ESTAR CON LA GENTE volver al menú
 



MI PAPÁ ERA MAYOR. TENÍA 69 AÑOS. SE METIERON EN UN OPERATIVO Y ÉL FUE A ARREAR UNAS VACAS QUE IBAN A COMERSE EL MAÍZ. MI PAPÁ CAYÓ EN UN HOYO Y SE ROMPIÓ LA CANILLA. ENTRÓ EL EJÉRCITO Y SALIMOS CORRIENDO. YO REGRESÉ POR MI PAPÁ PERO NO PODÍA CON ÉL. ENTRARON LOS SOLDADOS, LE METIERON EN UNA CASA Y LA INCENDIARON. ANTES HABÍAN MATADO AL PAPÁ DE MIS NIÑOS, A MI CUÑADO Y A MI OTRO HERMANO (MUJER DE 30 AÑOS)

MATARON A MI MARIDO PORQUE DECÍAN QUE ERA SUBVERSIVO. YO ESTABA EMBARAZADA DEL NIÑO QUE SE ME MURIÓ DE PURA DEBILIDAD, PORQUE YO NO COMÍA POR LA TRISTEZA. NOSOTROS NO ÉRAMOS SUBVERSIVOS (MUJER JOVEN)

ESTOY LISIADO. DEBO SALIR DEL PAÍS HACIA UNA TIERRA DE ASILO. SOY SOLO EN EL MUNDO PORQUE MATARON A TODA MI FAMILIA. ANTES DE DEJAR MI PATRIA QUIERO, HERMANA, PEDIRLE UN FAVOR; MEJOR, DOS FAVORES: QUE ME SAQUE ALGUNA FOTOGRAFÍA CON «TIERNITOS» (BEBÉS) EN MIS BRAZOS Y QUE POR DETRÁS DE LA FOTO PONGAN MI NOMBRE. CUANDO ESTOS NIÑOS CREZCAN PREGUNTARÁN: ¿QUIÉN ES ESTE JOVEN QUE NOS ABRAZA? ENTONCES EN MI TIERRA, EL SALVADOR, SE HABLARÁ DE MÍ. SÍ, YO QUIERO DEJAR AQUÍ ALGÚN RECUERDO. QUIERO QUE MIS COMPATRIOTAS NO ME OLVIDEN... TAMBIÉN LE PIDO, POR FAVOR, QUE ME MANDE AMPLIAR ESTA FOTO CARNET DE MI MADRINA. ESTE ES EL ÚNICO RECUERDO FAMILIAR QUE TENGO. CUANDO ESTÉ EN EL EXTRANJERO LA MIRARÉ, LA BESARÉ; EN ELLA BESARÉ A MI MADRE, A MI PADRE Y HERMANOS MUERTOS, Y A TODOS LOS SALVADOREÑOS DE QUIENES ME ALEJO PARA SIEMPRE... (JOVEN DE 19 AÑOS)



     Esta publicación vocacional ¿no es exageradamente masculina? Incluso ¿no es exageradamente sacerdotal? Creo que sí.
     Cada año, en diciembre, al repasar los diez números publicados, hago propósito de enmienda. Pero... me hacen recaer. A ratos pienso que las religiosas no escriben porque consideran que es una especie de exhibición. Pero ¿no hablan las mujeres? ¿Hablar no es muy parecido a escribir?
     Hace meses recibí este texto con la apostilla: «Le envío estas notas, escritas por mi hermana tras pasar ocho meses en un refugio de El Salvador, por si le vienen bien para su hoja vocacional». Me impresionaron tanto que inmediatamente escribí a M. Elena pidiéndole que contara «7 días» de su vida de ahora en un barrio marginado de Santiago de Chile.
      Todavía no han llegado los 7 días, imagino que por culpa de los correos. Mientras, me animo a publicar aquellas notas, escritas antes del martirio de Ellacu y sus compañeros. Son notas que ayudan a descubrir el rostro de Cristo. Y su llamada.

J. S. V.



     Este relato quiere ser memoria de todos los hermanos refugiados en diferentes países del mundo. Son más de once millones.
    Quiero compartir una mínima parte de mi experiencia vivida en San José, nombre del refugio situado a 10 km de la capital, San Salvador, en un pueblecito llamado Calle Real.
     El día 5 de junio llegué a El Salvador. Antes de integrarme en el refugio, pasé 10 días en la capital para conocer algo de la realidad sociopolítica y algunas experiencias de promoción y liberación. Visité algunos lugares históricos en la reciente evolución de este minúsculo país (21.800 km2), llamado «el pulgarcito de las Américas».
     Mi primera visita fue al recinto donde asesinaron a monseñor Romero el día 24 de marzo de 1980. Impresiona entrar en la capilla del hospital de la Divina Providencia. En El Salvador el pueblo tiene una gran veneración a monseñor Romero. Su mensaje y su vida inspiran y alientan a los que hoy buscan la paz con justicia... En estos años muchos sacerdotes, religiosos y religiosas, y centenares de laicos han seguido la suerte de Óscar Romero.
     También pasé unos días en un hogar de niños huérfanos o en situación trágica. Es bello descubrir que, en cada centro, hay personas que tratan de ser «presencia constructiva y directa» para estos niños carentes de todo. Muchos de ellos necesitan atención psicológica para superar traumas provocados por la violencia. El trauma de ver morir a todos sus familiares, de andar errantes y solos por las montañas varios días...
     Estuve unas horas en la cárcel de Mariona. De allí pasé al «Secretariado social» del arzobispado que, con fines humanitarios, está comprometido activamente en la defensa de los oprimidos.


EN EL REFUGIO

     El 17 de junio llegué al campo del refugio después de recorrer 8 km por el asfalto de la carretera del norte y unos 2 km por una vía polvorienta y muy accidentada. Los porteros del campo, al ver llegar la «camioneta roja», quitaron el candado de la reja y, con mirada afectuosa, parecían decir: «Bienvenidos, hermanos». Al avanzar por la escarpada colina tuve la impresión de entrar en el «gran misterio» de los excluidos...
     Cuando llegué a San José de Calle Real había 730 refugiados repartidos en siete galpones. En cada galpón hay una serie de habitaciones con cabida para unas 25 personas, distribuidas en literas. Rara es la habitación en la que no se ven hamacas para los niños chicos ya que abunda la población infantil. Las hamacas de variados colores y la ropa colgada en cuerdas son la única decoración original de cada cuarto. Las cajas de cartón suplen a los armarios. Además de las viviendas hay otras construcciones complementarias y necesarias: una miniclínica, la escuela, la bodega, dos cocinas, la carpintería y la sastrería...
     En el refugio hay una buena organización con mucha participación de los refugiados. Esta trata de disminuir las dificultades de tipo muy variado, comenzando por el agua contaminada que con frecuencia provoca diarreas (a veces mortales en los niños), pasando por la adaptación a la vida en colectividad y terminando por el reparto equitativo de las comidas...
     El problema latente mayor es el peso de una historia reciente en la que el saldo de muertos, desaparecidos, exiliados o encarcelados es muy fuerte. Los recuerdos, en lugar de paralizar al refugiado le dinamizan, despiertan su anhelo de compromiso y liberación.

LA MÚSICA DE LA SOLIDARIDAD

     En el refugio tratamos de mantener la esperanza y favorecer la alegría. Aprovechamos múltiples ocasiones para dar sentido a lo que se está viviendo y para provocar la fiesta. No faltan motivos para alegrarnos juntos: día del profesor, aniversario de la fundación del refugio, acogida de nuevos refugiados, encuentro con las «delegaciones» que, desde diferentes países, llegan hasta la colina de San José para conocer la realidad, ofrecer apoyo y simpatía. Estos «amigos del refugio» suelen pasar unas horas con nosotros, pero hay algunos que nos han acompañado durante varios días o semanas. Todos aportan algo con su sola presencia. Todos reciben mucho al constatar tanta esperanza en medio del dolor.
     Quiero relatar aquí la visita de un joven médico norteamericano, especialista en prótesis. Fue soldado en la guerra de Vietnam cuando tenía 18 años. Allí una mina le arrancó los dos pies y parte de una pierna. De regreso a su país y después de un largo período de tratamiento médico, se doctoró en medicina y se especializó en prótesis. Su objetivo era y es ayudar a otras personas que, como él, fueran víctimas de guerras injustas... Ahora en nuestro refugio ofrece gratuitamente su servicio a una serie de mutilados, la mayoría jóvenes. Yo participé en algunas consultas. Mientras el doctor iba analizando a uno de los pacientes la traductora, con mucho tacto, fue contándonos lentamente la historia del médico. Los lisiados no salían de su asombro porque no habían notado ninguna anomalía en la forma de caminar de su doctor... Pasado el primer momento de asombro surgieron las preguntas:
     —Doctor, ¿cómo puede caminar tan bien...? ¿Hace vida normal...? ¿Sufre mucho...? ¿Le costó mucho recuperarse...?
     Las respuestas fueron llegando lentamente a través de la traductora:
     —Sí, hago vida normal, me gusta caminar por el campo, monto a caballo, nado, practico el ski...
     El rostro de los jóvenes se fue iluminando... Yo oí algún que otro suspiro mientras el más decidido preguntó con gracia:
     —¿Puede usted bailar?
     La respuesta afirmativa nos llenó de felicidad
     —Sí, claro que bailo. Hace poco he ganado un premio en un concurso de baile...
     El joven salvadoreño que hizo la pregunta exclamó con gozo:
     —Antes tenía el corazón caído de un lado y ahora se me puso derechito. Recobro la esperanza.
     En este momento el joven doctor comenzó a tararear una canción mientras terminaba de moldear el yeso. Yo creo que entonces brotó una canción en el corazón de todos los presentes. Sí, había un aire de música; la música de la solidaridad, del agradecimiento y de la esperanza...


ESTAR CON LA GENTE

     Aquí no sufrimos de monotonía, pero lo que domina es la trama sencilla de la vida cotidiana: madres de familia que, por turno, comienzan a hacer tortillas a las cuatro de la mañana para el desayuno de las siete; agricultores que, en fila, se dirigen temprano hacia los campos de cultivo; grupos de niños que, hacia las ocho, van alegremente a la escuela; mujeres que esperan la llegada del agua, para lavar.
     Hacia las doce todos los niños pululan por los caminos y pronto, ante las cocinas, se formará la larga fila para esperar la comida.
     Por la tarde el trabajo se reanuda a ritmo suave. Hacia las cinco se reparte la cena y a partir de las seis y media —ya de noche— puede haber reuniones en grupos pequeños o el rosario por algún difunto, o la celebración de la Palabra de Dios. Hacia las nueve de la noche se apagan las luces del refugio. Es el descanso.
     En este conjunto yo diría que mi vida es «estar con la gente». Esta expresión habitual y sencilla no siempre es fácil de vivir a fondo porque hay distancias culturales que no se reducen al atravesar el portón del refugio. Los sectores donde yo me muevo más concretamente son la coordinación de los equipos de cocina, la pastoral, en sentido amplio, la alfabetización y la promoción cultural de adultos, en la llamada, con humor, «universidad al aire libre» porque las clases son a la intemperie. En cualquiera de estos u otros sectores lo más importante es saber escuchar.
     Un momento fuerte en la vida del refugio es la Misa dominical de las cuatro de la tarde. Hora de alabanza y de perdón, de acogida de la realidad del país para transformarla en ofrenda. Hora de petición por tantas necesidades.
     Recuerdo que una de las misas, la del 10 de agosto, tuvo que ser interrumpida bruscamente. Cinco helicópteros de las fuerzas armadas aterrizaron en una pequeña pista del refugio, junto al lugar donde se celebraba la Eucaristía. Antes de aterrizar lanzaron una bomba de humo que nos envolvió en la oscuridad y en el desconcierto. Unos 50 solados armados bajaron de los helicópteros y se dispersaron por los campos de cultivo sembrando el pánico en la población del refugio. Muchos recordaron antiguos ataques y vivieron una verdadera angustia. Después de unos veinte minutos, los soldados se alejaron por un camino vecinal sin dar ninguna explicación. El refugio es una zona neutral que debe ser respetada.
     Algunos domingos y en otras ocasiones expresamos nuestro gozo reuniéndonos en una placita para bailar. Bailar como se baila en los pueblos salvadoreños cuando la noche cae. El grupo musical del refugio, compuesto de músicos autodidactas, toca las primeras piezas. Más tarde, con el fin de que también los músicos puedan bailar, se pasa a los casetes.
     Recuerdo que una noche un joven recién llegado miraba a sus compañeros del ruedo con cierta tristeza. Me acerqué a él y me senté a su lado. Pronto me dijo que antes él bailaba muy bien, pero que ahora la cojera (herido en la huida) le impedía acercarse a una mujer y sacarla a bailar. Seguimos hablando y minutos después los dos nos incorporamos a la fiesta. Bailamos varias piezas. Mientras, él me confió lo más importante de su historia personal y familiar. Comentó también sus sueños para, el mañana. Yo supe algo de su camino. El constató que, perdido el miedo al ridículo, podía bailar hasta cansar a su pareja.

DESCUBRIR A CRISTO

     ¿Quién forma el equipo de servicio al refugiado? Hay varios grupos que, desde el exterior, ayudan eficazmente a los refugiados en sus mil necesidades. El grupo interno y permanente de «internacionalistas» (así nos llaman los refugiados) que colaboramos con la coordinadora general, una joven salvadoreña, a mi llegada estaba formado por dos religiosas y varios laicos.
     Vivir en el refugio ha sido para mí:
—compartir un poco la suerte de los «desposeídos de la tierra»; desposeídos de nombre, de hogar, de bienes, de patria y de parte de los seres queridos. Desposeídos y olvidados, aunque hermanos...;
—acoger y escuchar a un pueblo sufriente, vigoroso y abierto a la esperanza. Pueblo comprometido en recuperar su dignidad, perdida ante los extraños, pero muy presente en los que con ellos hemos vivido;
—descubrir en los refugiados el rostro de Cristo desechado y de Cristo resucitado y con Él pedir al Padre la paz con justicia, la reconciliación, la fraternidad;
—intuir, al contemplar a los niños traviesos, sencillos y alegres, un futuro con espacios de encuentro para todos, con escuelas para todos y para todos hogar y pan;
—dar un sentido nuevo y muy profundo a mi misión de mujer consagrada.

Elena Oyarzábal


283 ¿Quién puede permanecer indiferente frente al aumento vertiginoso de la necesidad de evangelización? Quisiera preguntaros a cada uno de vosotros que os encontráis en el momento decisivo de vuestra elección: ¿qué piensas hacer con tu vida?, ¿cuáles son tus proyectos?, ¿has pensado alguna vez en entregar tu existencia totalmente a Cristo?, ¿crees que pueda haber algo más grande que llevar Jesús a los hombres y los hombres a Jesús?, ¿cuál es tu respuesta?- JUAN PABLO II