MI EXPERIENCIA EN EL SEMINARIO
Lucero de Jesús (de las Hijas del Espíritu Santo)
1.- He tenido ocho años de experiencia en el trabajo conjunto con sacerdotes en la formación de los seminaristas en el seminario.
Mi Congregación de Hijas del Espíritu Santo, tiene como misión propia la Promoción vocacional sacerdotal de aquí que, en una relectura del carisma después del Concilio, la Congregación pensara en realizar su misión dentro de los seminarios ayudando en la formación de los futuros sacerdotes. Actividad que se realizó, de alguna forma, en las llamadas "escuelas apostólicas" donde entonces se desarrollaba la primera formación para el sacerdocio. Nuestra tarea consistía en poner al corriente a los alumnos que asistieran a ella, sobre todo en las materias básicas, como: español y matemáticas, para favorecer el aprendizaje del latín.
El Sr. Obispo, Manuel Pérez Gil, fue el primero en solicitar nuestros servicios en el Seminario de Mexicali, en el año 1975. Para poder atender la sección de secundaria. Poesteriormente las circunstancias hicieron que las Hijas del Espíritu Santo cooperaran en la sección de preparatoria, ya que la secundaria desapareció como sección en el Seminario. Actualmente se hace equipo formador con los Padres y se ayuda en las diferentes secciones de la formación: Pastoral Vocacional, Seminaristas en casa, Introductoria y propedeútico, como también en Teología.
Creo que los sacerdotes han ido tomando conciencia de la presencia femenina en la formación de los seminaristas; esto no se ha dado sin haber tenido contratiempos y crisis normales, ya que, es "raro" pode concebir la "presencia de la mujer" en una sociedad en su mayoría machista, y de este "complejo", no está exento el clero.
El formar equipo con los sacerdotes se ha ido haciendo de forma paulatina ya que, como decía antes, no se concibe nuestra labor dentro de una institución que durante años fue dirigida sólo por "hombres".
2.- Después de un tiempo, en el año 1985, el Sr. Don Alfonso Humberto Robles Cota, nos llamó para colaborar con el equipo formador del Seminario de Tepic. Nuestro trabajo se comenzó a realizar más de lleno en las sección de preparatoria, pero también teniendo alguna ingerencia en la sección de filosofía y teología. Aquí fue donde pude experimentar más ampliamente nuestra acción dentro del equipo ya que tomábamos parte en todas las decisiones que se hacían.
Los sacerdotes tenían muy claro cual era nuestro aporte dentro del seminario y la complementariedad que se daba en diferentes niveles: espiritual, de trabajo, como personas, de testimonio comunitario, etc.
Aquí la dificultad provino más bien en la acogida de los alumnos, pues no estaban acostumbrados a ver a la religiosa mas que en los menesteres domésticos pero no académicos, y menos en la línea de autoridad.
Creo que esta es una gran falla en la formación de los seminaristas, y que tiene sus repercusiones después al no poder establecer puente de relación. Lo digo porque son muchas las experiencias negativas que se han tenido en diferentes trabajos apostólicos donde debe darse el trato del sacerdote con la mujer consagrada. Pienso que estas dificultades son debidas a no saber cómo tratarse.
Después pasé a la diócesis de Tralnepantla, al seminario menor. Aquí también se repitió la experiencia de formar equipo con los sacerdotes. Se trabaja en la sección de preparatoria.
Todas estas experiencias si se ven en su conjunto, nos es fácil deducir que lo que predomina es lo positivo. Ha sido un caminar lento, pero creo que se está haciendo camino en este campo. Los procesos son lentos y hay que saber tener "paciencia histórica". Es curioso ver y palpar cómo se ha ido clarificando nuestros papel en la formación de los seminaristas y nuestro papel formativo no sólo a nivel de alumnos sino a nivel de los mismos sacerdotes.
3.- Concluyo esta reflexión puntualizando los aportes que considero se han generado en este trabajo:
3.1.- Creo que uno de estos valores, reconocido por todos, con los que se ha enriquecido el seminario con nuestra presencia es la vida espiritual y la importancia de la oración. En todos los seminarios se han dado talleres de oración que ayuda a los seminaristas a afincar su respuesta en ese trato íntimo con el Señor.
3.2.- Otro aporte interesante ha sido la formación humana, aspecto que hoy día empieza a recobrar su importancia sobre todo en lo que se refiere al conocimiento personal. Formación en los aspectos: afectivo, sexual, social. No quiero decir que esto no se diera, pero creo que hay una complementariedad y, por lo tanto, una visión más completa.
3.3.- La dimensión comunitaria también ha sido una de las riquezas de esta experiencia, ya que se valora en todo su sentido la vida comunitaria, que aunque no es un rasgo en la vocación sacerdotal diocesana, sí es un elemento que ayuda a la formación de la comunidad y, a la larga, de la comunidad apostólica (parroquia).
3.4.- En cuanto al trabajo de acompañamiento nos damos cuenta que se ha impulsado. Existe poca conciencia en los sacerdotes de un acompañamiento más cercano a los seminaristas. Creo que son más teóricos y que desde ahí "lo saben" pero que en la práctica falta llevar más los procesos de los muchachos. Se le ha dado importancia ala dirección espiritual, pero en ocasiones se descuida este otro aspecto de entrevista en el nivel de formación. Generalmente resulta fácil la entrevista de los muchachos con nosotras, las religiosas, y esto se debe a que en sus casas con quien tienen mayor confianza es cono su mamá y siempre la imagen materna se da de algún modo.
3.5.- Las ventajas han sido no solamente de ida, sino también de vuelta. Nosotras también nos hemos visto enriquecidas con este trabajo. Hay una mayor aceptación y conciencia de nuestro ser de mujeres consagradas, que también se ve complementado en los diferentes aspectos. Nos exige estar al día en cuanto a preparación e ir buscando de verdad mayor preparación para que nuestro trabajo sea más efectivo.
En estas pocas líneas he querido poner de relieve lo que estos años de trabajo en el seminario han sido para mí.
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