conquista y reparto entre las tribus. San Josué, deuteragonista, siempre en segundo plano. / Un detalle biográfico: cuando sale el nombre de Josué, siempre aparece así: «Josué, hijo de Nun».Siempre (28 veces he contado), siempre el nombre del hijo pegado al nombre del padre. Y uno piensa con ternura en San Nun. /Otro: «Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven»; «El Señor dijo a Moisés: “Toma a Josué, hijo de Nun, que posee un corazón recto, y pon tus manos sobre él. Delega en él parte de tu autoridad, para que la comunidad israelita le obedezca”». San Josué, ayudante de Moisés, colaborador de Moisés, delegado de Moisés, continuador de la obra de Moisés... Realmente hay santos ejemplares. (1 septiembre)

LOPE (s. VII). Lupus = Lupo = Lobo = Lope. Decir «San Lobo», asusta. La definición del diccionario se presta, claro: «Mamífero carnicero, animal salvaje». Por eso quizá los santorales hablen de San Lupo, que cuando no se sabe latín resulta más suave. Como yo, aparte los versos del de la Vega, conozco un Lope, -que no entiendo por qué no le han hecho obispo-, muy presentable, nada carnicero, por sintonía cardiaca, el primero de septiembre siempre me encomiendo al santo obispo de Sens. Cuentan que tuvo dos tíos maternos obispos (Yo tuve uno, sacerdote. ¡Qué voz la de mi tío!), que le convencieron a dúo para que dijese misa (¿por que hoy seremos tan poco convincentes para que muchos cristianos se convenzan de que Dios necesita de sus manos, de su voz?). Luego, lo de siempre, estando vacía la silla (la sede) de Sens, le obligaron a hacer de buen pastor. La gente del país cuando pensaba en Dios, se lo imaginaba con la cara de Lope. Decían que un día, durante la eucaristía, cayó del cielo una piedra preciosa en el cáliz que Lope tenía en sus manos; que murió en Brienon-sur-Armanon, donde existe todavía una fuente llamada de San Lope. ¡Qué detalles, para contar luminosamente la vida de un santo! (1 septiembre)

INGRID (s. XIII). De la noble familia Elofsdotter, (Ingrid viene del alemán «Ingfridh», que significa «hermosa y amada») acertaron con el nombre. Muy pronto casó con un noble, joven, bueno y rico, que la amó mucho, lamentablemente por poco tiempo. Viuda, hermosa y joven, quiso amar a un Señor que no muere. Para ver claro peregrinó a Tierra Santa, a Roma, a Santiago de Compostela. (Dicen que a los que peregrinan de veras se les alargan los ojos del corazón). Al regresar cumplió el voto que había hecho de consagrarse a Dios, como Diana de Andaló, tras las huellas de Domingo de Guzmán. Murió en Skänninge, priora del monasterio de las dominicas. En su pobre celda encontraron un crucifijo y un pequeño cuadro. El amor a Dios no hace perder la memoria a los que tienen corazón (2 septiembre)

ROCHEFOUCAULD (s. XVIII). De haber sido niña ya tenían el nombre: Ingrid. Pero el 2 de septiembre le nacieron niño. Ni san Zenón, ni los santos Evodio, Hermógenes o Calixto les convencían. Querían un nombre sonoro, un nombre progre. Sugerí: Rochefoucauld. Me miraron extrañados: creían que el autor de las celebérrimas «Sentencias y máximas morales» era una mujer por lo de La Rochefoucauld. No, no me refería yo a Monsieur François La Rochefoucauld, que santa gloria haya, sino a dos hermanos obispos Francisco José y Pedro Luis de la Rochefoucauld, martirizados, el 2 de septiembre de 1792, junto con otros 115 franceses en nombre de la «liberté, égalité, fraternité». [En el Martyrologium romanum, páginas 492 y 493, hay dos amplísimas notas que empiezan con estas palabras: «Quórum nomina:» (cuyos nombres:). Y entre ellos aparecen un Rousseau, un Foucauld, un Gauguin, dos Lefèvre, un Leclercq, incluso un Lope]. Les gustó el nombre. Es que es realmente sonoro, y además polifónico, porque al pronunciarlo, tiene que oírse el eco celestial del grupo de tantos franceses de la France (2 septiembre)

GREGORIO MAGNO (s. VI). Es -con Agustín, Jerónimo y Ambrosio- uno de los cuatro grandes «doctores» de la Iglesia occidental. Prefecto de Roma, renunció para hacerse monje a los 35 años. Pero el papa Pelagio II le nombró su diácono y luego fue su sucesor («siervo de los siervos de Dios», era su título). Renovador de la Iglesia, envió misioneros a Inglaterra, reformó la liturgia, preparó la nueva y difícil etapa «bárbaro-cristiana» (3 septiembre)

FEBE (s. I). Al final de la carta a los Romanos, en el capítulo de las recomendaciones y saludos, antes de aquella magnífica doxología: «Al Dios que tiene poder para consolidaros en la fe según el evangelio que yo anuncio y según la proclamación que hago de Cristo Jesús; al Dios que ha revelado el misterio mantenido en secreto desde la eternidad, pero manifestado ahora por medio de las Escrituras proféticas según la disposición de Dios eterno, y dado a conocer a todas las naciones de modo que respondan a la fe; a ese Dios, el único sabio, sea la gloria por siempre a través de Jesucristo. Amén», antes de saludar a Prisca y Aquila, Epéneto, María, Andrónico y Junias, Ampliato, Urbano, Estaquis, Apeles, Herodión, Narciso, Trifena y Trifosa, Pérsida, Rufo, Asíncrito, Flegón, Hermes, Patrobas, Hermas, Filólogo, Julia, Nereo, Olimpo... (impresionante letanía apostólica de santos), Pablo escribe a los de Roma: «Os recomiendo a nuestra hermana Febe, que está al servicio de la iglesia de Cencreas. Recibidla en el Señor, como corresponde a creyentes, y ayudadla en lo que necesite de vosotros, pues también ella ha favorecido a muchos, entre ellos a mí mismo». Unos la llaman primera diaconisa. Otros dicen que fue precisamente la portadora en propia mano de la carta. Hay incluso quien la emparentó con el Apóstol... Ciertamente fue una empedernida «favorecedora» de los cristianos de su tiempo. ¿Y por qué no del nuestro? (3 septiembre)

ROSALÍA (s. XII). Parece que murió el año 1160. Parece que era de origen griego. Parece que llegó a Sicilia en busca de soledad y silencio. Parece que se alojó en una gruta abandonada, en el monte Pellegrino, a tres kilómetros de Palermo. Lo cierto es que es la patrona de Palermo y que en Sicilia y en muchas partes del mundo ha habido y hay cristianas que se le parecen en la profesión del amor y de la esperanza (4 septiembre)

MOISÉS (s. XIII a. C.). «Hombre de bien, que hallaba gracia a los ojos de todos, amado por Dios y por los hombres, Moisés, cuya memoria está envuelta en bendiciones». «Moisés, recién nacido, fue durante tres meses ocultado por sus padres, pues vieron que el niño era hermoso y no temieron el edicto del rey. Moisés, ya adulto, rehusó ser llamado hijo de una hija de Faraón, prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar el efímero goce del pecado, estimando como riqueza mayor que los tesoros de Egipto el oprobio de Cristo, porque tenía los ojos puestos en la recompensa. Salió de Egipto sin temer la ira del rey; se mantuvo firme como si viera al invisible. Celebró la Pascua e hizo la aspersión de sangre para que el Exterminador no tocase a los primogénitos de Israel, que bajo su guía atravesaron el mar Rojo como por una tierra seca; mientras que los egipcios intentando lo mismo, fueron tragados, y se derrumbaron los muros de Jericó, después de ser rodeados durante siete días» (4 septiembre)

TERESA DE CALCUTA (1910-1997). Gonxha Inés nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje. Sus padres se llamaban Drane y Nikola Bojaxhiu. Ella se describía así: «De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús». Juan Pablo II, con estas palabras: «Pequeña mujer enamorada de Dios, humilde mensajera del Evangelio e infatigable bienhechora de la humanidad». ¡Cómo se reía (de sí misma) cuando en 1979 le dieron el Nóbel de la Paz! Habló poco, hizo mucho, escribió esto: «No creo que en Occidente falten vocaciones. Más bien pienso que hay poca oración en familia» (5 septiembre)

QUINTO (s. i.). En el Martirologio romano sólo figuran 3 santos llamados «Quinto». El Quinto de Abitene, del grupo de cartagineses martirizados en tiempo de Diocleciano (año 304), los que decían: «No podemos vivir sin el domingo» (12 de febrero); el Quinto (del 10 de mayo), martirizado en Roma con su compañero Cuarto (los dos eran de Capua) en el siglo IV; san Cuarto y san Quinto, en este orden se les nombra; y el tercer Quinto, martirizado en Capua no sabemos cuándo (por eso lo de «s. i.»: siglo incierto). Pero sí es cierto que murió mártir, demostrando que lo de «las delicias de Capua» sería mucho antes, en el siglo III antes de Cristo, cuando Aníbal el cartaginés y sus huestes sestearon por allí. Curioso que haya perdurado siglo tras siglo el recuerdo de ese Quinto, cual mártir ácrono. Los que prescinden del reloj y del calendario tendrían que levantar un monumento a san Quinto ácrono, igual que en muchas partes hay un monumento al soldado anónimo (5 septiembre)

ZACARÍAS (s. VI. a. C.). Profeta menor, aunque no tanto. Catorce capítulos, no está mal, comparado con los dos de su colega Ageo. Los que saben, hablan de un segundo Zacarías. Preocupado por la restauración del templo, del templo material, porque los que volvían del destierro necesitaban con urgencia una identidad. Sin olvidar la reconstrucción espiritual, la conversión. Soñaba con la instauración definitiva del reino de Dios. A la zaga de Ezequieltenía visiones. Y veía en lontananza: «Salta de alegría, Sión, lanza gritos de júbilo, Jerusalén, porque se acerca tu rey, justo y victorioso, humilde y montado en un asno, en un joven borriquillo». Lo de seis siglos después (6 septiembre)

BELTRÁN DE GARRIGUES (s. XIII). «La sombra de Domingo es alargada» suena a título de novela. Pero a su manera resume la vida de Beltrán. Sacerdote de la diócesis de Nimes, desde 1207 a la sombra de Domingo de Guzmán, predicando para hacer callar a los albigenses, que arrasaban en la región de Toulouse. En 1215, con cuatro sacerdotes más, echan las bases de la orden de predicadores. Cuando Domingo regresa de Roma en septiembre de 1217, aprobada la orden por el papa Honorio III, se reúnen en el monasterio de Prulla, que se considera como la verdadera cuna de la fundación. De allí santo Domingo los envíaa los centros neurálgicos de la cristiandad. Domingo marcha con Beltrán a París a levantar el primer convento dominicano. Luego le encarga la fundación de Bolonia. Al morir Domingo en 1221 le hacen provincial de Provenza. Murió en 1231 en Bouchet, hablando de la Verdad a las monjas cistercienses (6 septiembre)

CLODOALDO (524 - 560). Saint Cloud. Patrono de los fabricantes de clavos, ahora. Antes, hijo de Clodomiro, rey de Orleans, nieto de Clodoveo y Santa Clotilde. El rey de Orleáns, Clodomiro, peleó con el rey de Borgoña, Segismundo. Lo derrotó, encarceló y mató. Gondomaro, hermano de Segismundo, -ojo por ojo, diente por diente-, respondió matando a Clodomiro. Huyeron los tres hijos de Clodomiro (Teobaldo, Gunther y Clodoaldo) refugiándose en el palacio real de los abuelos. Pero ni allí estaban seguros, porque el hermano de su padre, su tío Childeberto, rey-de-Orleans-en-funciones, para asegurarse el futuro, trató de eliminar a los sobrinos-herederos. Logró asesinar a los dos mayores. Sólo pudo escapar el pequeño. Cuando Clodoaldo alcanzó la mayoría de edad, según cuenta San Martín de Tours, harto de tanta conspiración y tanta muerte, dijo que, en vez de reinar sobre este valle de lágrimas, prefería servir a un Señor que ni muere ni mata. Y lo dijo en serio. El eremita Severino le fue puliendo el alma, preparándole para ser un buen monje. Viendo que el tío «en funciones» no se fiaba del sobrino, emigró lejos, al Sur, a Provenza. Allí, pronto empezaron a venerar al monje recién llegado, como santo. Le llamaban el príncipe perdonador. Pasado el tiempo, no mucho, porque todo se sabe, Eusebio, el obispo de París, le pidió que volviese, que le ordenaría sacerdote y le haría -hablando en lenguaje curial de hoy- Canónigo Penitenciario. Así fue. Se había ganado la plaza, sin concurso, por méritos propios. Dicen que los que le visitaban salían otro poco más alegres, más en paz (7 septiembre)

GIOVANNI BATTISTA MAZZUCCONI (s. XIX). Papua Nueva Guinea: comprende la porción oriental de la isla de Nueva Guinea, y una serie de islas menores: Nueva Bretaña, Nueva Irlanda y Manus, en el archipiélago Bismarck; Bougainville, Buka, Nissau, que integran la parte norte de las Islas Salomón; los archipiélagos de las Luisíadas y de Entrecasteaux, y las islas de Trobriand y Woodlark. / Woodlark, la última. ¿Allí, tan lejos, a aquella isla perdida, habiendo tanto que hacer en Milán? ¿Un viaje tan largo? Giovanni Battista había leído las palabras de Jesús antes de subir al cielo: «Poneos en camino, haced discípulos a todos los pueblos y bautizadlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo». Allá fue y de allí voló al cielo, dos años después de haber llegado a Woodlark, isla “perdida” y hallada para el evangelio por el mártir Mazzucconi. ¡Hay nombres que no le dejan a uno tranquilo! (7 septiembre)

NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA (s. VII). Y memoria del papa San Sergio I, que fue el que introdujo la celebración litúrgica de la fiesta de la Natividad de la hija de san Joaquín y santa Ana. Sí, hoy celebramos con alegría el cumpleaños de la Madre del Sol de justicia, Cristo, nuestro Dios. Bien escribió Lope de Vega: «Canten hoy, pues nacéis vos, los ángeles, gran Señora, y ensáyense, desde ahora, para cuando nazca Dios. / Canten y digan, por vos, que desde hoy tienen Señora, y ensáyense, desde ahora, para cuando venga Dios»(8 septiembre)

CORBINIANO (s. VIII). Santo «resucitado», por figurar su oso en el escudo del papa Benedicto XVI. Llegado de Arpajon, en los alrededores de París, hacia al año 724 para anunciar el Evangelio en la antigua Baviera, san Corbiniano es venerado como padre espiritual y patrono de la archidiócesis de Freising. «Un oso había despedazado el caballo del santo, que se dirigía a Roma. Corbiniano le reprochó ásperamente por aquella fechoría y, en castigo, le cargó en sus lomos la carga que hasta ese momento había llevado el caballo. El oso tuvo que transportar ese peso hasta Roma y sólo allí el santo lo dejó libre», cuenta el cardenal Ratzinger en su autobiografía. «El oso con la carga, que sustituyó al caballo o, más probablemente, a la mula de San Corbiniano convirtiéndose -contra su voluntad- en su animal de carga, ¿no era y no es una imagen de aquello que debo ser y de lo que soy?» (8 septiembre)

PEDRO CLAVER (s. XVIII). En un papel ordinario, basto, con letra un poco inclinada a la derecha, escribió el 3 de abril de 1.622: «Petrus Claver aethioporum semper servus» (P.C. esclavo para siempre de los negros). Cuando el Hno. Nicolás le preguntó, antes de morir, cuántos esclavos negros creía haber bautizado, le contestó: «Según mis cuentas más de 300.000». A nivel del mar, en Cartagena de Indias, veneran con pasión a quien nació a 434 m. de altura, en Verdú, no lejos de Cervera (9 septiembre)

SANTA MARÍA DE LA CABEZA (s. XII). No porque ese fuera su apellido, sino «porque su cabeza es sacada en procesión en rogativas, cuando pasan muchos meses sin llover». En realidad se llamaba María Toribia. Nacida en Torrejón, se casó con Isidro el buen labrador. Y «a su sombra se santificó» (cuidado con la frase, gramaticalmente cabe entenderla: a) a la sobra de él se santificó ella; b) a la sobra de ella se santificó él). Dejémoslo: «se santificaron», en dual, como debe ser. Mujer discreta -él también lo fue, en vida- sonrió feliz cuando en el año1622 el papa Gregorio XV canonizó a Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola,San Francisco Javier,San Felipe Neri, y a su Isidro (olvidando que si los cuatro primeros eran célibes, el quinto estaba casado). El 15 de mayo al recordar festivamente al marido conviene no olvidar que la que preparaba la comida era ella (9 septiembre)

PEDRO MARTÍNEZ (s. X). Gallego de los buenos. San Pedro de Mezonzo le llaman también, por la abadía de Santa María de Mezonzo donde vivió bastantes años. Para terminar siendo arzobispo de Santiago de Compostela. Fue uno de los héroes de la reconquista. Y algo mucho más emotivo: a él se atribuye la incomparable oración a la Madre de misericordia, vida y dulzura, esperanza nuestra, la Salve Regina (10 septiembre)

AMBROSIO EDUARDO BARLOW (s. XVII). A muchos el apellido Barlow les recuerda aquel profesor novato que escribió: «Somos lo que somos por los encuentros que hemos tenido. Influimos en los otros con frecuencia sin darnos cuenta. Nadie tiene por qué despreciarse a sí mismo: quizá sea como una aurora para un pobre niño o para su perro, cuando menos. Nada se pierde en el universo. Todo es vida. Los fracasos, los sufrimientos, las desesperanzas abren un surco con la impronta del amor, cuya virtualidad aparentemente queda infecunda. Imposible imaginar que una llamada no despierte a nadie, no encuentre eco alguno. A veces la respuesta germina lentamente y florece, Dios sabe cómo, en otras orillas, en otros tiempos». Seguro que A. E. Barlow (bautizado católico, afinado el oído en ambiente protestante, sacerdote tras años de estudio en Valladolid -como tantos sacerdotes católicos ingleses-, monje de la abadía benedictina de Celanova, enviado a decir misa en su tierra de Lancashire durante 24 años...) firmaría con buena letra las palabras del homónimo francés. Le metieron en lacárcel cinco veces por ser sacerdote católico. A la quinta, fue la vencida, era el día de Pascua de 1641, la definitiva para ir a cantar el Alleluia al cielo (10 septiembre)

DOMINGO DE SILOS (s. XI). «Natural fue de Cannas, non de bassa natura, sin nulla depresura» (Berceo). Prior en San Millán de la Cogolla, Fernando I de Castilla lo acogió en su reino encargándole la reforma del antiguo monasterio de San Sebastián, hoy monasterio de Silos, en cuyo claustro se levanta un ciprés que mira al cielo (11 septiembre)

PAFNUCIO EL GRANDE (s. IV). Egipcio, en la persecución de Galerio Máximo le vaciaron un ojo y le dejaron cojo. Vivió como monje a la vera de San Antonio desde el año 311, hasta que le hicieron obispo. Tomó parte en el concilio de Nicea. Numerosos padres conciliares pretendieron imponer que los presbíteros y diáconos casados dejaran a sus esposas para ejercer el ministerio. El hombre que venía del más duro rigor del desierto y podía exhibir en su cuerpo la marca de la persecución se opuso a tal determinación haciendo que se fuera respetuoso con la disciplina de la época: autorizar el ejercicio del Orden Sacerdotal a los ya casados y no permitir casarse después de la Ordenación (11 septiembre)

PACIENTE (s. V). Siempre me ha llamado la atención que haya tantísimos santos llamados «Félix» y tan pocos llamados «Paciente». Sólo dos en el martirologio (San Paciente, obispo de Metz, 8 de enero; y San Paciente de Lyon). Karl Rahner escribió: «Me resulta antipático ese clamor por la “felicidad” como si en este mundo hubiera otra “felicidad” que la de la paciencia sosegada». Yo me encomiendo a San Paciente de Lyon, desde que le conocí a través de lo bien que hablaba de él su coetáneo San Sidonio Apolinar, y no digo que soy feliz, porque decirlo hoy es de psiquiatra. San Paciente de Lyon, que era como un José de Egipto repartiendo trigo. Quisiera repartir paz hoy, que es buen trigo (11 septiembre)

DULCE NOMBRE DE MARÍA. «Sanctissimi Nominis beatae Virginis Mariae, qua die ineffabilis dilectio Dei Genitricis erga Prolem santissimam revocatur et ante fidelium oculos proponitur figura Matris Redemptoris pie invocanda». Eso dice el Martirologium romanum a propósito del primer santo del 12 de septiembre. 10 al que lo entienda. Pienso que Nuestra Señora está contenta. A quién le amarga un... 10. A todos nos gusta que se vea reconocido nuestro trabajo. Nuestra Señora sabe latín. Tuvo que aprender en el cielo, primero griego (para entender bien lo que decidieron los de Éfeso, que hablaban y rezaban en griego). Y, luego, latín. Han sido tantos siglos oyendo cómo le decían sus hijos mil y millones de veces: Ora pro nobis... Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genetrix.... Incluso sonríe complacida por el acierto del adjetivo que le hemos añadido a su nombre para la fiesta de hoy: dulce. Dulce nombre de María. ¡Es que lo es! Inútil investigar quién lo inventó. Seguro que san José, por la manera de llamarla «María» tan dulcemente (12 septiembre)

GUIDO DE ANDERLECHT (s. XI). «El pobre de Anderlecht». Nació en Bravante. Fue sacristán de la iglesia de Nuestra Señora de Laken. Un buen día se animó y sin coger nada, porque nada tenía, emprendió una peregrinación que le llevó a Tierra Santa. Al volver, como necesitaba poco y lo poco que necesitaba lo necesitaba poco, le acogieron en un hospital que cae al lado de Bruselas. Y allí murió rico en aquellas sublimes virtudes que a nadie dan nada que hablar (12 septiembre)

JUAN CRISÓSTOMO (s. IV). Gran doctor de la Iglesia oriental, con Atanasio, Basilio y Gregorio Nacianceno. Obispo de Constantinopla, su admirable predicación le valió el sobrenombre de «boca de oro» (Crisóstomo). La oposición de los envidiosos logró desterrarle. Su homilía de despedida, «Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes», que podemos leer en el Oficio de lectura, es realmente como una Visa oro para quien tenga que... «viajar» (13 septiembre)

AIMÉ (s. VII). Que el siglo VII queda lejos es evidente. Tanto que este día borrosamente se hace memoria de dos amados de entonces: un senonense abad de Sens y un sedonense obispo de Sión. En vez de decidirme entre el de la «d» o el de la «n», prefiero recordar a otro Aimé (Duval) y su vocación, que es mucho más clara y cercana:
...Había venido al pueblo un sacerdote -nunca supe su nombre- capellán militar en Marruecos, convaleciente de unas heridas graves. Recuerdo que era bretón y que olía a tabaco. Se creía ya suficientemente fuerte para dar un largo paseo por el camino solitario que une el pueblo con nuestra casa (al otro lado del río hay una carretera nacional reservada para los vehículos a motor). Pero una tarde, a mi regreso, a 300 metros de mi casa, debajo de unas hayas, vi a aquel sacerdote tumbado, echando sangre por la boca. Me acerqué sin miedo y ¿sabéis lo que me dijo?: «Voy a morir y estaba pidiendo a Nuestro Señor una persona que me sustituya. ¿Quieres ser tú?». Murió el sacerdote. Y yo le he reemplazado. Seigneur, mon Ami, tu m'as pris par la main. J'irai avec Toi sans effroi jusqu'au bout du chemin. (13 septiembre)

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ. «¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto». «En medio de la ciudad santa de Jerusalén está el árbol de la vida, y las hojas del árbol sirven de medicina a las naciones». «Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz has redimido el mundo». «¡Oh victoria de la cruz y admirable signo! Haz que alcancemos el triunfo del cielo (14 septiembre)

ALBERTO DE JERUSALÉN (s. XIII). «En la cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo» escribió Teresa de Jesús, y nosotros lo repetimos cada año en la oración de la tarde del 14 de septiembre, celebrando la Exaltación de la santa Cruz. Pero quien lo vivió de veras fue Alberto, aquel canónigo regular italiano, obispo de Bobbio, de Vercelli y desde 1205 patriarca de Jerusalén. Hombre recto (a petición de San Brocardoescribió la regla de los carmelitas), fue asesinado el 14 de septiembre de 1215 por un desarreglado (un «malvivente») al que Alberto se empeñaba en que viviera como Dios manda (14 septiembre)

NUESTRA SEÑORA, LA VIRGEN DE LOS DOLORES. «La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba mientras el Hijo pendía; cuya alma triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía...». El franciscano Jacopone da Todien el año 1303 escribió el: «Stabat Mater». Veinte estrofas que siglo tras siglo hemos rezado los hijos, ensintiendo los dolores de la Madre. (Dvorak, Rossini, Giacchino, Pergolessi, Palestrina, Schubert, Haydn... siete de siete mil, han puesto música a una letra que en gregoriano seguimos cantando muchos). Stabat Mater dolorosa iuxta crucem lacrimosa, dum pendebat Filius. / Cuius animan gementem, contristatam et dolentem, pertransivit gladius. / Christe, cum sit hinc exire, da per Matrem me venire ad palmam victoriae. Amen (15 septiembre)

EMILA y JEREMÍAS (s. IX). Con eso de la memoria histórica... completa ¡la de cosas que salen a flote! Por ejemplo, que hubo hasta 5 abderramanes: Abderramán I (788), Abderramán II (852), Anderramán III (961), Abderramán IV (1018), Abderramán V (1024). Valentudos todos, y no siempre tolerantes con los mozárabes, los cristianos que vivían como tales en los territorios reconquistandos o desconquistados, según desde donde se mire. Para demostrar quién era él, el II se despidió de este mundo martirizando al diácono Emila y a Jeremías. Cuentan que la madre de Jeremías estuvo valiente, cuando decapitaron a su hijo. Casi como la Madre de Jesús al pie de la cruz (15 septiembre)

CORNELIO y CIPRIANO (s. III). En el canon romano, después de venerar la memoria de los apóstoles y los primeros papas (Lino, Cleto, Clemente, Sixto), hermanamos a Cornelio y Cipriano. Coetáneos, sí, pero que nunca se vieron. Mártires, los dos: Cornelio, a efectos del exilio; Cipriano, decapitado. Papa de Roma, el primero; obispo de Cartago, el segundo. Cornelio lo pasó muy mal con el clero romano (formado por 46 sacerdotes, 7 diáconos, 7 subdiáconos, 42 acólitos, 52 exorcistas y lectores), por culpa de Novaciano que frustrado por no ser elegido papa sacó a flote la excusa teológica de los cristianos-santos. Cipriano, desde Cartago, apoyó a Cornelio: «Cipriano a su hermano Cornelio: Hemos tenido noticia, hermano muy amado, del testimonio glorioso que habéis dado de vuestra fe y fortaleza; y hemos recibido con tanta alegría el honor de vuestra confesión...» (Carta 60). Teólogo Cipriano, grande entre los grandes. Aunque de no haber muerto mártir, hubiese sido un Tertuliano más, sin el “san” delante del nombre. Porque como buen teólogo pensaba, e incluso tuvo algún «mal» pensamiento, a propósito de la validez del bautismo conferido a los herejes. De las Actas proconsulares: Galerio Máximo: «Decretamos que Tascio Cipriano sea decapitado». El obispo Cipriano dijo: «Gracias sean dadas a Dios» (16 septiembre)

EUFEMIA DE CALCEDONIA (s. IV). «Bien hablada». Le pusieron ese nombre apostando por su futuro. Y acertaron. ¡Qué bien hablaba la Eufemia! Cuando decía «no» a quienes la pretendían por esposa, porque les convencía que el Señor (su «Kürios» decía ella) le había ganado el corazón antes que ellos, y no se molestaban. Y ¡cómo habló diciendo que era cristiana, en medio de las llamas de la hoguera martirial! En Oriente es muy venerada. ¡Cómo hacen falta en Occidente eufemias que hablen bien con palabras y con hechos! (16 septiembre)

LUDMILA (s. X). ¿Cómo no recordar las palabras de Bernanos en boca de Fiodor? «Los malos sueños están en usted, en nosotros, en nuestra conciencia. La señorita Chantal es demasiado pura: va, viene, respira y vive de la luz, alejada de nosotros, fuera de nuestra presencia. Y, sin embargo, ilumina a su pesar, saca de la sombra nuestras almas negras, y los viejos y crueles pecados comienzan a agitarse, a removerse, se estiran, muestran sus uñas amarillentas... Mañana, pasado mañana, ¿quién sabe?, una noche, esta noche quizá, se despertarán por completo». / Tetín, donde Ludmila fue asesinada, sigue rodeado de un halo misterioso y romántico. En la orilla del río Berounka se alzan acantilados calcáreos. El escenario del sangriento drama es un pequeño nido rocoso donde se respira la atmósfera de las edades pasadas. Primera santa checa. Casada a los 14 años con Borivoj, primer príncipe del Estado premislita, bautizado por San Metodio. Vivieron en Levý Hradec, lugar fortificado sobre el río Vltava, situado al norte de Praga. A la princesa Ludmila le correspondió un notable papel en la propagación del cristianismo y en la educación cristiana del joven príncipe Venceslao. Los celos de Drahomira, pagana convencida, conjurada con los nobles paganos, la estrangularon, cuando tenía 61 años, tal día como hoy (16 septiembre)

ROBERTO BELARMINO (s. XVII). Doctor de la Iglesia, sobrino del papa Marcelo II, primer profesor jesuita en la universidad de Lovaina, teólogo pontifico, consultor del Santo Oficio (al final de su vida el primer volumen de sus Controversias fue incluido en el Indice de los libros prohibidos, porque afirmaba que el poder del papa era sólo indirecto en asuntos temporales). Impresiona imaginarle rezando al final de sus días, retirado en la casa noviciado de los jesuitas: «Señor, enséñame a envejecer como cristiano. Convénceme de que no son injustos conmigo los que me quitan responsabilidades, los que ya no piden mi opinión, los que llaman a otros para que ocupen mi puesto... Te doy gracias, Señor, pues en esta hora tranquila de mi vida, caigo en la cuenta de lo mucho que me has amado. Y te pido me concedas mirar con esperanza hacia el futuro feliz que me tienes preparado, hacia ese atardecer de la vida, en que me examinarás en el amor. Amén» (17 septiembre)

HILDEGARDA (s. XII). A los 8 años (aunque a no pocos psicólogos les sienta como un tiro) entró en las benedictinas de Diessenberg. Elegida abadesa muy joven (y nunca sufrió complejo por ello), tuvo tiempo para gobernar sabiamente y no le faltaron arrestos para trasladar la comunidad a Rupertsberg y fundar otro monasterio en Eibingen. Escribió un tratado dogmático titulado Scivias (de las dos palabras latinas sciens vias, del que Dante tomó su visión de la Trinidad), un tratado de medicina titulado «Causae et curae», y nada menos que 155 monodias, muchas de ellas de gran inspiración. «Hildegarda es la primera de las grandes místicas alemanas, poetisa, profetisa y médica, trató de moralizar la política, reprendiendo a papas y príncipes, obispos y laicos con absoluta intrepidez e infalible justicia» (Attwater). Lo cual dio pie a que numerosos enemigos la calumniaran. Pero tuvo de su parte nada menos que a san Bernardo y al papa Eugenio III. Murió pasados los ochenta. Parece que una monja inglesa del siglo XVII se inspiró en sus comentarios a la Regla de san Benito para escribir aquella higiénica oración: «Señor, tú sabes mejor que yo que comienzo a ser vieja y que un día lo seré verdaderamente. Líbrame de la funesta costumbre de pensar que tengo algo que decir sobre cada tema y sobre cada situación. Líbrame del deseo de querer arreglar los asuntos de otro. Hazme prudente y no melancólica. Haz que sea compasiva y no entrometida. Dado lo que sé, me parecería una falta el no hacer uso de mis conocimientos, pero tú sabes que de lo que tengo necesidad es de algunos amigos. No me dejes repetir indefinidamente detalles fútiles. Pon un sello en mis labios cuando quisiera hablar de mis penas y disgustos personales; algunos, cuanto más pasan los años, aumentan y experimento yo también la tentación de enumerarlos. No me atrevo a pedirte la gracia de escuchar con gusto la historia de las miserias de los otros, pero ayúdame a que les preste al menos un oído paciente. Tampoco me atrevo a pedirte una mejor memoria, pero concédeme un gramo de humildad y menos presunción cuando mi memoria parezca entrar en conflicto con los recuerdos de mis hermanas. Enséñame la ciencia magnífica que consiste en reconocer que, a veces, puedo equivocarme. Hazme amable, por lo menos de un modo razonable. No quiero llegar a ser tal santa en particular. Algunos santos no constituyen una compañía agradable. Por otra parte yo sé que un viejo refunfuñador es uno de los inventos más triunfales del diablo. Dame el poder de ver las cosas buenas en lugares inesperados y de descubrir talentos en las personas en las que no se espera. Y, en fin, Señor, dame la gracia de decírselo a ellas. Amén» (17 septiembre)

JOSÉ DE COPERTINO (s. XVII). Franciscano italiano que no aprobaba los exámenes, pero que revivió la ingenua alegría y la total pobreza de Francisco de Asís. Sufriósorprendentes dones preternaturales, como el de la levitación, que le ocasionaron la envidia de sus hermanos con horizontes a ras de suelo (18 septiembre)

DAUDI OKELO y JILDO IRWA (s. XX).Tenían ya 18 y 14 años el 19 de octubre de 1918. Catequistas. Aquel día al amanecer no tocaron el tambor para llamar a los catecúmenos a la oración de la mañana, igual que lo hacían diariamente al ponerse el sol para convocarles a rezar el rosario. Aquel amanecer sólo se oyeron golpes de lanza y cuchilladas en Palamuku, cerca de Paimol, aldea de Uganda del norte, en la cuenca del Alto Nilo. Llevaban once meses haciéndolo, desde su llegada, pese a que el misionero intentó disuadirles, no sólo por su juventud (juventud de años, y juventud cristiana [habían sido bautizados el 6 de junio de 1916 y confirmados el 15 de octubre], sino por el peligro que corrían en aquella violenta zona. «-¿Y si os matan?»«-¡Iremos al cielo! ¿No murió Jesús por nosotros?». El lugar del martirio, Palamuku, fue llamado desde entonces Wi-Polo ("En el cielo") para recordar el premio concedido por Dios a los dos adolescentes (18 septiembre)

EMILIA DE RODAT (s. XVIII). Fundadora de la Sagrada Familia, congregación dedicada a hacer el bien y a hacerlo bien. Mujer lanzada, valiente, sorprendente. Había encontrado una fórmula infalible para salir de los apuros económicos de las fundaciones: para empezar, como «primera piedra», aceptaba cada vez a dos huérfanas a pan y cuchillo, y cariño. ¿Cómo iba Dios a dejarse ganar en generosidad? (19 septiembre)

JENARO (s. IV). En Nápoles le veneran clamorosamente cada año. El clamor de los napolitanos ante la reliquia de su sangre impide a veces recordar lo principal: que fue obispo de Benevento, que durante la persecución de Diocleciano confesó su fe en Jesucristo. El texto de san Agustín en el oficio de lectura de su día es la mejor reliquia: «Soy obispo para vosotros, soy cristiano con vosotros. Ser obispo connota una obligación, ser cristiano un don» (19 septiembre)

ALONSO DE OROZCO (s. XVI). Confesó a muchas personas y se confesó, para alabar al Señor y celebrar sus misericordias, a ejemplo de su pariente san Agustín, en unas páginas impresionantes tituladas también «Confesiones». Allí cuenta: «Mi nacimiento fue en Oropesa, reinando la muy católica reina doña Isabel, de gloriosa memoria. Mi padre se llamó Hernando de Orozco y mi madre María de Mena, los cuales se vinieron a morar a Talavera, cinco leguas de Oropesa; sería yo entonces de ocho años». Monaguillo en Talavera primero, y seise (cada uno de los niños de coro, seis por lo general, que, vestidos lujosamente con traje antiguo de seda azul y blanca, bailan y cantan, tocando las castañuelas en la catedral en determinadas festividades del año) luego en Toledo durante tres años, «hasta que mis padres me enviaron a Salamanca a estudiar (derecho), en compañía de un hermano mío, de más edad que yo, el cual estudiaba en aquella ciudad». «Mi hermano trató en el Monasterio de San Agustín que le diesen el hábito y no me dio parte de este negocio, hasta que estaba ya recibido. Temía dar pena a mis padres, que no les quedaba hijo alguno para consuelo de su vejez. Él, diciéndome lo que tenía hecho, oíle de buena gana. Al fin, pensando mucho en ello y llamando al Señor que me enseñase su voluntad, yo me puse como si estuviera ya en una celda del monasterio y hallé tanto contento en esta consideración que le dije: Hermano, negociemos también para mí, que yo religioso quiero ser». Murió el 19 de septiembre de 1591 y le enterraron en la iglesia del colegio madrileño de María de Aragón, actual sede del Senado español (19 septiembre)

ANDRÉSKIM TAEGON, PABLO CHONG HA-SANG Y COMPAÑEROS MÁRTIRES (s. XIX). ¿Cuántos compañeros? ¡101! Juan Pablo II los canonizó a todos en Seúl el 6 de mayo de 1984, empezando por Andrés -primer sacerdote nativo coreano- y Pablo -catequista de noble familia coreana-. ¿Y el resto? ¿Y sus nombres? En el martirologio figuran en una nota en letra pequeña: 10 franceses y 89 coreanos. Emociona pronunciar los nombres de quienes por amor a Cristo abandonaron su patria y se sembraron lejos. Y recordar los pueblos de la dulce Francia donde nacieron: los 3 obispos: Simeón Berneux (de Chateau-du-Loire), Antonio Daveluy (que estudió en el seminario de San Sulpicio de París) y Lorenzo Imbert (de Aix-en-Provence) y los 7 sacerdotes: Justo Ranfer de Bretenières (de Chalons-sur-Saone), Luis Beaulieu (de Langon), Pedro Enrique Dorie (de Port), Pedro Maubant (de Bayeux), Jaime Chastan(de Digne), Pedro Aumaître (de Aizecq) y Martín Lucas Huin (de Guyonvelle). Y si «funiculus tripex difficile rumpitur» (no se rompe fácilmente una cuerda de tres cabos) ¿cuál no será el poder de intercesión de los restantes 89 mártires coreanos gritando en el estadio de este mundo para que el Señor Dios reine en nuestros corazones, aunque sea a base de penaltis?San Juan Yi Yun-il, san Andrés Chong Hwa-gyong, san Esteban Min Kuk-ka, san Pablo Ho Hyob, san Agustín Pak Chong-won, san Pedro Hong Pyong-ju.. (y le digo a mi ángel de la guarda que como se me cansa la vista vaya él pasando lista en voz alta hasta llegar a santa Magdalena Yi Yong-dog, que yo ya iré diciendo «ora pro nobis») (20 septiembre)

JOSÉ MARÍA DE YERMO Y PARRES (1851-1904). Ya en su tiempo se decía que los pobres no necesitan obras de caridad sino de justicia. José María, nacido en Jalmonga, municipio de Malinalco, Estado de México, tuvo dos madres: María Josefa, que veló por él desde el cielo desde los 50 días de nacido, y tía Carmen, que le enseñó a abrir los ojos al Dios de la vida. De su padre, el abogado Manuel de Yermo y Soviñas, heredó la defensa de los hermanos de Jesús. Los años pasados con los hijos de San Vicente de Paúl hicieron que, ya sacerdote y párroco del Calvario y del Santo Niño, un día mientras se dirigía al Calvario, «viera» una escena terrible: unos puercos estaban devorando a dos niños recién nacidos. Estremecido por aquella tremenda escena, se siente interpelado por Dios y, sin esperar el futurible reino de la justicia, se desvive por acoger a los abandonados, a los necesitados, funda escuelas, hospitales, casas de descanso para ancianos, orfanatos, con la ayuda de sus Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres. Su caridad llega hasta los indígenas tarahumaras. A los 53 años le recibieron en el cielo sus dos madres: María Josefa y Carmen. Cuando 101 después leyó la encíclica «Deus caritas est» pudo comentar en familia que no sólo la sabía hacía tiempo, sino que la había puesto en práctica (20 septiembre)

MATEO (s. I). De recaudador de impuestos, colaborador con los explotadores, marginado por la sociedad de los cumplidores, Mateo pasa a ser apóstol de Jesucristo. Bastó un «Sígueme» que venció las preocupaciones por ganarse la vida, traspasó la muralla de rencor y desprecio. Quien supo escuchar aquella sola palabra, bien merecía que se le atribuyera el evangelio de las palabras de Jesús (21 septiembre)

JONÁS (VIII a. C.). En tiempo de Jeroboán, existió un profeta llamado Jonás, hijo de Amitay, natural de Gat-Jéfer, en la tribu de Zabulón, unos cincuenta kilómetros al noroeste de Nazaret. El libro de Jonás viene a ser una obra de ficción de carácter parabólico, con finalidad pedagógico-didáctica.Algo así como la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32) o la de los trabajadores de la viña (Mt 20, 1-16). Más larga, con más colorido. L. Boros la resume en estas cuatro preguntas: ¿Estoy contento de mí? ¿Están los otros contentos de mí? ¿Está Dios contento de mí? ¿Estoy yo contento de Dios? Y comenta: Ésta es la decisiva. ¿Estoy contento con que él me haya hecho tal como soy? ¿Estoy contento con que él me haya dado esta vida? ¿Estoy contento con que me haya enviado un tal Redentor, una tal Iglesia, unos hombres tales? Hay que haber hecho un gran acopio de oración para poder llegar a decir -aún contra el propio sentimiento-: Dios mío, estoy contento de ti. Te doy las gracias porque existes y eres como eres (21 septiembre)

MAURICIO y «x» LEGIONARIOS (s. III). Dicen unos que la Legión Tebea la formaban 6.600, otros que 6.661 legionarios. ¡Qué manera de afinar en el año 287! Mucha gente realmente. Originarios del Alto Egipto, con Mauricio su jefe. Que el emperador Máximo los hizo venir para sofocar en las Galias un levantamiento de los caudillos Amando y Eliano, que parientes de Astérix tenían que ser, y que en Agaunum, Suiza, para que todo saliera bien mandó que toda la tropa formada ofreciera un sacrificio a los dioses del Imperio. Que Mauricio y los suyos, los legionarios cristianos, se negaron. Los diezmaron sin contemplaciones una y otra vez, empezando por Mauricio, Exuperio, Cándido, Víctor... ¡Viva la Legión Tebea!, ¡Viva los testigos de la fe! (22 septiembre)

FLORENCIO (VI). Discípulo de San Martín de Tours, que lo ordenó sacerdote, y lo envió a Poitou. Pasado el tiempo, cansado de tanto ruido, soñador empedernido, se retiró al monte Glonne. Le siguieron tantos discípulos que se vio obligado a construir un monasterio, conocido como Saint-Florent-le-Vieux. Murió muy viejo. Reliquias suyas hay por todo el mundo, porque es imposible detener la primavera. Alguien, jugando con su nombre, le dedicó este «himno»: Quiso ser jardinero, pero tuvo que ir a la mina. Soñaba siempre con las flores de un imposible jardín mientras agujereaba las dormidas entrañas de la tierra. Un buen día tropezó con un fósil extraño, una flor agazapada allí desde la bruma lejana de la historia. Los hallazgos fueron repitiéndose, con cierta sorpresa de los compañeros de la mina. Aquel minero, por guardar en el fondo de sus ojos el reflejo de todas las flores soñadas, se había convertido en un Orfeo de rosas dormidas (22 septiembre)

TECLA (s. I). El culto a la «protomártir semejante a los apóstoles» es antiquísimo. La monja Egeria oró ya junto a su sepulcro. La tradición nos la presenta como fervorosa oyente de la predicación de Pablo en Iconio. Santa Tecla gloriosa, contágianos tu finura de oído a la voz de la Palabra. Amén, amén, amén (23 septiembre)

PÍO DE PIETRELCINA (1887-1968). Francisco Forgione De Nunzio, hasta que vistió el hábito franciscano a los 16 años. Pío de Pietrelcina, su pueblo, desde entonces. Pero para los italianos: «el Padre Pío». Ordenado sacerdote a los 23 años, por motivos de salud permaneció con su familia seis doloridos años. Luego, 52, el resto de su vida («hay que florecer allí donde Dios nos has puesto») en el convento de San Giovanni Rotondo en la Apulia. Convencido de que «En los libros buscamos a Dios, pero en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón de Dios», repetía: «Quiero ser sólo un pobre fraile que reza». Apenas tres años después de su muerte (1968), dijo de él Pablo VI: «¡Mirad que fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! Pero, ¿por qué? ¿Tal vez porque era un filósofo? ¿Porque era un sabio? ¿Porque tenía medios a su disposición? Porque celebraba la Misa con humildad, confesaba desde la mañana a la noche, y era, es difícil decirlo, un representante visible de las llagas de Nuestro Señor. Era un hombre de oración y de sufrimiento». Juan Pablo II declaró santo el 16 de junio de 2002 al hermano (que esto significa «fraile») menor capuchino Pío de Pietrelcina, en la canonización más multitudinaria, dicen, de la historia (23 septiembre)

DALMAU MONER (1291-1341). Devoto de San Narciso, pero sobre todo de Nuestra Señora de la Merced. (Nicolau Eimeric, Inquisidor General de la Corona de Aragón, poco propenso, por su formación y espíritu crítico, a los no raros elogios desmedidos de las hagiografías medievales, nos ofreceunaadmirable y sobria semblanza de Fra Dalmau, escrita con verdadera devoción, unos diez años después de la muerte del santo).Nacido en Santa Coloma de Farners, dominico, pasó gran parte de su vida en el convento de Santo Domingo de Girona. Pero le enviaron largas temporadas a los conventos de Castelló d’Empúries (1317 a 1318),Manresa (1318 y 1322), Cervera (1319 y 1329) y Balaguer (1331). (Dicen que en París hay un metro que sirve de base y patrón a todos los metros del mundo). Le enviaban como “metro”, como modelo de fidelidad a la regla dominicana. ¡En vida! Él, tan amante de la soledad y del silencio. Es que hay cosas que sólo se aprenden viéndolas (24 septiembre)

ISAURO (s. XI). Nacido cerca de Tolosa, se hizo monje benedictino. El monasterio de San Víctor de Marsella, del que fue abad, pronto se convirtió en punto de referenciadel Sur de Francia, algo así como el metro que se conserva en París, como medida exacta. Era un soñador. Tenía el alma incansable y asombradiza de los niños y siempre andaba urdiendo algo, embelesado en ideas que a veces eran muy simples y a veces meramente imposibles. Austero consigo mismo, maternal con quienes le llamaban «padre». Su punto débil eran los criminales (de fuera del monasterio, entiéndase) a los que sorprendentemente amansaba (24 septiembre)

CLEOFÁS (Lc 24, 13-35). El primer día de la semana, iban dos discípulos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado... Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. / Uno quisiera haber sido Cleofás para ser catequizado por el Maestro y conocerle en la fracción del Pan. ¡Qué envidia! San Cleofás bendito, ruega por nosotros para que también nosotros seamos testigos de la resurrección (25 septiembre)

SERGIO DE RADONEZ (1314 - 1392). El más amado de los santos rusos, el san Francisco de Asís de Rusia. Su cabeza olía a madera fresca de abeto. Fundó la «laura» de la Trinidad. Enseñó a sus monjes que servir a los otros formaba parte de su vocación. La oración del corazón... El peregrino ruso: Señor Jesucristo hijo de Dios, ten piedad de mí... La Trinidad de Rublev... «Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo» (25 septiembre)

COSME y DAMIÁN (s. IV). Árabes mellizos, médicos. Muchos médicos santos habrá habido en el mundo. Pero tan originales como Cosme y Damián, pocos. Les llamaron los «anargyroi» (sin plata; sin dinero), porque no cobraban a los pacientes, pese a curarles. Curaban con pócimas, pero sobre todo con la palabra. Tras su martirio en Kyros, ciudad de Siria, su culto se extendió rápidamente por Occidente, figurando sus nombres -honor concedido sólo a los VIP- en el canon romano (Pedro y Pablo, Andrés, Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián). Patronos de los médicos y farmacéuticos, que a veces tratan de imitarles sobre todo en lo de «anargyroi» (26 septiembre)

GEDEÓN. La lista de los Jueces (los que guiaron al pueblo de Israel, después de Moisés y Josué) no es tan larga como la de los reyes godos. Pero... Otoniel, Eud, Sangar, Débora y Barac, Gedeón, Abimelec, Tolá y Yaír, Jefté, Ibasán, Elón y Abdón, Sansón, y Samuel. Gedeón, fue el sexto. Su vocación (Jue 6, 11-24) es arquetípica. Al recibir la llamada de Dios, la fe de Gedeón vacila, porque se siente incapaz. El Señor le responde: Yo estaré contigo. ¡Tampoco hace falta exigirle a Dios la prueba del vellón, para estar seguros de que nos necesita! (26 septiembre)

VICENTE DE PAUL (1581-1660). Hasta los 15 años cuidó puercos para poder pagarse los estudios. Ordenado sacerdote a los 19 años, fue hecho prisionero por los piratas turcos mientras viajaba de Marsella a Narbona y vendido como esclavo en Túnez. Su dueño, al que convirtió, le dio la libertad. Párroco cerca de París a los 31 años. Revolucionario por caridad en la Francia del siglo XVII. Organizó todo lo organizable a favor de los más necesitados: condenados a galeras, campesinos, enfermos, locos... Fundó cuatro agrupaciones para que continuaran este servicio. Y, en medio de tanta miseria, siempre conservó un pícaro humor de buen campesino (27 septiembre)

BONFILIO (s. XII). Monje, abad, obispo, abad, eremita. Cinco etapas de su vida. Siendo obispo de Foligno, cuando la cruzada, marchó a librar el Santo Sepulcro. Al regresar, habían pasado diez años,se encontró con que había otro obispo en Foligno. No protestó, ni impugnó. Discretamente se retiró a su monasterio de Santa María de Storaco. Pero el ritmo del monasterio (con una «disciplina approssimativa», ¡que eufemismo!) no asimiló al antiguo abad de nuevo. Discretamente prefirió retirarse a la soledad en Santa María de Fara. El año 1115 tal día como hoy discretamente se le abrieron las puertas del cielo al buen hijo de Dios, doctor en discreción. (Discreción: Sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar. Reserva, prudencia, circunspección) (27 septiembre)

WENCESLAO (s. X). Duque de Bohemia a los 18 años, sufrió la reacción pagana de los nobles (que ya habían estrangulado a su tía y maestra santa Luzmila cuando tenía 11 años). «La paciencia todo lo alcanza» escribiría siglos después Teresa de Jesús, exagerando. Empeñado en que sus súbditos vieran el mundo desde los ojos del Padre, del Hijo y del Espíritu, pese a gastar toneladas de mansedumbre, de magnanimidad, de dulzura, de paciencia, sólo alcanzó en vida que, traicionado por su hermano Boleslao, unos sicarios le asesinaran a la puerta de la iglesia de Altbunzlau, cuando tenía 28 años. En muerte (Teresa no exageraba) logró más de lo que pensaban los asesinos.Patrono de Bohemia (28 septiembre)

EUSTOQUIO (s. V). Hizo honor a su nombre (el que tiene buen punto de mira) al trasladarse a Belén y colaborar con san Jerónimo en la traducción de la Biblia al latín. Al morir santa Paula, su madre, le sucedió como superiora del convento de Belén, donde era proverbial la veneración a la Palabra de Dios. En la carta 22 le dice san Jerónimo: «Cuando oras tú hablas al Esposo; cuando lees la Biblia Él es quien te habla». «Léela más a menudo, y entérate mucho más. Que el sueño te encuentre con el Libro entre las manos, y duerme con tu rostro pegado a la página sagrada». Seguro que santa Eustoquio, ahora desde el cielo sueña con poder remitir los consejos de aquella carta a los cristianos de hoy (28 septiembre)

LORENZO RUIZ y COMPAÑEROS (s. XVII). Da gusto celebrar la memoria de los santos cuando van acompañados. Si invocamos al primero, nuestra oración encuentra eco en todo el grupo. Al incensar a Lorenzo Ruiz entre las nubes perfumadas asoman los rostros radiantes de Domingo Ibáñez de Erquicia, Santiago Kyuhei Gorobioye Tomonaga, Antonio González, Miguel de Aozaraza, Guillermo Courtet, Vicente Shiwokuza, Lucas Alonso Gorda, Jordán Ansalone y Tomás Hioji Rokuzayemon Noshi, Francisco Shoyemon, Miguel Kurobioye y Mateo Kohioye, dominicos; Magdalena de Nagasaki, Marina de Amura y Lazaro de Kyoto. Un rédito del dieciséis por uno, inimaginable en el banco más generoso de aquí abajo. Y sin tener que esforzarse en deletrear apellidos difíciles. Communio sanctorum! Recordando hoy la vida del primero podemos imaginar, aunque no sepamos japonés, la fe de los otros. Lorenzo Ruiz (¡que el apellido a veces engaña!) es el protomártir de Filipinas. Nacido en Manila, de padre chino y madre tagala. Padre de familia (¡que orgullosos estarían sus dos hijos y su hija, cuando les contaron su testimonio ante el tribunal: «Quisiera dar mil veces mi vida por Jesús. Jamás seré apóstata. Si queréis, podéis matarme. Mi deseo es morir por Dios) se ofreció a acompañar al Japón, pagando de su bolsillo los fletes, a Aozaraza, Courtet y Shiwozuka que iban en misión apostólica secreta. Una tempestad les obligó a desembarcar en Okinawa, convirtiendo a los malhadados navegantes en afortunados testigos del Señor Resucitado. Y su sangre una vez más fue semilla de cristianos (28 septiembre)

MIGUEL2, GABRIEL, RAFAEL. ¡Qué bien nos los acerca Bernardo Velado Graña en el himno de Laudes!: «Miguel, Gabriel, Rafael, los espíritus señeros y arcángeles mensajeros de Dios, que estáis junto a él! / A vuestro lado se siente alas de fiel protección, incienso de la oración y el corazón obediente. / “¿Quién como Dios?” es la enseña, es el grito de Miguel, y el orgullo de Luzbel al abismo se despeña. / Gabriel trae la embajada divina, y le lleva al Padre el “sí” de la Virgen Madre, del Sol de Cristo alborada. / Por la ruta verdadera Rafael nos encamina y nos da la medicina que cura nuestra ceguera. / Dios que nos diste a los ángeles por guías y mensajeros, danos el ser compañeros del cielo de tus arcángeles. Amén». ¡Los arcángeles! Sin olvidar a otro Miguel, el dominico Miguel de Aozaraza, que tal día como hoy de 1636, tras más de un año en la cárcel por ser cristiano, voló sin alas desde Nagasaki a la presencia del Señor para ofrecerle el perfume de su vida (29 septiembre)

JUAN DE MONTMIRAIL (1165 - 1217). «Ex clarísimo equite humilis monachus factus est». Siete palabras, resumen de una vida. Nació a los 12 años de morir San Bernardo. Pero todavía flotaba en el ambiente su weltanschauung. Sólo así se explica la «manía» de muchos señores de entonces: hacerse monjes. El Señor de Montmirail cuando sus 7 hijos alcanzaron la mayoría de edad, se hizo cisterciense en Longpoint. ¿Por qué?Quizá mejor preguntarse: ¿Por Quién? (29 septiembre)

JERÓNIMO (s. V). Eusebio Jerónimo Sofronio se llamaba. Viajero incansable, su carácter difícil y sus polémicas le ganaron tantos enemigos como amigos su talento y espiritualidad. Pero lo que quedó fue su inmensa obra al servicio de la Biblia. «Oh Dios, tú que concediste a san Jerónimo una estima tierna y viva por la sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la verdadera vida» (30 septiembre)

GREGORIO EL ILUMINADO (s. IV). «Iluminado» le apodaron -porque iluminó a los armenios, que andaban a tientas-, además de «resucitado», que es lo que significa su nombre. [Estaría bien volver a la moda antigua de poner el nombre de Gregorio o Anastasio (son sinónimos) a muchos niños. Sería una manera de recordar no sólo la aquendidad sino la allendidad de los que formamos parte del cuerpo del Señor Resucitado]. Al resucitado-iluminado se le llama «el apóstol de Armenia» (la menos extensa de las repúblicas hasta hace poco soviéticas, muy montañosa, colindante con Turquía, Yerevan es la capital) porque Gregorio con la ayuda del Espíritu -todo hay que decirlo- consiguió que el rey Tirídates se hiciera cristiano (en aquellos tiempos en los que los reyes tenían tiempo hasta para convertirse). Al final el buen obispo Gregorio dijo que tampoco era imprescindible y les dio a todos el ejemplo de jubilarse a tiempo, y retirarse a vivir lejos del mundanal ruido, en una cueva desde donde contemplaba nada menos que el Éufrates, a la espera de realizar plenamente su nombre (30 septiembre)

 
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Cuando la hoja vocacional salía impresa mes tras mes, publiquérepetidas veces mini-hagiografías con sabor vocacional: «Estos hicieron tanto por salvarse, ¿y tú qué haces?» I y II (302. 304-305); «¿Por qué no con el tiempo?» (327); «¿Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco?» (385-387). / De 2001 a 2003 colaboré en la revista «El Reino» con una sección titulada «El rostro de los santos». / Mientras se publicó la agenda bíblico-litúrgica «Phase», Joaquín Gomis y yo, algunos años, ilustrábamos los domingos con un boceto de gente buena. / Aquí van ahora, a través de esta hoja vocacional virtual, diversas mini -y a veces no tan mini- hagiografías de septiembre. / Con la esperanza de que, leyéndolas el lector sonría, descubra la voluntad de Dios, y una estrella ilumine los ojos de su corazón. Incluso quizá más de uno encuentre su hagiografía en los versos de José María Valverde, que figuran al comienzo. JORGE SANS VILA