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PROYECTO PERSONAL DE VIDA

II

Mario González Jurado

 

5. ¿Qué PPV hay que hacer en cada fase del proceso de crecimiento espiritual?

Los objetivos y pretensiones de un PPV realizado por un/a joven cuando se acerca al mundo de la fe son muy diferentes de los que ha de tener cuando ya ha hecho una opción fundamental por seguir a Jesús y su Reino. Vamos a proponer dos modelos de PPV que correspondan a ambas situaciones, de modo que se pueda hacer una propuesta más personalizada.

5.1. El primer PPV

Sería el que ha de proponerse a un/a joven que está en la fase de desestructuración o iniciando la de reelaboración y objetivación.

Ante todo ha de ser “sencillo”, “alcanzable” y “flexible”. Aludiendo a cosas que ya se han expresado, el/la joven que se plantea por primera vez hacer un PPV no tiene ningún referente sobre el que apoyarse, es una experiencia nueva. Incluso en el caso de jóvenes que estén trabajando en otro tipo de grupos, desarrollando proyectos, encontrarán una gran dificultad para aplicar esta dinámica de trabajo a su propia vida y, concretamente, a una vida de fe en la que se están iniciando.

Para saber si nuestra propuesta de PPV es “sencilla” tendremos que establecer una fuerte interacción con la persona, conocer su realidad, su lenguaje y cultura, así como constatar si se adueña de los conceptos y planteamientos realizados.

Los objetivos y acciones de todo proyecto deben ser “alcanzables” y medibles. Ciertamente en planteamientos espirituales como los de un PPV la medición se complica bastante y el alcance de los propósitos tiene un fuerte componente subjetivo. Al tratarse de una primera experiencia es importante ayudar a que el/la joven se plantee retos realistas y alcanzables a corto plazo, de modo que la consecución de los mismos le estimule a seguir adelante.

La “flexibilidad” alude a una actitud que conviene fomentar desde el principio, desde la convicción de que nuestras vidas son muy cambiantes y que, sobre todo, no es nada sencillo interpretar qué es lo quiere Dios de nosotros o dicho de otro modo, cómo vivir evangélicamente una determinada situación. Dicha actitud ha de favorecer que no se tome el PPV como algo cerrado y definitivo, sino más bien como algo vivo, cambiante, que ha de ser revisado permanentemente, para adaptarse mejor a nuestra realidad y para responder más fielmente a lo que nos sentimos llamados a vivir.

Una vez dicho esto, este PPV inicial se puede plantear como un trabajo anual a revisar periódicamente de manera conjunta, bien con el catequista bien con el grupo o comunidad.

Recomendamos para la elaboración del PPV que se haga un trabajo conjunto con el/la joven, adoptando una perspectiva de la vida del ser humano en clave relacional. En cada una de las relaciones fundamentales de la persona, propondremos unos ideales a alcanzar inspirados en el evangelio, frente a los que el/la joven deberá situarse, ayudado por preguntas como ésta:

¿Cuáles me atraen más?

¿Cuáles creo que necesito trabajar más en este momento?

¿Qué medios o acciones puedo llevar a cabo para dirigirme hacia esos ideales?

¿Cómo voy a saber si estoy viviendo positivamente esos medios o acciones?

Sugerimos esta división relacional de la vida de una persona e incluimos algunos posibles ideales que pueden plantearse:

RELACIÓN CON UNO MISMO

Lograr un conocimiento adecuado de mi persona, historia, situación actual, posibilidades (recursos, aptitudes) y límites. Alcanzar un grado suficiente de autoestima y autoaceptación. Conocer los propios valores, motivaciones, deseos, necesidades y defensas. Vivir adecuadamente los sentimientos, especialmente la afectividad y la agresividad.

RELACIÓN CON DIOS

Conocer qué imagen de Dios tengo y confrontarla con el Dios del Reino que nos muestra Jesús. Buscar una integración entre la fe y la vida, de modo que el evangelio oriente nuestra conducta ordinaria. Mantener una relación viva, afectiva y efectiva con Dios, ayudándonos de la oración y los sacramentos. Descubrir nuestra pertenencia al colectivo de seguidores de Jesús y asumir la misión al servicio del mundo.

RELACIÓN CON LOS DEMÁS (CERCANOS)

Adquirir la capacidad suficiente para vincularse y comprometerse en las relaciones. Madurar en la capacidad de amistad por la entrega de sí y la acogida del don del otro. Vivir las relaciones de pareja desde un amor que tenga en cuenta la gratuidad y la libertad. Aprender a ser hijo/a y hermano/a en mi familia. Adquirir la convicción de la fraternidad, de la bondad de vivir en comunidad y de tener actitudes fraternas con los demás.

RELACIÓN CON LA SOCIEDAD

Adquirir una conciencia crítica de lo que ocurre en nuestra sociedad, de los valores que se proponen y saberlos contrastar con el evangelio. Incorporar nuestra realidad al concretar lo que Dios quiere de nosotros. Caminar hacia una opción por la justicia y solidaridad con los más pobres y débiles. Sentirse implicado, afectado, por los problemas de nuestro mundo y actuar en consecuencia a nuestra fe.

No creo que sea muy productivo preocuparse mucho de que el/la joven elabore algo muy sistemático. Por ejemplo, que tras cada ámbito relacional diga: mi objetivo general es tal, mis objetivos específicos son estos, las acciones que voy a desarrollar son aquellas, los tiempos en que voy a realizarlas son los siguientes...

A quien le ayude que lo haga así, pero lo importante en estos primeros PPV, desde mi punto de vista, es que cada uno/a sea capaz de expresar con sus propias palabras qué desea vivir, frente a unos ideales que se le proponen en los distintos ámbitos relacionales que constituyen su vida. Sólo en los casos en que las expresiones sean vagas o ambiguas, convendrá ayudar a que el/la joven haga un esfuerzo por concretar cómo lo va a vivir y cuándo lo va a evaluar. Pero no debemos olvidar que, en la vida de fe, no todo se puede concretar ni cuantificar; hay aspectos que son más de tipo orientativo y motivador y que también deben aparecer en nuestro PPV.

Este trabajo de planificación inicial se puede hacer con más aprovechamiento si se dedican uno o dos días completos, en una convivencia o similar, donde haya el menor número de distracciones posibles.

Aconsejamos que el agente de pastoral juvenil plantee una periodicidad para revisar conjuntamente con el/la joven dicho proyecto, para hacer los ajustes necesarios y, sobre todo, para que no se convierta en un “fardo pesado” sino en un “tesoro”.

5.2. El segundo PPV

Sería el que ha de proponerse a un/a joven que va avanzando por la fase de reelaboración y objetivación o bien que ya está en la fase reestructurante. Por tanto estamos ante un/una joven que ya ha descubierto la presencia de Dios en su persona y en su mundo, que va conociendo con cierta profundidad su propuesta alternativa de vida, que la va intentando poner en práctica, desde un conocimiento más profundo y realista de su persona y de su realidad y que, como fruto de ese caminar, va descubriendo su propia consigna espiritual o vocación y asume una opción fundamental por hacerla realidad.

En este caso, el protagonismo del catequista decrece, tal vez aumenta el de la comunidad, pero sobre todo se hace crucial el proceso de discernimiento que realiza la propia persona interesada.

Este discernimiento hay que entenderlo como un diálogo interno del sujeto entre “su propia historia”, situada en una comunidad concreta, la “historia de Dios” que nos sale al encuentro y la historia del mundo en que le ha tocado vivir.

Estas tres historias están en permanente relación y el sujeto debe captar las intersecciones que se producen entre ellas. Como decíamos antes, el proceso de crecimiento espiritual conlleva: que conozca en profundidad mi persona y mi historia, que conozca y experimente con hondura el mensaje del evangelio, que conozca crítica y comprometidamente la realidad de nuestro mundo.

Pues bien, ese triple proceso en el que vamos creciendo simultáneamente, nos va lanzando retos, pistas, mensajes, que son como antorchas en la noche que vamos mirando para continuar nuestra andadura espiritual.

Si continuásemos aplicando el esquema de PPV iniciado en fases anteriores, es decir, un esquema basado en las dimensiones relacionales de nuestra vida, habría que incluir algunos elementos:

OPCION FUNDAMENTAL

El/la joven ya ha hecho una opción fundamental por seguir a Jesús y construir el Reino durante el resto de su vida

VALORES Y ACTITUDES

Dicha opción fundamental se traduce en una serie de valores y actitudes que ha asumido como propios y desde los que se quiere mover

ACCIONES

En esa dinámica permanente de discernimiento en la que contempla la interrelación entre su historia, la de Dios y la del mundo, desde el prisma de su opción fundamental, de sus valores y actitudes, va decidiendo qué debe hacer en cada una de las dimensiones relacionales que componen su vida (con uno mismo, con Dios, con los demás y con la sociedad)

La elaboración del PPV desde este nuevo esquema será más fácil, a medida que yo haya personalizado más mi opción de vida. Yo puedo llegar a una opción fundamental genérica, válida para cualquier joven en mis circunstancias, del tipo “quiero seguir a Jesús y comprometerme a construir su Reino”.

Pero también puedo realizar una formulación más personalizada, que responda a lo que ha sido mi personal camino de vida en el seguimiento de Jesús; así me podría encontrar con expresiones como: “quiero construir fraternidad como Jesús hermano”, “quiero ser pobre entre los pobres como Jesús”. A estas expresiones personalizadas de nuestra opción fundamental es a lo que podemos denominar “consigna espiritual”. No es que cada persona tenga que tener una expresión propia, pero seguramente sí que se sentirá personalmente identificado con alguna forma de percibir a Dios y de vivir su mensaje.

Pues bien, cuando en nuestro proceso vamos personalizando esa opción fundamental, sin duda, también el modo de comprender nuestros valores y de vivir nuestras actitudes principales va adquiriendo un colorido particular, que nos ayuda a no tener que pensar cada vez qué tenemos que hacer o cómo tenemos que actuar para ser fieles a nosotros mismos, sino que -por decirlo así- vamos tirando de rentas, aunque ello no nos exima de estar en un permanente estado de discernimiento.

Por ejemplo, dos personas pueden tener el mismo valor de la “comunidad” como consecuencia de su opción fundamental, pero uno comprenderla como un espacio donde aprender juntos los contenidos de nuestra fe y cómo llevarlos a cabo, y el otro como un espacio donde vivir esa fe que vamos descubriendo. En ambos casos, la comunidad es un valor de las personas en cuestión, pero se concretará en unas actitudes y acciones distintas, en congruencia con los distintos énfasis valorativos.

Por otra parte, dichos jóvenes no tendrán que estarse planteando permanentemente si han de vivir o no en comunidad, puesto que ya han descubierto que es un valor vital. Eso no les eximirá a ninguno de los dos de la necesidad (y obligación) de estar permanentemente revisando si el modo de comprender o de vivir dicho valor es acorde con lo que Dios quiere de su persona y de su comunidad, en el momento histórico en que lo esté discerniendo.

Como vemos, este segundo PPV es mucho más personal y dinámico que el primero, por lo que utilizar un esquema u otro resulta todavía más secundario.

6.Conclusiones

Quiero terminar incidiendo en que El PPV es una herramienta, un instrumento y como tal debe ser estudiado y utilizado. Personalmente creo que son muchos, muchísimos los seres humanos a lo largo de la historia que, desde su particular vivencia de la fe, han llegado a ser lo que estaban llamados a ser, sin la ayuda de muchas de las mediaciones e instrumentos que hoy conocemos y tenemos a nuestra disposición. El Espíritu de Dios sabe servirse de los recursos disponibles en cada momento y situación, para optimizar amorosamente nuestro rendimiento humano.

Por otra parte, hay que reconocer que el PPV es una ayuda estupenda para cualquier persona, independientemente de la edad que tenga. Lógicamente para el/la joven que se está acercando al evangelio o que está queriendo vivir conforme a él, la posibilidad de utilizar una mediación que le ayude en la construcción de su identidad como persona seguidora de Jesús y de su Reino, puede resultar vital.

Creo positivamente que el equipo de agentes de pastoral juvenil y los diversos espacios comunitarios que haya en cada parroquia son unos auténticos referentes tanto para el/la joven que está iniciando su andadura en un grupo como para el que ya lleva algún tiempo. De un modo similar a como los niños captan los auténticos valores de sus padres, que no siempre son los proclamados, estos/as jóvenes captarán si para nosotros/as el PPV es realmente una ayuda, que vivo o he vivido en algún momento de mi proceso y que valoro, o un elemento más de los que me hablan en revistas o libros de pastoral y con el que quiero probar para ver si da buen resultado.

Por último no hay que olvidar que puede ser muy interesante, que los PPV de cada miembro de una comunidad iluminen y se realimenten del proyecto comunitario que se haya ido forjando en esa historia colectiva de liberación.

(Tomado de Eclesalia, diciembre 2003)