¿PARA QUÉ SIRVE SU VIDA? volver al menú
 

     A Max le conocí hace años. Padre de familia con cinco hijos, hombre influyente en las finanzas, empedernido viajante a bordo de reactores, y con humor suficiente como para ponerse a hablar de religión a altas horas con un whyski en la mano.
     Max me dijo: «Yo sí entiendo que tenga que haber sacerdotes, y comprendo que faltan muchos. Pero no veo para qué sirven los religiosos encerrados entre cuatro paredes, canta que te canta día y noche. ¿Para qué sirve su vida? ¿Cómo se pueden perder tantas energías en esas cosas pasadas de moda e inútiles cuando faltan tantos sacerdotes?».
     Le quise demostrar la utilidad de los religiosos de vida contemplativa. Pero la onda de Max y la mía estaban a muchos kilociclos de distancia. Según íbamos hablando me daba cuenta que no, que no le convencía. Como último recurso llegué a contarle lo de «las carreteras, los caminos con sonrisa de niño y los caminos solitarios por donde pasea el Señor». Inútil.
     Nos despedimos amigos, pero sus últimas palabras fueron: «¿Para qué sirven ?».
     Luego le mandé el libro «Esos inútiles...». Acusó el golpe deportivamente. Pero no basta convencerle a uno la cabeza, hay que convencerle el corazón. Le regalé la vida de santa Teresa del Niño Jesús. Y la leyó.
     Ahora —han pasado muchos años— me escribe diciendo que su hija pequeña —que no es tan pequeña— acaba de ingresar en un convento de clausura. Me lo comunica en cuatro líneas. Max, que a su edad continúa emborrachándose de reactores, para escribir sigue tan perezoso como siempre. Pero en esas cuatro líneas yo he descubierto un temblor de alma y una sonrisa de agradecimiento.
     Para Max, mi amigo, y para tantos Max que siguen preguntándose «¿para que sirven?», estas siete respuestas de Soeur Marie Terèse, priora del Carmelo de Verdun. Radio Luxemburgo le prestó la oportunidad de una entrevista en voz alta, tan alta como las antenas de aquella emisora.

J. S. V.


     1. Su vocación, su entrada en el Carmelo, ¿fue un drama, una especie de desgarro para sus padres y su familia?

     Mi vocación no ha sido un drama porque mi madre tenía el sentido de Dios y era muy cristiana; pero fue muy doloroso, porque era viuda y yo era hija única.
     Hay casos en que las vocaciones son dramas, en que los padres, no comprendiendo en absoluto la vocación de su hija —porque hay en ella desde luego un misterio—, creen que ha perdido la cabeza, que es una iluminada o, peor aún, que (y eso hace sufrir mucho a esa muchacha) no les quiere. Eso es muy doloroso y quizás es luego, para la muchacha, una dificultad suplementaria de adaptación.

     2. ¿Se hace una religiosa porque se tiene miedo de la vida, porque se ha fracasado en el amor?

     No se hace una religiosa por razones negativas frente a lo que sea, porque ese sería el mejor medio de fracasar.
     Antiguamente, las mujeres, como estaban mucho más tiempo en casa, les pare­cía menos difícil entrar en un monasterio y proseguir la vida que llevaban, pero, naturalmente, era preciso que fueran llamadas por Dios para esta vocación.
     Y, ahora, puede haber muchachas que, no habiendo logrado su lugar en el mundo, se imaginan que tienen la vocación de orar. Por otra parte, se hacen muchas ilusiones sobre lo que es un monasterio, y quizás desean entrar, pensando que allí por lo menos no tendrán los disgustos que en el mundo.
     Así que, para evitar falsas maniobras, somos nosotras las que pedimos candidatos. No vale la pena hacer entrar a muchas jóvenes para que luego, salgan, con frecuencia. traumatizadas. Exigimos, además, que sepan ganarse su vida, durante un mes o un año.

     3. ¿Y la desesperación por amor existe también?

     Existe, naturalmente, pero le aseguro que son suficientes diez minutos para dejar todo en claro, así que estas candidatas no entran, porque ven en seguida de qué trata.
     Sin embargo, puede suceder que una muchacha, que haya experimentado una decepción, se ponga a reflexionar. Entonces, no es la decepción lo que la hará entrar, sino la reflexión, que la ha seguido.
     Pero sucede también que una muchacha haya sido pedida en matrimonio o que haya encontrado a un muchacho que le ama y a quien amar, pensando seriamente en casarse, pero que comprenda que es llamada a otra cosa, a otra clase de amor.


     4. ¿Para qué sirve la contemplación?


     No sirve para nada. Eso es lo que han dicho los apóstoles.
     Usted recordará seguramente, si ha leído el Evangelio, que, un día, una cierta María de Betania ungió al Señor Jesús, rompiendo una vasija que contenía un precioso perfume. Los apóstoles protestaron todos, diciendo que el perfume podría haberse vendido por 300 libras y que se podría haber dado a los pobres. Pero el Señor defendió a María, diciendo: dejadla, que ha hecho una buena obra. ¿Acaso no quiso decir con eso que el amor vale mucho más que el dinero? Y yo pregunto: «¿Es que no cree usted que ya hay suficiente dinero en el mundo para que todo el mundo tuviera lo suficiente, pero que lo que falta es el amor, cuya ausencia hace que ese dinero no se comparta?».


     5. Pero esto no me explica suficientemente lo que es la contemplación.

      No me gusta mucho ese nombre de contemplación, porque es una palabra un poco filosófica; pero, en fin, voy a tratar de traducirla de otra manera: es mirar con amor.
     Mirar a alguien con amor. Dos personas que se aman, un hombre y una mujer, y que se miran. Se dicen que se aman y eso durante mucho tiempo. ¿Es que eso sirve para algo?
     Eso es lo que hacemos con Dios. Nosotras hemos entrado aquí por amor de alguien, de una persona, de Jesucristo. Tratamos de mirarle y de amarle, y digo que tratamos, porque eso no es fácil.
     Para todo cristiano es una exigencia mirar y amar a Dios, tratar de amarlo, perotodo el mundo no puede hacer todo. Dice a Dios que le ama, de tiempo en tiempo, y que vive y trabaja por Él. Pero hay personas a las que Dios pide que le digan que le aman y le amen realmente, durante todo el tiempo.
     ¿Para qué sirve eso? Sirve para aportar amor al mundo, para aumentar el grado de amor en el mundo y para mantener la comunicación entre el mundo y Dios, porque Dios mismo ha dicho que Él es amor


     6. A ustedes se las llama los pararrayos de Dios. ¿Qué significa eso?

     Ese nombre es una cosa terrible, porque se creería que Dios no piensa en otra cosa que en abatirnos con un rayo. A mí me pa­rece esto una cosa espantosa como metáfora y, además, el ofrecerse como víctima a un rayo no es nada tentador. Me parece algo falso, porque la realidad es que necesitamos los unos de los otros. Cada uno de nosotros somos los pararrayos de los demás. Pedir a las carmelitas que recen, está bien, pero las carmelitas piden también a los laicos que recen también por ellas, porque no es fácil ser carmelita.


     7.¿Se siente usted mujer, viviendo en el Carmelo?

     Claro que me siento mujer, y mujer feliz.
     Lo que llena a una mujer, como a un hombre, es su apertura a otro ser; y este cumplimiento se realiza normalmente, en una mujer, en el matrimonio, con el marido y los hijos. Hay que reconocer que renunciar a eso es un gran sacrificio y somos conscientes de él. Ese es un gran enriquecimiento para una mujer, y, en la vida religiosa, ese enriquecimiento se realiza, también, mediante el amor al otro.
     Nosotros encontramos a Cristo, un día, y éste nos pidió darle todo nuestro amor por entero. Es esto lo que nos llena. Sólo que podría decirse: amo a Dios y este amor es un poco irreal; pero como vivimos en comunidad, son el amor y la caridad fraternos los que autentifican nuestro amor a Dios. Porque hay hermanas que dicen: yo me entiendo con Dios y todo va bien con Él, sin dificultades; pero con las hermanas no me entiendo, aunque esto no tiene importancia, porque me entiendo con Dios. Pero no. Si esa hermana no se entiende bien con las hermanas, no puede entenderse bien con Dios o está fabricando un Dios a su manera, porque Dios es Alguien que molesta a la gente.
     Creo que lo que llena a una mujer, en efecto, es el amor, y, para nosotros, el amor de Cristo y el amor de Dios a través de nuestras hermanas.

Soeur Marie Thérèse


073 Estaba atado. Tenía que escoger galeras hallándose atado a galeras. Una paradójica libertad. Puede que exista una libertad mayor que la de escoger lo que nos dé la gana. La libertad de vivir, y caminar, y buscar, y encontrar. El roble es libre cuando tiene tierra y aire para crecer y vivir. El caballo es libre cuando tiene la pampa para galopar. El hombre tal vez sea libre de veras cuando tiene la inmensidad del amor de Dios para vivir, correr, buscar y encontrar.- J. M. BALLARÍN