EL SANTO

ÉL NO SABÍA ORAR O SÓLO: «DIOS MÍO».
NI ELLA, O SÓLO: «SEÑOR, SEÑOR...»
CUANDO EL HOMBRE PARTÍA
DEL ORDENADO LECHO A LA MAÑANA IGUAL.
«SEÑOR...».
ÉL IBA, COMO TODOS, HACIA LAS LENTAS HORAS,
EL SABIDO PAPEL, EL TIMBRE URGENTE,
LA DECISIÓN DE ALGUIEN SUPERIOR
QUE MOVÍA LOS HILOS DE LA SECRETA TRAMA.
RESPONDÍA CORRECTAMENTE.
ESTABA FIRME EN SU PUESTO.
                                             SI ALGUIEN
DESLIZABA EN SU OÍDO UNA PALABRA,
«LIBERTAD», POR EJEMPLO, SONREÍA.
ÉL NO SABÍA NADA:
NO SOÑABA ENTRE HORAS.
AGUARDABA, MEDÍA LA LONGITUD DEL DÍA
POR LA ESPERA DEL ENCENDIDO HOGAR.
«SEÑOR...».
VOLVÍA ENTRE LAS GENTES
CON SU TRAJE RAÍDO
Y PÁLIDO Y HUMILDEMENTE
ÉL MISMO.
                             NADA PARECÍA CAMBIAR.
LA MESA, EL PAN, ¿QUÉ ERA
EL PAN DE CADA DÍA?
ÉL NO SABÍA ORAR O SÓLO:
«SEÑOR, EL PAN...».
LA VIDA ERA UNA CALIENTE EMANACIÓN.
EL CABECEO SUAVE DE LOS HIJOS
EN LAS HORAS DEL SUEÑO,
LA VOZ DE LA MUJER:
                                      «SEÑOR, SEÑOR...».
LOS PAPELES, EL TIMBRE,
LA DECISIÓN MAYOR DE ALGUIEN
QUE MOVÍA LOS HILOS DE LA SECRETA TRAMA.
MURIÓ AL ATARDECER, TODO UN ATARDECER.
(LA VOZ: «¡SEÑOR...!»).
FUE EL ÚNICO ACTO IMPUNTUAL DE SU EXISTENCIA,
DEMORADO POR UNA LARGUÍSIMA MIRADA
DE AMOR A TODO LO QUE ABANDONABA.

 

 

ALFONSO MARÍA DE LIGUORI (s. XVIII). Napolitano, abogado, sacerdote. Maestro en teología moral. Por obediencia aceptó ser obispo de Sant’Agata de Goti. Oficio que desempeñó escrupulosamente durante trece años. Maestro ejemplar al renunciar en 1775, para vivir como uno más entre los miembros de la congregación que había fundado, los redentoristas (1 agosto)

MACABEOS (s. II a.C.). La lectura de su martirio (2 Mac 6-7) es impresionante. ¿Cómo no recordar las palabras de la madre al más pequeño: «Hijo, ten compasión de mí, que por nueve meses te llevé en mi seno, que te amamanté, que te crié, te eduqué... No temas a ese verdugo, antes muéstrate digno de tus hermanos». ¡Qué madre! ¡Qué hijos! (1 agosto)

EUSEBIO DE VERCELLI (s. IV). Virgilio, el autor de la Eneida, siempre que escribe el nombre del protagonista dice: «el piadoso Eneas». Con el obispo de Vercelli se hubiese ahorrado el calificativo, no iba a decir “el piadoso Piadoso”. Nacido en Cerdeña, al morir su padre, la madre se lo llevó a Roma. El papa Liberio, viendo la buena pasta del muchacho, lo tomó bajo su protección, lo educó y lo ordenó sacerdote. Los de norte le pidieron a Liberio que se lo prestara... Un «préstamo» que duró 28 años, tantos como fue obispo de Vercelli. Aunque unos cuantos a distancia, porque el emperador Constancio, que era un arriano de pelo en pecho, lo envió al destierro «sine fine». Al morir Constancio pudo regresar a casa (cuenta san Jerónimo que «con su regreso la ciudad dejó de estar de luto»). Antes hizo escala en Alejandría para dar un abrazo a san Atanasio,anti-arriano de pro.A su muerte al Piadoso le añadieron el calificativo de mártir, por sus prolongados padecimientos en manos de sus perseguidores arrianos. ¡Cuántos obispos mártires, no sólo de los arrianos! (2 agosto)

JUANA DE AZA (s. XII). «El horizonte... Mamá Juana, por el camino, fue preparándome –contaba Domingo de Guzmán, a sus Hermanos–. Yo sólo miraba el horizonte, ¿qué habría detrás? y ella que tenía que estudiar, que no era lo mejor para mí ser guerrero, que los tiempos eran difíciles y había que saber muchas cosas. Y yo, pero, ¡dime, madre!, ¿qué hay más allá? ¿se junta o no el cielo y la tierra?» / Nace en el castillo de Aza. Hija de Don García Garcés,Tutor y Cuidador del rey de Castilla, y de Doña Sánchez Pérez. Contrae matrimonio con Félix Núñez de Guzmán, de la Casa de Lara, hacia 1.160, del que nacen tres hijos: Antonio, Manés y Domingo, el obsesionado por el horizonte, por la Verdad. Vive entregada a su casa, familia y vasallos, llenando a todos de paz y de alegría. Sus restos (los de la “abuela” de los dominicos) descansan en el convento de Madres Dominicas de Caleruega (2 agosto)

NICODEMO (s. I). En Jn 3, 1-21; 7, 50-52; 19,39 aparecen rasgos de la biografía de un hombre en busca de luz, aunque la buscara de noche. La semilla quedó sembrada en su corazón. Así descubrió la vida del Resucitado (3 agosto)

JUAN MARÍA VIANNEY (s. XIX). Al que fue durante 40 años cura de Ars, el más famoso de los confesores que ha tenido la Iglesia, sus superiores no le querían ordenar habida cuenta de su expediente académico y ya ordenado tardaron tres años en darle licencias para confesar (el abbé Balley le ayudó a repasar la moral). Así aprendió a no desesperar nunca y supo comunicar a los miles de millares de franceses que acudían a su confesonario el valor de la Esperanza (4 agosto)

SIXTO II (s. III). Las cifras romanas que siguen a su nombre parecen asimilarle a cualquier rey. Pero fue un papa de catacumbas, un papa sin Curia y sin Vaticano. Papa un solo año. Apresado mientras celebraba la eucaristía, sufrió el martirio con sus siete diáconos: Felicísimo, Agapito, Jenaro, Magno, Vicente, Esteban y Lorenzo el más célebre. «Su muerte, dice el poeta Prudencio, fue la muerte de la idolatría en Roma» (5 agosto)

SALVADOR. Salvador de Horta Grionesos (1567), Salvador Lilli (1895), franciscanos los dos; Salvador Lara Puente, mexicano (1926); Salvador de Río, Salvador Estrugo Solves, Salvador Ferrandis Seguí, Salvador Mollar Ventura, Salvador Enguix Garés, mártires los cinco en 1936... Ocho llamados «Salvador» aparecen en el martirologio romano. Pero está sobre todo... el Salvador. San Salvador es el patrono de mi pueblo. Pregunté de niño qué santo era el que presidía el altar mayor, y recuerdo que me dijeron: «- No es ningún, santo; es Nuestro Señor». «- ¿El de Belén? ¿El hijo de la Mare de Déu? ¿El que está en el sagrario?». «- Sí, transfigurado». Entonces no me quedó muy clara la respuesta por culpa del verbo transfigurar, que no estaba en mi pequeño diccionario Iter. Ahora cuando cada año leo en este día lo que escribió el obispo Atanasio Sinaíta: «El misterio que hoy celebramos lo manifestó Jesús a sus discípulos en el monte Tabor. En efecto, después de haberles hablado, mientras iba con ellos, acerca del reino y de su segunda venida gloriosa, teniendo en cuenta que quizá no estaban muy convencidos de lo que les había anunciado del reino, y deseando infundir en sus corazones una firmísima e íntima convicción, de modo que por lo presente creyeran en lo futuro, realizó ante sus ojos (de Pedro, Santiago y Juan) aquella admirable manifestación, en el monte Tabor, como una imagen prefigurativa del reino de los cielos. Era como si les dijese: “El tiempo que ha de transcurrir antes de que se realicen mis predicciones no ha de ser motivo de que vuestra fe se debilite, y, por esto, ahora mismo, en el tiempo presente, os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar al Hijo del hombre con la gloria de su Padre”», ahora me doy cuenta de la suerte que tenemos en mi pueblo por tener un patrono como Nuestro Señor tan brillante como el sol (Mt 17, 2) (6 agosto)

HORMISDAS (s. VI).Las letanías: "rogativa, súplica que se hace a Dios con cierto orden, invocando a la Santísima Trinidad y poniendo por medianeros a Jesucristo, la Virgen y los santos". En la lista de los medianeros convendría que figurara San Hormisdas. (No tanto por el detalle curioso de que fuera nada menos que el padre del papa San Silverio, sino por su empeño por curar a los cristianos del mal de la desunión). Nombrado papa en el ferragosto de 514, envía a los pocos meses una delegación a Constantinopla para ajustar el desajuste provocado por el cisma monofisita de Acacio. Segundo intento en 517, fallido también. Pero él sabía latín: "Gutta cavat lapidem". A la tercera va la vencida, mejor la recuperada unión. Fue en 518. Unos y otros aceptaron la "Regula fidei Hormisdae". En su tumba en la basílica de San Pedro puede leerse un hermoso epitafio, escrito por quien le amaba mucho: el papa San Silverio (6 agosto)

CAYETANO (1480-1547). Secretario del papa Julio III, amigo del futuro Paulo IV (Pietro Carafa) con el que fundó los Teatinos, instituto caracterizado por la absoluta confianza en la divina Providencia, se distinguió por su asiduidad en la oración y por la práctica de la caridad para con el prójimo. Dos virtudes para el hombre de ayer, de hoy y de mañana (7 agosto)

DOMINGO DE GUZMÁN (s. XIII). ¿De Caleruega puede salir algo bueno? Salió un canónigo de Osma, obsesionado por los horizontes infinitos y por una familia con muchos hermanos. Creía en la Palabra y logró que ellos la predicaran sobre todo con la elocuencia del ejemplo. Ansioso de ver la Verdad cara a cara, murió en Bolonia a los 51. Dominicas y dominicos nos lo hacen presente día a día (8 agosto)

EDITH STEIN (s. XX). De 1891 a 1933 sólo. Ya que desde este año, al hacerse carmelita, se llamó Teresa Benedicta de la Cruz. De la raza de Jesús y su Madre María. Filósofa, verdadera amiga de la Sabiduría. Iluminó las sombras del campo de concentración con el testimonio de su fe (Si se podía creer en Dios en Auschwitz, ¿por qué no se va a poder creer después de Auschwitz?). Ahora, por obra y gracia de Juan Pablo II, forma parte de la constelación femenina de patronos de Europa con santa Brígida y santa Catalina de Siena, para que, con san Benito, san Cirilo y san Metodio, tengamos un sexteto que nos ayuden a no desviarnos del camino (9 de agosto)

LORENZO (s. III). ¿Con parrilla o sin parrilla? En agosto queda mejor imaginarlo con parrilla, como lo representan los pintores y deja entrever el himno latino (Igne torquetur, stabili tenore / cordis accensus superat minaces / ignium flammas in amore vitae / semper opimae). En pocas palabras: Era diácono de la Iglesia de Roma y murió mártir en la persecución de Valeriano, cuatro días después de Sixto II, papa, y sus compañeros diáconos Felicísimo, Agapito, Jenaro, Magno, Vicente y Esteban. Y enriqueciendo la escena dos rasgos: 1) Que Lorenzo, extendido en la parrilla, dirigiéndose al que capitaneaba el martirio, mientras los verdugos atizaban el fuego, le increpó así: «Mira, ya has asado un costado; dale la vuelta y cómetelo. El asado está pronto»; 2) Que obligado por el juez a entregar los supuestos tesoros de la Iglesia le contestó en presencia de los pobres y enfermos: «Estos son los tesoros de la Iglesia» (Martyris Christi colimus triumphum, / dona qui mundi peritura spernit, / fert opem nudis, alimenta, nummos / tradit egenis). Y un último latín para gozo del lector: «quantum ad genus, hispanus» (hispánico cuanto al origen) (10 agosto)

CLARA (s. XIII). Enamorada como Francisco -y siguiendo sus pasos- de la hermana pobreza, consiguió una admirable simplicidad evangélica que le hacía ser paloma que veía más allá de lo que los demás veían. Murió a los sesenta años, habiendo pasado la mitad de su vida en la cama, debido a su salud delicadísima. Pero nunca perdióla alegría. Las visiones con que se vio favorecida han dado motivo a que se la haya declarado patrona de la televisión (11 agosto)

ANTONIO PERULLES ESTIVILL (1892-1936). Cantaba: "Falanges josefinas, hijos de mosén Sol, a la lucha cantando marchemos, valiente el corazón...", pero no era falangista. Nacido en Cornudella el 5 de mayo de 1892, operario diocesano (= hijo del beato Manuel Domingo y Sol), trabajó pastoralmente en los seminarios de Burgos y Orihuela. Recién cumplidos 44 años le marcharon al cielo en el término de Marsà (Tarragona), carretera de Molà, un 12 de agosto, valiente el corazón para perdonar a los que no se atrevían a mirarle en los ojos (12 agosto)

PONCIANO e HIPÓLITO (s. III). Después de San Calixto I (217-222) y San Urbano I (222-230), fue elegido papa Ponciano, Calpurnio romano. Heredando... el cisma de Hipólito. El sabio sacerdote Hipólito había opinado que el papa Calixto era demasiado «liberal», demasiado bondadoso con los herejes y los pecadores públicos que se arrepentían, y se montó su comunidad integrista (no hay nada nuevo bajo el sol), autonombrándose papa. Y así año tras año, erre que erre, Hipólito y sus huestes integristas. Hasta que el emperador de turno, al que le preocupaba poco el cisma, los mandó a los dos exiliados a Cerdeña. Allí Hipólito tuvo tiempo de rezar el salmo 50 despacio y recordar que Jesús había pedido “ut sint unum” y Ponciano pudo ejercer el ministerio de la reconciliación con el ablandado Hipólito, para gloria de Dios y la paz de la santa Iglesia, logrando los sufrimientos del destierro lo que humanamente parecía imposible. Trigo molido los dos, murieron el mismo año, diciendo que Cristo es Nuestro Señor (13 agosto)

MAXIMILIANO KOLBE (s. XX). Misionero en el Japón durante unos años, fundador de la «milicia de la Inmaculada», infatigable promotor de publicaciones populares. Durante la última guerra mundial, los nazis le encerraron en el campo de Auschwitz, donde fue asesinado al ofrecerse en sustitución de otro prisionero, padre de familia. Su compatriota Juan Pablo II le canonizó en 1982 (14 agosto)

ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA (15 agosto)

          ¿Adónde va, cuando se va, la llama?
          ¿Adónde va, cuando se va, la rosa?
          ¿Qué regazo, qué esfera deleitosa,
          qué amor de Padre la alza y la reclama?

          Esta vez como aquella, aunque distinto;
          el Hijo ascendió al Padre en pura flecha.
          Hoy va la Madre al Hijo, va derecha
          al Uno y Trino, al trono en su recinto.

          Por eso el aire, el cielo, rasga, horada,
          profundiza en columna que no cesa,
          se nos va, se nos pierde, pincelada
          de espuma azul en el azul sorpresa.

          No se nos pierde, no; se va y se queda.
          Coronada de cielo, tierra añora
          y baja en descensión de Mediadora,
          rampa de amor, dulcísimo vereda (Gerardo Diego)

TARSICIO (s. III). Patrono de los acólitos. Las catacumbas son el lugar secreto que guarda los cuerpos de quienes sufrieron martirio. El apóstol preside los cánticos, bendice el pan y lo reparte. Luego de los salmos habla el apóstol: La cara del Señor era noble y su mirar bondadoso cuando dijo haced esto en mi memoria, y no temáis, estaré con vosotros. Aurelio será vuestro obispo. Tengo el presentimiento de que mi hora está cerca, el Señor me llamará por la espada de los soldados, porque soy vuestro hermano mayor y está bien que mi sangre sea mezclada con la vuestra. Aurelio escogerá hombres jóvenes a quienes sea entregada la potestad de repetir las palabras del Señor, hombres que santifiquen, que consagren. Quizá tú, Tarsicio, aunque no sé que extraña aureola se me antoja siempre en torno a tu cabeza... En Roma puede leerse esta inscripción sobre su tumba: «Tarsicio, fiel al servicio del altar, venció a sus enemigos, alcanzando prontamente la palma del martirio. Mientras llevaba la eucaristía, fue sorprendido por unos impíos que trataron de arrebatarle su tesoro y exponerlo a la burla de los profanos. Prefirió morir, antes que abandonar el Cuerpo de Cristo en manos sacrílegas. Sepa quien esto leyere que el mérito de Esteban y de Tarsicio es igual. A los dos, después de su triunfo, el papa Dámaso dedica este elogio» (15 agosto)

JOSÉ MARÍA PERIS POLO (1889-1936). Mosén Peris. Nacido en Cinctorres, diócesis de Tortosa y provincia de Castellón. Operario diocesano, ejerce el ministerio como rector del colegio de vocaciones de Tortosa y de los seminarios de Córdoba y Barcelona. Inspirado compositor musical, se distinguió por su profunda espiritualidad eucarística. Martirizado, a los 46 años, en Almazora (Castellón), seguro que cantando con los ángeles su "Haec est dies, quem fecit Dominus" (15 agosto)

ESTEBAN DE HUNGRÍA (s. XI). Coronado de nombre, desde que le bautizaron, y coronado rey el año 1000 con la corona que de Roma trajo San Astric de parte del papa Silvestre II. San Adalberto fue su guía y maestro, se casó con santa Gisela, hermana de San Enrique II. Fue padre de San Emerico, cuyo preceptor fue San Gerardo Sagredo (abad benedictino que cuando peregrinaba a Palestina, al atravesar Hungría, fue «interceptado» por Esteban, que le convenció de que la verdadera Tierra Santa [por santificar] estaba allí). ¡Qué tiempos! «De Hungría», porque Esteban fue quien la unificó y cristianizó, con la ayuda de tantos santos, empezando por Gisela (cuya memoria hacemos el 7 de mayo; a la espera de que un día reúnan litúrgicamente a los esposos, igual que hicieron con San Joaquín y Santa Ana) (16 agosto)

BEATRIZ DA SILVA MENESES (s. XV). Nació en Portugal, pero pronto, a los 20 años, dejó su tierra. Vino acompañando a la princesa Isabel. Sin previo aviso ingresó en un convento de Toledo. Para fundar con el tiempo las concepcionistas, bajo la regla benedictina. Al morir ella, el cardenal Cisneros las trasplantó a la regla de santa Clara. Beatriz da Silva Meneses sonrió desde el cielo, convencida de que todo lo que asciende, converge (16 agosto)

JACINTO (s. XIII). Sacerdote y canónigo, acompañó a su tío Yvón Odrowaz, obispo de Cracovia, a Roma, junto con su primo Ceslao y dos amigos: Enrique y Hermann. En Roma conocieron a santo Domingo de Guzmán. Y regresaron convertidos en frailes dominicos. Como dominicos evangelizaron Prusia, Lituania, Rusia y los Balcanes. San Jacinto, polaco universal, ruega para que se nos cure la miopía del corazón. Amén. (17 agosto)

ELENA (s. IV). Escribió Eusebio de Cesarea, que dice haberlo oído de labios del emperador: «Era en las horas posmeridianas, cuando el sol declina ya; Constantino vio en el cielo, con sus propios ojos, un trofeo de cruz compuesto de luz, superpuesto al sol, y adherida al mismo una escritura que decía: "Con este signo vencerás". Él, juntamente con todo el ejército que le sigue, se sienten presa de estupor. Constantino no comprende el significado de la aparición y pensándolo largamente llega la noche. Pero, mientras duerme, le aparece el Cristo de Dios, juntamente con el signo visto en el cielo, y le manda que haga una imitación del signo y se sirva de él como de salvaguarda en las refriegas con los enemigos». Con este telón de fondo, Elena, la madre se bautiza después del edicto de Milán [313], cosa que Constantino no hizo hasta poco antes de su muerte, y se lanza a buscar reliquias en Oriente. Supuestamente halla en Jerusalén la Verdadera Cruz del Redentor. Los pintores la representan siempre como diciendo: «Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo. Venid a adorarlo» (18 agosto)

JUAN EUDES (1601-1670). Escribe Gérard Bessière: «Cuando relleno “papeles”, dejo en blanco las casillas que se refieren a la familia. Y cada vez me doy cuenta de que no tengo hijos. ¿Habré dado gérmenes de vida, como la dama del logotipo de Larousse (“siembro a los cuatro vientos”)? Aunque las sombras tuvieran que tragarme al morir, no me arrepiento de haber buscado la humanidad divina. Creo en la Vida eterna. Quizá podría escribir en los impresos de la Seguridad Social que tengo hijos de eternidad, hasta puede que la familia sea numerosa». Juan Eudes, nacido en Ri, fallecido en Caen, sacerdote, ha tenido familia numerosa: los eudistas, que siguen difundiendo el amor y la devoción al Corazón de Jesús y al Corazón de María (19 agosto)

MAGÍN (s. IV). De él el martirologio sólo dice ocho palabras: «In pago Tarraconensi in Hispania, sancti Magini, martiris». Afortunadamente en la fiesta del copatrono de Tarragona los predicadores cuentan más cosas: que su nombre procede de Maximus y fue un ermitaño de finales del siglo III y principios del IV, que nació en Tarragona o en uno de los pueblos que rodean el monte de Brufagaña. Muertos sus padres, vendió su parte de la herencia para repartirla entre los pobres, y se retiró durante treinta años a una cueva que todavía existe en el mismo monte. (Goza además de una virtud que muy pocos alcanzan, y es que dio el salto a nombre común con el significado de talento, mente, inteligencia. "Este chico tiene un magín prodigioso", se suele decir). Entonces, llegó a Tarragona la persecución de los cristianos decretada por el emperador Maximiano. Magín salió de su cueva para reconfortar a los cristianos perseguidos y encarcelados. No tardó en detenerlo el prefecto Daciano, que lo mandó encarcelar en Tarragona. Pero Magín, que no estaba dispuesto a dejar solos a sus hermanos que sufrían, se valió de dones divinos para escapar milagrosamente de la prisión. Salió de la ciudad por la puerta que se llamaba "del Carro" que luego pasó a llamarse "de San Magín". Volvió a ser detenido en su cueva de Brufagaña, y conducido por los soldados que lo llevaban preso, al pasar por un torrente hizo brotar unas fuentes, que todavía manan actualmente, para apagar la sed de sus verdugos. Dijo el santo "donde mi cayato caiga un río nacerá", y nació un río que llamaron Gaià, que quiere decir cayato -gaiato- en recuerdo a su origen. Sufrió martirio el 19 de agosto de 306. En el lugar de su martirio levantaron los cristianos un templo, al que agregaron luego un hospital. Así da gusto (19 agosto)

BERNARDO (s. XII). «Sólo Dios es a quien nunca se busca en vano, ni siquiera cuando no se le encuentra». Entró en el Cister a los 22 años, con 30 jóvenes de la nobleza a los que convenció para que le acompañaran. Tres años después fue enviado a fundar la abadía de Claraval. Al morir a los 63 años había fundado 68 monasterios. Consejero de papas y reyes. Viajó sin parar. Escribió miles de páginas, destacando su «Tratado sobre el amor de Dios». En él todo fue grande, incluso el dolor constante de estómago que sufrió durante años. «Cargó el siglo XII sobre sus hombros» (20 agosto)

PÍO X (s. XX). Beppi (José Melchor) Sarto Sanson hasta 1903, hijo de Juan Bautista y Margarita, hermano mayor de Ángel, Rosa, Teresa, María, Antonia, Lucía, Ana y Pedro Cayetano. Pío X durante 11 años. No era un técnico ni en teología ni en política, pero era un técnico en niños: por eso quiso que también ellos pudieran participar en la eucaristía (21 agosto)

SIDONIO APOLINAR (s. V). «In illo tempore»... grandes obispos llegaron a serlo de manera parecida: contra su voluntad. El caso de San Sidonio Apolinar de Clermont nos hace pensar en San Ambrosio de Milán. Cayo Solio Sidonio Apolinar nació en Lyon. Militar de alta graduación se casó con la hija del emperador Avito. Jefe del Senado y Prefecto de Roma, al enviudar se retiró a su tierra. Coincidió con que los de Clermont habían quedado sin obispo, y aunque era lo que era, un jubilado, pensaron que era el más indicado para ser el obispo que como buen pastor les defendiera de los invasores bárbaros que capitaneados por Alarico se les venían encima. A Dios rogando (instituyó en la diócesis días de oración colectiva-días de rogativas-), y dando a los necesitados sus muchas riquezas, entonó al personal. Incluso escribía versos. Lo de Camus: «Sí, existe la belleza y… los humillados. Por muy difícil que sea intentaré no ser infiel ni a la una ni a los otros». Pasa por ser el último representante de la auténtica cultura clásica antes de que la invasión de los bárbaros desertizara el clima intelectual de Occidente (21 agosto)

SINFORIANO (s. IV). De familia noble, en tiempo de Marco Aurelio, fue condenado a muerte por rehusar ofrecer un sacrificio a la diosa Cibeles. Cuando iba al martirio, su madre desde la muralla de Autun le gritó (en latín, que entonces era lo que hablaban): «Nate, nate, Symphoriane, in mente habe Deum vivum. Hodie tibi vita non tollitur, sed mutatur in melius» (Sinforiano, hijo, no te olvides del verdadero Dios, que hoy no te quitarán la vida sino que tendrás una mejor). ¡Qué madre! (22 agosto)

ROSA DE LIMA (s. XVII). Isabel Flores y Oliva, hija de Gaspar y de María, nació en Lima en 1586. Pero desde muy pronto la llamaron Rosa, por su belleza. A los 11 años recibió la confirmación de manos de santo Toribio de Mogrovejo. Devotísima de santa Catalina de Siena, ingresó en la tercera orden de los dominicos. Vivió 31 años. Gran penitente y mística extraordinaria. Cronológicamente es la primera santa del continente americano. Y la más famosa, hasta que fray Escoba, limeño y dominico también, casi le hizo la competencia (23 agosto)

BARTOLOMÉ (s. I). De Caná de Galilea, amigo de Felipe, que le llevó a Jesús, el cual dijo al verle: «Este es un verdadero israelita, en quien no hay doblez alguna». Rojo de vergüenza le contestó él: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Empatados. Pero Jesús añadió: «No corras, Natanael, que te queda mucho por ver». 2 a 1. Impresiona lo que Natanael dijo más adelante, cuando, después de la resurrección, al caer el día se reunían los Doce a recordar: «Yo la noche del Jueves santo descubrí que no se iba. Llevaba ya mucho tiempo preguntándomelo. Y cuando Él se vaya, ¿qué? Cuando Él nos tendió el pan comprendí que ése era su modo de quedarse. Algo que no esperaba. Aquel «hacer esto en memoria mía». Quise preguntarle qué quería decir. Pero alguien me lo explicó dentro: bastaría entonces que uno de nosotros cogiera el pan entre las manos para que Él volviese a estar entre nosotros. Una lágrima quiso subir a mis ojos. Pero no era hora para lágrimas. Me sentía más lleno que nunca y Él me pareció más gigante que en todos sus milagros». Y se puso en camino proclamando la buena noticia, haciendo discípulos y bautizándolos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Dicen que hasta la India (24 agosto)

JOSÉ DE CALASANZ (s. XVII). De estatura enorme por fuera y de fortaleza enorme por dentro. Aragonés, claro. Vivió casi un siglo: 92 años. La mayor parte en Roma. Desordenador del desorden establecido, trató de enseñar a leer a todos los hijos de Dios. ¡Qué cosas! Naturalmente le calumniaron. El Señor le enriqueció con la caridad y la paciencia (25 agosto)

MELQUISEDEC. La misteriosa figura de Melquisedec, que es presentado como sacerdote en dos breves pasajes de la Escritura (Gén 14,18-20; Sal 110, 4), sirve al autor de la Carta a los hebreos para describir el sacerdocio de Cristo. No es un sacerdocio de origen humano y sujeto a la muerte, sino un sacerdocio divino y no caduco ni mortal, como corresponde al Hijo eterno de Dios: «Este Melquisedec era rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo. Cuando Abrahán volvía de vencer a los reyes, Melquisedec le salió al encuentro y lo bendijo. Melquisedec cuyo nombre significa en primer lugar rey de justicia y rey de la paz, se presenta sin padre, ni madre, ni antepasados; no se conoce el comienzo ni el fin de su vida, y así, a semejanza del Hijo de Dios, es sacerdote para siempre». «Tu es sacerdos in aeternum secundum ordinem Melchisedec» cantaban cuando nos ordenamos (26 agosto)

TERESA DE JESÚS JORNET E IBARS (1843-1897). A la fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados seguro que sonreirá desde el cielo si hoy nos oye rezar:

          Señor, enséñame a envejecer como cristiano.
          Convénceme de que no son injustos conmigo
          los que me quitan responsabilidades,
          los que ya no piden mi opinión,
          los que llaman a otros para que ocupen mi puesto.
          Quítame el orgullo de mi existencia pasada
          y el sentimiento de creerme indispensable.
          Enséñame a aceptar mi salida de la actividad laboral,
          con la misma sencilla naturalidad
          con que acepto la puesta del sol en el ocaso.
          Pero ayúdame, Señor,
          para que siga siendo útil a mis hermanos,
          contribuyendo con mi alegría al entusiasmo
          de los que ahora tienen responsabilidades.
          Finalmente te doy gracias, Señor,
          pues en esta hora tranquila de mi vida,
          caigo en la cuenta de lo mucho que me has amado.
          Y te pido me concedas mirar con esperanza
          hacia el futuro feliz que me tienes preparado,
          hacia ese atardecer de la vida,
          en que me examinarás en el amor. Amén.

     Que la Patrona de la ancianidad interceda ante el Señor para que sepamos rezarla a tiempo (26 agosto)

MÓNICA (s. IV). Argelina, casada con un pagano, su amor llevó a su esposo -aunque fuera un año antes de morir- a la fe. Ejemplo de cómo la fe se comunica con el sencillo amor de cada día. Y luego, también con amor, acompañó el largo itinerario de su hijo Agustín hasta la conversión. «Cuando ya se acercaba el día de su muerte, dijo: Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Ignoro qué es lo que hago aquí y porque estoy aún aquí, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?» (27 agosto)

AGUSTÍN (s. IV). Grande entre los grandes. Sediento de sabiduría, buscador incesante y apasionado de Dios. Síntesis de contemplativo, de teólogo, de pastor, de catequista, de mistagogo, de defensor de la fe, de promotor de la vida en común. «¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, más yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti».Amén, amén, amén (28 agosto)

JUAN BAUTISTA (s. I). Martirio de Juan Bautista, hijo de Isabel y Zacarías, pariente de Jesús, María y José. Da gusto rezarle hoy con palabras de José Martín Descalzo: «Pastor, que sin ser pastor, al buen Cordero nos muestras, precursor que, sin ser luz, nos dices por dónde llega, enséñanos a enseñar la fe desde la pobreza. / Tú que traes un bautismo que es poco más que apariencia y al que el Cordero más puro baja buscando pureza, enséñame a difundir amor desde mi tibieza. / Tú que sientes como yo que la ignorancia no llega ni a conocer al Señor ni a desatar sus correas, enséñame a propagar la fe desde mi torpeza. / Tú que sabes que no fuiste la Palabra verdadera y que sólo eras la voz que en el desierto vocea, enséñame, Juan, a ser profeta sin ser profeta» (29 agosto)

FIACRO (s. VII). Era un irlandés que recibió del obispo Farón de Meaux un terreno para levantar un pequeño eremitorio. Hombre detallista y cuidadoso -es el patrono de los jardineros-, silencioso y amable, recibía constantes visitas de cristianos que querían aprender a rezar a su lado. Terminó por construir una gran abadía en Breuil (30 agosto)

RAMÓN (s. XIII). Nonato, porque le nacieron después de morir su madre, en Portell, cerca de Cervera. Recibido a los 24 años en la orden de la Merced por su amigo Pedro Nolasco, al que sucedió como segundo maestro general. Gastó todo su patrimonio en rescatar cautivos, e incluso se quedó de rehén en Argel. Gregorio IX le llamó para hacerle cardenal, pero murió camino de Roma, antes de haber cumplido 40 años (31 agosto)

 
419
Cuando la hoja vocacional salía impresa mes tras mes, publiqué repetidas veces mini-hagiografías con sabor vocacional: «Estos hicieron tanto por salvarse, ¿y tú qué haces?» I y II (302. 304-305); «¿Por qué no con el tiempo?» (327); «¿Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco?» (385-387). / De 2001 a 2003 colaboré en la revista «El Reino» con una sección titulada «El rostro de los santos». / Mientras se publicó la agenda bíblico-litúrgica «Phase», Joaquín Gomis y yo, algunos años, ilustrábamos los domingos con un boceto de gente buena. / Aquí van ahora (tras los versos de José Ángel Valente), a través de esta hoja vocacional virtual, ordenadas por meses, diversas mini -y a veces no tan mini- hagiografías. / Con la esperanza de que, leyéndolas el lector sonría, descubra la voluntad de Dios, y una estrella ilumine los ojos de su corazón.- Jorge Sans Vila