TESTIMONIO VOCACIONAL DE UN LAICO
El periodista Antoni Coll i Gilabert (Ivars d’Urgell, 1943) es el actual director de ediciones del «Diari de Tarragona » i acaba de publicar su décimo libro, «Dios y los periódicos» (Planeta Testimonio). Coll escoge como hilo argumental del libro a Nicodemo, un periodista que busca a Dios en la solitud del cierre de un periódico. «Dios y los periódicos» es un ensayo que reflexiona sobre la existencia de Dios; los grandes temas de la vida y de la actualidad, desde la perspectiva de la fe cristiana. Con un estilo muy personal, el autor habla de forma amena de lo que es trascendente, tratado a menudo con un delicioso sentido del humor. La obra de Antoni Coll, con epílogo del periodista Pedro J. Ramírez, tal y como se dijo en su presentación, «es de esos libros que ayudan a caminar por la vida».
¿Por qué el protagonista lleva el nombre de Nicodemo?
—Es el redactor del cierre de un periódico, el que se queda más tarde por la noche. Y en esas hora de la jornada periodística, en la solitud de la redacción, encuentra momentos para reflexionar y dirigirse a Dios. Le he puesto el nombre de Nicodemo en memoria de aquel apóstol del que dice el Evangelio que «iba a Jesús de noche».
—La existencia de Dios, el gran tema. ¿Puede dejar indiferente a alguien?
—Me parece que no. Fíjese en las entrevistas que salen en «La Contra» de La Vanguardia. Siempre les preguntan si creen en Dios. Y responden «sí», «no», «soy agnóstico», «soy ateo», «creo pero no practico»..., como si sus opiniones fueran puntos de vista de una circunferencia que no puede olvidar el centro.
—¿Es ortodoxo hablar sobre las cosas de Dios en clave de humor?
—Esto me recuerda cuando algunos, viendo a Juan XXIII, se extrañaban: ¿puede reír un Papa? Me imagino que Cristo reía a menudo. Siguiendo la regla periodística que determina que la notícia es un hecho desacostumbrado, el Evangelio nos dice algunas veces que Jesús lloró. No nos dice que reía porque era su estado natural. No estoy de acuerdo con los que piensan que la religión es aburrida.
—¿Cómo afronta el hecho de la descristianización?
—Con preocupación y dolor, pero con confianza. La Iglesia es una barca que tiene un buen patrón. Hace siglos que se dice que se hunde, pero son las ideologías que proclaman esto las que mueren y desaparecen. Lo afronto, entonces, con esa seguridad que le hizo decir a Santo Tomás Moro, cuando se despedía de su yerno, camino de su encarcelamiento en la Torre de Londres: «Tranquilo, sir Ropper, la batalla está ganada.»
—Su obra está escrita desde la perspectiva creyente. ¿Puede aportar algo a la persona no creyente?
—Tengo un profundo respeto por los no creyentes. Les he dedicado un capítulo específico titulado «Los buenos sin religión». El libro va dirigido especialmente a ellos. Les propone una cantidad de vivencias y argumentos con la confianza de que ellos podrán distinguir entre el concepto negativo que tienen de lo que es la Iglesia y de lo que la Iglesia es realmente.
—¿Por qué la inclusión, en el libro, de tantas tragedias que recientemente han sacudido al mundo?
—Un periodista de noche no es un periodista dormido. Debe plantearse las tragedias: la guerra, la injustificada falta de solidaridad con los pobres, el terrorismo, el menosprecio a la vida que suponen los experimentos con embriones, el aborto, la eutanasia..., pero el libro contiene también historias muy positivas y buen humor.
—Usted dice que éste es el libro de su vida...
—En la presentación lo dije porque aunque lo he hecho en los últimos tres años, lo llevo incubando hace 40, es decir, desde que empecé a trabajar como periodista. Y casi al mismo tiempo he procurado ir razonando la fe que recibí de mis padres para afrontar un ambiente nuevo.
Joan Boronat
(Aparecido en Cataluña Cristiana, 11 de mayo 2006)
|