HERMANA GLÒRIA NOGUÉ · PRIORA DEL MONASTERIO DE VALLBONA DE LES MONGES
(entrevista)
Tengo 57 años. Nací en Barcelona. Soy informática y músico. Soy monja cisterciense, desde hace 31 años, en el monasterio de Santa Maria de Vallbona (Vallbona de les Monges). Célibe, sin hijos. Los políticos deberían trabajar juntos, cooperar. Todos, en nuestro rincón más hondo, aspiramos a la bondad, la belleza, la armonía: a Dios
- Yo no entiendo por qué ha venido usted.
- Para que me cuente cosas.
- Pero yo soy tan normal...
- Mis entrevistados lo son.
- Pero tienen cosas brillantes que contar.
- Usted me contará por qué está aquí.
- A los 26 años sentí que éste era mi sitio.
- ¿Tan tarde? ¿Por qué no antes?
- ¿Está usted casado?
- Sí.
- ¿Y por qué no se enamoró antes de su mujer? ¿Y por qué de ella?
-...
- Yo no sé. No sé por qué ni por qué aquí.
- Lo segundo es obvio: este monasterio es un lugar bellísimo. ¿Cómo lo conoció?
- Yo era por entonces analista programadora de ordenadores. ¡En la prehistoria de los ordenadores! Me encantaba mi trabajo, diseñaba programas..., ¡era algo muy creativo!
- ¿Cuánto ocupaba un ordenador equivalente a su portátil de ahora?
- ¡Uf! ¡Habitaciones enteras! Trabajábamos con fichas perforadas, que yo diseñaba. ¡Me lo pasaba tan bien con eso y la música!
- ¿Qué música?
- Desde los seis años mi pasión fue la música. Estudié piano, órgano, canto...
- ¿En un colegio de monjas?
- Sobre todo, fuera. Yo, de niña, iba a un colegio de monjas, pero a los once años me harté: pedí a mis padres que me sacaran de allí. Yo era muy inquieta y curiosa, y ellas eran demasiado rígidas para mí. Que si las mangas por aquí, que si esto no... Normas absurdas que me encorsetaban.
- Veo que no soñaba con ser monja...
- ¡Nunca! A veces lo preguntaban y... ¿Yo? ¡Nunca! Supliqué a mis padres que me sacasen, que quería ir a un instituto. Y así fue.
- ¿Tuvo novios?
- Sí. Y además jugaba al tenis (y muy bien, me decían), y estaba abonada al Liceu y al Palau, y canté muchos años en el Cor Madrigal por toda Europa, Viena, Salzburgo...
- ¿Pensó en formar una familia?
- Sí. Yo quería una estabilidad. Pero sales con chicos y no ves... No ves a nadie maduro para permanecer juntos toda la vida.
- No le convencía nadie...
- A la primera de cambio, a la primera dificultad, las parejas lo dejaban correr... para probar con otra pareja... ¡con la que se repetirá la historia, claro! Eso denota inmadurez: lo maduro es solventar el problema, y no lanzar el tablero por los aires.
- Y usted buscaba estabilidad...
- Beber de una fuente que sacie la sed y no ir cambiando de fuente, y siempre sedienta.
- ¿Encontró aquí esa fuente?
- Sí. Yo iba a veces a Montserrat, a pasar tres días en una celda, a serenarme antes de la vuelta al trabajo en septiembre. Una monja de Vallbona convalecía allí y, ya recuperada, me pidieron si querría yo devolverla a su monasterio en mi coche...
- Y la trajo aquí.
- Sí. Y entré en este claustro... y... no sé...
- ¿Qué?
- No sé. Me impresionó. En las semanas que siguieron no podía quitarme este lugar de la cabeza. Y un día me dije: "Alto, plantéate qué te pasa". Si quería ser coherente y honrada conmigo misma, ¡tenía que ser valiente!
- Y se hizo monja cisterciense de Vallbona.
- Me escuché..., y sí. Además, junto a los de pobreza, castidad y obediencia, esta regla tenía y tiene un cuarto voto: estabilidad.
- ¡Felicidades, hermana!
- Si entras de monja en el monasterio de Santa Maria de Vallbona, es para permanecer aquí toda tu vida.
- ¿Y no se ha arrepentido alguna vez?
- ¡Dejé afuera muchas cosas que me gustan, muchas...! Pero si eliges, eliges. Si te casas con una mujer, dejas de casarte con el resto de las mujeres del planeta, ¿no es así?
- ¿Qué tiene de especial este lugar?
- Todo. El aire, el color del cielo, tan limpio, la luz... ¡Qué luz! Los crepúsculos aquí son los más hermosos que he visto. Este claustro es diferente con cada rayo de luz que le llega... Yo me embobo. ¿Ha visto estos rosetones de piedra? Pues cuando la luz de la luna llena los traspasa por la noche...
- Está usted enamorada, sí.
- La maravilla de la vida es que nada es igual a nada, ¡que todo es sorprendente! Basta con mirar.
- Pues yo miro aquí y veo que aquel precioso arco está tan desgastado que se va a caer.
- Ahora estamos luchando para que el Estado nos ayude a restaurar nuestro monasterio... Aquí, tenemos hospedería, y todo lo que ganamos va a mantenimiento.
- ¿Qué más hacen aquí?
- Trabajar el huerto. Orar. Cantar... ¡Aquí preservamos la serenidad del mundo! Durante un tiempo diseñé desde aquí páginas web por encargo, pero ya lo he dejado: la gente las quería para ¡ya! Y no: si se colase aquí el estrés, este lugar dejaría de tener sentido. Y, ahora, tendrá usted que perdonarme...
- ¿Por qué, madre?
- Es la hora del canto de vísperas. Me esperan: ¡yo toco el órgano! Debo irme.
- Ya acabo, ya acabo: ¿desde cuándo existe el monasterio de Vallbona?
- Hace 850 años. Y siempre habitado. Y siempre por monjas. ¡Ah, y nadie lo fundó!
- ¿Cómo que nadie?
- Lo normal era que un rey o un abad fundase un monasterio... Pero unas ermitañas que vivían en este valle decidieron formar comunidad, lo solicitaron... ¡y lo lograron!
- De abajo arriba, ¿eh?
- ¡Y mujeres! Este monasterio nos pertenece. Somos ahora trece monjas, y ahora empezamos nuestros próximos 850 años... ¡Ay, que ya tocan la campana! ¡Me voy!
jueves, 28 de junio de 2007
CÁNTICOS
La priora sale corriendo como un gamo. ¡Qué agilidad! Sus años de tenis juvenil, supongo... La llaman ´la Cibermonja´, por su pericia con los ordenadores. Sigiloso, me cuelo en la iglesia del monasterio por el transepto. No hay nadie, sólo las trece monjas sentadas en el coro. El sol entrega sus últimos rayos y el rosetón los derrama sobre ellas. Tocado por la priora, del órgano ascienden las notas mezcladas con el incienso y los cantos. Cantan ellas, como cada día desde hace 850 años, sobre lápidas de abadesas, infantas y reinas (aquí yace Violante de Hungría, esposa de Jaume I). Qué bien cantan... Podría quedarme aquí escuchándolas toda la vida.
(Entrevista de Víctor-M. Amela, aparecida en La Vanguardia)
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