UNA EXPERIENCIA FORMATIVA PARA FUTUROS FORMADORES EN SEMINARIOS
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UNA EXPERIENCIA FORMATIVA PARA FUTUROS

FORMADORES EN SEMINARIOS MAYORES

1.Una iniciativa de los Colegios eclesiásticos de Roma

He tenido la oportunidad de participar del itinerario de formación integral para futuros formadores de seminarios mayores, entre finales del año 2001 y el año 2004. Se trata de una iniciativa del ARCER (Asociación de Rectores de Colegios Eclesiásticos de Roma) ofrecida a los sacerdotes que cursamos estudios superiores en Roma y estamos interesados en el ámbito de la formación sacerdotal. La originalidad de la iniciativa reside en el hecho de que se ha atendido un campo de acción eclesial que siempre, pero hoy con especial relevancia, resulta crucial por lo que al ejercicio del ministerio presbiteral presente y futuro se refiere. No en vano, el estilo y las intuiciones de fondo de la formación presbiteral producen un determinado modo de ser y de desarrollar el sacerdocio ministerial católico en el mundo de hoy. Hemos repasado las diversas áreas de la formación presbiteral ayudados por una veintena de profesores de los diversos centros romanos, además de alguno proveniente de Portugal, Chile o de diversas zonas de Italia. Junto a la riqueza intelectual y a la diversidad de puntos de vista que nos han aportado, me gustaría también subrayar el hecho de que los alumnos proveníamos del mismo modo de las más variadas geografías. Sacerdotes españoles, brasileños, mexicanos;italianos,portugueses,filipinos,venezolanos,irlandeses, argentinos, escoceses, franceses, colombianos... y de otras nacionalidades que alargarían la lista hemos compartido estos cursos. Que dicho sea de paso y como sincero agradecimiento, han tenido como sede el Pontificio Colegio Español de San José en Roma.

De modo que al buen hacer de los ponentes, en cada sesión, hemos podido compartir las diversas perspectivas que tiene el mundo esta tarea que a todos nos preocupa, la formación de los sacerdotes diocesanos del futuro próximo. A lo largo de las cinco sesiones hemos pasado por el curso unos doscientos ochenta y tres alumnos diocesanos, además de seis religiosos. Al final de cada sesión, las diversas evaluaciones han confirmado la grata acogida de esta iniciativa así como el deseo de que se prolongue en nuevos encuentros. El hecho de que el itinerario formativo haya sido apoyado por la Congregación para la Educación Católica con el consiguiente diploma añade un valor y un reconocimiento decisivo a esta iniciativa de nuestros rectores.

2.Dimensión cultural e intelectual de la formación del Pastor

En el presente número de la revista Seminarios se recogen las intervenciones de las jornadas dedicadas a la formación cultural e intelectual del pastor desarrolladas el pasado noviembre de 2003. Las diversas ponencias centran su atención en el sector filosófico-teológico de la mencionada área formativa. Atendiendo igualmente a las repercusiones que tiene el estudio serio de la teología y la filosofía en la cualidad espiritual y pastoral del futuro presbítero; en la conciencia de que el polo intelectual siempre ha de ser entendido en clave de complementariedad con el resto de dimensiones formativas.

Nos encontramos, a decir de las diversas intervenciones, en un momento en el que, desde el propio ambiente eclesial se tiene una visión parcial del valor de1 estudio de la teología por considerarlo irrelevante en su incidencia en la tensión pastoral del sacerdote futuro. Nada más alejado de la realidad. De hecho, una adecuada introspección en el saber teológico en todo el arco de amplitud que abarca, proporciona el bagaje indispensable para el ministerio sacerdotal. No puede ser de otro modo. La personalidad, el propio carácter, el sentir eclesial y la posición ante las realidades del mundo y la sociedad, necesariamente encuentran su nutriente en el estudio teológico y filosófico. Eso sí, siempre que no se pase de puntillas por el mismo, o la consecución de un expediente en regla sea el único objetivo del candidato. En este sentido ha de entrar en juego la tarea formativa del seminario mayor. Sabiendo que los formadores correspondientes tienen una responsabilidad compartida con otras instancias que no dependen enteramente del discurrir de la casa de formación. La problemática social y cultural general, la diversidad de situaciones humanas de procedencia de los seminaristas, la estructura más o menos adecuada del currículum oficial de los estudios eclesiásticos, la presencia o no del centro de estudios en el propio seminario.. .,etc. Todo ello ha estado presente en las ponencias y diálogos de este curso.

En todo caso ha quedado expresado con absoluta claridad que el conocimiento del propio entorno cultural y la formación intelectual en sus diversas vertientes, subrayando la teológica, no pueden ser descuidados a favor de una pretendida prioridad de la apertura pastoral o la vivencia espiritual del seminarista. La sociedad en general, y la Iglesia en particular, esperan del sacerdote una adecuada competencia en el desarrollo de su ministerio. Y ello sólo es posible desde un conocimiento suficiente de los fundamentos de la fe cristiana. La tarea formativa habrá de guiar al futuro ministro en la rica relación del conocer para amar y del amar para conocen Caridad y conocimiento encierran, en su mutua referencia, la llamada a una vida de fe y de apertura a la trascendencia divina suficientemente sólida. La llamada, en suma, a un profundo sentido de Iglesia, a un firme arraigo en la Tradición más genuina de la misma y a una confrontación crítica con la realidad circundante. Es lo que siempre se ha demandado de un responsable de la comunidad eclesial. Es lo que hoy se sigue requiriendo.

Todos los sacerdotes que hemos asistido como alumnos a estas jornadas estamos muy agradecidos a la Iniciativa y preocupación de nuestros rectores por este campo en el que ellos mismos tienen la enorme responsabilidad de guiar y acompañar a futuros responsables pastorales en las iglesias particulares y en los diversos continentes. Aplaudimos su interés y esperamos que pueda prolongarse en nuevas experiencias de este tipo. Nunca están de más. Termino esta breve crónica con las palabras de un hombre sabio, un probado formador de pastores; palabras duras que son, sin embargo, reflejo de la intención última de lo que hemos meditado en estas jornadas de trabajo: "La voz misma de la Verdad echa en cara la ineptitud de los pastores, al decir por el Profeta: los mismos pastores están faltos de inteligencia (Is 56, 11). Una vez más el Señor los detesta diciendo: Ni los depositarios de la Ley me conocieron (Jer 2, 8). La Verdad se lamenta de que por culpa de estos no le hayan conocido y da fe de que no reconoce la autoridad de los faltos de inteligencia. De lo cual da testimonio san Pablo diciendo: Si alguien la ignora será ignorado (1 Cor 14, 38). Porque, ciertamente, esos que ignoran lo que es del Señor, son ignorados por el Señor" (Gregorio Magno, Regla Pastoral, I, 1).