PARROQUIA CON VOCACIÓN MISIONERA
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¿QUÉ EXPERIENCIA?

En Piombino (Italia) un sacerdote javeriano, con una experiencia de diez años en Zaire (actual República del Congo) ha puesto como centro de la pastoral la formación misionera.

SI LA PARROQUIA QUIERE PROYECTARSE EN EL MUNDO

No es fácil dejar todo y partir para una misión en países sureños del mundo, no es nada sencillo adaptarse a un ambiente completamente distinto de aquél del que uno procede y tampoco es fácil volver al propio país, después de años pasados en una misión, para empezar de nuevo con una experiencia distinta.

Y es precisamente a partir de esta dificultad de la que surge la idea del padre Carlo Uccelli, misionero javeriano, y de su fraternidad en Piombino: "Nos hemos dado cuenta de que a muchos voluntarios, laicos o religiosos, les resultaba difícil la misión por la diferencia existente con su Iglesia de origen y al mismo tiempo deseaban trabajar allí. Por ello se vio la necesidad de ofrecer una formación. No parecía tan urgente el tener una casa para llevar adelante un centro de preparación misionera, aunque sí una comunidad cristiana, una parroquia donde poder organizar una fraternidad, pero sobre todo en donde vivir en contacto con la gente, centrando el trabajo especialmente en el anuncio de la palabra de Dios".

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Fue así como el padre Carlo Uccelli - sacerdote desde 1965, y después de haber pasado diez años en Zaire, en la diócesis de Bukavu - comenzó su trabajo en la parroquia de Santa María del Rosario en Piombino.
"Era una comunidad sin sacerdote, con muchas dificultades: por una parte, se oponían a la cercanía de unos altos hornos de acero y, por otra, existía el aislamiento de muchas familias; de sus 3000 habitantes únicamente unas diez personas frecuentaban la iglesia y sólo los más mayores. El proyecto se inició a la par que la nueva historia de la parroquia: corría el año 1986. Empezamos en primer lugar y muy humildemente por la formación de grupos para la escucha de la Palabra, después hicimos hincapié en la misa común del domingo, las liturgias animadas y cosas parecidas, invitando a los parroquianos a vivir el cristianismo en su vida ordinaria". Al mismo tiempo la parroquia se va abriendo al mundo e inicia una serie de contactos con algunos misioneros. Y pasados unos diez años de este inicio comienzan a surgir las primeras peticiones de formación. El primer grupo se compuso de un matrimonio y un sacerdote de Milán que permanecerán en Chad varios años.

"La formación - explica el padre Uccelli- tiene cuatro etapas. Ante todo se da un período de discernimiento para verificar la vocación misionera. Se inicia con un fin de semana: se escucha la Palabra, se prepara para vivir la fraternidad, para compartir y para decidir juntos. Después se profundiza en la dimensión misionera de la vocación cristiana. Cuando la persona se siente preparada marcha a un país europeo donde puede prepararse en la lengua madre del país al que desea incorporarse. La última formación se tiene en el mismo lugar al que se va. La estancia mínima en ese país es de cinco años, porque nuestra obra no es comparable a la de los voluntariados de las organizaciones internacionales; no llevamos grandes obras, sino sólo nuestra presencia como hermanos, una ayuda discreta, práctica, en la vida diaria y sin duda que esto también lleva su tiempo".

Quien vive esta experiencia, cuando vuelve a Italia se siente profundamente cambiado y son muchos los que escogen volver a vivir en fraternidad y comprometerse en proyectos de sus diócesis de origen. " Estamos contentos de estas opciones -concluye el sacerdote- y no queremos ser un nuevo Instituto sino queremos prestar un servicio a las diócesis para la formación de equipos de misioneros, y esto porque somos todos responsables del anuncio de Cristo a los hermanos". Ésta es nuestra vocación.


Para mayor información:
Centro Fraternità Missionarie
Loc. Cotone 66
57025 - Piombino (LI)
tel. 0565/223440
fax 0565/221856
e-mail: cfm.piombino@infol.it

(Tomado y traducido por F. Lansac del periódico AVVENIRE [17.02.2005])