CAMINAR CON ÉL
Vocación de Mateo

Quien se siente llamado a la fe debe salir de la propia situación y ponerse en camino de seguimiento. Mateo, en la oficina de impuestos, o Pedro con las redes, ejercen honestamente su profesión. Pero si quieren creer en Dios, deben seguir al Hijo de Dios y caminar con él.
Al protagonista le basta un solo versículo para narrar la historia de aquel encuentro que habría cambiado su vida: “Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado en la oficina de impuestos, y le dijo: ·Sígueme·. Él se levantó y lo siguió” (Mt 9, 9). Viene a mi mente aquella escena representada por Caravaggio que está en San Luis de los Franceses de Roma: Cristo, iluminado por la luz radiante de una ventana lateral, apunta con el índice (igual que el índice de la creación de Adán que nos dejó Miguel Ángel en la Sixtina) a un sorprendido Mateo, sentado con sus compañeros en la sede de impuestos de Cafarnaún y que con una mano en el pecho parece indicar: “¿te refieres a mí?
Al celebrar la fiesta de san Mateo, he querido aproximarme al sentido de aquel momento de hace dos mil años a través de las palabras del teólogo (mártir bajo Hitler) Dietrich Bonhoeffer, que aparecen en su libro El precio de la gracia. Sin duda se pueden aplicar a todos: para creer y para vivir un cristianismo auténtico hace falta dejar algo. En realidad, mucho. Las palabras de Jesús al respecto son duras y exigentes. Quien cree que puede ir en la procesión y repicar las campanas, poner el pie en dos estribos al mismo tiempo, practicar cómodamente un compromiso, estar encerrado en el propio caparazón, no sabe lo que es la verdadera opción cristiana. Hay que “caminar con él” por caminos pedregosos y hacia metas arduas; y ponerse en camino no es nada fácil ni hay que darlo por supuesto. El separarse de la realidad cotidiana es una realidad dura y lacerante
GRavassi.21.9.2005 |