NUEVAS PARÁBOLAS volver al menú
 



¿DE QUÉ PODÍAN SERVIRLES
LOS DISCURSOS DE RAZONES,
DISUELTOS, SIN RAÍZ EN LA MEMORIA,
COMO ESPUMA DE VOZ?

CUANDO BAJABA LA TARDE, IGUAL QUE EL SOL,
CAÍA MI PARÁBOLA REDONDA Y DE ORO ENTRE SUS MANOS;
ALGO PARA LLEVAR A CASA INTACTO Y LUEGO REPARTIRLO
A LOS OTROS QUE QUEDARON JUNTO AL FUEGO,
ESPERANDO LAS NOTICIAS DEL CURIOSO FORASTERO
.

JOSÉ M. VALVERDE


     «Nuevas parábolas» es un pequeño libro que contiene 99 parábolas nuevas.
     En los evangelios canónicos nos encontramos con enseñanzas de Jesús que requieren cierta cultura semítica para captar bien su sentido. Cultura semítica, por un lado, y ambiente agrícola por otro. Sin olvidar que veinte siglos de distancia es mucha lejanía.
     «Nuevas parábolas, consigue darnos las enseñanzas evangélicas con imágenes actuales. Nada de dracmas, granos de mostaza, talentos... El teléfono, la moto, el buzón, los agujeros negros o los aceleradores de partículas, serán ejemplos distintos para una misma doctrina. Y página tras página va apareciendo la figura profunda, tierna y firme del Maestro, que hoy como ayer sigue llamando a nuestra puerta.
     He aquí 7 nuevas parábolas de Pedrojosé Ynaraja

J.S.V.


     SE ACERCÓ un día un estudiante y le dijo:
     —Señor, cuando termine la carrera marcharé al tercer mundo para servir a los pobres y servirte a ti en ellos...
     —Pues vete hoy mismo a encargar el billete de avión.
     —Pero, Señor, si todavía me falta más de un año para acabar la carrera...
     —Por eso mismo debes tomar precauciones, para no echarte atrás en su día. Debes, pues, además del billete, solicitar tu pasaporte, visitar la embajada del país escogido para enterarte del tipo de visado que deberás solicitar y las dificultades que puedas tener para conseguirlo. Y el primer día que vayas a Andorra aprovisiónate de cloraquina, que sale más barata si la compras allí...
     —Señor, pero ¿para qué tanta prisa si me falta tanto tiempo?
     —Mira chico, te hablo así porque he conocido a muchos jóvenes generosos que tenían bellos proyectos, encantadores ensueños de futuro, ilusiones simpatiquísimas, y llegado el momento de ponerlo todo en práctica, la consideración de que les faltaba preparación técnica, las solicitudes familiares, los nacionalismos acuciantes, las situaciones políticas adversas, han echado al traste todos los proyectos por tanto tiempo acumulados. Tú en cambio, si tomas estas precauciones, a lo mejor no tienes otro motivo inmediato para irte, que aprovechar todo el capital invertido, no echar a perder todas las gestiones hechas y no desperdiciar todas las influencias personales conseguidas.
     Recuérdalo bien: «Todo aquel que pone la mano en el arado y mira atrás, no es digno del reino de los cielos».
     Y el joven, convencido de lo que le había dicho el Maestro, se fue aquel mismo verano a matricularse en un curso de leprología dirigido a interesados en el servicio al tercer mundo. Cuántas veces el secreto de la humildad y la eficacia está en saber jugar y reírse de uno mismo.


     EL SEÑOR
no quería que sus amigos fuesen calculadores, a él le gustaba ser derrochador a la hora de hacer el bien. Un día de primavera en el que se habían cobijado resguardándose de un chaparrón les decía:
     —Debéis aprender de la lluvia que cae en abundancia de las nubes; a nosotros nos parece que corre toda resbalando por el suelo, pero no es así. Empapa la tierra en todos sus intersticios y por eso veréis cómo todo esto pronto estará repleto de flores, y la que sobra, corre hacía abajo, no se pierde, pues se recoge en pantanos para fecundar más tarde otras tierras.
     Que vuestra generosidad sea abundante, desbordante, y así daréis frutos no sólo en vuestro entorno, sino que llegará más lejos de lo que nunca hubieseis imaginado
     Acordaos bien: nunca debéis regar con cuentagotas.


     Y LES RECOMENDABA también:
     —Si pasas todo el día en tu domicilio y en un momento dado tienes que ausentarte por poco tiempo, descuelga el teléfono al salir, pues en tu corta ausencia quizás alguien te llame pidiéndote ayuda y al creer que estás comunicando volverá a probarlo más tarde y tú podrás así responder a su demanda. De lo contrario, puede creer que estarás todo el día ausente y no vuelva a llamar. Él se quedaría sin tu ayuda y tú no podrías ser generoso.


     UN HOMBRE hizo un viaje a un país lejano y trajo para sus amigos unas semillas de plantas muy bonitas con la intención de que las sembraran en los jardines de las casas que se estaban construyendo.
     El primero que las recibió las encerró en un bote hermético tal como le venían y cuando quiso sembrarlas al cabo de unos años, se habían enmohecido y no pudieron germinar.
     El segundo las dejó envueltas en un papel en un rincón cualquiera de un armario. Vinieron los ratones y las polillas y cuando quiso plantarlas sólo encontró en el armario un maloliente polvillo gris
     El tercero pensó: aún no tengo jardín pero tengo tiestos, las plantaré ahora mismo y las cuidaré y cada año me darán más simiente que iré plantando en las macetas hasta que tenga acabada la casa. Así lo hizo y ahora en su casa tiene un precioso jardín exótico.
     En el reino de los cielos pasa una cosa semejante, dice el Señor. Mi Padre deposita la semilla de una vocación en el interior de cada joven. Algunos dicen que cuando sean mayores ya irán al tercer mundo, que ahora no se puede hacer nada aquí y que el domingo es para divertirse. Otros no se molestan en pensar nada, suponen que servir es propio de gente mayor o son cuestiones que toca solucionar al gobierno. Pero hay algunos que, arriesgando un poco los estudios, o destinando ratos libres a lo que en aquel momento se presente para ayudar a los demás, no abandonan la simiente y van dando fruto cada día, y se hacen mayores floreciendo y madurando, madurando frutos y floreciendo para el reino.


     JUNTO AL CAMINO
que recorrían aquel día brotaban grandiosas pitas, algunas de las cuales elevaban ufanas sus enormes inflorescencias. Los amigos del Señor le preguntaron por qué no se había referido nunca en sus enseñanzas a estas plantas, ni a las chumberas, ni a ningún cactus que tanto abundan en su país. El Señor les explicó que todas estas plantas carnosas procedían de América y que hasta que los españoles no fueron allí no se conocieron en su tierra donde ahora ciertamente se habían afincado con profusión. Las pitas sí, o plantas semejantes a ellas, eran conocidas pues de África venían perfumes extraídos de ellas y con ellos fui perfumado en el sepulcro, pero no crecían como ahora las veis. Como quien le había hablado así tenía una cierta tendencia a buscar el lucimiento personal, mirándole con picardía, le dijo a él y a los demás:
     —En vuestra vida debéis aprender la lección de la pita. Esta planta, en cuanto se afirma en el suelo y todavía mientras está creciendo, extiende sus rizomas silenciosamente y los alarga haciendo surgir de sus puntas nuevas vidas. Alrededor de cada ejemplar madre veréis siempre otras planas testigos de su generosidad para con la vida. Solamente al cabo de muchos años, agotadas sus fuerzas, quedamente, brota un gran plumero que poco a poco se convierte en la flor más grande de nuestros paisajes, y es entonces cuando, arrogante y satisfecha de su bien hacer y su gracia, muere dejando tras de sí otras muchas más plantas que proseguirán su mismo ciclo vital.
     Vosotros también debéis dar fruto desde el principio: las condecoraciones, los éxitos, el descanso, vendrán al final. Hay que buscar en la vida el crecer, más que el crecerse. Ser útiles, más que presumidos y altivos. Es más importante la fecundidad que la celebridad. Al levantarse para continuar el camino, uno de los amigos le decía que le había hecho mucha gracia la parábola, pues la única utilidad que le conocía a la planta era la que le daban las chicas de su pueblo: con ella hacían punzones para hacer los calados de sus bordados. Pero que después de su explicación vería en ella una imagen que le reclamaría generosidad. Y el Maestro se alegró mucho de ello.


     EN EL REINO DE LOS CIELOS
de más arriba, dice el Señor, pasa como lo que le ocurrió a un hombre que esperaba con impaciencia cartas de sus numerosos nietos.
     Este buen hombre estaba a punto de enfadarse y se prometía a sí mismo que no perdonaría el olvido de los suyos por no felicitarle aquellas navidades.
     Cuando la irritación subía de tono se enteró que un vagón correo repleto de correspondencia se había quemado totalmente y el abuelo pensó que en él podía venir alguna carta de sus nietos.
     Al considerar esta posibilidad cambió su estado de ánimo. Se preguntaba intrigado por la carta de qué nieto viajaría en aquel vagón. Observó que la posibilidad era la misma para cualquiera de ellos y no pudo sentirse enojado con ninguno. Pensó entonces en todos ellos con cariño y decidió escribirles, explicándoles lo que suponía y rogándoles que ya que su carta presumiblemente se había quemado en el vagón siniestrado volvieran a escribirle contándole alguna cosa y diciéndole qué regalo querían para aquellas fiestas.
     La verdad es que ninguno se había acordado de escribirle. Pero, al recibir la carta, todos se apresuraron a hacerlo y aumentaron con las suyas los lazos familiares y el cariño.
     Y el abuelo quedo satisfecho de no haberse enfadado. Y aunque sospechó siempre que su suposición había sido un truco propio, el cariño que le demostraron después había valido la pena del esfuerzo puesto.
     Así mi Padre del cielo, dice el Señor, cree siempre que si la oración de sus hijos no le llega, debe ser porque los correos del cielo se han extraviado por entre alguna nube contaminada, o porque el ángel que la traía se ha entretenido observando un nuevo artefacto enviado al espacio por los humanos, o porque ha encontrado a algún astronauta encapsulado y hecho un lío en sus cables de amarre y está ayudándole a desenredarse, o porque... o porque...
     Mi Padre siempre inventa historias para poder seguir amando a los hombres.


     HAY GENTE, dice el Señor, que quiere ser endeble como la plastilina, amorfa y sin temple como ella
     Pero yo, que os he escogido, os he hecho como la arcilla que si bien es suave al tacto y dócil a los dedos y a la espátula cuando está húmeda, es firme cuando está seca y rígida e impermeable después de bien cocida.
     Vosotros debéis recibir las pruebas, los obstáculos, los impedimentos, las interrupciones imprevistas, como operaciones que expulsan de vuestro interior todo lo anómalo, lo inútil, lo que os hace cambiantes perezosos para llegar a ser como el resultado de un buen alfarero.
     Podéis ser una elegante ánfora, es decir, un ágil y simpático santo. Una cazuela, esto es un trabajador servicial de los pobres. O una ocarina, que podría significar un juglar alegre que cantara por el mundo toda la paz, la alegría, el bien, el amor, que yo el Señor, esparzo y quiero que haya en la tierra.
     No lo olvidéis nunca, estáis hechos de barro y no de plastilina.

Pedrojosé Ynaraja


296 El Señor les decía a los que siempre temían quedarse sin nada para ellos y les gustaba controlar su generosidad: Si tienes en tu casa dos sillas y en una te sientas tú y la otra la guardas sin ofrecérsela a tu prójimo, llegará un día que las sillas estarán carcomidas y, apenado, constatarás que nunca has podido reclinarte a descansar en el sofá de tu vecino.- Pedrojosé Ynaraja