O Signore,
dammi la tua luce perché veda il tuo amore.
Dammi un cuore per amarti,
dammi occhi per vederti,
dammi orecchi per ascoltare la tua voce,
dammi labbra per parlare di te,
dammi il gusto di assaporarti,
dammi l'olfatto per sentire il tuo profumo,
dammi mani per toccarti
e piedi per seguirti.

 

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS. Así la aclamaron los Padres en el concilio de Éfeso, la Theotocos, porque en ella se encarnó el Hijo de Dios y pudo habitar entre nosotros el Príncipe de la paz, cuyo nombre está sobre todo nombre. / «Dios y Señor nuestro, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquella de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida» (1 enero)

EUGENDO (s. VI). Cuando celebró sus Bodas de oro sacerdotales, en una entrevista, le preguntaron por todo lo divino (poco) y lo humano (mucho). Una pregunta fue por su santo preferido. Contestó: San Eugendo. ¿Cómo? Repitió: San Eugendo. ¿Y esto? Me llamaron tantas veces anormal por haber entrado en el Seminario cuando tenía 11 años, que cuando supe que el santo abad de Condat, que cae cerca de Ginebra, toda una figura, humano como el que más, entró en el monasterio a los 7 años, y vivió allí hasta los 71, me encariñé con San Eugendo. ¡Hay cariños oxigenantes! Y santos ejemplares (1 enero)

BASILIO MAGNO y GREGORIO NACIANCENO (s. IV). Basilio, nieto de santa Macrina, hijo de santa Emelia, hermano de los santos Macrina la joven, Pedro obispo de Sebaste y Gregorio de Nisa. Gregorio, llamado «el teólogo», hijo de Gregorio I, obispo de Nacianzo, y de santa Nona, hermano de los santos Gorgonia y Cesáreo, primo de san Anfíloco, obispo de Konio. ¡Así cualquiera! «Señor Dios, que te dignaste instruir a tu Iglesia con la vida y doctrina de san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, haz que busquemos humildemente tu verdad y la vivamos fielmente en el amor» (2 enero)

TELESFORO (s. II). «El que produce fruto maduro». Buen nombre para un buen Papa. Lo fue durante once años, tres meses y veintidós días. De origen griego. Sucedió a san Sixto I. San Ireneo dice que padeció un «glorioso martirio». Isidoro Mercatore cuenta que escribió el «Gloria in excelsis Deo», el Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombre que ama el Señor, para rezarlo en la Misa del gallo. Buen fruto, que cuando lo rezamos en la misa conseguimos que de nuevo sea Navidad (2 enero)

TEOPEMPTO y TEONAS (s. IV). Cuando Teopempto era obispo de Nicomedia, Teonas era mago. Mago titulado. Cuentan que al ver Teonas que mediante la imposición de las manos Teopempto impartía el Espíritu Santo, no hizo como su antepasado Simón que pidió que le dieran ese poder pagando lo que fuera (Hech 8, 9-24), sino que admirado fue acercándosele, escuchándole, leyendo los libros que Teopempto recomendaba a los cristianos. Hasta que un buen día humildemente pidió el bautismo. Cuentan que hasta quisieron hacerle diácono, pero que él rehúso para evitar comentarios, pero siguió viviendo como un buen cristiano, y que como hablaba bien se convirtió en un auténtico misionero. Cuentan que pasados los años Diocleciano el emperador, temiendo que el antiguo mago a última hora echara mano de sus viejos trucos, a escondidas mandó decapitarlo junto con Teopempto (3 enero)

DANIEL DE PADUA (s. II). A los portugueses les disgusta que a su San Antonio le llamen de Padua, por el pequeño detalle de que al lisboeta franciscano se le ocurriera morir en Padua. Suponiendo que se pudiese ir contra la norma clásica de Horacio (usus, quem penes arbitrium est et ius et norma loquendi) a los de Padua todavía les quedarían San Prosdócimo de Padua, su primer obispo, y San Daniel de Padua, su diácono. Mártir en la persecución de Diocleciano, su tumba permaneció desconocida durante siglos. Hasta que un Tiresias de Tuscia dio con su sarcófago allá por el año 1064. Si las esposas que tienen a sus maridos en la guerra los encomiendan a San Daniel de Padua parece que los leones modernos actúan con ellos como lo hicieron con el antiguo Daniel (3 enero)

GREGORIO DE LANGRES (s. VI). El «Comes» (Conde) Gregorio fue Gobernador civil de Autun. Cumplidor, justo, severo, puso en orden al personal. Dicen que su lema era «dura lex, sed lex»). Al morir su esposa, perdió en dureza y ganó en ternura. Se hizo sacerdote, y poco tiempo después le hicieron obispo de Langres, descollando por su gentileza y comprensión. Su lema episcopal fue: «La verdadera igualdad consiste en tratar desigualmente lo que es desigual». Tío abuelo de obispo San Gregorio de Tours. Un hijo suyo, del antiguo conde Gregorio, llamado Tétrico (no en el sentido nuestro de triste, demasiadamente serio, grave y melancólico, sino simplemente «severo») le sucedió como obispo de Langres, San Tétrico ¡Qué parentela tan episcopal! Pese a que entonces no había Nuncios de su Santidad (4 enero)

ISABEL ANA BAYLEY SETON (1774-1821). De New York, hija de médico, episcopaliana. Cinco hijos. Tras la muerte de su marido, se convirtió al catolicismo. Fundó las Hijas de la caridad de San José (1809). Las Sister of charity, como las llaman en Estados Unidos,primera Congregación femenina católica made in USA. Las pobres, los que sufrían, sabían que tenían una madre en Madre Bayley Seton. La Orden creció rápidamente, trabajando mucho en las escuelas parroquiales. «Non sunt multiplicanda entia sine necessitate» decía los sabios antiguos. Ella no sabía latín, pero era práctica: las Sister of charity tienen como regla la de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Murió a los 46 años (4 enero)

DEOGRATIAS (s. V). San «Gracias-a-Dios» fue obispo de Cartago después de San QuodvultDeus («Lo-que-Dios-quiere»). ¡Qué encanto de nombres tan divinos! Llamarse Deogratias, además era una afirmación de catolicidad, ya que los católicos de Africa se saludaban diciendo «Deo gratias», frente al «Deo laudes» de los donatistas, tan selectos y selectivos. (Dicen que el donatismo se extinguió hace siglos. ¡Qué va! Sigue, sigue existiendo mucho racismo selectivo).El obispo Deogratias demostró que era universal vendiendo todos sus bienes y los de su iglesia para socorrer a los miles de desterrados que el vándalo Genserico había transterrado a Cartago (Genserico, que por «higiene arriana» años antes había exiliado ya de Cartago a San QuodvultDeus) (5 enero)

EMILIANA (s. VI). Tres eran tres las sobrinas del papa San Félix (Emiliana, Tarsila y Silvia). Dos eran dos las tías del papa San Gregorio Magno (Tarsila y Emiliana). Silvia se llamaba la esposa de san Gordiano y madre de san Gregorio Magno. ¡Qué familión! A San Gregorio Magno, el patrono de la música, parece que la entonación musical le vino de la tía Emiliana. Santa Emiliana, alcánzanos del Señor que no desentonemos. Amén (5 enero)

MELCHOR, GASPAR Y BALTASAR (s. I). Misteriosos, quizá novelescos, personajes que entonces supieron descubrir al Niño, tras largo camino, y ello les llenó de inmensa alegría. Una alegría que siguen comunicando siglo tras siglo a todos los niños. La estrella sigue guiándonos a todos hacia la Alegría (si sabemos emprender el camino) (6 enero)

ANDRÉ BESSETTE (1845-1937). En el monasterio de Saint Benoit sur Loire hay esta inscripción: «No sé rezar, no sé qué decir, ni tengo mucho tiempo. ¿Qué hacer? La lámpara que ofrezco es parte de lo que tengo, un poco de mi tiempo, un trozo de mí mismo que dejo ante el Señor, ante la Virgen, ante un santo. La llama que brilla simboliza mi oración que perdura al ausentarme». André Bessette. Sus padres murieron cuando tenía doce años (la madre de tuberculosis, el padre, que era leñador, de un accidente), dejando doce hijos. Él era el octavo. Un tío granjero lo adoptó. Ragazzo a tutto fare. El huérfano a su vez adoptó a San José como protector. Que le ayudó a ingresar en la congregación de la Santa Cruz. Larga vida curando enfermos, de manera tan singular (les ungía con el aceite de la lámpara que brillaba en la capilla) que le acusaron de curandero. Él decía, que era San José el que lo hacía. Antes de morir pudo ver realizado el sueño-ilusión que había tenido de joven: levantaren Montreal un gran templo a San José. El día de Reyes de 1937 dejaba a Canadá y al mundo el regalo de la «lámpara» que simboliza la oración-que-perdura de miles y millones de cristianos (6 enero)

RAIMUNDO DE PEÑAFORT (s. XIII). Jurista, llegó a ser tercer Maestro de la orden de predicadores. Pero también tuvo –ya entonces– gran preocupación por el trabajo misionero entre judíos y mahometanos. Confesor del rey Jaime I, fue visitado en su lecho de muerte por Alfonso X el sabio (7 enero)

JOSÉ TUÂN (s. XIX). Parece que cuando llegó al cielo el mártir José Tuân, los ayudantes de San Pedro no acababan de aclararse. ¿Cómo llama a la puerta José Tuân de An Bai hoy 7 de enero de 1862 diciendo que acaban de matarle por orden del emperador Tu Duc, si en nuestros archivos figura ya como ingresado el mártir José Tuân de Am Bai el 30 de abril 1861 por obra y gracia del emperador Tu Duc? Hubo un careo celestial entre el que ya llevaba medio año dentro y el que acababa de llegar entonces. Tras lo cual se medio aclararon los ángeles: el de 1861 era un dominico vietnamita al que mataron porque un chivato tuduquiano le denunció por haber llevado la comunión a su madre enferma; mientras que el recién llegado era un labrador, padre de familia por más señas, al que le querían obligar a que pisara la cruz, él se arrodilló delante de ella, y allí mismo lo decapitaron. (Si algún malpensado dudara de lo dicho, busque en el Martyrologium romanum, página 639, nota 4, y verá que en la lista de los 117 mártires vietnamitas, están los dos, nadando en el golfo del Tonkin celestial). Para evitar confusiones allá arriba al dominico le llaman el viejo, y al labrador, el joven; al viejo le reservaron su fiesta para el 30 de abril, y al labrador este día. Ellos sin embargo prefieren decir que son mellizos. Los homónimos se sienten halagados cuando nosotros rezamos: San José Tuân, ruega por nosotros. Y nosotros salimos ganando de su intercesión como si de un dos por uno se tratara (7 enero)

ERARDO (s. VIII). Cierto que era un irlandés, que vino al continente y predicó en la región de Baviera, llegando a ser obispo de Ratisbona. Cuentan que vino en compañía de san Alberto de Cashel, obispo itinerante, que iba a Jerusalén; el cual cuando al regresar pasaba a visitar a su amigo, murió en sus brazos. (Al celebrar la fiesta de San Alberto hoy también, hacemos memoria de su amistad).En la vida de santa Odilia, patrona de Alsacia (cuya fiesta es el 13 de diciembre, coincidiendo con la de Santa Lucía) se cuenta que nació ciega y al ser bautizada por san Erardo empezó a ver. Luminosa manera de ilustrar lo que hizo en su vida: abrir ojos para ver a Jesús (8 enero)

GÚDULA (s. VIII). Patrona de Bruselas. Hija del conde Witger y de santa Amalberga, hermana de los santos Ableberto y Reinilda. Educada por santa Gertrudis de Nivelles. Vivió en su casa «atento el oído al grito de dolor de los demás». ¿Había entonces más santos que ahora? (8 enero)

ADRIÁN (s. VIII). Nacido en África, abad del monasterio de Nápoles. El papa Vitalino le dijo que iba a mandarle a Canterbury de arzobispo. Hombre culto, tenía bien presente lo de Pablo a Timoteo: «Es doctrina segura que quien aspira al episcopado, desea una noble función» (1 Tim 3, 1). Pero hombre de Dios convenció a Vitalino para que en vez de él enviase a Teodoro de Tarso. Y para demostrar que su negativa no era porque estuviese apegado a los buenos vinos de Campania se ofreció a acompañar a Teodoro para echarle una mano cuando hiciese falta. Las dos manos echó para fundar allí una floreciente escuela de cultura y de santidad [Vitalino, Teodoro y Adrián ahora son santos. Para declarar santo a un cristiano hace falta que haga por lo menos un par de milagros post mortem. A san Adrián nadie se los exigió. Hay vidas más que milagrosas] (9 enero)

HONORATO DE BUZANCAIS (s. XIII). Buen padre de familia, honrado comerciante de ganado, caritativo con todos los necesitados. Al volver de una peregrinación, al darse cuenta sus empleados de que iba a descubrir que le robaban, le mataron alevosamente. El clamor de los pobres inmortalizó su nombre, honrándole como mártir. El recuerdo de su amor, sin necesidad de milagros post mortem, hizo que fuera canonizado el año 1444 (9 enero)

MELQUÍADES (s. IV). Milcíades era su auténtico nombre. Africano. Vivir en libertad exterior no comporta necesariamente la verdadera libertad. Aunque llevaba en su cuerpo las huellas de la persecución no sucumbió al integrismo. Papa (311-314) de persecución y de triunfo, de dolor y de alegría, de catacumba y de comienzos de construcción de las grandes basílicas romanas. Relevante figura de transición, buen pontífice que construyó muchos «puentes», comprobó cómo las peores dificultades de la Iglesia nunca proceden del exterior (10 enero)

GREGORIO X (s. XIII). A Teobaldo Visconti, arcediano de Lieja, le pidieron fuera de capellán de los cruzados a Tierra santa. En San Juan de Acri estaba, ni envidiado ni envidioso, cuando llegó un mensajero de Roma diciendo que los cardenales (llevaban reunidos tres años; el cónclave más largo de la historia) le habían elegido Papa. Su estancia en Palestina le había sensibilizado al problema de la unión de los cristianos. Ilusionado con la unidad, convocó un concilio ecuménico, II de Lyon (500 obispos, 60 abades, un millar de sacerdotes; de camino iba santo Tomás de Aquino cuando le alcanzó la muerte en la abadía de Fossa Nova), en el que los ortodoxos orientales se reconciliaron con la Iglesia católica. Luego... sigue siendo uno de los abogados que desde el cielo puede interceder para que su sueño se haga realidad (10enero)

HIGINIO (s. II). Nacido en Atenas (se nota por el nombre, que suena a «sano»), hijo de un filósofo, octavo sucesor de San Pedro, papa de 136 a 140. Para poner un poco de orden instituyó las Órdenes Menores (ostiario, lector, exorcista, acólito). Ordenó 15 presbíteros, 5 diáconos y 7 obispos. Tuvo que habérselas doctrinalmente con dos gnósticos de cuidado venidos a Roma: Valentín y Cerdón. Decía éste que el Dios creador, justo y cognoscible que se reveló en la ley de Moisés y en los profetas, era distinto del Padre de Jesucristo, bueno e incognoscible. ¡Para que luego haya quien se queje de que exista en la Iglesia un Ministerio de sanidad para controlar la doctrina de la fe! (11 enero)

TOMÁS DE CORI (s. XVII). Rico en nombres, pues al bautizarle le pusieron tres: Francisco, Antonio, Plácido. Huérfano a los 14 años, para ayudar a sus hermanos fue pastor de rebaños ajenos ocho años. Hasta que a los 22 se hizo franciscano en Orvieto. Por ahorro le empezaron a llamar Fray Tomás. Con el nombre del pueblo, Cori, por apellido. Anduvo años y años (hasta los 74) con pies de mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la salvación, por «il paese» de Subiaco. Aunque nunca hizo el voto de estabilidad, lo practicó predicando y sirviendo por aquellas cercanas tierras. Melómano, siempre que podía se acercaba al monasterio de Subiaco, donde era recibido como Dios manda según enseñó a sus monjes Benito de Nursia (11 enero)

BENITO BISCOP (s. VII). Preside una agencia de viajes de Roma un cuadro con la figura del santo abad de Wearmouth. Al preguntar al dueño quién era el monje aquel y por qué ocupaba aquel lugar, me dijo: «Es nuestro patrono. Viajó mucho. Vino a Roma cinco veces». Realmente cinco viajes a Roma en el siglo VII es una enormidad. Primero vino como peregrino. Después del segundo viaje se hizo monje en Lérins. Después del tercero fundó la abadía de Wearmouth. Después del cuarto se llevó al maestro de capilla del Vaticano para que enseñase a sus monjes a cantar el gregoriano. Después del quinto cargó muchos libros para la biblioteca del monasterio. Hay quien piensa que los libros eran para apagar la insaciable sed de lectura de su dirigido San Beda el Venerable. «Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento»... y peregrinar a Roma (12 enero)

AELRED DE RIELVAUX (1109-1167). Nacido al norte de Inglaterra, se educó en la corte de Escocia con el hijo del rey David I. Cuando descubrió que nada debe anteponerse al amor de Cristo, entró en el monasterio cisterciense de Rielvaux. Tenía 24 años. A los 34 le enviaron a fundar el monasterio de Revesby. Cuatro años después los trescientos monjes de Rielvaux le reclamaron para que fuera su abad. Y lo fue, un padre de verdad, logrando que el monasterio fuese un remanso de caridad y de paz. «Espejo de la caridad» se titula una obra suya. Celebérrimo por su tratado «Sobre la amistad». Siempre en su vida supo conjugar perfectamente el verbo «amar», en activa y en pasiva. Ha sido llamado «el doctor de la caridad». Muy enfermo los últimos años de su vida (cuando murió dijeron de él que desde que se hizo monje ningún día al ponerse el sol había encontrando su alma turbada por una falta de paciencia), vivía retirado en una choza, a la que acudían los monjes en grupos de veinte a treinta. Con la excusa de hacerle compañía podían así disfrutar de sus enseñanzas (12 enero)

MARGARITA BOURJEOYS (s. XVII). Decía Víctor Hugo: «Destierro, palabra horrorosa. No desterréis nunca a nadie, el destierro es impuro». Esta otra Margarita se hizo «impura» para siempre: nacida en Troyes, marchó muy pronto a Canadá para educar a los hijos de los militares franceses acantonados allí. Y allí se quedó para siempre, hasta fundar la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de Montreal. Entre las buenas cosas que hizo Luis XIV fue darle la patente real de enseñar en todo el país. (Muy distinta de la patente de corso que daban los gobernantes para perseguir a los enemigos de la nación) (12 enero)

HILARIO (s. IV). Santo envidiable por su nombre: alegre, jovial. («¿Dónde diablos escondéis vuestra alegría? Al veros vivir, como vivís, nadie creería que a vosotros se os ha prometido la alegría del Seño» decía Bernanos a algunos cristianos). Nació en Poitiers de padres paganos. Estudió retórica y filosofía. Se casó joven. Poco después (parece que su mujer era elocuente y convincente) se hizo cristiano. Los de Poitiers sabían lo que se hacían cuando lo eligieron obispo. Y los que negaban la divinidad de Jesucristo (arrianos se llamaban), lo que se les avecinaban. Con el tiempo consiguieron que el emperador Contancio, que era del gremio, lo exiliase a Frigia. Cosa curiosa, los arrianos de allí temiendo su influencia pidieron verse libre de él, y a los pocos meses volvió a casa. Doctor de la Iglesia, el Doctor de la divinidad de Jesucristo se le llama (13 enero)

GODROFEDO DE CAPPENBERG (1097-1127). Cuando oímos hablar de virus, nos echamos a temblar. Pero hay virus y virus. San Norberto, el fundador de los premostratenses, estaba afectado de un virus sorprendentemente activo: al que se le acercaba, sobre todo si pertenecía a la nobleza, le entraba la locura de dejarlo todo y consagrarse a Dios en la vida religiosa. Se lo transmitió al conde de Cappenberg de Westfalia, Godofredo, el cual tras convencer a su mujer y dos hermanas que se hicieran religiosas, se hizo premostratense junto con un hermano suyo. Naturalmente los parientes les llamaron de todo. Pese a la violenta oposición de la familia, el conde Godofredo cedió su castillo a San Norberto que lo transformó en monasterio, y cambió el título de conde por el de Hermano. ¡Los hay locos, que ven el mundo al revés! Claro está que cabe preguntarse: ¿Y dónde está el derecho? (13 enero)

FULGENCIO (VII). «La familia que alcanzó a Cristo» es el título de un libro de Raymond, en el que cuenta la vida de la familia de Bernardo de Claraval. Título que siempre me viene a la mente cuando pienso en alguno de los hermanos Leandro, Fulgencio, Isidoro o Florentina. Obispo de Écija, dicen que fue él el que obligó al hermano pequeño, el gran doctor de la Iglesia, Isidoro a escribir el «De origine officiorum sive de ecclesiasticis». (No siempre valoramos el valor de quienes hacen hacer). Me gusta imaginar la cara de Fulgencio durante el II concilio de Sevilla, viendo al pequeño en la presidencia. Seguro que pensaría: ¡si nuestros padres lo vieran! Y los verían (al presidente Isidoro, al padre conciliar Fulgencio, y a Leandro, si no hubiese fallecido ya), que si aquí abajo todo se sostiene por Arriba, es lógico que los de Arriba que nos quieren nos vean y estén contentos (14 enero)

PEDRO DONDERS (1809-1887). Otro Padre Damián, holandés en vez de belga. Apóstol entre los leprosos de Batavia, Surinam, en vez de Molokai. Que vivió 78 años en vez de 49. Se ve que el holandés de Tilburg tenía más defensas frente a la lepra, pero no menos amor a los leprosos. Que murió dos años antes que el de Molokai. Sus andanzas dan para una película del Oeste. El papa Juan Pablo II lo beatificó el 23 de mayo de 1982. Confieso que enterarme de su vida no es que me haya llevado a minusvalorar al Padre Damián, sino que me ha abierto los ojos para dar gracias a Dios por tantos Padre Damián, Pedro Donders... «cuya fe sólo Tú conociste», entre los leprosos de cuerpo y entre los leprosos de alma. Lo de los «innumerables mártires de Zaragoza» ya no me parece una hipérbole. Y ahora me encomiendo a ellos aunque no sepa su nombre, para que me ayuden a repasar lo de Mt 25, 31-46, ese programa del que seré examinado al caer la tarde (14 enero)

ALEJANDRO EL ACEMETA (s. V). Griego de origen, archimandrita muy inquieto, siempre de un lado para otro. “Defensor de los hombres” a tenor de su nombre. El sobrenombre de “acemeta” le vino por haber fundado una comunidad de “insomnes”, que cantaban ininterrumpidamente el oficio divino: en griego, en latín, en siríaco. Seguro que rezaría: «Ilumíname, Señor, para que vislumbre tu amor. Dame un corazón para amarte, ojos para verte, oídos para escuchar tu voz, labios para hablar de ti, gusto para saborearte, olfato para sentir tu perfume. Dame manos para tocarte y pies para seguirte» (15 enero)

FRANCISCO FERNÁNDEZ DE CAPILLAS (1607-1648). El 1 de octubre de 2000 el papa Juan Pablo II canonizó a 120 mártires de China. Su fiesta colectiva se celebra el 9 de julio, encabezando la. lista un chino de China: Agustín Zao Rong. Pero el primero en dar la vida, el protomártir de China, nació al sur de la desecada laguna de la Nava, a 20 km. de Palencia, en Baquerín de Campos, el 15 de agosto de 1607. Dominico en el convento de San Pablo de Valladolid. Sacerdote a los 25 años en Manila, pasó a China en 1642. ¿Se le notaría el acento leonés al hablar de Jesús en chino? «El que vio, da testimonio. Y su testimonio es verdadero. Él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis». Apresado en 1647, los tártaros le decapitaron en Fu’an, provincia de Fujian, tal día como hoy, acusado de espía, cuando sólo era un vidente (15 enero)

MARCELO I (s. IV). Santo eslabón entre el papa san Marcelino y el papa san Eusebio. Eslabón humilde, sólo papa durante un año (308-309). (Humilde no solo por la brevedad de su pontificado, sino porque un historiador tan monumental como Mommsen se empeña en identificarlo con Marcelino, como si Marcelino/Marcelo fuesen la misma persona. Menos mal que otros Harnack y Duchesne demuestran lo contrario). Quienes sí trataron de borrarlo del mapa fueron los lapsi (los «caídos»; así eran llamados los que durante la persecución habían apostatado de la fe) denunciándolo al emperador Majencio (siempre los resentidos encuentran materia para vengarse), que lo desterró castigándolo a limpiar establos (16 enero)

BERARDO, OTÓN, PEDRO, ACURCIO y ADYUTO (s. XIII). Por dos veces San Francisco de Asís se empeñó en ir a tierra de moros a predicar. Fracaso total. Pero su empeño en hablar de Jesús a los mahometanos siguió vivo y acrecentado. En 1219 envío a cinco de los suyos. Llegados a Coimbra, donde fueron acogidos por la hermana del rey Alfonso II de Portugal, cambiaron de vestimenta, y se dirigieron a Sevilla, capital entonces del reino moro. Inmediatamente se pusieron a predicar franciscanamente. El rey de Sevilla, que no quería líos, les echó de la ciudad, pero cabezonamente volvían a las andadas. Hasta que sabiendo que su meta final era África les facilitó el viaje a Marrakeck. Berardo, que conocía la lengua del país, decía lo que pensaba y como tenía buena voz no había forma de acallarle. Pronto fueron encarcelados los cinco, siendo decapitados el 16 de enero de 1226. Cuando Francisco llegó al cielo en octubre, recuperada la vista, vio que le esperaban en la puerta los cinco protomártires franciscanos Acurcio y Adyuto, Pedro, Otón y Berardo blandiendo la palma del martirio y dándole la bienvenida con: Paz y Bien (16 enero)

ANTONIO (s. IV). Los cristianos comenzaban a instalarse en el mundo y él se fue al desierto para ser libre. Pero allí no pudo dejar de luchar contra el mal, porque no hay libertad sin lucha. Y cuando parecía haberlo conseguido, su desierto se llenó de discípulos que buscaban un maestro en su camino. Porque alguien siglos después lo pintó con un cerdito a sus pies, se convirtió en patrón de los animales (17 enero)

JENARO SÁNCHEZ DELGADO (1886-1927). Nacido en Zapopan, Jalisco, coadjutor de Tamazulita, parroquia de Tecolotlán, diócesis de Autlán. Los fieles admiraban su rectitud, su fervor, la elocuencia de su predicación, y aceptaban gustosos la energía del Padre Jenaro cuando les exigía la buena preparación para recibir los sacramentos. Cuando iba a cumplir 41 años predicó el mejor sermón de su vida y el más breve, sólo 21 palabras, ante los soldados y agraristas que le habían llevado al pie de un árbol en una loma cercana a Tecolotlán: «Bueno, paisanos, me van a colgar; yo les perdono, que mi Padre Dios también les perdone y siempre viva Cristo Rey» (17 enero)

MARGARITA DE HUNGRÍA (s. XIII). Bela IV, rey de Hungría, no sólo fue derrotado por los mongoles en la batalla de Muhi (1241), sino también por su hija Margarita, empeñada en construir un monasterio femenino para dominicas en una isla del Danubio. Con el tiempo, dominica se hizo la hija de Bela IV. Y cuentan que su padre, satisfecho de aquella derrota, iba a visitarla contento de verla tan alegre. Hasta el año 1270 en que los dos subieron al cielo rezando el rosario (18 enero)

FELICIDAD, MÓNICA, CARLOTA y VICTORIA (1794). Cuatro cristianas francesas: Felicidad Pricet, Mónica Pichery, Carlota Lucas y Victoria Gusteau, fusiladas cerca de Angers por odio a la fe cristiana en nombre de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. Así se escribe la historia cuando olvidamos que todos somos hijos de Dios (18 enero)

MACARIOs (s. IV-V). Decir concentración parcelaria no queda bien hablando de santos, aunque los dos vivieron en el campo. La frase exacta sería concentración hagiomacárica: de los santos felices, los Macarios. Porque desde el aggiornamento del martirologio a Macario el Grande y a Macario el Joven les recordamos el mismo día. Al primero le llamaron también «el viejo» o de Egipto, para distinguirle de «el joven» o «el alejandrino». Diferentes por la edad, aunque no mucho, porque el alejandrino sólo le sobrevivió 18 años. De joven, Macario el viejo fue camellero transportador de salitre. El joven, comerciante de fruta. Macario I convivió con San Antonio abad largo tiempo. Aprendió mucho del patriarca de los monjes, convirtiéndose a su vez en «padre espiritual» de muchos eremitas. Para atenderles mejor espiritualmente le ordenaron sacerdote. Celebraba la eucaristía para los millares de cristianos que vivían separados del mundo. Aunque más adelante les convenció para que vivieran formando una colonia monástica. Conocía bien los peligros de la soledad. Un tal Lucio, arriano de pro, usurpador del patriarcado de Alejandría, consiguió que le desterraran a una isla del Nilo, junto con el otro abad Macario que vivía en el Bajo Egipto. El «motivo»: porque ambos enseñaban a hacer bien la señal de la cruz «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» y a rezar «Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo», con la «y» bien puesta. Desterrados, pero felices, ya que nadie pudo impedir que sus raíces siguieran creciendo hacia Arriba (19 enero)

MARCELO SPÍNOLA Y MAESTRE (1835-1906). Abogado que en plena juventud renunció al bienestar de una familia aristocrática para hacerse sacerdote: capellán, párroco, canónigo, obispo de Coria, fundador de las Esclavas Concepcionistas, obispo de Málaga, arzobispo de Sevilla... ¡qué currículum! Siempre ejerció la caridad bondadosamente. En el «año del hambre» los sevillanos vieron a su arzobispo pedir limosna por las calles. Justo a la hora de su muerte, fue nombrado cardenal (19 enero)

FABIÁN y SEBASTIÁN (s. III). Fabián, papa. Según Eusebio de Cesarea (que sabía mucho de historia) su elección sucedió de modo sorprendente: al morir el papa Antero, tras sólo 40 días de pontificado, estando reunidos el clero y el pueblo de Roma para elegirle sucesor, en un momento dado una paloma se posó sobre su cabeza. Aunque trató de espantarla, se fijaron en él. 14 años de buen pastor, dividió la ciudad de Roma en siete circunscripciones, con un diácono al frente; se preocupó de que los restos de los cristianos tuvieran un dormitorio (que esto significa “cementerio”) digno a la espera de la resurrección; escuchó las aclaraciones dadas por el gran pensador Orígenes, y le readmitió a la comunión con la Iglesia. Nadie es perfecto: fiándose de Novaciano le ordenó sacerdote esperando mucho de él. Pero... al morir el papa Fabián, se convirtió en el segundo antipapa de la historia. Al enterarse de su muerte, san Cipriano de Cartago escribió al clero romano: «Gracias por los detalles que nos habéis comunicado de su martirio. Me alegra que una administración tan íntegra, haya sido coronada de manera tan egregia». De Sebastián ¿quién no ha visto su imagen, con las flechas traspasándole el cuerpo? Oficial del ejército del emperador Diocleciano se ensañaron con él al enterarse de que era cristiano. Escultores y pintores se han aprovechado de él para lucirse (20 enero)

EUSTOQUIA (s. XV). La memoria de San Fabián y San Sebastián, no tiene por qué apagar el recuerdo de aquella niña nacida el jueves santo de 1434 en Annunziata. La acomodada familia Calafato, al bautizarla le puso por nombre: Esmeralda («piedra fina, silicato de alúmina y glucina, más dura que el cuarzo y teñida de verde por el óxido de cromo»). A los 15 años aquella piedra fina más dura que el cuarzo tiñó su color verde por el pardo de las clarisas, pese a la oposición de sus hermanos que, para que una Calafato no bajara de nivel social, incluso amenazaron con pegar fuego al convento. No comprendían que su hermana, que tomó el nombre de Eustoquia, al abrazar la pobreza franciscana iba a ganar en agudeza visual y en alegría. Alegría tan expansiva que 15 años después fundó el monasterio de Montevergine. Al morir el 20 de enero de 1491 la acompañaban 50 hermanas (20 enero)

INÉS (s. III). Adolescente romana, totalmente enamorada de Jesucristo, hasta el martirio a los 12 años. Sus “fans” construyeron sobre esta historia una leyenda maravillosa. Pero es posible que la realidad –Inés a los 12 años—fuera aún más admirable (21 enero)

FRUCTUOSO (s. III). Con sus diáconos Augurio y Eulogio sufrió martirio el 21 de enero de 259 en Tarragona. Obispo sin fronteras. Al llegar al anfiteatro se le acercó un cristiano llamado Félix, le besó la mano derecha y le pedía se acordara de él. Le contestó con voz clara de modo que todos lo pudieron oír: “Es mi deber acordarme de la Iglesia católica extendida de Oriente a Occidente” (21 enero)

VICENTE (s. IV). Protomártir de España. Famosísimo en la antigüedad, tanto que san Agustín todos los años el 22 de enero predicaba sobre el diácono de Zaragoza, martirizado en Valencia.
     «Hemos contemplado un gran espectáculo con los ojos de la fe: al mártir san Vicente, vencedor en todo. Venció en las palabras y venció en los tormentos, venció en la confesión y venció en la tribulación, venció abrasado por el fuego y venció al ser arrojado a las olas, venció, finalmente, al ser atormentado y venció al morir por la fe» (Sermón 274)
     Palabra del Señor ya rubricada / es la vida de Vicente ofrecida / como una prueba fiel de que la espada / no puede ya truncar la fe vivida. / Fuente de fe y de luz es su memoria / coraje para el justo en la batalla / del bien, de la verdad, siempre victoria / que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla. / Martirio es el dolor de cada día / si en Cristo y con amor es aceptado, / fuego lento de amor que, en la alegría / de servir al Señor, es consumado (22 enero)

GAUDENCIO (s. V). Su nombre, y su vida, saben a alegría compartida. Pagano de nacimiento, el obispo Eusebio le ayudó a hacerse cristiano. E inmediatamente lo envío a Novara para que ayudara al párroco de allí, Lorenzo, que andaba cristianando a los paganos pero evitando que cayeran en el arrianismo, que era una «gripe» realmente agresiva. Los numerosos e influyentes griposos arrianos logran desterrar a Egipto al obispo Eusebio, y Gaudencio va a hacerle compañía, pero éste le convence que mejor regrese a Novara. Y que de vez en cuando vaya a Milán, a confesarse con Ambrosio, de toda confianza. ¡Que gran regalo el de los amigos recomendando a los amigos! El sucesor de Ambrosio, Simpliciano, le consagró obispo de Novara en el año 398, a petición de los novarenses, que no querían un pastor importado. Fue 20 años obispo allí, viviendo en comunidad con sus sacerdotes y con los que un día lo serían. Entonces no se hablaba de “seminarios”. Tampoco los peces hablan del mar en el que viven (22 enero)

ILDEFONSO (s. VII). «El de la casulla» (esa vestidura que se pone el sacerdote para celebrar la misa). Porque cuentan que la Santísima Virgen, agradecida por lo bien que había escrito sobre su virginidad, le regaló una un día de fiesta. Al final fue arzobispo de Toledo, anteriormente abad y al principio monje, contra la voluntad de sus padres. ¿Por qué hay padres que se oponen a que sus hijos se hagan religiosos o sacerdotes? Perdón, Señor, por tantos padres cristianos que dicen durante la misa del domingo: «Señor, danos sacerdotes santos» y añaden a continuación: «Pero no los escojas de entre nuestros hijos» (23 enero)

MARIANA DE MOLOKAI (1838-1918). « Amó a los leprosos más que a sí misma. Les sirvió, les educó y les guió con sabiduría, amor y fuerza. Vio en ellos el rostro sufriente de Jesús». Fue la «sucesora» del apóstol de los leprosos en Molokai, el padre Damián De Veuster. Nacida en Alemania (Heppenheim), su nombre de pila era Barbara Cope. A los tres años emigró al Estado de Nueva York (Estados Unidos) y adquirió la nacionalidad estadounidense. Perteneció a las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco de Siracusa (23 enero)

FRANCISCO DE SALES (s. XVII). Obispo de Ginebra, sus escritos sencillos –por ejemplo su «Introducción a la vida devota»- le convirtieron entonces en pionero de un nuevo modelo de vida cristiana: «Causó sensación cuando dijo que la santidad no era patrimonio de los conventos y que era compatible con todos los oficios». Y ahora en patrono de los periodistas, para que –como él- sepan valorar más lo positivo que lo negativo. «Las catástrofes y las desgracias se han convertido en algo cotidiano, obsesionante. ¿Por qué no abrir los ojos también a lo hermoso y a lo bueno que hay en el mundo?» (24 enero)

FELIX O’DUBHLAINE (s. XIII). “Félix es uno de lo nombres más comunes en la hagiología cristiana. Aquí sólo señalamos los más conocidos”, escribe Dom Beda Millard en el ‘Gran diccionario ilustrado de los santos’, antes de anotar 82. Todos los meses del año hay varios Félix a disposición de los fieles cristianos. ¿Para recordarnos que hemos de ser felices? Feliz fue el buen cisterciense irlandés Félix y rezumó felicidad durante los 24 años que como obispo hizo de buen pastor en Ossory (24 enero)

PABLO, CONVERSIÓN DE (s. I). A lo largo del año solemos hacer memoria de los santos el día de su nacimiento a la Vida. De san Pablo también recordamos el día de su conversión. Así la cuenta el libro de los Hechos de los apóstoles (Hech 9, 1-20):

   Saulo, que seguía amenazando de muerte a los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, con el fin de llevar encadenados a Jerusalén a cuantos seguidores de este camino, hombres o mujeres, encontrara. Cuando estaba ya cerca de Damasco, de repente lo envolvió un resplandor del cielo, cayó a tierra y oyó una voz que decía:
    – Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?
    Saulo preguntó:
    – ¿Quién eres, Señor?
    La voz respondió:
    –Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que debes hacer.
    Los hombres que lo acompañaban se detuvieron atónitos; oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, pero, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada; así que lo llevaron de la mano y lo introdujeron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber.
    Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión:
    – ¡Ananías!
    Él respondió:
    – Aquí me tienes, Señor.
    Y el Señor le dijo:
    – Levántate, vete a la calle Recta, y busca en la casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. Está allí orando, y ha visto a un hombre llamado Ananías, que entra y le impone las manos para devolverle la vista.
    Ananías respondió:
    – Señor, he oído a muchos hablar del daño que ese hombre ha hecho en Jerusalén a los que creen en ti; y aquí está con poderes de los jefes de los sacerdotes para apresar a todos los que invocan tu nombre.
    Pero el Señor le dijo:
    – Vete, porque éste es un instrumento elegido para llevar mi nombre a todas las naciones, a sus gobernantes, y al pueblo de Israel. Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi nombre.
    Ananías fue, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo:
    – Saulo, hermano, Jesús, el Señor, el que se te ha aparecido cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo.
    En el acto se le cayeron de los ojos una especie de escamas y recuperó la vista, y a continuación fue bautizado. Después tomó alimento y recobró las fuerzas.
    Después de pasar algunos días con los discípulos que había en Damasco, Pablo empezó a predicar en las sinagogas, proclamando que Jesús es el Hijo de Dios (25 enero)

ANANÍAS (s. I). Bautizó a san Pablo y, según la tradición, evangelizó Damasco, Eleuterópolis y otras ciudades de aquellas latitudes. Finalmente fue martirizado. Somos muchos los cristianos de segunda o de tercera que tenemos gran devoción a ese pequeño instrumento de la gracia de Dios. Y estamos muy contentos de poder celebrar su memoria el mismo día de la conversión de Pablo de Tarso. Nos resulta fácil imaginar la atención con que el bautizador escucharía la predicación de su bautizado, y la devoción con que leería las profundas cartas que Pablo escribió a los tesalonicenses, a los gálatas, a los filipenses, a los corintios, a los romanos y a Filemón. Y cómo a veces le diría: «Pablo, hijo, explícame eso que escribes que no acabo de entenderlo bien». Como hacen los buenos maestros con sus discípulos aventajados (25 enero)

ENRIQUE SUSO (s. XIV). Con Eckart, Taulero y Ruysbroek, forma el gran cuarteto de insignes místicos centroeuropeos. Nacido en Bilhmeyer, a los 13 años entró en los dominicos de Constanza. Discípulo aprovechado de Eckhart, también él tuvo que dar explicaciones en 1327 a quienes ponían puntos sobre las íes. Escribió el «Libro de la verdad» y «El libro de la sabiduría eterna». Cuentan que los últimos años, alejado de Costanza por falsas calumnias, los pasó en Ulm, que tenía entonces la torre más alta del mundo: 161 metros. Todo un símbolo, la torre. Y una lección saber que se dieron, se dan y se darán «acusaciones falsas, hechas maliciosamente para causar daño» en este valle de lágrimas. Y que no hay que perder la esperanza, ni la sonrisa (25 enero)

TIMOTEO y TITO (s. I). Obispos de Éfeso y de Creta, sí. Pero antes y sobre todo compañeros del alma de Pablo de Tarso. Le querían, les quería. 3 cartas conservamos del Apóstol de los gentiles a ellos, y por ellos a nosotros. Qué cosas le decía a Timoteo: «He sabido de tu fe sincera, esa fe que tuvieron primero tu abuela Loida y tu madre Eunice y que, estoy seguro, tienes tú». ¡Así se escribe a un obispo! Para que «avives el fuego de la gracia de Dios que recibiste cuando te impuse las manos». Y, un gran consejo, «no tengas miedo, Timoteo» (26 enero)

PAULA (347-404). De Roma, porque en Roma nació de familia aristocrática. Pero también podría ser llamada «de Belén», porque allí vivió veinte años de su vida. Supo aunar a la perfección ser Marta y María. A los quince años se casó con Tosocio, noble romano. Tuvieron 5 hijos: Blesila, Paulina, Eustoquio, Rufina y el pequeño, llamado como su padre. Viuda a los 32, convierte su noble morada romana en lugar de encuentro de los cristianos. En el año 382, san Jerónimo que había venido del Oriente con dos obispos, participó en uno de los encuentros. Al año siguiente con santa Eustoquio marcha a Tierra Santa. Abre en Belén una hospedería para peregrinos y funda dos monasterios. Durante veinte años dirigió la comunidad femenina. San Jerónimo, a cuyo socaire madre e hija vivieron tantos años, entre traducción y traducción de la Biblia, encontró tiempo para escribir su Vida. Sorprendente biografía (26 enero)

ROBERTO, ALBERICO y ESTEBAN (s. XII). Gran acierto el de Raymond al titular la biografía de los fundadores del Císter «Tres monjes rebeldes». Rebeldes a la vulgaridad. Sus andanzas nos ayudan a descubrir que el «Citius, Altius, Fortius» olímpico refleja a la perfección el ideal de la vida cristiana. Por algo confesaba el obispo de Troyes al visitar el monasterio que «con frecuencia había oído recitar los salmos, pero aquella era la primera vez que los oía rezar». ¡Qué humanidad la del abad Alberico describiéndose a sí mismo como «un hombre de edad media, estatura media, talento medio y virtud media» y diciendo su prior Esteban que «tal vez estuviese diciendo una verdad también a medias». ¡Qué cara la que puso Esteban Harding ya abad al abrir las puertas de Citeaux a Bernardo y sus treinta compañeros que venían a quedarse! Que no, no faltan vocaciones. Lo que falta es Luz y Vida en el hogar de muchos institutos religiosos (26 enero)

ANGELA DE MERICI (s. XVI). De familia campesina, huérfana a los 15 años, fundó la Compañía de Santa Úrsula -«la primera orden femenina de enseñanza surgida en la Iglesia»-. Creía en Dios y creía a Dios. Parece que sabía suficiente latín como para no olvidar aquello de «Distingue tempora et concordabis jura». Tan inteligente que (sin conocer la palabra «inculturación» ni lo de «yo y mis circunstancias») quiso que la Regla de la Compañía -impresa después de su muerte- fuera siempre susceptible de nuevas adaptaciones a las condiciones de los lugares y las épocas (27 enero)

ENRIQUE DE OSSÓ i CERVELLÓ (s. XIX).Lo cuenta él mismo: Mi madre quería que leyese libros buenos. Yo lloraba a lágrima viva leyéndolos. A mi madre, tan buena, sólo la contradecía cuando me insistía una y otra vez diciéndome: «Pues ¿qué quieres ser?». «Quiero ser maestro». ¡Cómo lo recuerdo ahora! Siempre le decía lo mismo. Y lo recordé muchas veces después de morir mi madre. Yo tenía 13 años, y sabía que me quería a mí más que a todos, sin duda por ser el más pequeño. Lloré mucho porque no podía soportar verme sin ella. Desde entonces comencé a pensar en ser sacerdote. Ahora estoy seguro de que fue gracias a mi madre. A ella se lo debo todo después de a Dios (27 enero)

TOMÁS DE AQUINO (s. XIII). Patrono de los teólogos y de los estudiantes. Quizá porque prefería pensar más que hablar. Su “Suma teológica” ha sido durante siglos el libro básico de la teología católica. Y aún hoy sigue siendo un libro que enriquece a quien lo asimila (28 enero)

BARTOLOMÉ AIUTAMICRISTO (s. XIII). No es que se hiciera camaldulense porque temiera que la torre de su pueblo se viniera abajo. En realidad durante su vida la torre de Pisa sólo tenía tres de los seis pisos actuales. Ni porque temiera que la ira de Dios se le viniera encima, sino porque oyó decir que los monjes fundados por San Romualdo sonreían siempre. No se hizo sacerdote porque decía que él nunca aprendería a predicar. El Hermano Bartolomé del monasterio de San Frediano hablaba poco, pero suspiraba mucho «Cristo ayúdame». Una traducción libre del «Kyrie eleison». Y con ese sobrenombre ha pasado a la historia (28 enero)

PEDRO NOLASCO (s. XIII). Gastó su vida entera rescatando a cristianos cautivos. En vez de teorizar sobre la «liberación», liberó. «La verdadera contaminación es la de las manos limpias». Pedro no se preocupó de sus manos: ríos de dinero las atravesaron, porque no se rescatan cautivos sino pagando; porque no se sueltan las cadenas sino rompiéndolas materialmente. Que el que fundó a los mercedarios para visitar y redimir cautivos nos ayude a romper las cadenas que nos impiden correr hacia la liberación urgente de nuestras perezas y de nuestra falta de compromiso con los más necesitados (29 enero)

AQUILINO (s. XI). Nació en Würzburg de familia noble, a la que ennobleció más haciéndose católico. Sin otras miras que no ser un cristiano vulgar, estudió teología en Colonia. Le vieron tan preparado que le obligaron a ser sacerdote. ¡Cómo predicaba! Tan bien que quisieron hacerle obispo. Para evitarlo huyó a París, donde practicó la teología cuidando enfermos de cólera. Le vieron los parisinos tan buen pastor que también quisieron que fuera su obispo. Para evitarlo huyó a Pavía, donde puso tan nerviosos a los arianos y a los cátaros con sus argumentos que, una noche al llegar a Milán, para defender su verdad, la de los cátaros, limpiamente le acuchillaron. Fugitivo san Aquilino, ruega por nosotros para que seamos tan nobles que incluso, si hace falta, seamos capaces de huir (29 enero)

MANUEL DOMINGO Y SOL (s. XX). Hombre bueno, perito en el arte de amar. Escribió: “No sabemos si estamos destinados a ser un río rápido que haga florecer a sus orillas jardines amenos, o si hemos de parecernos a la gota de rocío que envía Dios en el desierto a la planta desconocida; pero más brillante o más humilde nuestra vocación es cierta: no estamos destinados a salvarnos solos”. / «Oh Dios, que descubriste al Beato Manuel Domingo y Sol el profundo sentido de toda vocación, y en especial de la vocación sacerdotal; suscita, por su intercesión, decididos apóstoles de las vocaciones y generosas respuestas a tus llamadas» (29 enero)

LESMES (s. XII). Parece que Lesmes y Burgos «convertuntur» (son sinónimos). Mucho veneran a su patrón en Burgos, pero de existir entonces el DNI constaría que Adedelmo era un francés de la France. Nació en Laudun (Poitou), se hizo soldado. Peregrinó a Roma (en aquellos tiempo peregrinar era una manera de abrir el oído a la voluntad de Dios). Allí se encontró con san Roberto, que había fundado el monasterio de La Chaise-Dieu, el cual le convenció para se hiciese monje. Monje, y abad fue con el tiempo. Hasta que la reina Constanza de Borgoña, esposa de Alfonso VI, oyó hablar muy bien de Adedelmo, y a Burgos le vinieron. Fundó el monasterio benedictino de San Juan Evangelista, y allí se dedicó a atender a las necesidades de los peregrinos de Santiago, quizá recordando los lejanos tiempos en que él también peregrinaba, y al cuidado de los enfermos. «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber, forastero y te alojamos...?» (30enero)

PABLO HO HYOB (s. XIX). Algunos dicen que querer ir al cielo, sí, pero ser santos, no. Porque ser santo supone una perfección monolítica que no. Se equivocan. Dios sabe bien de qué pasta estamos hechos. Ir para santo sólo es pasar del imperfecto pasado al futuro perfecto. Como el soldado coreano Ho Hyob. Le arrestaron por ser cristiano, le torturaron, flaqueó diciendo que se borraba, arrepentido se repuso y aunque le molieron a palos murió diciendo: Tu rex gloriae, Christe (30 enero)

JUAN BOSCO (s. XIX). Sencillo sacerdote de Turín, entusiasta, comprensivo, simpático apóstol entre los niños y adolescentes. Buscaba a los más abandonados para darles alegría. Y lo conseguía. Fundó los salesianos para continuar su tarea (31 enero)

MARCELA (325-410). Noble romana. Coetánea de Paula. Como ella, al morir el marido, convirtió su gran palazzo en casa de ejercicios. San Jerónimo fue su huésped durante tres años, con lo que no tuvo más remedio que especializarse en Sagrada Escritura. Cuando Alarico saqueó Roma, los godos codiciosos la golpearon cruelmente para que les dijese dónde guardaba sus tesoros. Ella les señalaba la Biblia. Pocos días después moría de las heridas recibidas (31 enero)

 
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Cuando la hoja vocacional salía impresa mes tras mes, publiqué repetidas veces mini-hagiografías con sabor vocacional: «Estos hicieron tanto por salvarse, ¿y tú qué haces?» I y II (302. 304-305); «¿Por qué no con el tiempo?» (327); «¿Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco? (385-387). / De 2001 a 2003 colaboré en la revista «El Reino» con una sección titulada «El rostro de los santos». / Mientras se publicó la agenda bíblico-litúrgica «Phase», Joaquín Gomis y yo, algunos años, ilustrábamos los domingos con un boceto de gente buena. / Aquí van ahora, a través de esta hoja vocacional virtual, ordenadas por meses, diversas mini —y a veces no tan mini— hagiografías. / Con la esperanza de que, leyéndolas el lector sonría, descubra la voluntad de Dios, y una estrella ilumine los ojos de su corazón. — JORGE SANS VILA