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TESTIMONIOS VOCACIONALES

Pablo Valls Espinosa, de Valencia

    "Estuve meditando durante cuatro años antes de entrar en el Seminario"

Ingresar en el Seminario no es una decisión fácil, ni se toma de un día para otro. Supone plantearse infinidad de cuestiones y en muchas ocasiones vencer las dudas y el miedo a lo desconocido.
Este podría ser el caso de Pablo, que a los 29 años ingresó en el Seminario Mayor de Moncada “después de meditarlo durante cuatro años”.
Hasta entonces Pablo había llevado una vida normal. Estudió Económicas, tenía novia y era voluntario en Cáritas. Sin embargo su vida dio un vuelco cuando “decidí mirar a los ojos al Señor y preguntarle ¿qué quieres de mi?”.
Pablo confiesa que sintió la llamada a los 17 años, “empecé a sentirme muy cercano al Señor a través de la oración”. Lo comentó con sus padres y éstos, “aunque no se opusieron a que fuera cura, me pidieron que estudiara primero una carrera”. Se licenció en Economía, “una vez allí me puse a salir con una chica y entonces lo veía como algo más lejano”.
“Yo tenía mi proyecto de vida hecho pero sentía que el Señor me pedía otra cosa. Yo le miraba de reojo porque te da miedo salir de lo que tienes, pero me daba cuenta de que no podía vivir así”.
En ese momento, Pablo dejó la relación con su novia y se dedicó a buscar qué era lo que el Señor le pedía. Cuando ingresó en el Seminario sus compañeros de facultad le decían: “Ahora que has acabado una carrera, ¿vas a empezar otra vez? Mi respuesta era: si el Señor me pide seis años, pues le daré seis y los que hagan falta”.
Para sus hermanos su decisión también fue una sorpresa “se quedaron con la boca abierta pero me han apoyado desde el principio”. Su párroco recibió con mucha ilusión su decisión.
Pablo ha pasado un largo proceso de discernimiento en el que le han ayudado el rector, un sacerdote amigo y los padres escolapios. “Ahora veo muy claro que mi corazón no es para amar a una mujer sino para amar al Señor”.

  • Luis Torró Ferrero, de Ontinyent

"Cada vez me queda menos para ser cura"

Luis está en quinto curso en el Seminario Mayor y confiesa que está muy ilusionado “porque ves que se acerca el final de un proceso, que a la vez es el inicio de otro”.
Está a punto de dar el paso definitivo y si se le pregunta a dónde le gustaría que le destinarán no muestra preferencias por un lugar concreto y señala que “más que ilusión por verme ya en una parroquia, que da cierto miedo, es porque se trata de un paso definitivo”.
De su paso por el seminario destaca sobre todo la vida en comunidad “ver la calidad humana de los compañeros, su ilusión y el crecimiento de cada uno”.

  • José María Martínez Cuartero, de Picassent

    "Mi madre actuó de intercesora"

El lema de este año hace referencia a la Virgen María. José María explica que “en estas tierras hay mucha devoción a la Virgen y desde pequeños te enseñan en el colegio el modelo de María como entrega”. Cuando decidió entrar en el seminario con 14 años, “vi en mi madre el ejemplo de María”. José María se lo contó mientras su madre preparaba la cena. “A mi me daba respeto decírselo a mi padre y fue ella quien, como la Virgen María en determinados momentos, hizo de intercesora”.
Iniciarse en este mundo “no es un camino de rosas. Hay momentos de crisis porque es una cosa que te afecta a todo tu ser, pero siempre hay algo que te empuja a seguir adelante”. José María lleva casi ocho años en el seminario.

  • Vicent Valls, de Albaida

    "El ejemplo de mi párroco es lo que más me marcó"

Desde que tomó la primera comunión a Vicent le llamaba la atención la forma de vivir de su párroco, “siempre al servicio de los demás”. Hasta que hace cuatro años y medio, un día “le pregunté que hacia falta para ser cura”. Su primera reacción fue de sorpresa “yo era un chaval que bueno sí iba a misa, pero solamente los domingos”.
La que sí intuía la vocación de Vicent era su madre. “Cuando se lo conté me contesto: ya era hora de que me lo dijeras”.
Sus amigos, al principio, no lo aceptaron. “Después de hablar con ellos, lo entienden y me aceptan tal y como soy”.
Vicent confiesa que vivir en el seminario “es una experiencia muy buena” porque “vas creciendo en ese seguimiento hacia Jesús”. Asimismo, señala que cada día “estoy más seguro de que quiero seguir a Jesús”.

  • Alejandro Navarro Mulet, de Silla

    "Le di a mi padre una lectura y me dijo: ¿quieres ser cura?"

Alejandro pertenece a una familia muy vinculada con la parroquia. Su padre y sus hermanos son catequistas. Antes de entrar en el seminario, él también lo era.
“Ingresé en el seminario porque tenía ciertas ansias de búsqueda, tuve un sentimiento de darme a los demás”. En el seminario, Alejandro pretendía “buscar si ese darme a los demás era como sacerdote o de otra manera, como voluntario”. Alejandro afirma que entró en el seminario “para discernir”.
Su familia no se esperaba esta decisión. “Primero se lo dije a mi padre, le hice leer una lectura y al acabar me preguntó ¿quieres ser cura?” Aunque Alejandro le pidió que no se lo dijera a su madre, su padre no pudo resistirlo y se le adelantó.
Destaca del seminario, la vida en comunidad, “enriquece mucho charlar con los compañeros”.

  • Álvaro Navalón, de Chirivella

    "Estaba siempre en la parroquia"

Álvaro tiene 17 años y está estudiando cuarto de la E.S.O. en el Seminario menor de Xàtiva.
Álvaro se dio cuenta de su vocación “gracias a mis tíos, que veían que me interesaba mucho por la parroquia y que iba mucho a misa”.
Sus tíos, que tenían un amigo sacerdote, “se lo comentaron sin que yo supiera nada”.
Álvaro habló con el sacerdote y “entre los dos se lo dijimos a mi familia que aceptó muy bien la noticia y de ahí al Seminario”. Su familia entendió que esa era su voluntad, sin embargo según Álvaro explicó “hay gente que no lo comprende y te ve como un bicho raro, pero yo soy un chico normal”.
Álvaro comentó que también se dio cuenta de su vocación porque “poco a poco dejé de ir a misa porque iba mi familia y empecé a reflexionar sobre lo que significa”.

  • David Teodoro, de Tavernes

    "Empecé siendo monaguillo"

Según cuenta David, “fue mi catequista de post-comunión quien me dijo que era muy bonito ser monaguillo”. David se ofrecía siempre que pedían un voluntario. “Mi madre sabía que a mí me gustaba mucho ser monaguillo, pero le parecía pronto para entrar en el Seminario”. En ese momento tenía diez años.
David no se desanimó, “seguí adelante y mi madre, que se daba cuenta de mi interés, me enseñaba poco a poco la Biblia”.
Al cumplir los 12 “dije que quería plantearme ir al Seminario” y finalmente “mi madre aceptó”.

 

(Tomado del semanario PARAULA de Valencia)