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MENSAJE DEL PAPA A LOS DOCENTES CATOLICOS UNIVERSITARIOS

"El corazón del nuevo humanismo se concreta en la capacidad de mostrar que la palabra de la fe es verdaderamente una fuerza que ilumina el conocimiento, lo libera de toda esclavitud, y lo capacita para el bien". Así se lee en Mensaje que Benedicto XVI ha enviado a los docentes universitarios católicos, que han estado participando el 5 y 6 de octubre en Roma en el VI encuentro italiano sobre el tema "Humanismo cristiano y cultura universitaria - Los católicos y la reforma".

"Así como en los comienzos de la humanidad, también hoy cuando el hombre quiere disponer según su propio albedrío de los frutos del árbol del conocimiento, acaba con volverse triste operador de miedo, conflicto y muerte", advierte el Papa tras recordar que las jóvenes generaciones esperan de sus docentes "nuevas síntesis del saber; no de tipo enciclopédico, sino humanista". El Santo Padre recomienda que "hay que vencer la dispersión que desorienta" y que hay que "delinear perfiles abiertos, capaces de motivar el compromiso de la investigación y de la comunicación del saber y, al mismo tiempo, de formar personas que no acaben con volver contra el hombre las inmensas y tremendas posibilidades que el progreso científico y tecnológico han alcanzado en nuestro tiempo".

Al haber transcurrido un año del encuentro que mantuvo el Papa con los docentes universitarios con ocasión del Gran Jubileo, que significó la oportunidad de un encuentro personal con Jesús, el único Maestro, así como de una mayor y más profunda conciencia de Iglesia, el Santo Padre recuerda su invitación a "remar mar adentro". En estos tiempos de grandes transformaciones, también para las universidades italianas, Juan Pablo II reitera que "el docente es un maestro", que "instruye", "educa", y "forma".

Los docentes católicos están llamados a una vocación cristiana, a un servicio insustituible a la verdad del hombre, subraya el Papa. Y, refiriéndose a la reforma en acto en Italia, que implica a la escuela y la universidad, pone de relieve el papel de la pastoral eclesial. Tanto para superar formas de estancamiento en el diálogo cultural, como para promover de forma nueva el encuentro entre las inteligencias humanas. Incentivando la búsqueda de la verdad, la elaboración científica y la transmisión cultural. Juan Pablo II expresa su anhelo de que "se vuelva a descubrir, también hoy, una renovada tensión a la unidad del saber, precisamente el de la 'uni-versitas', con valentía innovadora en diseñar los ordenamientos de los estudios sobre un proyecto cultural y formativo de elevado perfil, al servicio del hombre, de todo hombre".

Y, recordando que "en esta obra la Iglesia - que mira con gran atención hacia la Universidad, porque ha recibido y espera mucho de ella - tiene algo que donar". En este contexto, Juan Pablo II hace hincapié en el discurso que pronunció ante las Naciones Unidas, en ocasión del 50 aniversario de su fundación, en 1995. Destacando que "hay que recordar sin cesar que el corazón de toda cultura está constituido por su acercamiento al mayor de los misterios: el misterio de Dios". Una vez más, el Santo Padre subraya que "sólo en esta verticalidad absoluta - del que cree, y por lo tanto siempre intenta profundizar en la verdad encontrada; pero también el que busca, y por lo tanto está en la senda de la fe - la cultura y el saber se iluminan de verdad y se ofrecen al hombre como don de vida".

"El humanismo cristiano no es abstracto", señala el Papa para luego añadir que "la libertad de investigación, tan preciosa, no puede significar neutralidad indiferente ante la verdad. La Universidad está llamada a ser cada vez más un laboratorio, en el que se cultiva y se desarrolla un humanismo universal, abierto a la dimensión espiritual de la verdad". Y subrayando que "la diaconía de la verdad representa una tarea epocal para la Universidad", Juan Pablo II señala que los docentes se vuelven portadores de esperanza para la vida personal y social.

El Papa recuerda también que "los cristianos están llamados a testimoniar la dignidad de la razón humana, de sus exigencias y de su capacidad de investigar y conocer la realidad, superando de tal forma el escepticismo epistemológico, las reducciones ideológicas del racionalismo y las derivas nihilistas del pensamiento débil". La fe es capaz de generar cultura. La fe cristiana ilumina y aclara la existencia en todo ámbito. Animado por esta riqueza interior, el cristiano la difunde con valentía y la testimonia con coherencia".

El Mensaje del Pontífice finaliza señalando que "el centro de la cultura es y debe seguir siendo el hombre, con su dignidad y su apertura al Absoluto", y que "una fe que no se vuelve cultura es una fe no plenamente acogida y enteramente pensada, no vivida fielmente". A esta exigencia profunda responde el ejercicio de la caridad intelectual. Éste es el compromiso específico que los universitarios católicos están llamados a realizar, en la convicción de que la fuerza del Evangelio es capaz de renovación profunda. La esperanza y auspicio de la Iglesia para la universidad y el mundo de la cultura es que "el Logos" de Dios se encuentre con el "logos" humano y se vuelva "dia-logos".