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XIV ASAMBLEA GENERAL DE LA CONFER

Discurso final de su presidente

Hemos llegado al final de la XIV Asamblea General. Ha sido, sin duda, una experiencia muy grata; no sólo por el ambiente cálido de diálogo y convivencia que hemos logrado sino también por el avance que ha supuesto en el caminar de nuestra institución. Estamos satisfechos del camino recorrido y de la meta alcanzada.

Ha sido nuestra Asamblea un tiempo de subrayar convicciones.

La primera y más valiosa que estamos dispuestos a seguir siendo hombres y mujeres de Dios, buscadores de lo infinito y amantes del misterio de la vida. La pasión por Dios y por la humanidad forman parte de nuestras más decididas apuestas.

Otra convicción que se ha abierto paso entre nosotros sin resistencias es que somos hombres y mujeres de Iglesia, de comunión, de fe compartida y celebrada. Hay quienes se empeñan en enfrentarnos a los pastores pero ése es un problema personal de quienes lo afirman que tendrán que resolver. Los religiosos y religiosas somos de la Iglesia, amamos intensamente a la Iglesia y no estamos dispuestos a dar un solo paso lejos de ella. Tal vez se puede decir más claro pero no más firme. La presencia de nuestros pastores, Monseñor Agostino Gardín, Jesús Sanz y el cardenal Maradiaga ha subrayado este deseo de comunión profunda que la vida consagrada española cuida con celo.

Hemos percibido también en nuestra Asamblea que somos hombres y mujeres de este tiempo, auscultadores del presente y convocados a transformar la vida según el corazón de Dios. Nos alejamos decididamente de espiritualidades vacías y desencarnadas para adentrarnos en los caminos de la humanidad, de la justicia, de la paz y de la integridad de la creación. Somos seguidores de Cristo, el Hijo de Dios encarnado, que repartía y sigue repartiendo misericordia y compasión y se dejo la vida por amor a la humanidad. Queremos ser testigos de Dios aquí y ahora.

Salimos convencidos de que CONFER es una referencia imprescindible para los consagrados y consagradas de España. Punto de encuentro, de reflexión y diálogo; instancia de animación, servicio y profecía, más necesario que nunca en estos tiempos nuestros de crispación y división. Hay un camino de unidad creciente entre nosotros y entre nuestras congregaciones que nos acerca y nos hermana y que valoramos con mucha intensidad. Un mosaico carismático multicolor y un carisma compartido como consagrados y consagradas.

Nuestra institución CONFER ha de ser cada vez más dinámica como la vida. Por eso estamos dispuestos a afrontar cambios significativos de renovación que nos hagan más austeros, más serviciales, más preparados para el servicio y la animación. Nuestra condición profética nos empuja a ponernos en actitud itinerante. Queremos alentar y acompañar la vida consagrada allí donde vive y trabaja.

Hemos hablado mucho de periferias y fronteras y no ha sido casualidad ni concesión a la metáfora. Estamos convencidos de nuestra vocación samaritana. Queremos leer los signos de los tiempos y salir al encuentro de los marginados y desfavorecidos, de los pobres y despreciados. Los testimonios que hemos escuchado de la vida religiosa de África, Ásia y Latinoamérica, nos urgen para que salgamos al camino de la vida. La vida religiosa ha sido siempre celosa defensora de los pobres dispuesta a compartir con ellos su vida, convencidos de que entre los pobres está su mayor riqueza.

La vida consagrada española que anima CONFER no está dispuesta a dejarse intimidar por las precariedades que acompañan el momento que estamos viviendo. Una precariedad que compartimos con toda la sociedad, con las familias, con las instituciones sociales, con la Iglesia en general. En la precariedad la vida consagrada ha escrito sus mejores páginas y ha alentado sus proyectos evangélicos más ambiciosos. No nos asusta la precariedad sino la mediocridad. La precariedad forma parte de las mejores promesas de vida, es necesario que el grano de trigo entre en tierra y muera si quiere dar fruto. Las mejores experiencias de vida y resurrección han pasado necesariamente por la cruz.

Hemos constatado en nuestra asamblea, donde habéis participado más de 400 superiores mayores, que hay mucha vida y mucha ilusión entre nosotros. La esperanza acompaña nuestros pasos y el deseo de ser más de Dios y de la humanidad quiere ser nuestra mejor pasión.

Y al final nos hemos propuesto una mirada al futuro hacia el que el Espíritu nos impulsa para seguir haciendo con nosotros obras grandes. Alentamos a nuestros hermanos y hermanas consagrados a mantener enhiesta la ilusión y firme la esperanza. Unidos a nuestros ancianos, ejemplos vivos de fidelidad y de entrega de la vida; Muy cerca de nuestros hermanos y hermanas enfermos y debilitados que han ido desgastándose en actitud martirial. Al lado de los jóvenes consagrados a quienes queremos acompañar y animar para que hagan de su vida una apuesta incondicional por Jesucristo y una decisión firme de vivir en radicalidad la misión compartida revestidos de una espiritualidad encarnada. Quisiéramos transmitirles a los jóvenes nuestra convicción de que Cristo es un camino de felicidad y de gozo. Alentados por el ejemplo de nuestros misioneros -¡tantos!- que han hecho de su vida vanguardia y donación sin límite.

No queremos ser trincheras de nada y contra nadie, sino puentes y caminos que salen al encuentro de todos con las actitudes de Jesús.

Es hermoso ser consagrado: es ilusionante ser de Cristo; es un privilegio apostar por los pobres. Seguiremos sembrando el camino de pasos y de manos tendidas.

Recogemos la invitación valiente que nos ha hecho el cardenal, obispo y consagrado, Oscar Andrés Rodríguez Madariaga, para que cultivemos con ardor la mística y la profecía, como un camino que no puede detenerse ni fragmentarse en la historia de cada consagrado y consagrada.

Quiero agradecer vivamente vuestra presencia en esta asamblea. Vosotros sois el signo más vivo de este deseo de comunión y de diálogo que alentamos.

Quiero agradecer a todos y cada uno de los hermanos y hermanas, consagrados y laicos, que trabajan en CONFER, su trabajo y colaboración para que esta Asamblea haya sido grata y posible. Todos los detalles que habéis percibido y disfrutado a lo largo de la Asamblea se deben a su preocupación y dedicación.

No han faltado medios de comunicación que se han hecho eco de nuestros trabajos y preocupaciones. La mayoría lo han hecho con objetividad y profesionalidad. Algunos, la minoría, deformando la realidad desde apuestas ideológicas e interesadas. A todos seguimos estrechando nuestras manos y regalando nuestra amistad. A todos les agradecemos su interés. Esta puerta grande de CONFER está siempre abierta para todos sin excepción. Venid y veréis.

Alejandro Fernández Barrajón, mercedario

Presidente de CONFER