MENSAJE DE JUAN PABLO II. 2000 volver al menú
 


PADRE santo y providente,
tú eres el dueño de la viña y de la mies
y a cada uno das la justa recompensa por el trabajo.
En tu designio de amor
llamas a los hombres a colaborar contigo
en la salvación del mundo.
Te agradecemos por Jesucristo, tu Palabra viviente,
que nos ha redimido de nuestros pecados
y está entre nosotros para socorrernos en nuestra pobreza.
Guía la grey a la que has prometido el Reino.
Manda nuevos operarios a tu mies
e infunde en los corazones de los pastores
fidelidad a tu proyecto de salvación,
perseverancia en la vocación y santidad de vida.

CRISTO Jesús,
que en las riberas del mar de Galilea llamaste a los apóstoles
y los constituiste fundamento de la Iglesia
y portadores de tu evangelio,
sostén en el hoy de la historia a tu pueblo en camino.
Infunde valor a aquellos que has llamado a seguirte
en la vida del sacerdocio y de la vida consagrada,
para que puedan fecundar el campo de Dios
con la sabiduría de tu Palabra.
Hazlos dóciles instrumentos de tu Amor
en el diario servicio de los hermanos.

ESPÍRITU de santidad,
que infundes tus dones en todos los creyentes
y, particularmente, en los llamados a ser ministros de Cristo,
ayuda a los jóvenes a descubrir el atractivo de la divina llamada.
Enséñales el verdadero camino de la oración,
que se nutre con la palabra de Dios.
Ayúdales a escrutar los signos de los tiempos,
para ser fieles intérpretes del evangelio y portadores de salvación.

MARÍA, Virgen de la escucha
y del Verbo hecho carne en tu seno,
ayúdanos a estar disponibles a la palabra del Señor,
para que, acogida y meditada, crezca en nuestro corazón.
Ayúdanos a vivir como tú la felicidad de los creyentes
y a dedicarnos con incansable caridad
a la evangelización de los que buscan a tu Hijo.
Danos el servir a cada hombre,
haciéndonos agentes de la palabra escuchada,
para que permaneciéndole fieles
encontremos nuestra felicidad en practicarla.
AMÉN


Mensaje de Juan Pablo II
XXXIV Jornada mundial de oración por las vocaciones

     1. La próxima Jornada mundial de oración por las vocaciones se enmarca en el contexto de la inmediata preparación al Gran Jubileo del 2000. Como es sabido, el año 1997 estará dedicado a la reflexión sobre el misterio de Cristo, Verbo del Padre, hecho hombre por nosotros. La reflexión debería hacerse a través de más viva familiaridad con la palabra de Dios. ¿Cómo no señalar también la oportunidad de un estudio más atento del dato bíblico sobre el tema de la llamada al don total de sí para el servicio del Reino? Es, por tanto, mi vivo deseo que, con ocasión de la próxima Jornada mundial de oración por las vocaciones, se reflexione con renovado empeño sobre cómo plantear una adecuada catequesis bíblica con miras a una más incisiva pastoral vocacional.
      La palabra de Dios revela el sentido profundo de las cosas y da al hombre seguridad de discernimiento y de orientación en las diarias opciones de vida. En el campo de la pastoral vocacional, pues, la revelación bíblica, haciendo conocer las vicisitudes de los diversos personajes a los que Dios confió una peculiar misión para su pueblo, está en condición de ayudar a comprender mejor el estilo y los rasgos de la llamada que É¡ dirige al hombre y a la mujer de cada época.
     La Jornada mundial de oración por las vocaciones del próximo 20 de abril adquiere además un particular relieve eclesial, porque casi coincide con el «Congreso sobre las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en Europa». A los promotores de dicha asamblea, que tendrá lugar en Roma y que espera desarrollar un profundo trabajo de examen y de animación vocacional, expreso desde ahora mi cercanía espiritual y mis fervientes deseos de éxito. Invito a todos a sostener con la oración tan importante acontecimiento, cuyos frutos redundarán en beneficio, no sólo de las comunidades eclesiales de Europa, sino del pueblo cristiano de cada continente.

     2. En la realización del plan de la redención, Dios ha querido contar con la colaboración del hombre: la Sagrada Escritura narra la historia de la salvación como una historia de vocaciones, en las que se entrecruzan la iniciativa del Señor y la respuesta de los hombres. Cada vocación nace, en efecto, del encuentro de dos libertades: la divina y la humana. Interrogado personalmente por la palabra de Dios, el llamado se pone a su servicio. Comienza, de esta manera, un seguimiento, no exento de dificultades y de pruebas, que conduce a una progresiva intimidad con Dios y a una disponibilidad siempre más pronta a las exigencias de su voluntad.
     En cada llamada vocacional Dios revela el sentido profundo de la Palabra, que es progresivo descubrimiento de su Persona hasta la manifestación de Cristo, sentido último de la vida: El que me sigue, no camina en tinieblas, sino que tendrá luz de vida. Cristo, pues, Palabra del Padre, es el modelo para comprender la vocación de cada hombre, para descubrir su camino de vida y dar fecundidad espiritual a su misión.
     Tanto en la lectura personal de la Biblia como en la catequesis es preciso ponerse siempre en actitud de escucha del Espíritu que ilumina el sentido de los textos: es Él quien hace viva y actual la Palabra, ayudando a comprender su valor y sus exigencias. La Sagrada Escritura debe ser leída e interpretada con el mismo Espíritu con que fue escrita.
     La catequesis bíblica en perspectiva vocacional se realiza, por tanto, poniéndose en actitud de dócil obediencia al Espíritu: sólo quien se deje penetrar por su luz podrá favorecer el desarrollo de los gérmenes vocacionales presentes en la Iglesia, como atestigua la experiencia de los fundadores y de las fundadoras de las congregaciones religiosas y de los institutos de vida consagrada, que han ayudado a tantos hombres y mujeres a descubrir y a acoger la llamada de Dios.

     3. En nuestra cultura actual, es en las sociedades de antigua tradición cristiana, el servicio a la Palabra asume un rol de urgencia y actualidad todavía mayor. Como a menudo he tenido ocasión de recordar, es éste el tiempo de la nueva evangelización que compromete a todos. En un mundo cada vez más secularizado es preciso promover con valor una renovada implantatio Ecclesiae, condición normalmente necesaria para que sea posible la experiencia vocacional.
     La catequesis, impartida adecuadamente, al tiempo que hace madurar la fe y la hace consciente y activa, induce a leer los signos de la llamada divina en la experiencia diaria. Resulta también de gran utilidad la lectio divina, ocasión privilegiada de encuentro con Dios en la escucha de su Palabra. Practicada en muchas comunidades religiosas, puede ser oportunamente propuesta a todos los que desean sintonizar la propia vida con el proyecto de Dios. La escucha de la Revelación divina, la meditación silenciosa, la oración de contemplación y su traducción en experiencia de vida constituyen el terreno en el que florece y se desarrolla una auténtica cultura vocacional.
     Iluminados por toda esta luz se comprende mejor el nexo entre la Sagrada Escritura y la comunidad cristiana. La escucha de la Palabra abre el corazón del hombre al Verbo de Dios, y contribuye a la edificación de la comunidad, cuyos miembros descubren así, desde el interior, su vocación y se preparan para dar una respuesta generosa de fe y de amor. Sólo el creyente, hecho «discípulo», puede saborear la buena palabra de Dios y responder a la llamada a una vida de especial seguimiento evangélico.

     4. Cada vocación es un acontecimiento personal y original, pero también un hecho comunitario y eclesial. Ninguno es llamado a caminar solo. Toda vocación es suscitada por el Señor como un don para la comunidad cristiana, del que debe poder obtener provecho. Es necesario, por tanto, un serio discernimiento realizado por el propio interesado junto con los responsables de la comunidad que le acompañan en el itinerario vocacional.
     Mi pensamiento se dirige a vosotros, venerables hermanos en el episcopado, que, como pastores de la Iglesia, sois los primeros responsables de la animación vocacional. Poned todas vuestras energías al servicio de las vocaciones. Sabed estimular con la fuerza del Espíritu a vuestras comunidades diocesanas para que sientan como propio el problema vocacional y para que adquieran conciencia de la dimensión eclesial de toda llamada divina.
     La catequesis juvenil sea explícitamente vocacional y guíe a los jóvenes a comprobar, a la luz de la palabra de Dios, la posibilidad de una llamada personal y la hermosura de la entrega total de sí mismo a la causa del Reino. Con valor promoved la pastoral de las vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada masculina y femenina, a la vida misionera y a la contemplativa, para que cuantos son efectivamente llamados descubran el don precioso que el Señor les hace con un trato de especial predilección.

     5. A vosotros, sacerdotes diocesanos y religiosos, os pido que empleéis todos los medios que favorecen entre los fieles el conocimiento y el amor a la Escritura, y que cuidéis siempre con empeño la dimensión vocacional de la catequesis. Haced sí, que en el corazón de los jóvenes crezca la estima por la escucha de la palabra de Dios, con la convicción de que la fe, sacada de las divinas Escrituras, es «memoria vital» del creyente.
     Dirijo una llamada apremiante a la personas consagradas para que testimonien con gozo su radical consagración a Cristo: dejaos interpelar continuamente por la palabra de Dios, coro partida en comunidad y vivida con generosidad en el servicio de los herma nos, especialmente de los jóvenes. En un clima de amor y de hermandad, iluminado por la palabra de Dios, es más fácil decir sí a la llamada.
     Exhorto, también, a las parroquias, los catequistas, a las asociaciones y a lo: laicos comprometidos en el apostolado a que cultiven una verdadera familiaridad con la Biblia, teniendo presente que la escucha de la Palabra es camino privilegiado para el florecimiento de las vocaciones. En la catequesis parroquial se reserve un espacio suficiente a la dimensión vocacional, incluso mediante la creación de grupos vocacionales, y se pro muevan asimismo, en el decurso del año litúrgico, iniciativas de oración y de catequesis bíblicas orientadas a tal fin, valorando también los centros educativos los cursos de Ejercicios espirituales. E; preciso nutrir la fe de cada cristiano cor el conocimiento amoroso de la palabra de Dios, en actitud de generosa apertura a la acción permanente del Espíritu

     6. Pero es sobre todo a vosotros jóvenes, a quienes quisiera dirigirme ahora: ¡Cristo os necesita para realizar su proyecto de salvación! ¡Cristo necesita de vuestra juventud y de vuestro generoso entusiasmo para anunciar el Evangelio! Responded a esta llamada entregándole vuestra vida a É¡ y a los hermanos. Confiad en Cristo. Él no defraudará ni vuestras esperanzas ni vuestros proyectos, antes bien, los llenará de sentido y de gozo. Él dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida.
     ¡Abrid con confianza vuestro corazón a Cristo! Dejad que se refuerce en vosotros su presencia mediante la escucha diaria y orante de las Sagradas Escrituras, que constituyen el libro de la vida y de las vocaciones realizadas.

     7. ¡Carísimos hermanos y hermanas! Al término de este mensaje, deseo invitar a todos los creyentes a que se unan a mí y juntos elevemos continuas oraciones en el nombre de Aquel que todo lo puede ante Dios. Él, que es la palabra viva del Padre y nuestro Abogado, interceda por nosotros, a fin de que la Iglesia obtenga muchas y santas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

     A los responsables y a los animadores de la pastoral vocacional, a los jóvenes y a las jóvenes en búsqueda de cuanto Dios quiere para ellos y a todos los llamados a la vida de especial consagración, imparto con afecto una especial bendición apostólica.

Juan Pablo II


BLAKE • NERVO • WEIS • TEILHARD • VALVERDE

     Se llamaba William. Vivió de 1757 a 1827. No pudo ir a la escuela. Empezó a trabajar muy pronto como aprendiz en un taller de grabador. A ratos escribía cosas que el tiempo no ha permitido cayeran en el olvido.
     He aquí seis versos de William Blake que los sencillos acarician con una sonrisa, porque saben que son verdad:

Aquel que hiciere el bien a otro
deberá hacerlo en las más pequeñas cosas.
El bien general es la excusa
del canalla, el hipócrita y el adulador:
pues el arte y la ciencia no pueden existir
sino en partículas minuciosamente organizadas.

     Cada vez me apenan más los que quieren salvar el mundo y no tienen tiempo para saludar al portero de su casa.

* * *

     Estaba triste. Sufría una prolongada tentación de inutilidad. Su borrasca, realmente oscura, entenebrecía mi visión.
Se me ocurrió enviarle en una ficha estos dos versos de Amado Nervo:

Cuando planté rosales coseché siempre rosas.

     Las rosas exorcizan siempre.

* * *

     Le preguntaron qué es vivir en cristiano hoy. Por toda respuesta se limitó a transcribir estas palabras de K. Weis:

Sin miedo está la rosa sobre su tallo, abierta e inconmovible a la esperanza.

* * *

     Murió al amanecer del día de Pascua de 1955. Hombre clarividente.
     Enseñó a ver, enseñó a verLe.
     Me gusta recordar a P. Teilhard de Chardin en estos pensamientos:

Sólo importa una cosa: «ver» a Dios, esté donde esté.

Toda la cuestión religiosa está en esta disyuntiva: ¿hay que adorarse o hay que adorar?

Encontrar la voluntad de Dios no es un hallazgo inmediato ni una actitud pasiva.

Tan ocupados estaban contando las olas, que no reparaban en la marea.

Es una suerte vivir en un tiempo en que es preciso olvidarse tanto de uno mismo para darse tantísimo a los demás.


ORACIÓN POR NOSOTROS LOS POETAS

     Me escribió pidiendo una poesía para un acto que los novicios querían ofrecer a sus familiares. Le envié «Oración por nosotros los poetas», diciéndole que se refiere explícitamente a los ministros de la palabra, que no otra cosa son los poetas. Pero que fácilmente puede aplicarse, sin retoque alguno, a los religiosos, ya que con su vida suelen escribir poesía de la buena.
     A la pregunta del verso primero (Señor, ¿qué nos darás en premio a los poetas?), contesta el autor con los últimos versos (37-43). Pero antes, del verso 2 al 36, se remansa explicando el oficio de los poetas: poetas de las palabras y poetas de la Palabra.
     Parece que los versos gustaron. Es natural. Y todos los asistentes al acto los entendieron. Que también en natural, porque los padres y hermanos de los religiosos se parecen mucho a sus hijos y hermanos, los religiosos, portas de verdad, aunque no acaben de enterarse los que expiden el Documento nacional de identidad.

J.S.V.

Señor, ¿qué nos darás a los poetas?

Mira, nada tenemos, ni aún nuestra propia vida;
somos los mensajeros de algo que no entendemos.
Nuestro cuerpo lo quema una llama celeste;
si miramos es sólo para verterlo en voz.

No podemos coger ni la flor de un vallado
para que sea nuestra y nada más que nuestra,
ni tendernos tranquilos en medios de las cosas
sin pensar, a gozarlas en su presencia sólo.
Nunca sabremos cómo son de verdad las tardes,
libre de nuestra angustia su desnuda belleza;
jamás conoceremos lo que es una mujer
en sus profundos bosques donde hay que entrar callado.
Tú no nos das el mundo para lo gocemos,
Tú nos lo entregas para que lo hagamos palabra.
Y después que la tierra tiene voz por nosotros
nos quedamos sin ella, con sólo el alma grande…

Ya ves que por nosotros es sonora la vida,
igual que por las piedras lo es el cristal del río.
Tú no has hecho tu obra para hundirla en silencio,
en el silencio huyente de la gente afanosa;
para vivirla sólo, sin parar a mirarla…
Por eso nos has puesto a un lado del camino
con único oficio de gritar asombrados.
En nosotros descansa la prisa de los hombres.
Porque, si no existiéramos, ¿para qué tantas cosas
inútiles y bellas como Dios ha creado,
tantos ocasos rojos, y tanto árbol sin fruta,
y tanta flor, y tanto pájaro vagabundo?
Solamente nosotros sentimos tu regalo
y te lo agradecemos en éxtasis de gritos.
Tú sonríes, Señor, sintiéndote pagado
con nuestro aplastamiento de asombro y maravilla.

Esto que nos exalta sólo puede ser tuyo.
Sólo quien nos ha hecho puede así destruirnos
en brazos de una llama tan cruel y magnífica

…Tú que cuidas los pájaros que dicen tu mensaje,
guarda en la muerte nuestros cansados corazones;
dales paz, esa paz que en vida les negaste,
bórrales el doliente pensamiento sin tregua.
Tú nos darás en Ti el Todo que buscamos;
nos darás a nosotros mismos, pues te tendremos
para nosotros solos, y no para cantarte.

José María Valverde


339-340 Nuestra vida está abierta al orden de la gracia, y no podemos caer en el equívoco de manejar con criterio racionalista, con alcance demasiado terreno, principios que ya sólo descubren su secreto a la luz evangélica.— José Corts Grau