QUIÉN HABLA DE DIOS A LOS VIEJOS? volver al menú
 



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CUANDO VENGA CON SU ESPLENDOR
ACOMPAÑADO DE TODOS LOS ÁNGELES,
SE SENTARÁ EN SU TRONO REAL

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Y REUNIRÁN ANTE ÉL A TODAS LAS NACIONE
ÉL SEPARARÁ A UNOS DE OTROS,
COMO UN PASTOR SEPARA LAS OVEJAS DE LAS CABRAS,

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Y PONDRÁ A LAS OVEJAS A SU DERECHA
Y A LAS CABRAS A SU IZQUIERDA.

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ENTONCES DIRÁ EL REY A LOS DE SU DERECHA:
«VENID, BENDITOS DE MI PADRE; HEREDAD EL REINO
PREPARADO PARA VOSOTROS DESDE LA CREACIÓN DEL MUNDO.

35
PORQUE TUVE HAMBRE Y ME DISTEIS DE COMER,
TUVE SER Y ME DISTEIS DE BEBER,
FUI EXTRANJERO Y ME RECOGISTEIS,

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ESTUVE DESNUDO Y ME VESTISTEIS,
ENFERMO Y ME VISITASTEIS,
ESTUVE EN LA CÁRCEL Y FUISTEIS A VERME».

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ENTONCES LOS JUSTOS LE REPLICARÁN:
«SEÑOR, CUÁNDO TE VIMOS CON HAMBRE Y TE DIMOS DE COMER
O CON SED Y TE DIMOS DE BEBER?

38
¿CURÁDO LLEGASTE COMO EXTRANJERO Y TE RECOGIMOS
O DESNUDO Y TE VESTIMOS?

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¿CUÁNDO ESTUVISTE ENFERMO
O EN LA CÁRCEL Y FUIMOS A VERTE?»

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Y EL REY LES CONTESTARÁ:
«OS LO ASEGURO:
CADA VEZ QUE LO HICISTEIS CON UN HERMANO MÍO
DE ESOS MÁS HUMILDES, LO HICISTEIS CONMIGO»

 

¿QUIÉN HABLA DE DIOS A LOS VIEJOS?

     Los viejos, antes, pasaban el rosario una y otra vez sentados en su sillón, o, por la tarde, se acercaban lentamente a la iglesia. Un cura cansino recitaba las letanías y los seis padrenuestros de la visita al Santísimo. Los viejos —que se llamaban viejos y a lo más ancianos— no pertenecían a la tercera edad, tenían el tiempo ocupado, disciplinadamente, entre la misa matinal y la visita a media tarde. Cuando ya no podían salir de casa, en su sillón cercano a la ventana para ver la calle y el sol, seguían rezando machaconamente el rosario, con letanías incluidas, y otras muchas oraciones. Al suspirar decían una jaculatoria. No creo que supieran mucho de oración contemplativa, pero mientras contemplaban el paso de la vida, rezaban. Un cura, de cuando en cuando, les hacía una visita. Los viejos también estaban tristes, pero en su corazón había un hilito de esperanza. Tanto repetir: «Ruega por nosotros ahora y en la hora»... dejaba huella.
     No todos los viejos rezaban, Claro está, no todos, pero sí muchos. Venían de un tiempo en que ya sus madres lo hacían y las costumbres no habían cambiado tanto.
     Los viejos, ahora, no tienen la iglesia abierta a media tarde para hacer la visita ni en muchos casos una misa matinal que les sirva de paseo y respiro. Los curas (¡tan pocos curas!) andan atareados en mil ocupaciones y salidas de día y de noche, muy preocupados además por lo mal que, entre la droga y el paro, anda la juventud. Son pocos y andan superatareados.
     Los familiares de los viejos... Muchos ya tal vez no son creyentes y los que lo somos no solemos saber encontrar ni las palabras ni el tono para hablar de Dios a nuestros ancianos. Además hay trabajo y el tiempo vuela
     Los viejos, pobres, por lo general se han quedado sin compañía. Ya no rezan el rosario de rutina ni nadie les habla de Dios; el único que les puede dar esperanza, el único, Dios, que les promete un feliz futuro.
     Dios está cerca, eso es lo que tendrían que pensar, que saber los viejos. Y tal vez, pasados ya los fatigosos años de la vida, les daría un poco de esa alegría que les falta. Los demás, que andamos ocupados, que estamos sumergidos en la prisa cotidiana, tal vez tardamos años en encontrarle. Ellos saben, o deberían saber, quien fuera debería tener la gracia de recordárselo a menudo, que pronto, un día cualquiera, encontrarán a Dios a la vuelta de la esquina. La soledad se trocará en compañía, la vejez en eterna juventud, la inmovilidad en vida.
     A los viejos ya nadie les habla de Esperanza. Yo creo que ése es el drama mayor que viven hoy día.

Rosario Bofill


CARTA ABIERTA A UN ALUMNO

     Hace poco, después de una «tertulia» sobre el futuro imperfecto y brumoso que se os avecina, mientras bajábamos andando (eres de los pocos que nunca toman el ascensor para bajar y raras veces para subir) comentaste con sonrisa de satisfacción que aún te quedaban dos años para vivir. (Lo de «vivir», en tu caso, evidentemente no tenía el más mínimo sentido peyorativo).
    Era de noche, y no pudiste notar en mi frente una arruga de tristeza. Había comentado la definición aquella de «actividad personal, realizada en orden a los demás, con un fin trascendente». Y me pareció que caía en vacío.
     Me acompañaste hasta donde celebro la eucaristía, y me preguntaste si podías entrar. Claro.
     El evangelio que tocaba aquel día era el de Mt 25, 31-46. No sé si prestaste mucha atención a él, dada la acústica física de la capilla tan mala como mi voz, y que te habías quedado junto a la puerta.
     Aquí te lo envío ahora, bien transcrito.
     ¿Recuerdas que cuando vino Paulo Freire a hablaros, para empezar la segunda de sus conferencias leí precisamente este mismo texto, que él comentó con el corazón en la mano?
     Y las palabras de Charles Péguy.
     Desde que me enteré que Teresita, tu condiscípula, sin previo aviso se había hecho clarisa, me siento más animoso para decirte y deciros que vuestro futuro no es tan negro como imagináis, porque podéis dar la mano.
     Incluso pienso que la preferencia tan masiva de tantísimos de vosotros por la educación especial (que equivale a especializarse en las obras de misericordia), es una gracia insospechada de Dios.
     ¿Has leído el texto de Rosario Bofill? Si piensas que pienso que tú puedes hablar de Dios a los viejos y a los jóvenes, aciertas.
     Cordialmente

Jorge Sans Vila


234 Hay que salvarse juntos. Hay que llegar juntos a la casa de Dios. No vayamos a encontrarnos con Dios estando los unos separados de los otros. Hay que pensar un poco en los otros, hay que trabajar un poco por los otros. ¿Qué nos diría Dios si llegamos hasta Él los unos sin los otros? – Ch. Péguy