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CARTA PASTORAL CON MOTIVO DEL AÑO DE LAS VOCACIONES

A todo el pueblo de Dios que vive en Venezuela,
¡Salud y paz en el Señor Jesús!

1. Por feliz iniciativa del Santo Padre, Juan Pablo II, el año 2005 ha sido declarado como el Año Internacional de la Eucaristía. Unida a esta celebración, los Obispos de Venezuela hemos declarado también el año 2005 como AÑO VOCACIONAL, durante el cual podamos profundizar, en oración y reflexión, acerca de la imperiosa necesidad que tenemos de promover vocaciones sacerdotales y religiosas, y a la vez reafirmar el serio compromiso que tenemos en esta tarea tan fundamental para el futuro de nuestras Iglesias particulares. A lo largo de este año, en conjunción con propuestas e iniciativas que tengan como centro la Eucaristía, en nuestras Iglesias se irán realizando diversas acciones que ayuden a la toma de conciencia y a responsabilizarnos más en cuanto a la pastoral vocacional se refiere. En esto encuentra un eco, ya que la eucaristía es la fuente, el culmen y el centro de la vida de la Iglesia, y en torno a ella nacen, viven, se alimentan las vocaciones, amén de las respuestas a Dios por parte de los llamados. En vista de ello, queremos proponer algunas líneas de reflexión que favorezcan el empeño de todos en esta obra común de la promoción vocacional y aliente el entusiasmo de cada uno de los miembros del Pueblo de Dios en dicha tarea.

LA PASTORAL VOCACIONAL EN VENEZUELA

2. Conscientes de la necesidad de pastores y de hombres y mujeres consagrados al servicio de los demás, la inmensa mayoría de nuestros Obispos, sacerdotes y religiosos han sentido la urgencia de una pastoral vocacional que pudiera dar frutos en la respuesta de no pocos jóvenes a la llamada de Dios."La Iglesia que peregrina en Venezuela, consciente de que la carencia histórica de presbíteros en el país puede tener respuesta desde trabajos programados, ha puesto en práctica distintas iniciativas para promover las vocaciones al sacerdocio. Estas actividades han rendido sus frutos: se ha incrementado el número de vocaciones; en consecuencia hay un mayor número de ordenaciones sacerdotales" .

3.A lo largo de la historia de la Iglesia en Venezuela se ha podido ver la gran preocupación que se ha tenido por el tema vocacional. En la época colonial se fundan los seminarios de Caracas (1680) y el de Mérida (1785), para preparar así a los futuros sacerdotes nativos en estas tierra de Venezuela. Después de la Independencia, los seminarios de Caracas y Mérida fueron objeto de preocupación y desvelos, en especial por parte de los Obispos Silvestre Guevara y Lira y Juan Hilario Bossuet. Posteriormente, durante el septenio guzmancista, se cerraron lo seminarios y se expulsaron congregaciones religiosas lo que hizo sentir en medio del pueblo de Dios la necesidad de la presencia sacerdotal y de los religiosos y religiosas. La creatividad en medio de duras penurias hizo surgir una respuesta en la apertura de los colegios episcopales en Caracas, Mérida, Calabozo y Barquisimeto. Dos iniciativas fueron muy fecundas: la de Mons. Jesús Manuel Jáuregui Moreno con su colegio "Sagrado Corazón de Jesús" en la Grita, de donde salieron 52 sacerdotes en veinte años; y la del P. Hipólito Aleixandre en Valencia; así como la del P. Juan Pablo Whonsieder, en el Colegio San Agustín de Barqusimeto. También se iniciaron las primeras experiencias que desembocaron en las primeras congregaciones religiosas femeninas venezolanas. No podemos dejar a un lado el seminario de Mons. Silva en Curazao.

4.Al inicio de las dictaduras andinas, la inquietud pastoral de Mons. Juan Bautista Castro consigue la derogación del decreto de supresión de seminarios. Se reabren los de Caracas y Mérida, y en 1925 se abre el seminario de San Cristóbal. Para la formación sacerdotal llegan a Venezuela los Padres Hijos de María Inmaculada (padres franceses), para hacerse cargo del seminario de Caracas (1916), los Eudistas para encargarse del seminario de Mérida (1924) y de San Cristóbal (1925), los Padres Paúles que atenderán los seminarios de Barquisimeto, Valencia, Ciudad Bolívar, Calabozo y Cumaná, los padres mercedarios para encargarse del seminario de Coro y los padres Jesuitas para dirigir durante largos años el seminario de Caracas. A esto se añade el envío de seminaristas y sacerdotes al Pontificio Colegio Pío Latinoamericano en Roma. En 1928, el Episcopado Venezolano, reunido en Coro, determinó que la fiesta de Pentecostés sería en Venezuela el día del seminario y, a su vez, en 1951, el episcopado venezolano, reunido en San Cristóbal pide que se rece la jaculatoria "Señor, danos sacerdotes", sobre todo en los actos eucarísticos que se celebrasen. La campaña vocacional toma un impulso sobre todo con las iniciativas de Mons. Rafael Arias Blanco.

5. El siglo XX, en este sentido, fue un tiempo donde se sintió la dedicación de nuestras Iglesias locales y congregaciones para conseguir vocaciones. Los seminarios existentes crecieron en número de seminaristas, se abrieron nuevos seminarios y casas de formación. Y siempre hubo una preocupación por el tema vocacional. Los frutos no se percibieron de manera inmediata. Pero ya en la segunda mitad del siglo XX, sobre todo por el impulso del Concilio Vaticano II, se podía llegar a sentir el impacto de los esfuerzos realizados: la mayoría del clero diocesano llegó a ser nativo, asimismo en cuanto a religiosos y religiosas se refiere. Gracias al trabajo de sacerdotes y religiosos venidos de otros países se pudo mantener la obra de la evangelización, pero también despertar en numerosos jóvenes el interés por su propia vocación sacerdotal y religiosa.

6. La preocupación por las vocaciones llevó a muchos Obispos y sacerdotes a pensar seriamente en la pastoral vocacional. Esto se tradujo en propuestas concretas: jornadas de oración por las vocaciones, campañas vocacionales, un congreso (1967) y la acción de grupos apostólicos a favor de las vocaciones (Club Serra, FESE), así como el desarrollo de la "Obra de las Vocaciones" en parroquias del país. La Primera Visita de Juan Pablo II motivó enormemente a muchos jóvenes que respondieron a la llamada de Dios, haciendo aumentar el número de vocaciones y futuras ordenaciones presbiterales. Conviene recordar los nombres de algunos miembros del pueblo de Dios que se distinguieron en este campo vocacional: el Siervo de Dios Tomás Antonio Sanmiguel, Mons. Rafael Arias Blanco, Mons. José Rincón Bonilla, Pbro. Alberto Planas, Dr. Miguel Torres Ellul, Manuel Reina... El trabajo de ellos, y muchísimos más, nos ha dejado como herencia la preocupación por lo vocacional en Venezuela. En los últimos tiempos, ha crecido el numero de vocaciones tanto a la vida sacerdotal como a la religiosa. La presencia de congregaciones nativas de Venezuela, con sus propios carismas, han sido un enriquecimiento a la Iglesia en Venezuela y en otras partes del mundo.

7. Puesto importante en la Pastoral vocacional en Venezuela lo ocupa el Seminario, con sus formadores y seminaristas. Es allí donde llegarán los candidatos al sacerdocio y donde discernirán la llamada de Dios para dar la respuesta adecuada. "los seminarios han sido considerados tradicionalmente por los Obispos como el corazón de su Diócesis y así han sido reconocidos por el resto de las comunidades eclesiales. Muestra de ello es la oración constante por las vocaciones y los seminarios, la colaboración económica para su mantenimiento y la cooperación generosa que prestan los sacerdotes y fieles en la formación de los seminaristas." La organización de Seminarios de Venezuela (OSVEN), además de cumplir su objetivo de agrupar y prestar servicio a los seminarios del país, ha sido un instrumento de animación y acompañamiento de la pastoral vocacional.

8. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos y de los logros conseguidos, siempre ha sido insuficiente el número de vocaciones; sobre todo por las exigencias de un crecimiento poblacional que requiere de numerosos pastores para la atención de los fieles cristianos, así como de muchos hombres y mujeres que desde su vida de consagración sean reflejo de la luz de Cristo para el pueblo de Dios. "Cada día se necesitan más sacerdotes para atender debidamente al pueblo de Dios. No en todas las diócesis se trabaja por las vocaciones con suficiente intensidad"

9. Aunque ha aumentado el número de ordenaciones sacerdotales, éste no ha sido suficiente para la guía pastoral del pueblo de Dios, que ha crecido en población. Preocupa enormemente que el número de religiosas haya disminuido notablemente en los últimos años. Encontramos también una seria dificultad en las tentaciones de una sociedad consumista donde los valores espirituales se han trastocado, e invitan a los jóvenes de hoy a buscar caminos errados de autorrealización y se menosprecia el testimonio de entrega a favor de los demás. La anticultura del egoísmo, con sus consecuencias, no deja de hacer impacto negativo en las posibles decisiones vocacionales de numerosos jóvenes. Por otra parte, "en el pueblo cristiano se nota una débil conciencia sobre la importancia de una auténtica cultura vocacional; es decir, no se entiende ni valora que cada cristiano está llamado a vivir desde el carisma que Dios le ofrece y a trabajar por Dios y su pueblo, allí donde es enviado. El pueblo conoce muy poco de la vida, misión y horizontes de los sacerdotes, de su formación y de los seminarios" .

EL MISTERIO DE LA VOCACIÓN

10.Quien tiene la iniciativa de la llamada es, ciertamente, Dios. El llama a quien quiere para las diversas misiones de la Iglesia. Así lo demuestra la Palabra de Dios: es Dios quien llama a Samuel, a Moisés y a Jeremías (cfr. 1 Sam, 3; Ex. 3; Jer 1). Los llama, valiéndose de diversos medios, pero para cumplir un encargo que tiene que ver siempre con la vida y crecimiento del pueblo de Dios. Y aunque le presenten dificultades o posibles incapacidades, el mismo Dios les indica que cuentan con su gracia y su fuerza para cumplir el encargo recibido (cfr. Jer. 1 ,7-9). Jesús, el Salvador, también llamó para que le acompañaran en su misión a un grupo de discípulos (cfr.Mt 10,1ss; Mc 3,13; Lc. 6,12). Pablo es llamado a ser el apóstol de las naciones, aun desde una experiencia contradictoria, pues hasta ese momento perseguía a los primeros cristianos. En todos los casos, la llamada de Dios siempre ha sido personal, dirigida a cada uno de los elegidos.

11.Esa llamada requiere una respuesta también personal: es cada cual quien responde y no por medio de otras personas. La respuesta tiene diversas expresiones: "habla que tu siervo escucha" (cfr. 1 Sam.3,10), "hágase en mí según tu Palabra" (Lc 1,38), "y dejándolo todo lo siguieron" (Lc 5,11). La llamada de Dios es exigente, por eso la respuesta también tiene que ser decidida: hubo quienes pusieron obstáculos que no querían vencer, al decir "déjame enterrar primero a mi padre" (cfr. Lc 9,57ss) o al manifestar tristeza por lo duro de la invitación del Señor. Pero quienes se arriesgaron lo hicieron porque confiaron en la providencia de Dios y su gracia, con la que pudieron ser también fieles a la confianza puesta por Dios en ellos.

12.Esa misma experiencia la viven hoy quienes sean llamados por Dios para el servicio de la Iglesia y de la humanidad. Es una invitación personal a cumplir una misión, que al concretarse en la respuesta produce un efecto. En quienes son llamados al ministerio sacerdotal, esa llamada se concreta en la ordenación sacerdotal, que configura al llamado a Cristo Sumo y eterno Sacerdote; en quienes son llamados a la Vida Consagrada en sus diversas expresiones, convirtiéndose en signos vivientes de los valores del Reino de Dios. Por eso, la exigencia de la llamada conlleva, en libertad y alegría, la decisión de la respuesta de quien pone las manos en el arado para ver siempre hacia delante (Lc 9,62). Hoy más que nunca se requiere de jóvenes sacerdotes y consagrados que sean fieles testigos de los valores del Reino, a través de una vida de entrega y de caridad pastoral, que se manifiesta en la obediencia, la pobreza y el celibato por el Reino de los cielos.

13. Hoy, como siempre, se requieren servidores al estilo de Jesús que dedicándose a todos, con amor preferencial a los pobres y excluidos, sean capaces de ser testigos del Evangelio, como profetas que anuncian a tiempo y destiempo la Palabra de Dios y como pastores según el corazón de Dios que sean capaces de dar la vida por la grey. Las circunstancias que vive el país habla de la urgencia de ministros muy cercanos al pueblo de Dios, para acompañarlo en sus angustias y esperanzas. Esos ministros surgen de ese mismo pueblo, lo que hace que la Iglesia los busque, encuentre y acompañe hasta formarlos adecuadamente para el servicio que deberán prestar.

LA IGLESIA, COMUNIDAD QUE LLAMA

14. Los miembros de la Iglesia deben tener conciencia clara de que forman parte de una comunidad que llama, según nos lo ha señalado Juan Pablo II . El Santo Padre se hace así eco de lo propuesto por el Concilio Vaticano II "cuando afirma solemnemente que el deber de hacer crecer las vocaciones 'concierne a toda la comunidad cristiana' (Optatam Totius,2)". En esta línea, el mismo Juan Pablo II recomienda vivamente que se pase de una pastoral de espera a una pastoral de propuesta, en la que deben involucrarse no sólo los sacerdotes con cura de almas, las personas consagradas y los responsables de las vocaciones a todo nivel, sino también los padres de familia, los catequistas y los demás educadores de la fe.

15. Esto requiere que la comunidad cristiana sea una comunidad viva que, al asumir su misión propia, demuestre su interés por asegurar los futuros pastores que la guiarán. Esa realidad habla de la fecundidad de la propia comunidad cristiana. Es desde dentro de ella de donde surgirán las vocaciones a los diversos estados de la vida cristiana, particularmente al sacerdocio y la vida consagrada. "En efecto, ¿quién puede negar que la fecundidad es una de las características más claras del ser vivo? Una comunidad sin vocaciones es como una familia sin hijos. En tal caso ¿no es de temer que nuestra comunidad tenga poco amor hacia el Señor y hacia su Iglesia? ".

16. Las vocaciones existen, pues son un don de Dios; pero hay que buscarlas, promoverlas, hallarlas y acompañarlas en su discernimiento. No se puede decir que no hay vocaciones. Más bien habría que decir que no se descubran las vocaciones porque no se buscan adecuadamente. "Promover las vocaciones es labor de todo el Pueblo de Dios, pero atañe de manera especial a los presbíteros y obispos (cf. OT 2), con el apoyo de las familias cristianas. La situación actual hace que esta urgencia de siempre lo sea todavía más. Por ello, es deber de los pastores conocer y organizar esta pastoral, a través de la cual se expresa de manera especial el amor a la Iglesia."

17. Para promover y conseguir las vocaciones sacerdotales y religiosas se requieren dos elementos irrenunciables: la oración y el testimonio de vida de los sacerdotes y religiosos. En efecto la Iglesia debe ser una comunidad orante: "Es necesario convencerse que las vocaciones son el don inestimable de Dios a una comunidad en oración. El Señor Jesús nos ha dado ejemplo cuando llamó a los Apóstoles (cfr. Lc. 6,12) y ha mandado expresamente rogar al Dueño de la mies para que envíe operarios a su mies (Mt 9,38; Lc. 10,2)" De igual manera, el recuerdo de los efectos del testimonio de los Apóstoles por el cual iba aumentando el número de los que querían salvarse (cfr. Hech. 2,47) sale a nuestro encuentro para recordarnos que el ejemplo decidido de vida cristiana de los sacerdotes y religiosos, sin duda alguna, es, si no la más importante, una de las más productivas formas de campaña vocacional en nuestras comunidades.

18. Cada Iglesia local, con sus parroquias y diversas comunidades, así como cada Instituto de Vida Consagrada están llamados a "promover, en todos los niveles y dimensiones del quehacer eclesial, un decidido anuncio del 'Evangelio de la Vocación' con el fin de caminar hacia una cultura vocacional en la Iglesia en Venezuela". Con ello, se asegurará no sólo su permanencia en el tiempo, sino sobre todo la atención al pueblo de Dios. El Obispo se convierte así en el primer interesado en la pastoral vocacional, ya que debe animar el crecimiento de su presbiterio, junto con el cual realiza la misión en su propia Iglesia particular. Para ello, en una auténtica pastoral de conjunto, impulsará la animación vocacional con la que, con la ayuda de la gracia de Dios, obtendrá los frutos requeridos al dueño de la mies.

LA PASTORAL VOCACIONAL

19. La pastoral vocacional es una acción de toda la Iglesia: "La Iglesia, que por propia naturaleza es vocación, es generadora y educadora de vocaciones. Lo es en su ser de sacramento, en cuanto signo e instrumento en el que resuena y se cumple la vocación de todo cristiano; y lo es en su actuar, o sea, en el desarrollo de su ministerio de anuncio de la Palabra, de celebración de los sacramentos y de servicio y testimonio de la caridad". Los diversos medios de que dispone la Iglesia para realizar su pastoral vocacional deben, a su vez, apuntar a la animación y al entusiasmo por hacerse eco de la llamada de Dios a tantos jóvenes, que podrían ser ciertamente los ministros que el mundo necesita para las circunstancias que se vive en la actualidad.

20. La Pastoral Vocacional es obra de todos en la Iglesia: por eso, cada miembro del pueblo de Dios debe ser un empeñado promotor vocacional, y todas las expresiones de la pastoral de conjunto deben tener, dentro del marco de la coordinación pastoral, la dimensión vocacional. "Por ello, se han de cultivar los ambientes en que nacen las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada e invitar a las familias cristianas para que ayuden a sus hijos cuando se sientan llamados a seguir este camino. En efecto, las vocaciones son un don de Dios y surgen en las comunidades de fe, ante todo, en la familia, en la parroquia, en las escuelas católicas y en otras organizaciones de la Iglesia." Es necesario que se tome en cuenta dentro de este marco que la pastoral vocacional, entonces, ocupa un puesto de relevancia en la acción evangelizadora de la Iglesia: "La pastoral vocacional exige ser acogida, sobre todo hoy, con nuevo, vigoroso y más decidido compromiso por parte de todos los miembros de la Iglesia, con la conciencia de que no es un elemento secundario o accesorio, ni un aspecto aislado o sectorial, como si fuera algo sólo parcial, aunque importante, de la pastoral global de la Iglesia... se trata más bien de una actividad íntimamente inserta en la pastoral general de cada Iglesia particular, de una atención que debe integrarse e identificarse plenamente con la llamada cura de almas ordinaria, de una dimensión connatural y esencial de la pastoral eclesial, o sea, de su vida y de su misión".

21. El primer responsable en su diócesis de la Pastoral Vocacional es el Obispo, quien debe preocuparse por la continuidad y fortalecimiento de su presbiterio, que reúne a sus próvidos cooperadores en el ejercicio de su misión pastoral. También los sacerdotes, especialmente los párrocos, son corresponsables en esta tarea, y deben animar, con su testimonio, su palabra y otras actividades a los niños y jóvenes para que disciernan sobre su vocación al servicio de la Iglesia y, en particular, al sacerdocio y la vida consagrada. Los superiores mayores lo deben hacer de igual manera en el ámbito de sus Institutos.

22. Los maestros y los agentes laicos de pastoral, en especial, los catequistas, tienen también una responsabilidad en el campo de la promoción vocacional., así como la familia cristiana y la escuela, donde los niños y los jóvenes aprenden a ser mejores cristianos y pueden descubrir la llamada de Dios. En esta línea, la pastoral vocacional debe realizarse en conjunción con la pastoral juvenil y la pastoral familiar, ya que los objetivos de estas también apuntan a fortalecer la opción de fe y vida de sus miembros. Es la familia el primer seminario donde pueden escuchar y discernir la voz de Dios aquellos que se sientan llamados. La pastoral juvenil debe ser un medio para la promoción vocacional: de hecho de los grupos juveniles, movimientos de apostolado juvenil, diocesanos o de congregaciones, surgen no pocas vocaciones tanto para el sacerdocio como para la vida consagrada.

23. Gran importancia hay que brindarle a los grupos de monaguillos: el contacto continuo con la liturgia, particularmente la eucaristía, así como con los sacerdotes llega a ser la primera escuela vocacional para muchos niños y adolescentes; en efecto no pocos sacerdotes han encontrado el eco de la llamada de Dios en su experiencia de monaguillos o servidores de la liturgia. Para ellos, la pastoral vocacional debe organizar un programa específico de formación y acompañamiento, así como de animación vocacional.

24. A través de los diversos medios de que dispone, la Iglesia debe animar a los niños y jóvenes a pensar en la posibilidad de ser llamados por Dios al servicio de su pueblo. No se debe descartar la promoción de las vocaciones entre adultos que puedan tenerla y ayudarlos también en el camino de su discernimiento. Para lograr todo ello, se requiere una atrevida, constante y evangélica pastoral vocacional. Atrevida, pues, no debe escatimar esfuerzos ni sentir los temores de las dificultades que se puedan presentar; con creatividad y decisión, sin dejar vacíos ni en el tiempo ni en los sectores del pueblo de Dios. Constante, porque es una tarea permanente, ya que la urgencia de servidores para el pueblo de Dios es también permanente. Evangélica, porque ha de realizarse con los criterios del Evangelio, donde la Iglesia "encuentra el modelo, la fuerza y el impulso de su pastoral vocacional, o sea, de su misión,, destinada a cuidar el nacimiento, el discernimiento y el acompañamiento de las vocaciones, en especial de las vocaciones al sacerdocio".

UNA NUEVA JUVENTUD PARA UNA IGLESIA SIEMPRE JOVEN

25. En Venezuela, los Pastores y demás miembros del pueblo de Dios tenemos conciencia de la inmensa necesidad que hay de sacerdotes y de hombres y mujeres que se dediquen a diversos servicios desde la Vida Consagrada. Para ello, sentimos el imperioso deber de profundizar y fortalecer la Pastoral Vocacional. Ello nos permitirá ser eco de un Dios amoroso que llama a muchos niños, jóvenes y adultos a su servicio, consiguiendo una nueva juventud que responde a la llamada de Dios para seguir manteniendo joven a la Iglesia de Jesucristo en Venezuela.

26. En esta línea, tanto en el ámbito nacional como en el local, estamos organizando diversas actividades para que el año vocacional produzca los frutos anhelados y nos permita abrir una nueva puerta a favor de la pastoral vocacional. Para ello, con la colaboración del Secretariado Permanente del Episcopado y otras instancias eclesiales, se están produciendo subsidios que apoyen las actividades de pastoral vocacional de este año, esperando que se dé continuidad a esta iniciativa en el tiempo futuro. El año vocacional desembocará en el II Congreso de Pastoral Vocacional, pedido por el Concilio Plenario de Venezuela. Con dicho Congreso, de seguro, daremos mayor impulso todavía a la Pastoral Vocacional en nuestra nación.

27. Es necesario que a lo largo de este año 2005 y los que vienen, tomemos más en serio algunas dimensiones esenciales en la pastoral vocacional: la oración, el anuncio catequético de la vocación, la guía espiritual de los llamados, la planificación pastoral de conjunto en cada diócesis. Con la oración, la sugerencia del Maestro de pedir obreros al dueño de la mies (cfr. Mt.9,38), se hace realidad. "Obedeciendo al mandato de Cristo, la Iglesia hace, antes que nada, una humana profesión de fe, pues al rogar por las vocaciones –mientras toma conciencia de su gran urgencia para su vida y misión- reconoce que son un don de Dios y, como tal, hay que pedirlo con súplica incesante y confiada" Por otra parte, es necesario recordar que en su dignidad y responsabilidad de pueblo sacerdotal, la Iglesia encuentra en la oración y en la celebración de la liturgia los momentos esenciales y primarios de la pastoral vocacional" .

28. Otro medio importante y necesario a la vez es el anuncio catequético: el hablar clara y decididamente sobre las diversas vocaciones en la Iglesia, con especial énfasis en la sacerdotal y a la vida consagrada. Los catequistas deben insistir a sus alumnos que ellos pueden legar a ser sacerdotes, religiosos y religiosas. Para ello, hay que producir subsidios que hablen acerca de la vocación en sus diversas expresiones. No hay que tener ni miedos ni escrúpulos en hacerlo: el joven que sienta la llamada encontrará en dicho anuncio una claridad y podrá dar una justa respuesta en libertad de espíritu. Incluso, hay que plantear abiertamente la dimensión misionera de la pastoral vocacional: así se podrá descubrir jóvenes que quieran ir a la misión ad gentes, como un aporte de nuestras Iglesias particulares a la misión universal de la Iglesia.

29. A esto hay que añadir otra tarea importante en la pastoral vocacional: la guía espiritual de los niños y jóvenes que quieren hacer su personal discernimiento vocacional. Ello supone la continua presencia de sacerdotes que les acompañen, equipos de sacerdotes, religiosos y laicos, que también cooperen en el acompañamiento y discernimiento de los jóvenes que manifiestan tener vocación: "como pueblo real, la Iglesia se sabe enraizada y animada por la ley del Espíritu que da la vida (Rom 8,2), que es esencialmente la ley regia de la caridad (cfr. Sant 2,8) o la ley perfecta de libertad (cfr. Sant. 1,25). Por eso cumple su misión cuando orienta a cada uno de los fieles a descubrir y vivir la propia vocación en la libertad y a realizarla en la caridad" .

30. Esta tarea debe apuntar al cuidado de las vocaciones y a la atención por la madurez humana y cristiana de los candidatos. Se trata de cuidar con esmero el acompañamiento vocacional, la selección de candidatos, y su formación humana e intelectual, en orden a la espiritualidad diocesana y a la calidad pastoral, procurándoles formadores dotados de suficiente experiencia, santidad y ciencia".

31. Finalmente se requiere una adecuada planificación en el campo de la pastoral vocacional, que apunte a llegar a todos los niveles de la comunidad cristiana, con los recursos y métodos propios, llenos del ardor evangelizador propio de la Iglesia. Esto exige que en cada Diócesis se fortalezca el respectivo secretariado de pastoral vocacional, y que se trabaje en conjunción con los organismos nacionales correspondientes. Será un hermoso testimonio de comunión el que en cada diócesis, el secretariado de pastoral vocacional trabaje en unión y mutua cooperación con los institutos de vida consagrada Sin este apoyo tan necesario, muchos niños y jóvenes quizás no descubrirían la llamada que Dios mismo les hace. Igualmente se correría el riesgo de menospreciar la gracia del Espíritu Santo quien actúa también a través de las mediaciones humanas. Ello conlleva una actitud de gran confianza en esa fuerza del Espíritu que se debe traducir en todo momento en un entusiasmo y decisión para realizar el trabajo de pastoral vocacional.

32. Como se ha venido haciendo desde hace muchos años, la campaña vocacional encuentra en el mes de las vocaciones y del seminario, un tiempo para la oración y la reflexión sobre el tema vocacional. Así nos unimos a la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones sacerdotales y a la celebración del día del Seminario, el domingo de Pentecostés. Este mes de las vocaciones va precedido por la campaña vocacional, durante la cual se promociona y se contacta con los posibles candidatos al seminario, preparándolos para el ingreso al mismo.

33. Como lo ha afirmado el magisterio de la Iglesia, es necesario y urgente fortalecer los seminarios, lugar donde los que han sentido la llamada de Dios, maduran su respuesta y se forman los futuros sacerdotes. El seminario "es una escuela de configuración con Cristo, Sacerdote, Profeta y Pastor, donde los candidatos al ministerio irán conformando progresivamente su corazón con el corazón del Señor." Por otra parte, es importante ir creando centros vocacionales donde los posibles candidatos puedan encontrar el acompañamiento necesario para su discernimiento y eventual ingreso en los seminarios y casas de formación.

CON MARÍA

34. María es el modelo de respuesta a la llamada de Dios: ella no sólo supo decir su sí al Señor, sino que lo supo sostener a lo largo de su existencia y a reconocer que el Señor la había elegido para ser la Madre de Dios y a servirle de instrumento para que Él manifestara las maravillas de amor en medio de la humanidad. Ella nos acompaña con su maternal protección, y a ella encomendamos no sólo nuestro año vocacional, sino todos los afanes, desvelos, esperanzas y frutos de nuestra pastoral vocacional en toda Venezuela.

Con nuestra afectuosa bendición

Arzobispos y Obispos de Venezuela

Caracas, 25 de enero del año 2005.