SOBRE SU NOMBRE Y NACIMIENTO
HASTA EL DÍA DE HOY NO ESTÁN
LAS HISTORIAS DE ACUERDO: FUE
DESCONOCIDO Y VULGAR. 

CUANTOS LE HABLABAN, LE OLVIDABAN
EN SEGUIDA, PARA QUEDAR
SIN DARSE CUENTA OTRO POCO
MÁS ALEGRES, MÁS EN PAZ.

QUIÉN NOS LE PINTA ENCERRADO
EN MÍSTICA SOLEDAD;
QUIÉN DICE QUE HABITÓ EN EL RUIDO,
DEJÓ FAMILIA Y GANÓ EL PAN.

SÓLO NOS CONSTA QUE SOLÍA,
AL SALIR DE SU PORTAL,
MIRAR EL COLOR DEL CIELO
Y, TROPEZANDO, SUSPIRAR. 

QUE LE GUSTABA ANDAR DESPACIO,
IR SILBANDO A VER PASAR
LA GENTE, Y TENÍA ALGUNAS
DULCES MANÍAS QUE CULTIVAR.

SIN PENSARLO MUCHO, REZABA
CON COSTUMBRE DE OLVIDO YA,
CONFIABA Y SE DISTRAÍA
EN LA VIDA Y SU ZUMBAR.

MURIÓ, Y DESPERTÓ ASOMBRADO
AL ENCONTRARSE SANTO ALLÁ:
RIEGA MILAGROS PEQUEÑOS
QUE A NADIE DAN NADA QUE HABLAR.

 

 

 

ESTER. Protagonista de un libro del Antiguo Testamento que lleva su nombre (que estaría bien leer de nuevo: auténtica novela del Este), cautivó con su belleza al rey persa Asuero. (Inteligente su tío Mardoqueo, malo de película Amán, hijo de Hamdatá, natural de Agag). Sus «mañas» al servicio de su pueblo consiguieron la amnistía para sus compatriotas, que como no habían leído el Sermón de la montaña «no saquearon sus bienes» (¡qué finura!) pero eliminaron a «unos cuantos» incluidos los diez hijos de Amán (ver Ester 9, 16). ¡Tiempos, que ojalá no vuelvan! (1 julio)

AARÓN (s. XIII a.C.). Hijo de Amram, nieto de Quehat, bisnieto de Leví, hermano mayor de Moisés (que de haber vivido hoy, habría sido cliente asiduo de los logopedas). Cuando el Señor decide enviarle a liberar a su pueblo, Moisés le dice: «Pero, Señor, yo no soy un hombre de palabra fácil. No lo era antes, ni tampoco lo soy desde que tú me hablas; soy tardo en el hablar y torpe de lengua». El Señor le replica: «Ahí tienes a tu hermano Aarón, el levita; yo sé que él tiene facilidad de palabra. Tú le dirás lo que debe decir; yo estaré en tu boca y en la suya. El hablará por ti al pueblo; él será tu portavoz. Tu hermano Aarón será tu profeta. Tú dirás cuanto yo te mande, y tu hermano Aarón hablará al Faraón» (Ex 4, 10-15; 7,1-2). Cuando leemos repetidas veces: «Entonces Moisés y Aarón dijeron al pueblo» (Ex 16,6) nos imaginamos la escena. El mayor a las órdenes del pequeño. Todo un modelo para tantos primogénitos convertidos en meros adláteres. Aceptando el oficio humildemente. ¿Por qué no, si lo que importa es servir? (1 julio).



ACESTO (s. I) Decía Mircea Eliade: «El hombre moderno, igual que el hombre primitivo, no puede vivir sin leyendas». Todavía reciente la memoria del martirio de San Pablo, ayuda a vivir recordar la leyenda del mártir Acesto, uno de los tres soldados que condujeron a San Pablo al lugar de su ejecución. Tras ver lo que vieron tan de cerca dijeron que querían acompañarle también al cielo, muriendo decapitados allí mismo. Emociona imaginar la llegada a la Patria del Apóstol de las gentes tan bien acompañado (2 julio) 

TOMAS (s. I). Desde 1945 vamos conociendo mejor unos papiros descubiertos casualmente en una cueva de Nag Hammadi. Sobre todo la colección de 114 «dichos» de Jesús resucitado, titulada «Evangelio de Tomás». Empieza así: «Estas son las palabras ocultas que dijo Jesús, el viviente, y que ha escrito “el Mellizo”, Judas Tomás». ¿Nuestro Tomás?Puede que sí, puede que no. Indiscutiblemente sí son del apóstol Tomáslos 3 «dichos» que aparecen en el Evangelio de Juan, que son un retrato impresionante del ardiente Mellizo: 1) «Vamos también nosotros a morir con él» (Jn 11, 16), cuando los otros tenían miedo de acompañar a Jesús a Betania para «despertar» a Lázaro; 2) «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino» (Jn 14,5), pregunta suplicante cuando Jesús se despedía de ellos el Jueves Santo; 3) «Si no veo las señales dejadas en sus manos por los clavos y meto mi dedo en ellas, si no meto mi mano en la herida abierta en su costado, no creeré que Jesús haya resucitado» (Jn 20,24), ardiendo en deseos de que fuese verdad lo que le decían; y la sublime confesión de fe «¡Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28), que los cristianos hemos aprendido a decir al adorar el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la eucaristía (3 julio)

ISABEL DE PORTUGAL (s. XIV). La oración de San Francisco ella no la rezaba con los labios, no la oía como música celestial. Se la apropió haciéndola vida: «Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: donde haya odio, ponga yo amor; donde haya ofensa, ponga yo perdón; donde haya discordia, ponga yo unión; donde haya error, ponga yo verdad; donde haya duda, ponga yo fe; donde haya desesperación, ponga yo esperanza; donde haya tinieblas, ponga yo luz; donde haya tristeza, ponga yo alegría». Su nacimiento puso ya en paz a su padre, Pedro III de Aragón, con su abuelo Jaime I el Conquistador. A los 12 años la casaron con el rey Dionisio el Liberal de Portugal, y con este matrimonio arregló las agrias relaciones que mantenía Dionisio con su hermano. Pronto se dio cuenta de que el rey era un mal marido. «Transigir, no claudicar» fue su lema, imitando a su tía santa Isabel de Hungría. En su casa convivieron los hijos propios y los de su marido a los que consideró dignos de cariño. Años y años, historia interminable, tratando de que su marido y su hijo Alfonso IV el Bravo se reconciliaran. Se empeñó: «no tanto en ser consolada, como en consolar; en ser comprendida, como en comprender; en ser amada, como en amar; dio, olvidó, perdonó». Tras morir el rey en sus brazos dando pruebas de haber comprendido por fin la magnanimidad de su esposa, vivió desde entonces como terciaria franciscana en una modesta casita junto al convento de las clarisas en Coimbra, asistiendo a los enfermos en el hospital que había mandado edificar. Todavía se puso en camino para ser mediadora de paz entre su hijo Alfonso IV de Portugal y su nieto Alfonso XI de Castilla. Viaje que le costó la vida. «Muriendo, resucitó a la vida eterna» (4 julio)

PEDRO DE LUXEMBURGO (s. XIV). Obispo de Metz a los 14 años. A los 16 fue creado cardenal. Murió a los 18 años «después de una vida santa, que parecía destinada a grandes cosas». Ahora le calificarían de «malogrado». ¿Según qué criterio? Podría ser patrono de las vocaciones de primera hora (4 julio)

ANTONIO MARíA ZACCARIA (1502-1539). Médico a los 22 años. Al sentirse impotente para que sus pacientes no cayeran en brazos de la muerte, decide hacerse sacerdote para dar Vida que no muere. Cuando tenía 30 años, con dos amigos de su misma edad, Giacomo Morigia y Bartolomeo Ferrari, convencidos de que «Nada es posibles sin los hombres. Nada perdura sin las instituciones», echan a andar tres asociaciones, siempre al resguardo de San Pablo: los clérigos regulares de San Pablo (llamados «barnabitas» por la iglesia de San Bernabé de Milán donde vivían); las angélicas de San Pablo (primer caso de religiosas sin clausura; que entusiasmó a San Carlos Borromeo, pero que el Concilio de Trento enclausuró); los matrimonios de San Pablo, laicos casados entregados al apostolado. Por lo que, acusado de hereje, tuvo que ir a Roma a defenderse. «Nihil novum sub sole» decía el sabio Cohélet. No dejaba de tener razón, también en el afán asociativo de los cristianos para perdurar. Antes de cumplir 37 años murió en Cremona. De Cremona al cielo (5 julio)

MARÍA GORETTI (s. XX). Marieta para sus familiares y amigos. En su Italia pobre, con su generosidad infantil -también ella llena de gracia, espiritual y física-, sabiendo cuidar de sus hermanos pequeños. Esto es lo que explica que la bella italianita, a sus doce años, dijera no a la violencia sin amor. Y que al día siguiente, antes de morir, supiera comprender y perdonar (6 julio)

GOAR (s. VI). Sinónimo de hospitalidad. Casi borrados los datos sobre su persona por la distancia del tiempo (sacerdote de origen francés, que pasó sus días eremíticamente al lado del Rin, que con permiso del obispo de Tréveris construyo una iglesia que se convirtió en centro de acogida de peregrinos y necesitados) ha perdurado el recuerdo de la bondad de su obra, dando paso a una leyenda luminosa. Denunciado repetidas veces ante el obispo, por envidiosos de su fama, siempre quedó patente su honradez. Prodigiosamente incluso. Marilina Rébora recrea en ese soneto una florecilla de su vida:

Preséntase San Goar y suspende la capa
en un rayo de sol, al suponerlo un «palo»,
pues que no advierte cómo desde un cristal escapa,
satisfecho, después de encontrar tal regalo.

Del haz de luz -entonces- el atavío cuelga,
frente al mirar atónito de todo circunstante
que conviene en silencio, ya que la duda huelga
al ver aquel prodigio que tiene por delante.

San Goar nada ve: obediente se inclina
ante el obispo trémulo que se ha quedado mudo
y para quien el Santo la información termina.

Luego -y mientras testigos lanzan voces a coro-,
de la percha de luz, toma, con un saludo,
la capa que lo envuelve en un halo de oro.

«Los pueblos que no tienen leyenda están condenados a morir de frío» (6 julio)

FERMÍN (s. III). 7 de julio, san Fermín; y 14 de enero, 18 de agosto, 25 de septiembre, y 11 de octubre en Francia.Mártir y obispo el de Pamplona. Como los otros. ¿O es el mismo? Tiempos lejanos. Firmo y Eugenia, los padres, al ir a rendir culto a su dios, encontraron un extranjero. Venía de Francia. Parecía tan buena persona, Honesto se llamaba, y lo era, que le acogieron en su casa. Le enviaba Saturnino, el obispo de Toulouse. Les habló de un tal Jesús. Quisieron saber más, tanto que invitaron a Saturnino a que viniese a Pamplona. Vino, vio y convenció. «San Saturnino, el que nos trajo la fe». Fermín, con sus diez años, observaba, guardaba sus palabras en su corazón. Discípulo predilecto de Honesto, pasados los años sucesor de Saturnino, le ordenó sacerdote y le envió de obispo a Pamplona. Para agradecer a las Galias el regalo de la fe, Fermín volvió a Francia muchas veces para hablar del Padre y del Hijo y del Espíritu. Una vez ya no volvió a Pamplona, el pretor de Amiens, no queriendo líos con los paganos, en absoluta mayoría, nuevo Pilatos, mandó que le cortaran la cabeza en la cárcel. Faustiniano, un cristiano venturoso, recuperó el cuerpo del hijo de Firmo y Eugenia (7 julio)

EUGENIO III (s. XII). «Sancti Bernardi dilectus discipulus» (Discípulo predilecto de San Bernardo. Que tenía buen ojo). Después de ocupar un cargo en la curia episcopal de Pisa, ingresó en 1135 en el monasterio cisterciense de Claraval, tomando el nombre de Bernardo. Cuando el Papa Inocencio II pidió que algunos cistercienses fuesen a Roma, San Bernardo envió a quien estaba seguro de que le haría quedar bien. A la muerte del Papa Lucio II, en 1145, los cardenales eligieron para sucederle a Bernardo, el abad de San Anastasio, que tomó el nombre de Eugenio. Tiempos difíciles. A los tres días de elegido, tuvo que huir de Roma. (De los ocho años que fue Papa, sólo pudo residir en Roma unos meses, muriendo incluso fuera, en Tivoli). Predicó la segunda cruzada. Presidió sínodos en París, Tréveris y Reims. Sufrió mucho al tener que excomulgar a Arnoldo de Brescia (1148). San Bernardo le dedicó el libro «De Consideratione» en el que le decía que el Papa tenía como principal deber atender a las cosas espirituales y que no debía dejarse distraer demasiado por asuntos que corresponden a otros. Murieron el mismo año, 1153.Bernardo el 20 de agosto, Eugenio III este día (8 julio)

AGUSTÍN ZHAO RONG y 119 COMPAÑEROS MÁRTIRES (s. XVII-XX). Hoy experimentamos la misma sensación de escalofrío que cuando en el Apocalipsis se llega al capítulo 7 y se oye: «De la tribu de Judá, doce mil marcados; de la tribu de Rubén, doce mil; de la tribu de Gad, doce mil... Y una muchedumbre enorme que nadie podía contar. Gentes de toda nación, raza, pueblo y lengua, vestidos de blanco y llevando palmas en las manos». 120 mártires, encabezados por Agustín Zhao Rong (que siendo soldado acompañó al obispo de Chengdu a Beijin y quedó tan impresionado de su paciencia que pidió el bautismo, entró en el Seminario, fue ordenado sacerdote, y tras sufrir crueles suplicios murió en 1815); Pere Sans i Jordà, Luis Versiglia, Antonino Fantosi, Francisco Fogolla, Gabriel T. Dufresse y Gregorio Grassi obispos; el protomártir Francisco Fernández de Capillas, franciscano, que murió rezando el rosario; hasta... Ramón Li Quanzhen, Rosa Chen Aixie, Rosa Fan Hui, Rosa Zhao, Simón Quin Chunfu, Teresa Chen Jinxie, Teresa Zhang Hezhi, Xi Guizi y Zhang Huailu.Muchedumbre enorme, cada uno con su nombre propio, que el Señor sabe pronunciar tan bien, cantando: Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza de nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. (9 julio)

MANUEL RUIZ LÓPEZ (s. XIX). «¡Oh venerable Manuel!, tu protección imploramos. Ruega a Cristo por nosotros, ya que somostus hermanos. / El día 5 de mayo, de 1804, viniste a la luz del mundo, en este pueblo cristiano. / En Damasco el 10 de julio, con una gran esperanza, por Jesús diste la vida encima del Ara Santa. / De Jesús Sacramentado fuiste devoto ferviente. Pídele que nos conceda una buena y santa muerte».Así cantan orgullosos, no de los versos, sí del paisano, en San Martín de las Ollas, al norte de Burgos, en la merindad de Valdeporres. A los 19 años se hizo franciscano. Cuando tenía 27 lo destinaron a Tierra Santa. Aprendió el árabe en Damasco, donde fue párroco. Le llamaban “Padre paciencia”. Delicado de salud regresó a España, siendo profesor de griego y latín en el seminario de Burgos. Cuando se sintió con fuerzas regresó (1856). En el Líbano, corrían malos tiempos para los cristianos. «Nos hallamos en un gran peligro -escribía el P. Manuel el 2 de julio de 1860 al Procurador de Tierra Santa en Jerusalén-; nuestra fe se encuentra amenazada». El convento franciscano de Damasco servía de refugio y asilo de momento para los cristianos. El P. Manuel, se da cuenta de la gravedad del momento: «Es posible que llegue la hora suprema del sacrificio. Y los seguidores de Cristo tienen que serlo hasta la muerte. No puede haber claudicaciones». Al ver al enemigo dentro de los muros, voló a la Iglesia para sumir el Santísimo, y allí en el altar selló el mejor testimonio de su fe (10 julio)

BENITO (s. VII). «El bienaventurado Benito, habiendo dejado su casa y sus bienes familiares y queriendo agradar sólo a Dios, buscó la manera de llevar una vida santa, y habitó en la soledad, ante los ojos del Altísimo, que todo lo ve». «Estuvo lleno del espíritu de todos los justos» escribe san Gregorio. Buen patrono para los que viven en Europa (Juan Pablo II ha hecho que le ayudaran en la no fácil tarea dos santos y tres santas más) (11 julio)

JUAN GUALBERTO (s. XI). En la vida a veces uno se encuentra con situaciones tan duras, tan difíciles que no sabe ni qué pensar ni qué decir. Confieso que en una ocasión recurrí a san Juan Gualberto. Conté su vida: Nació en Florencia de familia muy rica. Heredó una gran fortuna y un enorme odio en el corazón. Un Viernes santo se encontró en un callejón con el asesino de su único hermano. Juan se disponía a matarlo allí mismo, cuando el asesino se arrodilló, puso sus brazos en cruz y le dijo: «Juan, hoy es Viernes santo. Por Cristo que murió por nosotros en la cruz, perdóname la vida». Instante de muerte o vida. Se bajó del caballo y abrazando al criminal le dijo: «Por amor de Cristo, te perdono». Exhausto entró en la iglesia cercana, se arrodilló ante la imagen de Cristo crucificado y le pareció que Jesús inclinaba la cabeza y le decía: «Gracias, Juan». No conté más (que se hizo benedictino, que quisieron nombrarle abad, que se retiró a una valle llamado Valleumbroso en los Apeninos, que unos monjes desde entonces se llaman así). No hizo falta (12 julio)

CARLOS MANUEL RODRÍGUEZ SANTIAGO (s. XX). «Santo es el pecador que no se rinde» repetía en voz alta. En el museo de la catedral Dulce Nombre de Caguas se exhibe la Biblia que Carlos Manuel usó. No es una Biblia pequeña, sino grande y refleja huellas de haber sido muy usada. ¡Qué reliquia! Fray Pepe, benedictino, que recuerda a su hermano como lector asiduo de la Biblia, cambió con gran acierto la frase por: «Santo es el que lee la Biblia». ¿Es que era protestante Carlos Manuel Rodríguez? Sí, protestaba de la ancestral ignorancia que tantísimos católicos tenían (¡y tienen!) de la Palabra de Dios. Vivió 45 años (1918-1963). Y en un ambiente ateo con el Círculo Católico Universitario influyó poderosamente en los intelectuales puertorriqueños para que la liturgia (lex orandi) fuera el verdadero sendero de la fe (lex credendi). (Como no andaba muy fuerte en latines, seguro que ahora desde el cielo sonreirá el beato Rodríguez Santiago leyendo que, para decir que en San Juan de Puerto Rico «despertó asombrado al encontrarse santo allá», el martirologio romano empieza con estas palabras: «Ioannipoli Portus Divitis»). Ojalá «riegue milagros pequeños que a nadie dan nada que hablar» o milagros tan grandes como que los cristianos dejemos nuestras huellas en nuestra Biblia por usarla bastante más (13 julio)

JACOBO DE VORAGINE (s. XIII). «Los países que no tienen leyendas están condenados a morir de frío» (Patrice de la Tour du Pin). «El hombre moderno, igual que el hombre primitivo, no puede vivir sin leyendas» (Mircea Eliade). «Desde que el mundo existe se han contado historias, porque sin historias la especie humana habría perecido igual que sin agua» (Karen von Blixen-Finecke). No podemos decir que Jacobo de Vorágine fuera orgulloso, porque el orgullo es un hábito operativo malo, y el gran pacificador de Génova era bueno. Pero seguro que en el cielo se sintió muy a gusto cuando leyó lo que personajes tan ilustres como los tres anteriores dijeron de las leyendas. Y probablemente más de una tarde abre como distraídamente el Diccionario de la Real Academia y repasa complacido lo que trae en Leyenda áurea: «Compilación de vidas de santos hecha por Jacobo de Vorágine en el siglo XIII». Y si los santos fuesen coleccionistas de autógrafos seguro que el buen dominico se pasaría horas y horas firmando ejemplares de su obra a petición de los bienaventurados que en ella figuran. Porque tiene que encantarles leer su propia vida tan bien contada por quien no se quedaba en los meros hechos sino que captaba el ideal, algo así como Dios cuando lee nuestras vidas, porque en realidad somos más lo que queremos ser que lo que hemos sido (13 julio)

ENRIQUE II (s. XI). Enrique «el bueno». San Wolfgang de Ratisbona fue su maestro. Su esposa, santa Cunegunda. Su hermana, beata Gisela, y su cuñado, san Esteban de Hungría. Su amigo, san Odilón, abad de Cluny. San Wiligis, arzobispo de Maguncia, le coronó rey de Germania en 1002, y en 1014 el papa, emperador. Así cualquiera, puede que diga alguien. Pero ¿no es gran mérito saber rodearse de buenas compañías? Se empeñó en que sus gentes fueran cristianos no sólo de nombre. Tenía debilidad por los hijos de San Benito (Cluny, Montecassino, Einsiedeln, St. Emmeran, Gorsch) hasta el punto de rondarle la idea de hacerse benedictino. (San Pío X lo declaró oficialmente patrono de los oblatos benedictinos). Debilidad que compartió su esposa, ya que al cumplirse el primer aniversario de la muerte (1024) del bueno de Enrique, benedictina se hizo en el monasterio de Kaufungen, por ella fundado, donde vivió hasta el 3 de marzo del año 1039. Esperemos que en la próxima reforma litúrgica, así como unieron en un mismo día las fiestas de San Joaquín y Santa Ana, reúnan en el mismo la de los dos santos esposos. ¡Abajo las familias desunidas, en el cielo también! (13 julio)

CAMILO DE LELIS (s. XVI). Por su estatura hubiera podido ser jugador de baloncesto. Iba para militar, pero se pasó de rosca y fue hospitalizado en Roma, en Santiago de los Inválidos. Así descubrió una vocación mejor: cuidar enfermos. Y ya que iba para santo fundó la Compañía de los servidores de los enfermos. Patrono de los enfermos y de los hospitales junto con San Juan de Dios (14 julio)

BUENAVENTURA (s. XIII). Cuando murió el «Poverello» de Asís, Buenaventura tenía 8 años, todo lo más. Estudió filosofía y teología en París, ministro general de su orden, cardenal-obispo de Albano (porque el papa quería tenerle cerca para preparar el Concilio II de Lyon), escritor profundo, pero... hijo de san Francisco siempre y profundamente enamorado de su espíritu. «A Dios solo, honor y gloria» era su lema (15 julio)

ANTIOCO (s. III). Cuando leemos hoy en el martirologio: «En Anastasiópolis de Galacia, san Antioco, mártir, hermano de san Platón», y luego: «En Sebaste de Armenia, san Atenágoras que escribió para sus discípulos un himno a la divinidad del Espíritu Santo», nos entra una ensoñación de voces y ecos, de personajes oscuros que se iluminan, de pistas humanas que nos llevan a Dios. Incluso imaginamos al viejo Platón bautizado, al perseguidor perseguido, a san Anastasio resucitado, al patriarca Atenágoras abrazando a Pablo VI, y quisiéramos alabar al Espíritu Santo con palabras divinas... mientras rezamos el rosario recordando a la Madre de Jesús sonriéndonos desde el monte Carmelo (16 de julio)

JUAN PLESSIGNTON (s. VIII). Estudió en Valladolid. Había nacido en Dimples, cerca de Garstang. Es uno de los cuarenta mártires de Inglaterra y de Gales, beatificados en 1929 y canonizados en 1970. Otros muchos de su «promoción» se llamaban con el mismo nombre: Juan Houhton, Juan Jones, Juan Kemble, Juan Payne, Juan Rigby, Juan Roberts, Juan Southwort, Juan Stone, Juan Wall. Realmente un derroche de santidad y de juaneidad (17 julio)

SINFOROSA (s. III). Decían que la mártir Sinforosa era esposa del mártir san Getulio y madre de los mártires Crescente, Julián, Nemesio, Primitivo, Justino, Stateo y Eugenio. Y la presentaban como aquella madre de los macabeos. Quedaba bien. Ahora sabemos que Sinforosa fue una cristiana que murió mártir en la Via Tiburtina a unos 17 km. del Roma. Y que a los 7 –cristianos, cada uno hijo de su padre y de su madre, y que quizá entre ellos ni se veían ni se podían ver– el martirio los hermanó. Un poco como nos pasa a nosotros que cuando decimos «Padre nuestro» nos descubrimos hermanos (18 julio)

EPAFRAS (s. I). «Nuestro querido compañero Epafras, que es para vosotros fiel servidor de Cristo» (Col 1, 7). «Saludos de Epafras, paisano vuestro y siervo de Cristo Jesús, que ruega con ahínco por vosotros para que os mantengáis firmes en el pleno y perfecto cumplimiento de la voluntad de Dios» (Col 4, 14) es todo lo que sabemos del primer obispo-mártir de Colosas. Pero ¡qué gran elogio en boca de Pablo! (19 julio)

APOLINAR (s. II). Obispo, mártir. Buena persona en vida, paciente en muerte y «resurrección». Fue excluido del calendario romano general en la reforma litúrgica posconciliar porque su culto no era de importancia universal (¿?). Pero no contaban con la Basílica de Sant’Apollinare in Classe, a 5 km. de Ravenna, a orillas del Adriático. Y su belleza es tan universal que en la revisión del misal romano de 2000 ha vuelto el mártir para testificar. Peregrinar a su basílica es como asomarse al cielo anticipadamente. Antes que Dostoievski, San Apolinar sabía que al mundo lo salvará la belleza. Yo a veces cuando rezo los salmos peregrino a la basílica. Abro el ordenador y mientras mis labios alaban al Señor, mis ojos se extasían ante los mosaicos bizantinos. Hay que hacer la prueba. Ahora mismo. Resucitado predicador por la belleza, San Apolinar. Visita esta página web (20 julio)

VÍCTOR (s. III). El que vence, vencedor. U. t. c. s. (Úsase también como sustantivo) dice el diccionario. Como sustantivo se puso de moda en el siglo III (en Cartago, en Corinto, en Milán, en Roma...) cuando un cristiano daba testimonio de su fe públicamente arrostrando incluso la muerte. Un cristiano. Olvidando el nombre propio, si es que llegaban a saberlo, se quedaban con el de «Víctor», Vencedor. Así le pasó en Marsella a un cristiano. Está bien ese esfumarse el nombre que nos pusieron al nacer y quedarnos con el definitivo (21 julio)

MARÍA MAGDALENA (s. I). Aparece en el evangelio muy próxima a Jesús. Se la ha identificado con la hermana de Lázaro o con la mujer pecadora. A ella fue a quien primero se apareció el Señor resucitado y ella fue la evangelista (la anunciadora de la buena noticia) de la resurrección del Maestro. Quizá porque amó mucho antes y después de su conversión, y porque supo estar, como la Madre, al pie de la cruz. Al levantarse la aurora / con la luz pascual de Cristo, / la Iglesia madrugadora / te pregunta: «¿A quién has visto?». / ¿«Por qué lloras en el huerto? / ¿A quién buscas?» «A mi amado». / Buscando al que estaba muerto / lo encontré resucitado. / Me quedé sola buscando, / alas me daba el amor, / y, cuando estaba llorando, / vino a mi encuentro el Señor. / Vi a Jesús resucitado, / creí que era el jardinero. / Por mi nombre me ha llamado, / no le conocí primero. / Él me libró del demonio, / yo le seguí hasta la cruz, / y di el primer testimonio / de la Pascua de Jesús. / Haznos, santa Magdalena, / audaces en el amor, / irradiar la luz serena / de la Pascua del Señor (22 julio)

BRÍGIDA (s. XIV). Sueca. Tuvo ocho hijos. Fundó el monasterio de Valdistena y una orden religiosa llamada con su nombre. Peregrinó a Santiago de Compostela, a Jerusalén y a Roma. Escribió ocho libros sobre la pasión. Intervino para reconciliar a los reyes de Francia e Inglaterra. Se esforzó para que el papa dejara Avignon y volviera a Roma. ¿De dónde sacaba el tiempo? Era contemplativa (23 julio)

PEDRO RUIZ DE LOS PAÑOS y JOSÉ SALA PICÓ (s. XX). Don Pedro ejerció el ministerio sacerdotal en los seminarios de Málaga, Badajoz, Sevilla, Plasencia y en el Colegio Español de Roma como rector. Director general de la Hermandad de Sacerdotes Operarios, se encontraba en Toledo, realizando la fundación de las Discípulas de Jesús. Apóstol enardecido de las vocaciones sacerdotales, anhelaba el martirio. El Paseo del Tránsito de Toledo fue el trampolín que a él y a José Sala Picó (nacido en Pons, Lérida, operario diocesano también, humilde rector del seminario menor de Toledo) les catapultó al cielo el 23 de julio de 1936 (23 julio)

CHARBEL MAKLUF (s. XIX). En tres palabras: «Predicar en el desierto» sería el resumen de lo que le está pasando a quien vivió callado toda su vida lejos del mundanal ruido. Nació en Beka-Kafra, una aldea de las montañas del Líbano. De familia muy humilde, huérfano de padre, muy pronto se retiró a la soledad de una cueva santificada por anacoretas, imitando a los Padres del desierto de los primeros siglos. Soledad, silencio, oración, renuncia, desprendimiento de todo... hesicasta (tranquilo, inmóvil, contemplativo) las 24 horas (Como el gato espía al ratón, el hesicasta espía al Invisible). Murió la vigilia de Navidad de 1898. A los seis meses, empezaron los signos milagrosos sobre su tumba, como predicando a los libaneses que sólo Dios basta. Ahora -la felicidad de los bienaventurados no es completa- desde Arriba se da cuenta el bueno de san Charbel de que en muchas partes muchos acuden a él no para que les ayude a espiar al Invisible, sino para conseguir bienes visibles y caducos (24 julio)

SANTIAGO APÓSTOL (s. I). Si con tu padre y Juan / pescabas en Galilea, / Cristo cambió tu tarea / por el misionero afán. / A ser de su apostolado / pasas desde pescador. // Por el hervor del gran celo / que tu corazón quemaba, / cuando Cristo predicaba / aquí su reino del cielo, «Hijo del trueno» llamado / fuiste por el Salvador // Al ser por Cristo elegido, / por él fuiste consolado, / viéndole transfigurado, / de nieve y de sol vestido / y por el Padre aclamado / en la cumbre del Tabor. // Cuando el primero a su lado / en el reino quieres ser, / Cristo te invita a beber / su cáliz acibarado; / y tú, el primero, has sellado / con tu martirio el amor. //En Judea y Samaría / al principio predicaste, / después a España llegaste, / el Espíritu por guía, / ya la verdad has plantado / donde reinaba el error. // Pues que siempre tan amado / fuiste de nuestro Señor, / Santiago, apóstol sagrado, / sé hoy nuestro protector. Amén (25 julio)

CUCUFATE (s. IV). Santo adalid, patrón de las Españas, amigo del Señor... Bien. Imposible no recordar a Santiago el 25 de julio. Pero no conviene olvidar a quien en el martirologio romano figura a continuación: Cucufate. «Barcelona estalla en vernal alegría / de San Cucufate honrando los restos / y sobre el túmulo y el sepulcro, / esparce ramos de alheña», escribió Prudencio al enumerar las ciudades que se enorgullecen de contar con sus reliquias. Mercader africano, vino desde Cartago, con su amigo Félix, a adquirir para la fe, hijos de Dios. Hecho prisionero, en ellugar de su martirio y su sepultura, se levantó el monasterio de Sant Cugat. Siglos y siglos rezando este día con la liturgia mozárabe: «Señor, éste que has dado en suerte a nuestra patria para protección de la ciudadanía, haz que cuide con espero delante de ti del pueblo que le has confiado. Que asegure para la Iglesia los asuntos de la paz, que se inmiscuya para sanar las causas de nuestras discordias, que aplaque los crímenes de nuestras culpas y que avale con preces nuestras causas» (25 julio)

JOAQUIN y ANA (s. I). Padres de la Inmaculada Virgen María, Madre del Hijo de Dios. Con otras palabras: abuelos de Jesús. Y la memoria del corazón surca el tiempo de los recuerdos sin historia escrita, pero no por ello menos verdadera. Jesús diciendo «Abuelo, llévame a jugar a la plaza», «Abuela, dame un beso»... Y el Padre Eterno sintiéndose emparentado con la humanidad. Incluso oímos la voz de María diciéndoles: «No lo miméis demasiado, que lo que le espera...». (Mimar es no limitar los deseos, dar la impresión a un ser de que todo le está permitido y a nada obligado). Y al abrir el cucurucho de dátiles traídos del pueblo, la Madre apuntando: «¿Qué se dice?, Niño». Y él: «Gracias, abuelo». Jesús aprendiendo a decir «gracias»... (26 julio)

PANTALEÓN (s. IV). Nombre que a los ignorantes les suena a fiera. O a almacén de ropa. Inconveniente de no saber griego. Pantaleón, significa «el que se compadece de todos». ¡Qué cosas!Podemos decirle a Dios: Señor, tú eres el Pantaleón de los Pantaleones. De hecho lo fue con el médico del emperador Galerio Maximiano. Hijo de un pagano llamado Eubula, se convirtió. Pero las circunstancias y los circunstantes palaciegos le llevaron a avergonzarse del nombre de cristiano. Apostató. Hasta que un buen cristiano, llamado Hermolaos, le reabrió los ojos de la fe. Dios, que no tiene memoria, «pantaleó» con el que llevaba el nombre de Pantaleón. Con los ojos reabiertos, Pantaleón, hombre bueno, perito en el arte de curar, curaba cuerpos y almas. Y encima, gratis. Colegas envidiosos le denunciaron, no de que no cobrara (esto no lo dijeron, claro) sino de que era cristiano. Esta vez reparó el desentono pasado. Murió mártir, en compañía de Hermolaos, que le seguía de cerca para que no se olvidara de tomar «reconstituyentes» (27 julio)

CATALINA THOMAS (s. XVI). El turista que se acerca a Valldemosa atraído por el recuerdo de Chopin, se sorprende al encontrar las huellas de esta santa mallorquina, popularmente dibujada en las mayólicas junto a las puertas de muchas casas. Una mística, con éxtasis constantes durante todo el año 1574, último de su vida, presente hoy con su silencio sonoro (28 julio).

GUILLERMO PINCHON (s. XIII). Nació en Bretaña. Al poco tiempo de recibir el presbiterado con el oficio y beneficio de canónigo le hicieron obispo. Para «ejercerlo»... en el destierro, soportando innumerables sufrimientos por defender los derechos de los hijos de Dios. Otra vez la historia se repite (29 julio)

SENÉN (s. IV). Vivió hace tiempo. Junto con san Abdón, nobles persas, fueron encarcelados y llevados a Roma, donde se dedicaron a hacer el bien y a recordar sin palabras que Jesús es el camino que lleva al Padre, como lo han hecho no pocos cristianos llamados Abdón y Senén. Recordarles nos ayuda a ser buenos (30 julio)

IGNACIO DE LOYOLA (s. XVI). El soldado vasco halló la senda de mayor servicio. Su mística humanísima -y su intuición psicológica- le llevó a escribir los «Ejercicios Espirituales». Su «modernidad» a organizar la Compañía de Jesús. Y su espíritu de punta de lanza reformadora sigue vivo en muchos de sus hijos. Para mayor gloria de Dios y servicio de la Iglesia (31 julio)

 
418
Cuando la hoja vocacional salía impresa mes tras mes, publiquérepetidas veces mini-hagiografías con sabor vocacional: «Estos hicieron tanto por salvarse, ¿y tú qué haces?» I y II (302. 304-305); «¿Por qué no con el tiempo?» (327); «¿Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco? » (385-387). / De 2001 a 2003 colaboré en la revista «El Reino» con una sección titulada «El rostro de los santos». / Mientras se publicó la agenda bíblico-litúrgica «Phase», Joaquín Gomis y yo, algunos años, ilustrábamos los domingos con un boceto de gente buena. / Aquí van ahora, a través de esta hoja vocacional virtual, ordenadas por meses, diversas mini -y a veces no tan mini- hagiografías. / Con la esperanza de que, leyéndolas el lector sonría, descubra la voluntad de Dios, y una estrella ilumine los ojos de su corazón. Incluso quizá más de uno encuentre su hagiografía en los versos de José María Valverde, que figuran al comienzo.- JORGE SANS VILA