7 + 7 DÍAS DE MTSM volver al menú
 
     

     Siempre pensé que me tenía que consagrar a Dios, por lo menos más conscientemente desde los doce años o algo así. Nunca tuve dudas, ni se me plantearon dificultades. Era lo que tenía que hacer y no me costaba. Ni siquiera se me ocurrió preguntar con todo detalle a qué me comprometía, como veo que hacen las jóvenes hoy; yo me comprometía entera y daba un salto con los ojos cerrados, conscientemente cerrados, como lanzándote al vacío en la seguridad de que te esperan unos brazos fuertes que no pueden fallar. Igual que cuando no sabes nadar, pero tienes a tu lado a alguien que te quiere mucho y no puede dejar que te ahogues.
     Quizá la única dificultad la encontré en los que me rodeaban. Por un mal entendido cariño se oponían a que me fuese, a que los dejase (porque entonces aún en los Institutos Seculares uno se iba y lo dejaba todo). Después todos, unos y otros, han entendido que no me fui, que estoy más cerca que nunca lo estuve, que quiero a todos con más libertad que nunca les quise.


10, DOMINGO

     Día de sol espléndido. He acompañado a una chica que tenía que hacer una visita comprometida.
     Ciento veinte km. de ida y otros tantos de vuelta, son una buena ocasión para hablar, callar, escuchar. Sobre todo escuchar. Con razón alguien llamó al coche la «pequeña casita del diálogo». De cara a un paisaje que pacifica y en diálogo sereno se puede encontrar la paz. Yo la he encontrado.


11, LUNES

     Trabajar en la enseñanza tiene sus ratos descansados. Los «puentes». Nosotros difícilmente concedemos un puente, pero ahora la orden ha venido desde arriba. Quien manda manda.
     Poco correo hoy. Propaganda y una sola carta. De un amigo mío, de los tiempos en que estudiábamos en la universidad Nos hemos seguido escribiendo, sobre todo él, que me manda siempre las separatas de todo lo que publica para que se lo critique. A veces me tengo que inclinar ante la evidencia: no entiendo ni una sola palabra. ¡Esas filosofías tan elevadas...! Ahora, hoy, no se trata de filosofías sino de vida. Después de luchar consigo mismo y con las circunstancias durante años, parece que está decidido a dejar la Orden a la que pertenece. Siento pena de verdad. Es muy elemental, pero no se me ocurre otro comentario.
     Durante toda la tarde he estado pensando en él. Creo que le falta paz, serenidad para ver las cosas, gozo profundo para aceptarlas. Si no fuese ya demasiado tarde le mandaría unas palabras que subrayé en una novela que leí hace tiempo: «Cuando se tiene juicio y serenidad, las pequeñas cosas parecen pequeñas cosas, y es únicamente cuando nos faltan esas virtudes, cuando las pequeñas cosas nos parecen grandes y las grandes pequeñas».


12, MARTES

     Hace un rato se ha marchado una chica que vino a verme ayer. Llegó con la intención de estar sólo de tren a tren. Logré al fin convencerla de que ese plan era muy precipitado. Y se quedó a cenar y dormir.
     Vivimos cuatro en un piso pequeño, pero tenemos un rincón disponible para huéspedes. Mejor en singular, por el pequeño espacio. Es bueno tener la casa abierta, que sea un poco de todos. A veces resulta molesto no poder dedicarte a leer tranquilamente porque los niños de la vecina gatean por aquí, no poder acostarte temprano porque ha venido a cenar una chica que no la veíamos hace tiempo. Poco a poco voy entendiendo, con la práctica, unos latines remotos: «Porta patet cor autem magis» (La puerta está abierta, pero aún más el corazón).


13, MIÉRCOLES

     Esta tarde he encontrado por la calle a una antigua amiga mía, del tiempo en que estudiábamos bachiller. Iba con dos de sus niños. Ahora ya tiene seis, la mayor de doce años.
     Las niñas van al mismo colegio que fuimos nosotras. Pienso que a las religiosas les gustará educar a la «segunda generación», las hijas de aquellas otras que pasaron por sus manos, y que a pesar de los años seguramente les plantearán los mismos problemas. Carmen, entre caricia al niño y gesto de atención a la niña, me ha contado que su marido ha salido elegido procurador en las recientes elecciones. Sufre con esto, sobre todo desde que ve el mundo en que tiene que desenvolverse. La gente comenta, critica, alaba, pide favores... Pero a su marido le parece que puede prestar un servicio a la ciudad desde su cargo, cree que vale para ello y además ha sido elegido por mayoría aplastante. Él está contento, ella quiere estarlo. Le he prometido ir a su casa un día de estos para conocer a los seis chavales. Ciertamente soy poco aficionada a las visitas.
Muchos días estoy en el Instituto de nueve de la mañana a nueve de la noche, excepto dos horas para ir a casa, comer y volver. Son muchas horas. No tanto por la cantidad cuanto por estar pendiente de todo y de todos, o casi todos. Muchas horas gozosas. Aunque a veces me entra el desaliento. ¿Anuncio con mi vida la Palabra? ¿Mi vida es un signo inteligible?
     Hace días campea por esquinas y escaparates el slogan del Domund: «Dios no ha muerto. Las misiones lo atestiguan». Conforme. Pero ¿sólo las misiones? Porque de no estar vivo Dios ¿tendría algún sentido mi vida? ¿Puede justificarse una vida de servicio a los demás sin un Dios vivo? Seguro que más de uno respondería que el «otro» es suficiente justificación. Pues para mí, no.


14, JUEVES

     He conseguido, al cabo de no pocos paseos, entrevistas, vueltas y más vueltas, que nos dejen el gimnasio municipal. Era un auténtico sufrimiento ver a las niñas hacer flexiones y volteretas en un local nada apropiado. Habrá que pagar el alquiler, pero el dinero ya saldrá de donde sea. No hace sol, pero estoy alegre.
     El día ha sido movido con tantas visitas. Recuerdo ahora la de los padres de una alumna nueva de este año. Han venido ya cinco veces desde que la matricularon. ¡Y yo que me quejaba continuamente de que muchos padres no se preocupan por saber cómo va su hija.
     Antes de la cena he entrado un rato en una iglesia. A esas horas mis ratos de oración son muy elementales. Llego, respiro eternidad despacio, y Le digo lo único que desde hace años soy capaz de decirLe: «he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según Tu palabra». Pedir, lo que se dice pedir, nunca Le pido nada.
Al salir, aunque el dolor de cabeza siga igual, lo noto menos.


15, VIERNES

     Hoy ha sido un día especial. Especial para mí, claro. Aquí se celebra más el día del cumpleaños, pero a pesar de todo ha habido regalos, regalos dulces, perfumados, decorativos... y cartas, cartas de aquellos que aprovechan un día así para decirte que te recuerdan y de quienes te recuerdan más a menudo y en un día como éste te dicen que te quieren. Es bueno que la gente diga estas cosas, y que las sienta de verdad.
     Por la tarde he ido a una reunión de estudio sobre la carta de Pablo VI acerca de «Los católicos y la política». Se ha planteado con mucha fuerza la cuestión de si es posible amar al que oprime, al que persigue, al que maltrata, sobre todo cuando uno es el oprimido, el perseguido, el maltratado. La solución que se dio es que es difícil y que eso es lo que hacen los santos, pero sólo los santos. Yo me pregunto, ¿no estamos todos llamados a ser santos?
     Vengo de cenar con unos amigos, a los que prometí visitar hace tiempo. Hoy era una buena ocasión para «dejarme felicitar». Ha sido agradable la cena. Al final uno de los niños se puso enfermo y nos reclamó con sus lloriqueos desde la habitación. He terminado el día cambiando las sabanillas de una cuna e intentando tranquilizar a un niño precioso para que pudiese conciliar el sueño.


16, SÁBADO

     A las 10'30 tomé el tren para Madrid. ¿A cuántas reuniones habré asistido ya este año? Hago propósito de llevar la cuenta el año que viene.
     El tren iba casi lleno. Al comienzo ocupó el asiento de mi lado una Hija de la Caridad. Detrás de mí iba una Madre que fue Superiora de mi colegio cuando yo era alumna, y ahora es Provincial. ¿Cuántas religiosas habrá en el mundo? ¿Cuántos kilómetros hacen?
     Cuando el asiento de al lado quedó vacío instalé allí mi «despacho». Escribí cartas, leí la prensa y a ratos un libro. Pero sobre todo estuve, así simplemente, del verbo estar, estar siendo, estar pensando, estar contemplando. («Los que nunca han visto el mar creen que no existe nada más monótono, cuando no existe nada más variado; nada nos reserva más sorpresas. Algo parecido sucede con la vida interior y la contemplación de Dios. Nunca se termina de explorar la Inmensidad divina. Nunca se acaba el asombro. Se va de descubrimiento en descubrimiento al avanzar en esta simplicidad divina»).
     El viaje en tren (ventaja de las reuniones a distancia) es una buena oportunidad para vivir unas horas a ritmo lento, el ritmo que tendría que ser normal en la vida — el ritmo de la flor que se abre, de la estrella que se ilumina, del día que comienza-, pero la civilización técnica nos empuja a caminar siempre deprisa. ¿Hacia dónde?


5 AÑOS DESPUÉS

     El verano pasado, en un viaje, oí cómo una muchacha no creyente preguntaba a una religiosa: «¿Y tú qué haces?». La pregunta, aparentemente vulgar, no tenía nada de protocolaria. Por el traqueteo, no capté la respuesta, si es que la hubo.
     Por aquello de las «recuperaciones», cinco años después, he pedido a María Teresa San Martín que cuente por escrito algo de lo que hace. Como el mundo es muy pequeño quizá pueda leerlo la muchacha aquella.- J.S.V.


SÁBADO

     Para mí la semana con frecuencia comienza en sábado, porque tengo que salir de viaje y esto hace cambiar el ritmo de la vida diaria.
     Coger el tren al final de la semana siempre me da un poco de pereza, por el cansancio natural y por lo que supone dejar una ocupación y empezar a pensar en otra.

     Esta mañana hemos tenido una reunión con bastantes profesores para hablar de la orientación de estudios de los alumnos. Ha sido una jornada de trabajo en la que todo el mundo estaba interesado. No sé si los alumnos creen de verdad que los profesores se preocupan por ellos y emplean horas libres para poder ayudarles mejor.

     Mis alumnos decían en clase el otro día, reflexionando sobre los acontecimientos, que vivimos en un mundo loco que no tiene salida, que aboca a la autodestrucción. Intenté hacerles ver que el cristiano se distingue de los otros sólo en que tiene Esperanza, tan grande y tan robusta que está convencido de que lucha por un mundo más fraterno, con la seguridad de que llegará a realizarse y que de alguna forma misteriosa se está realizando ya. Me dio pena que acogiesen mis palabras con aire un tanto escéptico.


DOMINGO

     Tengo una colega enferma, con una enfermedad incurable, que va avanzando inexorablemente. De su habitación cojo una Biblia para rezar un rato. Abro el libro al azar y seguramente por la fuerza de la costumbre se abre espontáneamente por el salmo 41, «Oración de un enfermo abandonado». Mi oración es com-pasiva, del que padece con el otro, que intenta cargar sobre sí con algo de su dolor.
     Luego charlamos un rato. Ella me lanza de repente esta pregunta: «¿crees que estando inactiva se cumple y se colabora con el plan de Dios?» Padece la humillación de no poder hacer nada y tener que dejarse hacer todo. Le digo que es Él el que lo ha de hacer todo. Y al decirlo siento vergüenza. Yo trabajo, corro todo el día, hago muchas cosas, pero quizás en el fondo no dejo lugar para que Él haga...


LUNES

     Regreso en tren muy temprano. Coincido con la salida del sol. Es uno de los momentos del día que más me gustan. Esa luz rosada... y luego todo tan rojo...

     Exámenes extraordinarios. Nos llega la recomendación de una autoridad en favor de una chica. Como siempre no hacemos ni caso, es más, solemos romper las cartas de recomendación sin enterarnos para qué alumno son, porque se ha dado el caso de que si nos acordábamos del nombre sin darnos cuenta nos predisponíamos en contra.

     Se presenta al examen una chica que no está muy bien psicológicamente. En el ejercicio de matemáticas, se trata de hacer unos problemas. Y ella ha comenzado diciendo: «Problemas... para problemas los míos» y ha seguido con toda una narración de sus dificultades ante la vida, en lugar de lo que se le pedía. A la hora de corregir, a los profesores les ha dado la risa, pero en el fondo nos ha hecho pensar que quizá sólo sea el grito de una persona que se siente tremendamente sola en un mundo de gente apresurada que no tiene tiempo de escuchar.


MARTES

     Hoy en clase hemos hecho teatro-forum, con el «Sócrates» de Llovet. Terminada la lectura los alumnos han entresacado las frases que más les llaman la atención, y hemos dialogado sobre ellas. Casi todos han coincidido en ésta: «Nadie que quiere ser un buen jinete se busca un caballo dócil» y ellos mismos han pasado un rato comentando que en su vida de estudiantes siempre se dejan llevar por el camino más fácil (copiar, empollar a última hora...) y parece que en el fondo echan la culpa a sus padres, que porque ellos lo tuvieron que pasar muy mal no quieren que sus hijos tengan dificultades, y les dan todo hecho.
     Ellos siguen hablando sobre la muerte de Sócrates, al que mataron porque estorbaba a los poderosos, ya que abría los ojos a los jóvenes sobre la verdad, y piensan que en el fondo es una figura de Jesús. Me admira que los alumnos solos hayan sido capaces de llegar a esto.

     A una amiga mía que trabaja en un organismo oficial, con fama de atender muy mal a los que van a consultar algo, la han ascendido a un puesto de mucha responsabilidad por méritos propios (dicen que ella se preocupa mucho por la gente y sigue su caso hasta el final). Me alegro por ella y también por la institución que es capaz de ver lo que está bien hecho.


MIÉRCOLES

     Viene a verme con cierta frecuencia. Vive en un pueblecito pequeño con su hermano cura. Tengo la impresión de que los dos son el paño de lágrimas de todos los pueblecitos del valle. Hoy estaba agobiada. Hay un convento de clausura en uno de los pueblos con 17 monjas mayores. La fábrica que les daba trabajo para hacer, se lo ha retirado porque ahora se lo da a otra gente. Las monjas pasan hambre de verdad. Entre las dos tratamos de buscarles algo.
     A veces pienso si poner parches no será paternalismo. Pero alejo este mal pensamiento releyendo el final del capítulo 25 de san Mateo.

     Dicen que van a suprimir las fiestas entre semana. Me parece bien. Pero ¡venían tan bien a veces!

     Por la tarde he ido a visitar a una familia. La madre se gana la vida como fregadora. Viven con ella un hijo y un hermano minusválidos. No trabaja ninguno de los dos.
     Estando allí ha ido un chico, no católico, a buscarles para un acto de culto. Les baja a los dos a hombros y les traslada en su coche. Lo hace cada fiesta. He quedado impresionada.
     Después, por la noche, he ido a la celebración de la Eucaristía a una iglesia del centro. Los bigotitos recortados, los visones, la repetición mecánica de oraciones, el tintineo de las pulseras, como contraste, me ha producido un efecto desolador. No me he enterado de nada de la homilía. He pedido perdón al Señor por las infidelidades de mi Iglesia, por el pecado colectivo del que me siento responsable, por esta mesa repleta que no deja ni las migajas para el pobre.

JUEVES

     Hoy los alumnos han estado a punto de sacarme de quicio. Pretendo que hagan en clase un trabajo de profundización y me dicen «es que si nos concentramos en esta asignatura, se nos olvida lo que sabemos para la clase siguiente en que tenemos ejercicio escrito».

     Entre clase y clase, un profesor me ha hablado de una profesora no creyente que conoce desde hace una temporada. Es encantadora, pero a la hora de ver el mundo y la Iglesia es terriblemente incisiva y crítica. Decía él que actúa en su vida como de despertador, impide que se duerma ante la realidad dolorosa de cada día. Quizá los cristianos necesitaríamos más de alguien que nos haga el oficio de despertador, para no dejar pasar impunemente todo aquello que no responde con fidelidad al modo que tenía Jesús de entender el mundo y las relaciones entre los hombres.

     Entrevista curiosa. Un señor que me está vendiendo por la espalda, a mí y a la Escuela, y al que he ido a visitar expresamente para aclarar un poco la situación. Me dice: «Usted no cree en mi palabra de caballero y eso me ofende». Me ha hecho gracia. Pienso que no hay que presumir de caballero, basta con serlo, la gente se dará cuenta en seguida.


VIERNES

     Hoy en clase me he distraído continuamente viendo la cara de una de las alumnas. Estaba triste, con la mirada como nublada. A la salida me he acercado para preguntarle si le pasaba algo. Un problema familiar. Parece que no había tenido ocasión de comentarlo con nadie. Vivimos en un mundo de hombres en soledad. Todo el día rodeados de gente, hablando continuamente de lo mal que está el mundo y del modo de arreglarlo, y nos olvidamos de mirar a los ojos de los que nos rodean.

     Me avisan que un chico conocido, con el que comí hace quince días, ha intentado suicidarse. Gracias a Dios, después de unas horas de incertidumbre, ya el peligro ha pasado. Lee muchísimo, sin discriminación, y él mismo dice que no «digiere» todo lo que lee.
     Recuerdo ahora la película aquella «Farenheit 451» en que cada personaje se sabía de memoria un libro. Un solo libro. Pero se lo sabía, lo había digerido, lo vivía. Según pasan los años noto que leo más y leo menos. Menos libros y más despacio. Algunos libros los releo cada año. Y noto que sintonizo más con quienes leen lo mismo. Tenía razón Unamuno: «Si varios hombres persisten viendo mucho tiempo la misma vista, acabarán por acordar y aunar mucho de su ideación, estribándola en el espectáculo aquel».

María Teresa San Martín


141   En más de una ocasión he recibido cartas lacónico-agresivas de desconocidos lectores que venían a decir: «Las historias que usted cuenta, señor JSV, son demasiado bonitas. La vida no es así. Haga el favor de ser más realista». Yo creo que la vida real es en realidad según los ojos con que se mira, según el corazón con que se ama. Para variar de voz y de perspectiva, en honor de los «lacónico-agresivos», he pedido a varios amigos míos (no podía pedir tal favor a mis enemigos, por la sencilla razón de que no soy tan importante como para tenerlos) que cuenten sencilla y realísticamente «7 días de su vida» de «cocineros de los cristianos» y de «señaladores del Camino».— J.S.V
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