EL OJO AMERICANO volver al menú
 
     

     De 1971 a 1975, cuatro veces al año, mantuve puntualmente en una revista vocacional una sección titulada Libros con microbio (de vocación, claro).
      El invierno de 1975 fue muy duro. Tanto que la revista en cuestión se heló. Pobre.
      Para que mis microbios no se helasen también, el director de otra publicación vocacional, me ofreció un acogedor rincón de su revista. Y en él me he instalado, dispuesto a seguir microbiando con perseverancia.
      Para celebrar el «trasplante» microbial transcribo aquí el primer comentario de la segunda etapa, teniendo en cuenta que los veteranos lectores de estas hojas vocacionales recordarán la reflexión titulada «Un concentrado supervitaminado» (hoja 84), de sabor parecido. Como que ambos libros, aquél y éste, son del mismo autor.
     «El ojo americano», novela policíaca, como «La túnica de piel». Y como ella, sobre todo, libro de «larga vista», de horizonte infinito. Sí, hay dos clases de libros: libros cortos y libros largos. Libros que ven el mundo «desde el ojo del Credo» y libros miopes que miopizan.
      Desde que se publicó, intento que mis amigos lo lean. Les digo que es caro, pero que cierren los ojos y abran el bolsillo, que hasta no hace mucho no pocas homilías también salían bastante caras en España.
      A los no-amigos no me atrevo a decirles que lo lean. No sea que después de la lectura vayan propalando que es una mala novela. Y lo es aséptica, técnicamente hablando. ¿A qué novelista medianamente civilizado se le ocurre poner sermones dignos del más afinado Santo Padre en boca del postergado capitán Taxid, del desaliñado brigada Rotang, de la ciega Akantha, del cara cortada Rabolán, del sargento Gringa, de la lavandera que ejerce a ratos el más viejo oficio del mundo? Pero, conste que en mi vida he leído reflexiones más encantadoras sobre el pudor y la modestia que las de Amina en el capítulo 3.
      Esta novela pone buen cuidado en evitar que la magnificencia de las cosas visibles oculte lo esencial. Algo que tantísimos especialistas en literatura no entienden. ¿Será porque escriben y leen sin Amor?
      Cuando se comenta una novela, es norma convenida no explicar el argumento. A ella me atengo.
      Pero no resisto la tentación de ofrecer al lector un pequeño florilegio (téngase en cuenta que la novela empieza en Rodópolis, ciudad de Rodón. Y Rodón significa rosa) a base de siete rosas perfumadas y perfumantes.

J.S.V.



      1. Los seres humanos que se aman entre sí, los cristianos, sienten en sus entrañas los latidos del corazón de sus semejantes. Esta noche, el corazón de usted late angustiado, atemorizado por los acontecimientos. Hemos notado su aflicción, hemos percibido su demanda de auxilio y hemos decidido acudir en su ayuda.


      2. La lógica es como el barro: hace resbalar y caer a la gente... La felicidad y la armonía no tienen nada en común con la lógica y la técnica. La vida no es simetría. En un árbol, en todos los árboles de un bosque, no encontrará usted dos hojas simétricas. En una flor, no existen dos pétalos iguales. Los dos lados del rostro humano no son simétricos. Nada lo es en la naturaleza y en la vida. Ningún ser es idéntico a otro. La similitud no existe más que en las fábricas de neveras eléctricas y de automóviles, en las lavadoras. Las flores que crea la artesanía son simétricas. Pero artificiales y sin vida. Todo lo que es viviente es único y personal. Todo individuo constituye un universo completo, integral y, por ende, no puede ser simétrico de otra cosa. Ustedes transforman al ser humano, que es un todo, en partes de un todo. Pero ustedes y el universo que dominan llevan todas las de perder. Pues el hombre vive parcialmente en la tierra y parcialmente en el cielo. Es teándrico. En parte divino, en parte humano. Es en el Cielo donde se halla su hogar definitivo. Ustedes pueden expulsarnos de aquí abajo, de la historia y de la vida temporal, pero nosotros seguiremos vi viendo en el infinito. Los hombres y lo; ángeles no son como mariposas.

      3. Es muy posible que mi alma sea pura, blanca y que desprenda un aroma exquisito. He sufrido mucho en mi vida Y yo creo que su hija está en lo cierto al decir que mi alma es hermosa. Sus pobres ojos ciegos han visto precisa mente lo que la gente provista de visa no alcanza a ver jamás. Pues los que ven dejan de mirar en cuanto han con templado el aspecto de mi persona, si, tratar de ver más allá. Ha tenido que ser una ciega, cuyos ojos no represen tan un obstáculo, para pararse a mira mi alma. Siempre debe uno mostrarse ciego ante las cosas que nos rodean para lograr percibir lo esencial. Es por causa de las cosas visibles que no con seguimos ver a los ángeles, las alma, y Dios.


      4. El derecho a negar la realidad está reservado exclusivamente a la Administración. La Administración viene ser como un molino que, una vez el marcha, sigue girando incluso cuando no queda un solo grano por moler entre sus pétreas muelas. La realidad no es conocida más que por los vencidos, los humillados, los postergados. Pero a ellos no les asiste el derecho tomar la palabra. «La libertad de palabra sin la libertad de hablar por radio es nada». Los vencidos, los únicos en conocer la verdad, no tienen derecho a expresarse a través de las ondas. Son los que dictan las leyes, los ricos, los poderosos, los vencedores, quienes pueden hablar. Y jamás consienten en ver la realidad tal como es. Jamás de los jamases.


      5. La esperanza que anida en el corazón de los hombres resulta tan tenaz como rebelde, tan falta de lógica como la hierba que crece sobre las tumbas.


      6. Tras el acontecimiento de Belén, la frontera entre el cielo y la tierra ha quedado abolida.

      7. El hombre es la única criatura vertical del cosmos. Es un ser de doble proyección. Ha sido creado a partir de tierra y azufre, de materia y espíritu. La parte terrenal del hombre está sometida a la fuerza de la gravedad y es atraída hacia abajo. La otra mitad, la parte celeste, la que ha sido creada por mor del soplo de Dios, está sometida a la atracción hacia arriba, al igual que las llamas. Es una atracción tan irresistible como lo pueda ser la fuerza de la gravedad. No puede uno sustraerse a ella. Todo ser humano, por muy vil y pervertido que sea, está sometido a la atracción hacia arriba, hacia el cielo. Aspira a elevarse, a ascender, a progresar. El ansia de subir siempre más alto no queda jamás satisfecha. Al hombre le resulta imposible sustraerse a su ansia de ascensión, de promoción al igual que no logra sustraer su cuerpo material a los efectos de la gravedad. Si se pone trabas a esa ley ascensional, se destruye el ser humano. Se le aniquila. Se le asfixia de igual forma que se extingue una llama cuando se la priva de su libre desenvolvimiento ascensional. El afán de superación y de progresar resulta tan vital para el hombre como la propia respiración.

C. V. Gheorghiu

135 La obra de la redención no se realiza en el mundo y en el tiempo sin el ministerio de hombres entregados, de hombres que, por su oblación de total caridad humana, realizan el plan de la salvación, de la infinita caridad divina. Esta caridad divina hubiera podido manifestarse por sí sola, salvar directamente. Pero el designio de Dios es distinto, Dios salvará en Cristo a los hombres mediante el servicio de los hombres. El Señor quiso hacer depender la difusión del Evangelio de los obreros del Evangelio. — PABLO VI